Mis tortitas preferidas ya las he puesto en el blog. Éstas, de un cocinero australiano llamado
Bill Granger, surgieron en una búsqueda de recetas que llevasen ricotta. Intentaré explicarme en un orden cronológico.
Hace tiempo, cuando empecé a realizar la
pasta italiana de forma manual, sobre todo a raíz de un viaje a Italia, me encontré con una receta de unos tortellini rellenos de espinacas con ricotta. La única forma de encontrarla era en el Corte Inglés, que no siempre había, y tampoco es que fuese demasiado barata, más o menos el precio del mascarpone. También lo pude encontrar en una tienda de “delicatessen” que hay cerca de la Plaza Roja. De buena calidad, pero con un precio excesivo para darle un pequeño gusto a la pasta ;-). Cuando necesitaba ricotta iba a comprarla al CI.
Hace poco, después de hacer mis escarceos con recetas de cocina italiana, empecé la búsqueda (que pronto dejaré) de recetas la cocina anglosajona. Para muchos una de las peores cocinas, no lo creo, he encontrado recetas muy interesantes: tartas de queso, tortitas, muffins, magdalenas, salsas de carne,… En muchas recetas de repostería, además de emplear las insoportables
tsp,
tbsp,
cup, …, empleaban algún ingrediente de difícil localización, por ejemplo, la
buttermilk. ¿Qué es la
buttermilk?. Se trata de una leche fermentada ácida y algo líquida, una especie de yogurt para beber. He podido comprobar que en muchos países se toma esa leche fermentada como bebida: recuerdo el
Lassi que tomábamos en la India, el
Doogh o el
Kefir que tenemos congelado, espero que no se haya muerto.
Un día me encontré leche fermentada en Mercadona, esa leche denominada
Laban que se toma en muchos países árabes. La inmigración nos está trayendo una riqueza gastronómica y nuevos productos que antes eran casi imposibles de obtener.
El sábado pasado en un hipermercado me encontré con otro
Laban elaborado por una empresa láctea gallega, Feiraco, una de las primeras que está sabiendo acomodarse a esta nueva situación social. Feiraco es una cooperativa láctea de Negreira, una localidad próxima a Santiago cuyo número de inmigrantes de origen árabe es grande y creciente. Os animo a que probéis el Laban, es algo ácido pero, dicen, que muy sano. Se toma frío y con un poco de azúcar está buenísimo.
Así, ya tenemos dos posibles puntos de compra para el “buttermilk”. Mirando, mirando en el mismo hipermercado, y entre productos lácteos, me he encontrado con la ricotta y mucho más económica, algo más de un euro. Me la llevo, pues recuerdo que tengo en espera varias recetas que la emplean. Ésta es una.
Menudo rollo he soltado para decir que he encontrado la ricotta en otro punto de venta y más barata.
Esta
receta da lugar a una masa menos líquida que las tortitas americanas y, aunque las acompañan de una salsa dulce y sin dejar de ser un postre, tienen un toque que con acompañamiento adecuado puede emplearse como plato (salado).
Aunque la receta la realicé con medidas en copas y demás, después de haberla realizado descubrí la
misma receta en el Web de la BBC, pero en gramos. Creo que después de los líos que me estoy haciendo con las “cups” voy a dejar de probar recetas con ese tipo de medidas ;-), me agobia tanta imprecisión. Creo que algún fracaso se ha debido a ello. De hecho esta receta la he realizado 2 veces, una con “tazas” y otra con gramos; la primera vez había quedado más sólida pero también rica.
La receta [entre corchetes la mitad de ingredientes]
223 gr. (1+1/3 tazas) de
ricotta [111,5 gr.]
170 ml. (¾ de taza) de
leche [85 ml]
4 huevos, yemas y claras separadas. [2 unidades]
140 gr (1 taza) de
harina, unos [70 gr.]
1 cucharilla de polvos de hornear (
Royal) [1/cucharilla]
SalAlgo de
azúcar. No viene en la receta pero le he echado ;-) unos 10 gr.
Opcional: vainilla, ralladura de limón o agua de azahar-
50 gr.
mantequilla, para cocinarlas. [25 gr.]
(1) Mezclamos la ricota, la leche y las yemas, hasta que no queden grumos. Bien batido.
(2) Tamizar la harina, la levadura y la sal sobre la mezcla anterior. Mezclamos hasta que quede homogénea.
(3) Levantamos las claras a punto de nieve con ayuda de un chorrito de limón.
(4) Vertemos las claras con ayuda de una espátula y de forma envolvente. Antes debemos echar un poco para igualar las densidades.
(5) Ponemos una sartén antiadherente a fuego medio con un poco de mantequilla. Sólo para que no se pegue.
(6) Echamos un poco de la masa del centro hacia los bordes, girando la sartén o con ayuda de la parte posterior de una cuchara.
Como, a diferencia de las tortitas clásicas, lleva menos proporción de leche frente a la harina debemos esperar a que se dore bien antes de darle la vuelta. Unos dos minutos puede ser suficiente. Si se pega la primera no desesperemos, veremos que a medida que la sartén adquiera temperatura y la tortita se tuesta, se le da la vuelta con más facilidad.
Según dice la receta original, la masa cubierta puede guardarse en el frigorífico perfectamente.
Yo los he tomado con miel, pero podría tomarse con el batido propuesto a base de mantequilla, paneles de miel! y miel.