jueves, 31 de mayo de 2007

Bacalao Ajoarriero

Bacalao AjoarrieroNo está el horno para bollos

Estoy como en el corte inglés: “la semana fantástica”. Tan fantástica que el tiempo brilla por su ausencia. Sin casi dormir, sin hacer lo que tengo que hacer y con el tiempo que se me echa encima. No volveré a meterme en cierto tipo de berenjenales, pero soy (casi) incapaz de decir que no. Si.
Curioso: “el tiempo se me echa encima”, más bien, “el tiempo pasa muy rápido”, algo así como 60 seg./minuto.
“No está el horno para bollos”. Literalmente: no tengo tiempo para hacer bollos. Lo quitaré de algún sitio, por ejemplo, horas de sueño o momentos de relax. Ya casi ni duermo, nunca lo he hecho, soy un insomne más.

Bacalao AjoarrieroEl bacalao

¿Por qué tantas veces acabo hablando de la infancia?, ¿me estaré haciendo mayor?, ¿será que añoro el pasado? Más bien pienso que se debe a que de un tiempo a esta parte ya no construyo recuerdos, se entra en una rutina de la que es difícil salir.
Bueno, el tema es que de pequeño no me gustaba el bacalao. No es que no me gustase el bacalao, me encanta el pescado, ¡no me gustaba la SAL del bacalao! Todo sal. A mis padres les encantaba. El bacalao casi ni se desalaba, un chorrito de agua y ya estaba. No sabía a nada, era como cuando me tragaba el océano Atlántico en mis primeros escarceos con la natación-buceo. “Pepinho, levanta la cabeza”, la natación “sin-cron-ni-za-da”, estilo perro, la controlaba a las mil maravillas. Ya algo “más mayor” ;-) el estilo libre te permitía ir a recuperar esos balones que llevaba el viento: “el gran héroe americano”.

Por suerte la tendencia del bacalao cambió con el tiempo. La sal ya no era sana y había que desalarlo suficientemente. Eso era otra cosa, ya sabía a pescado. Ahora, con los nuevos tiempos incluso muchas veces lo compramos fresco; casi lo prefiero, sobre todo si son cocochas. Era un tema de conservación.

Hoy es un día especial

Especialmente si te lo recuerdan. Me acordé ¿por casualidad? el otro día, por los pelos (casi) se me pasa. Eso ocurre por tener demasiadas cosas en la cabeza. Pones prioridades y, acordarse de un aniversario, no es para mí prioridad cero, ni uno, ni dos,… Ya me contaréis por qué es tan importante una fecha. ¿En que calendario? ¿en el gregoriano?.
En los cumpleaños de M, que no es el caso, llega a hacer listas mentales de quién y quién no le llama, como para olvidarse. Si llamas, prueba superada, si no llamas ya tienes una marca (negativa). Te borrará de la agenda para la siguiente felicitación.

No valoro esa capacidad (¿será porque no la tengo?). Hasta creo recordar que este año mi hermano Martín no me ha felicitado el cumpleaños y no ha pasado nada. Ni marcas en una agenda ni similares, tendría cosas mucho más importantes que hacer.

Otro hecho clave: cuando te llama alguien que no esperas. Hay dos posibilidades: a) que tenga una agenda con onomásticas o b) que se lo hayan dicho. Ejemplo, ayer fue el santo de mi cuñado “Fer”, bien, ni de lejos me hubiese acordado. Pero lo he llamado. Al llamar habrá pensado (seguro): “se lo ha dicho M” pero… ¿y si no llamas?, marca en la agenda.

El plato

Es un clásico de la cocina que tiene muchas variantes. Lo presento como siempre nos ha gustado. A lo largo del tiempo casi no le he hecho ninguna modificación, la única mejora, prácticamente, ha sido incorporar la pulpa del pimiento choricero.

(Edito, unas horas después)
¡Lo tengo! Como es un día especial me ha traído una sorpresa: ¡“Pasión por el chocolate” de Trish Deseine!
Un día pasé, pasamos, por el CI e hice el encargo pero, como mi móvil prefiero tenerlo apagado, se encargó ella de “supervisar” el pedido. No me había dicho que había llegado el libro, se lo tenía muy callado para dármelo hoy. Lo han conseguido en el CI de… Marbella.
El otro día miré en http://www.fnac.es y tampoco estaba pero no puede evitar comprar la “Larousse de los postres” de Pierre Hermé.
Ahora tengo un gran problema, no sé por dónde empezar, todas tienen muy buena pinta. La receta del pastel de chocolate la había traducido de Internet. Viva la “Pasión”, ¡aunque sea por el chocolate!
Bacalao Ajoarriero
Ingredientes
  • 1 cebolla picadita
  • 3 dientes de ajo
  • 1 pimiento verde, no demasiado grande (o algo menos)
  • 1 pimiento choricero seco
  • 4 pimientos del piquillo
  • ½ vaso de vino blanco (bueno)
  • Un poco de salsa de tomate (no sé, tal vez medio vaso)
  • 400-500 gr. de bacalao, desalado y desmigajado en cubos de un par de centímetros (a gusto, si lo queremos en trozos algo más grandes también podemos)
(1) Ponemos el bacalao en un bol con agua a desalar entre 24 y 48 horas antes, dependiendo del grosor del bacalao, cambiando el agua de vez en cuando. Pasado el tiempo lo escurrimos, secamos bien y troceamos finamente. Podemos desmigajarlo.
Como hay que desmigajarlo, el bacalao no tiene porque ser demasiado grueso, puede ser una pieza más fina y más económica.

(2) Una o dos horas antes ponemos el pimiento choricero a hidratar en agua. Escurrimos, secamos y quitamos la pulpa. Reservamos.

(3) Pochamos la cebolla picada, con el ajo y el pimiento verde, también finamente picados. Dejamos hacer a fuego lento.

(4) Cuando esté blanquecina la cebolla echamos la pulpa del pimiento choricero. Le damos unas vueltas para que no se pegue e incorporamos los pimientos del piquillo troceaditos. Damos otras vueltas y añadimos el vino. Dejamos reducir durante unos 5 minutos.

(5) Ya reducido el vino, echamos el bacalao, la sal si fuese necesaria (muy poca, esta vez no se la he echado), y la salsa de tomate. La salsa a gusto, pero no demasiada, enmascararía el sabor del sofrito y del bacalao. Dejamos cocinar un poquito, un poco. El bacalao desalado podría tomarse casi “crudo”, la salazón hace que el bacalao, además de conservarse, se seque.

Estupendo plato acompañado de unas patatas fritas, que pueden añadirse al final.
Para mi gusto el plato gana dejándolo reposar, así el bacalao coge un poco más de sabor del sofrito. Recomendable.
Bacalao Ajoarriero

martes, 29 de mayo de 2007

Brownie de chocolate blanco

Whiteie

Si brownie es por su color, debería ser “whiteie”. Técnicamente tampoco creo que sean “blondies” pues, aunque no llevan chocolate negro, tampoco lo llevan blanco y sí acostumbran llevar azúcar moreno o, incluso, algo de cacao en polvo. Por el momento me quedo con “brownie de chocolate blanco” o “whiteie” ;-)

Me gusta tenerlo crudo

Me gusta crudo. Que el chocolate esté casi derretido y todavía caliente, con un poquito de helado, como diría un esnob, a la modé. Para gustos.

Black or White

Por fuera parece distinto, pero el sabor lo delata: es un brownie, sabe a chocolate y está buenísimo.

Así somos, nos fijamos sólo en el exterior. Blanco, negro, amarillo,.. . Sí, blanco=negro, misma sustancia. Lloramos, reímos, sentimos, nos ponemos tristes ante una desgracia o felices ante una buena noticia.

El postre me ha ayudado a flexionar sobre algunas ideas y recuerdos. No es el momento de hablar de África, lo haré en otro momento con más calma y tiempo. África si te coge no te suelta, te tendrá atrapado para toda la vida. Descubrir África es descubrirnos a nosotros mismos y ver lo que nos estamos apartando o abandonando de nuestra propia vida. Es una contradicción.

Unas de las fotos que más me gustan las he hecho allí, en pleno Masai Mara (“Tierra moteada”), en una tierra que no conoce futuro, pero tiene el pasado que ha visto crecer a la humanidad. Una pequeña muestra:



He evitado poner directamente alguna foto más impactante, podría quitar las ganas hablar de gastronomía durante mucho tiempo o, por lo menos, durante unos minutos. Pronto nos olvidamos, para eso tenemos muy poca memoria. Ha sido la buena acción del día, ya podemos volver a ser “malos”.

La buena acción de la semana

Los hay que curan sus “pecados” con una acción presuntamente altruista. Presuntamente porque ellos así lo creen, yo no. Una moneda, ¡que nos sobra!, a un vagabundo; un poco de papel reciclado, de pascuas en viernes; o alguna cesión, del tipo que sea, a alguna asociación benéfica, aunque las cosas no estén como para fiarse. ¡Altruismo!, RAE:

“Diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio.

Dar lo que nos sobra no es altruismo, como mucho es caridad (“Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno”). No nos engañemos a nosotros mismos, no hemos hecho nada para cambiar el mundo, el mundo nos ha cambiado a nosotros.

Aunque no soy lo que se dice creyente (un poco de dosis religiosa en la infancia te convierte al agnosticismo) también soy un “pecador” (no es un chiste), pero no pretendo curar mis “pecados” con una moneda. La constancia es lo único que perdura. Sí, se puede cambiar el mundo.

Ingredientes
  • 227 gr. de chocolate blanco.
  • 85 gr. de mantequilla.
  • 2 huevos.
  • 60 gr. de azúcar.
  • 1 cucharada de esencia de vainilla/azúcar vainillado.
  • Una pizca de sal.
  • 130 gr. de harina.
  • Trozos de chocolate negro y/o nueces.
  • 175-180º durante unos 30 min.
Preparación

(1) Precalentamos el horno a unos (175-)180º C. Engrasamos con margarina un molde cuadrado de unos 21 centímetros y espolvoreamos con harina, retirando el exceso que pudiese quedar en la superficie.

(2) Troceamos con las manos, en fragmentos grandes, el chocolate blanco. En un bol echamos la mantequilla y la mitad del chocolate. Llevamos al microondas unos segundos. Cuando la mantequilla se haya derretido retiramos, echamos el resto del chocolate y removemos con ayuda de una espátula hasta que quede totalmente disuelto y homogéneo.

(3) Aquí he optado por batir los huevos con el azúcar para que cogiese un poco de aire. Si nos gusta más compacto no batiremos los huevos con fuerza, sólo un poco hasta romperlos.

(4) Añadimos a los huevos y el azúcar la esencia de vainilla o la vainilla líquida, mezclamos, echamos la mezcla de chocolate derretido y una pizca de sal. Echamos la harina tamizada y removemos hasta que quede totalmente homogénea. Vertemos los trozos de chocolate, removemos y cubrimos el molde.

(5) Llevamos al horno durante unos 25-35 minutos, dependiendo de cuan hecho nos gusten.
Retiramos y troceamos una vez frío. Si lo hacemos en caliente las perlas de chocolate, todavía derretido, mancharán el corte (no pasa nada). Cortándolo frío el corte será más “limpio”.

lunes, 28 de mayo de 2007

Helado de cerezas y crema de coco

Al mal tiempo buena cara

No ha llegado el verano, está claro. Allá por San Juan. Pero ya empezamos a tener algunas ganas, yo por lo menos. Una vez lo tenga encima desearé que se acabe de una vez. Como el capitán Willard de Apocalypse Now:

When I was here I wanted to be there. When I was there, all I
could think of was getting back into the jungle

Siempre deseamos lo que no tenemos, o pensamos que no tenemos. Me acuerdo de las cosas bellas del verano pero cuando llega el calor, la masificación en las carreteras, en las playas,… deseo que vuelva el invierto y la rutina. Soy una contradicción, una espera permanente. La insatisfacción personalizada.

El helado

El helado representa el verano. Esa espera que no llega. Creo tomar más helados en primavera que durante agosto. ¿Por qué? Supongo que porque ahora lo deseo, después lo aborreceré. Hasta los propios proveedores de helados dejan de proveer al final del verano.

En primavera ya es verano en el CI, en verano ya es invierno y en invierno ya es primavera. Es otoño está hecho para que nos vayamos acostumbrando al cambio poco a poco.

Este helado es diferente, no lleva nata. Una buena solución si queremos uno no tan calórico. Con cada receta aprendo algo y en ésta he descubierto que hay dos tipos de leche de coco: la crema de coco, viene siendo leche de coco propiamente dicha, y la leche de coco, que es crema de coco diluida en agua para obtener una densidad muy similar a la de la leche (desnatada). Modestamente [*], recomendaría emplear crema de coco, así evitaríamos se formase hielo por el exceso de agua.

[*] En otro de mis 100 libros preferidos, “El túnel” de Ernesto Sábato, hay una frase muy reveladora sobre la modestia, perdón, falsa modestia. Dice algo así como: “… es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto.” [**] Después de mucho buscar, he localizado el párrafo al principio del libro, pág. 62. Sigue así: “… Aun cuando se imagina que no existe en absoluto (la vanidad), se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia”. Esto ayuda a reflexionar y da ganas de eliminar la modestia en absoluto, cualquier tipo de modestia. Quiero decir con esto en en [*] no pretendía “parecer modesto”, más bien ser modesto. De helados sé poco, pero para evitar falsa modestia, diré que de otras algo más. Sólo un poco (más modestia).

[**] Nota de la nota: la versión del libro que tengo en mis manos es una que le regalé a María cuando nos conocimos y todavía no salíamos juntos. La protagonista del libro se llama María y tuve el descaro de subrayar algunas frases antes de regalárselo, sólo algunas: “Cap. VIII. Mientras volvía a casa profundamente deprimido, trataba de pensar con claridad”, “Cap. XI. Pasé una noche agitada. No pude dibujar ni pintar…” o, sobre todo, “Cap. XVI. Amaba desesperadamente a María (…) A medida que fueron pasando los días creció en mí una especie de locura (…) No importa lo que puedas hacerme. Si no pudiera amarte me moriría”. Inocencia descarada, porque era inocente, me sorprende mi descaro, pero es más que probable (modestamente) que ella me hubiese puesto las cosas muy claras con anterioridad, dudaría de mi atrevimiento si así no fuese.
Mi multisubrayado libro lo debo tener en casa de mis padres (y mía, porque lo sigue siendo).

Ingredientes
  • 500 gr. de yogurt griego
  • 130 gr. de azúcar
  • 1 cucharada de miel
  • 1 choro de amareto o licor Kirsh/extrato de almendra
  • 110 gr. de cerezas
  • 160 ml. de crema (leche) de coco
  • Un Chorrito de limón (opcional)
(1) Troceamos las cerezas en unos cuatro o seis trozos cada una. Reservamos.

(2) Mezclamos el yogurt, el azúcar, la miel, el licor y la crema de coco, hasta que el azúcar está completamente disuelto. Llevamos al frigorífico durante una hora.

(3) Si tenemos heladera, seguiremos las instrucciones del fabricante. En caso contrario, el mío, nos arriesgaremos a que cojan cristales y haremos lo posible para evitarlos siguiendo al paso 4.

(4) Introducimos en el congelador durante una media hora. Pasado ese tiempo, retiramos y removemos el helado para que no adquiera hielo. Repetimos esta operación unas cuantas veces.
Existen varios remedios caseros para evitar la cristalización. Un chorrito de ácido (limón o vinagre) o un poco de miel. Ninguno de ellos los evita en su totalidad pero ayudan a tener un mejor resultado. Lo ideal es tener una heladera o introducir un gnomo con escafandra en el congelador que bata el helado mientras se congela. Ninguna de ellas me ha sido posible.

(5) Congelamos y, cuando lo vayamos a tomar, lo retiramos una horita antes e introducimos en la nevera. Así reblandeceremos un poco el helado para poder formar las bolas con facilidad.

Podemos tomarlo con caramelo, chocolate o cómo guste.

domingo, 27 de mayo de 2007

Chipirones al brandy

Calamares al brandyElecciones

Siempre hay que elegir. Elegir requiere decisión y mientras no lo hacemos, se siente un malestar que provoca insatisfacción. Fresa o chocolate, con o sin gas, con o sin alcohol, playa o montaña, a casa de tus padres o a la de los míos (esto es mucho más rápido y fácil de lo que se podría pensar), zanco o pechuga,… y eso que sólo son dos opciones. Imaginaos si tenemos muchas más.
Has elegido. Yo también. Ahora no debería haber vuelta atrás.

Chipirones al brandySigo allí

Vivo en Santiago desde hace bastante tiempo, con interrupciones, unos 15 años. Me gusta, es una ciudad pequeña, tranquila y, en general, bastante tolerante. Es una de las cosas que más me agrada de las, perdón, algunas ciudades (por eso “I Love NY”). Tener independencia, poder ir a tu aire, sin miedo a que nadie te mire o te juzgue. Ese es el problema de los pueblos. Allí todos “nos” conocemos, todos te miran y opinan, te juzgan, no puedes hacer nada sin sentirte observado.

Pero no, yo sigo siendo de allí, de mi pueblo. En los pueblos la gente te saluda en todo instante: en la panadería, mientras corres, en la calle,… te pasas el día saludando (con sinceridad). Las ciudades impersonales, se diluyen como el agua, son “colmenas”, ni se conocen los nombres de los vecinos que están puerta con puerta. Positivo y negativo.
En el pueblo tiempo circula más despacio, todo está más cerca.

Algo típico de (mi) pueblo, y supongo que de casi todos: haces un postre, te sobran verduras, pescados, etc. y empieza un reparto por todo el vecindario. Un día te llevo un bizcocho, otro día me das unos grelos o unos tomates.

Mi pueblo tiene mar, playa, montaña. Aunque no está lejos, menos de una hora, el mar es lo que más hecho de menos, sobre todo en invierno. Si me sentía un poco decaído o me apetecía un poco de tranquilidad me daba un paseo por la playa, en invierto desierta y dónde sólo se oye el viento y las olas. Cuando visito a mis padres es lo segundo que hago acercarme hasta la playa, la saludo y me voy.
Sigo empadronado, me da miedo perder ese cordón que me une con esa otra parte de mí.

El ron

Aquí tendremos que elegir si emplearemos brandy, como lo indica la receta y como siempre los había hecho, o ron, que por motivos eventuales he tenido que emplear hoy (ayer). No quedaba casi coñac, sólo un chorrito, M se había ido de compras y el tiempo se echaba encima. La llamo, pero todavía va a tardar un poco, el suficiente tiempo como para que cuando llegue tenga que esperar. Solución: buscar otro licor no demasiado fuerte y de características aromáticas similares: mi ron añejo para postres ;-). El resultado ha sido muy satisfactorio, a M le ha encantado.

Flambeando, entra ella por la puerta con la botella de brandy, demasiado tarde. Por esta vez ha sido mejor así. He tenido que evitar el proceso de elección. Si fuese una película (americana), habría llegado justo en el momento antes de echar el medio vaso (en mi caso) de ron. En cámara lenta y con un poco de música de tensión.
La próxima vez tendré 2 opciones y tendré que elegir.

Calamares al brandyIngredientes
Para 4 personas
  • 250 gr. de cebolla
  • 3 ó 4 dientes de ajo
  • ½ Kg. de chipirones (con los cuerpos enteros, como para rellenar)
  • 150 gr. de gambas peladas
  • 1 vaso de caldo de pescado. De algún pescado blanco o, en su ausencia, procedente de una pastilla de caldo.
  • 1 copa de brandy. Esta vez he usado ron y han salido muy buenos.
  • Aceite
  • Sal, muy poca
(1) En una sartén grande con aceite de oliva virgen, rehogamos el ajo picadito con la cebolla cortada en paisana fina. A fuego fuerte al principio y después a fuego suave, para que caramelice la cebolla. Debe quedar casi transparente.

(2) Pasamos los chipirones por harina y, en otra sartén aparte, los freímos con los tentáculos y las cabezas. Freímos pocos de cada vez, para que no se baje la temperatura y se frían, no que se cuezan.

(3) Una vez fritos, los llevamos a un plato y los rellenamos con las cabezas y los tentáculos, junto con 1 ó 2 gambas (o las que quepan).

(4) Ya rellenos, los pasamos a la sartén de la cebolla, añadimos las gambas que pudiesen haber sobrado y doramos un poco.

(5) Subimos la temperatura, añadimos el coñac (o ron) y flambeamos. Los mejor es apagar la campana extractora, así evitaremos algún que otro susto. Dejamos que se queme un poco el alcohol.

(6) Una vez apagado echamos el caldo de pescado y un una pizca de sal, muy poca. Los chipirones requieren muy poca sal, además, el caldo también suele incorporar una poca.

Removemos con frecuencia y dejamos reducir un poco. Si el caldo queda poco espeso podemos retirar un poco del agua del caldo y diluir en ella un poco de maicena o, incluso, emplear un poco de vino para diluir la maicena.

Buenísimos.

Chipirones al brandyEdito: he reflexionado (¡venga ya!) y prefiero ser libre en campo ajeno que cautivo en tierra madre.

sábado, 26 de mayo de 2007

Brigadeiro (de chocolate)

Brasil, Brasil

El origen de este dulce es brasileño. El nombre es un homenaje (o no, ya contaré el porqué ;-)) al brigadier (“brigadeiro”) brasileño Eduardo Gomes, que tuvo cierta "notoriedad" allá por la primera parte del siglo XX. [Inciso: suena un poco mal eso de: “allá, en la primera mitad del siglo XX”, parece pasado. ¡Si el siglo XX fue ayer! No hace mucho, “Siglo XX” sonaba a “futuro” más que a pasado. Fin de inciso.]

Algunas “lenguas”, no diré si buenas o malas (estamos en jornada de reflexión ;-)), dicen que se le llama así porque este postre no lleva “huevos” y el militar había perdido uno en una revuelta (¿no sería en un revuelto?). Como decíamos en mi época de ¿jugar? al baloncesto: “las tres bes: “Balor”, “Balentía” y… “Buevos” (sic). Perdonad la licencia, si queréis.


“Estamos en guerra pero hay que reflexionar”

No creo que haya mucha gente que, a estas alturas, no tenga claro su voto o “no” voto. Creo que esta jornada viene bien para que, por unos instantes, nos dejen descansar, aunque sea sólo un poquito. Cambiarán de temas y hablaremos… (dejadme pensar)… (20 horas después)… ¿de fútbol? Lo importante es tenernos entretenidos y que no hablemos de cosas más serias.

No tengo nada claro, y van más de 10000000, si las campañas sirven para algo más que para empapelar las ciudades, gastar dinero y tener un poco ocupados a los telediarios. Por lo menos han dejado de hablar de “La Pantoja” (¿o siguen hablando?). Pienso que uno no cambia sus ideas en unos días por cuatro fases en un telediario.

Las claves

Tengo un poco de prisa, pero también es una receta rápida y muy sencilla.

Las ideas:

a) Ésta es una receta tradicional, la más conocida y sencilla, hay variantes que incluyen leche a partes iguales y yemas de huevo como espesante.

b) Si se quiere añadir algún aroma podría hacerse. Las de coco no llevan cacao y se añaden unas 4 cucharadas de coco cuando (había escrito “cunado”) se retira del fuego, antes de enfriar.

c) Al igual que las trufas, pueden bañarse en variedad de productos: perlas de chocolate, cacao en polvo, azúcar, coco rallado,…

d) También pueden hacerse en el microondas. Poniéndolos a temperatura máxima, removiendo y volviéndolos introducir varias veces, hasta que tengan la consistencia deseada.

e) Una vez fríos se endurecen un poco. Hay que encontrar el punto exacto, así conseguiremos que por fuera queden duritos pero que la leche se funda en la boca.

Ingredientes
Las cantidades de cacao dependen de si los queremos más tipo “dulce de leche” o más tipo trufa. El cacao tiende a pegarse en el fondo. Hay recetas que llevan yema de huevo, pero sólo lo he visto hacer en la versión que lleva leche. La receta “tradicional”, aunque en realidad sea del siglo XX, no llevan huevo.
  • 1 lata de leche condensada, unos 395 gr.
  • 1 (ó 2) cucharadas de mantequilla
  • 3 cucharadas de cacao en polvo.
  • Virutas de chocolate para cubrir.
(1) El una olla echamos todos los ingredientes menos las virutas y llevamos al fuego medio-bajo. Removemos con una espática constantemente, hasta que tenga algo de espesor y al dejar de remover unos segundos y girar el cazo, se separa del fondo del mismo. El “punto” es cuando no se pega.

(2) Dejamos de remover unos segundos para que se separe mejor y vertemos en un bol untado con un poco de mantequilla para que no se pegue (había escrito “peque”) la pasta. Dejamos enfriar. Una vez frío podemos llevar a la nevera.

(3) Hacemos bolitas al estilo de trufas. Para que no se peque a las manos, las untamos con mantequilla o incluso agua. Podemos mojar la cuchara en un poco de agua caliente.

Reflexionando, reflexionando, he llegado a una conclusión: que tal vez Orwell tuviese razón, “todos (los políticos) son iguales, pero hay unos más iguales que otros”.

jueves, 24 de mayo de 2007

Cantuccini (Cantucci) de Piñones

Los biscochos

Los Cantucci o Cantuccini son unos bizcochos típicos de la ciudad de Prato, muy cerca de Florencia, pero pueden encontrarse en toda la Toscana. Aunque éstos no son los tradicionales, que se suelen hacer con almendra, me han parecido impresionantes. Así lo han sido.

Los más conocidos son los de almendra, pero pueden hacerse con otro tipo de frutos secos, piñones o avellanas, por ejemplo. Hay recetas que combinan almendras con piñones. Los piñones son uno de los ingredientes estrella de todo el mediterráneo y, por ello, de la cocina italiana (Cfr. un buen pesto).

Tienen la apariencia de un pan, pero no tienen nada que ver, en realidad son unos bizcochos (biscotti) con un fuerte aroma a limón y, os aseguro, que están estupendos.
Son muy buenos para tomar solos o con un buen café, té, desayuno,…


Te querré siempre

Viaggio in Italia, así era su título original. De eso quería hablar, de mi primer viaje a Italia, a la que querré siempre.
Fue hace…, estoy haciendo cálculos, probablemente unos 9 años. Mi vida empezaba a cambiar, dejaba de ser estudiante para hacer lo que todos (quieren) hacen: trabajar. Quería ser diferente pero no lo había conseguido, ya estaba dentro del círculo. Ya no podría salir.

Ese julio opté, y optamos, por irme con Lucía y M a la Toscana, a la casa de estudiantes en la que vivía Tiziana, una joven (muy buena) que había estado estudiando durante un año en la USC. La casa, una de esas pequeñas pero hermosas, estaba en Pisa. Tiziana compartía residencia con dos compañeras más, recuerdo una Siliciana a la que todos, por su carácter y expresión vehemente, tenían un cariño especial. Ese sería nuestro punto de partida, a partir de ahí la Toscaza y nuestras fuerzas pondrían los límites.

Si la Toscana es hermosa, más lo es cuando los campos interminables están secos y desprenden una fragancia única. Llena de pequeños pueblos, probablemente no tan conocidos como Florencia o Siena, pero tanto o más hermosos: Volterra, San Gimignano, Lucca (pueblo de Puccini) o, por supuesto, Siena… Inolvidable, el señor Stendhal tenía razón.

Sólo recuerdo una pasión, emoción y palpitar similar al ver la Mona Lisa. Al instante M se dio cuenta de que se me caían unas lágrimas, como ahora, con sólo pensarlo:


[La foto es muy mala, la ausencia de flash y el momento me impidieron hacer algo más recogido. Para buenas fotos de La Gioconda, debe verse la enciclopedia británica ;-)]

De ahí a Bolognia, en dónde vivía Patricia, en otra hermosa casa, haciendo parte del trabajo de doctorado (creo recordar) y de ahí a Venecia. No os creáis a aquellos que dicen que Venecia no vale la pena. Venecia en un sueño hecho realidad, una ciudad única llena de palacios, canales pero, a la vez, más irreal que cualquier sueño.
Italia, te querré siempre.

Ella

Sobre todas las cosas, me gustaba su dulzura, la suavidad de su voz. Se giraba y me miraba, me retorcía, sudores, rubor. No conocía el sexo, en ninguna de sus expresiones. Había algo, un placer inimaginable, un dolor, un sufrimiento del que no me podía despegar. La adolescencia no da para mucho más.
¿Cómo se le ocurre sentarse delante? Se giraba y la escuchaba.

Pasados esos años no he vuelto a saber más de ella. Un día, por casualidad, la volví a ver pero no supe que decirle, alguna trivialidad del tipo: ¿qué tal? o ¿a qué te dedicas? Es mejor así. No lo dudéis, los recuerdos son mentirosos, nos engañan y nos hacen creer que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No os dejéis engañar. No permanentemente, sólo cuando la moral afloje y penséis: mi vida podría haber sido de otra manera.

“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que en mi juventud me deslumbraba. Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba de la gloria en las flores, no hay que afligirse. Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo. “
William Wordsworth

La receta
  • 90 gr. de piñones [45 gr.]
  • 100 gr. de mantequilla [50 gr.]
  • 140 gr. de azúcar [70 gr.]
  • 10 gr. de azúcar vainillado [5 gr.] (Opcional, puede sustituirse por azúcar normal).
  • 2 huevos [1 huevo]
  • 2 cucharadas de zumo de limón [1 cucharada]
  • Ralladura de 1 limón grande [ralladura ½ limón], o más, al gusto.
  • 300 gr. de harina [150 gr.]
  • 1 ½ cucharilla de levadura química (Royal) [0,75 cucharilla]
  • Sal, algo así como media cucharilla.
  • También puede echar un chorrito de Amareto, sobre todo si son de almendra.

(1) Precalentamos el horno a 170º (ó 175). Tostamos los piñones en la bandeja del horno durante unos 6 minutos o hasta que estén ligeramente dorados. Reservamos y dejamos enfriar.

(2) En un bol o tartera batimos la mantequilla pomada con el azúcar hasta que esté ligero y cremoso. Añadimos los huevos, la ralladura de limón y el zumo. Mezclamos bien. No os preocupéis si se corta, la harina hará su cometido.

(3) En otro bol tamizamos la harina y la mezclamos con la sal y la levadura química. Vertemos sobre la mezcla de huevos y mezclamos bien. Echamos los piñones. Ésta es una masa pastosa que debemos trabajar poco. No es un pan.

(4) Echamos sobre una superficie enharinada, separamos la masa en dos partes iguales, formamos barras delgadas y anchas. Ponemos sobre papel de hornear. Si vemos que es una pasta demasiado pegajosa le podemos echar un poco de harina para que no se pegue a las manos, no más. Deben quedar lo suficientemente separadas unas de otras.

(5) Introducimos en el horno precalentado durante unos 20 minutos o más, hasta que quede ligeramente dorado. Retiramos del horno y transferimos a una rejilla. Dejamos enfriar unos pocos minutos.

(6) Sobre una mesa o tabla, cortamos en piezas de unos 2 centímetros y volvemos a poner la bandeja de horno durante otros 20-25 minutos a la misma temperatura, girándolos pasados 10 minutos. Yo los he dejado algo más y he subido unos grados durante unos minutos la temperatura, para que se tostasen un poco.
Si gustan poco hechos pueden ponerse la mitad de tiempo.

Retiramos y dejamos enfriar sobre una rejilla. Guardamos a temperatura ambiente en un recipiente hermético.

Probadlos y no os arrepentiréis.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Mejillones en salsa

Secretos de familia

Somos humanos. Cuando nos dicen aquello de “…pero no se lo digas a nadie”, nos desesperamos por encontrar a una persona a la que decírselo. No pienso que sea maldad, es condición “humana” el quitarnos todo aquello que llevamos encima y, por muy pequeña que sea esa responsabilidad, tenemos esa necesidad de contarlo.

“Circulen, no miren”, ¡han dado en el clavo!… “no miren”. En ese mismo instante giramos la cabeza y miramos por el rabillo del ojo. ¿Curiosidad?

150!

Quería celebrar la entrada de recetas número ciento cincuenta con una receta a la que le tuviese cariño. En realidad llevo más de 150 recetas escritas, puesto que algunas entradas tienen más de una pero, sí, es la entrada número 150 desde el principio del fin.

En estos próximos quince días, si quiero hacer lo que tengo que hacer, o hago lo que debería, o hago lo que no tengo en realidad que hacer, pues no tengo por qué hacerlo, en ese caso, creo que no tocará a entrada por día. Estaré muuuy ocupado. A ver si una receta cada dos días, por lo menos.

El origen

Ésta es una receta que, aunque no lo parezca, tiene su historia y es una de mis preferidas. Esperaba el momento oportuno, tal vez no lo sea, pero tenía unas ganas….

La receta es una de esas recetas “secreto” de un restaurante de “Pobra do Caramiñal”. La persona que se la “pasó” a mi familia “no se lo debía contar a nadie”, pero lo hizo, igual que estoy haciendo en estos momentos.

Pensaréis, ¿tanto por unos simples mejillones con salsa de tomate? Ese es el truco, ¡no son unos simples mejillones en salsa! Resulta muy difícil, por no decir imposible, expresar el aroma que le da a este plato dos ingredientes, principalmente: el laurel sofrito con la cebolla y el orégano. El vino debe ser de buena calidad, un Albariño es estupendo.

A lo mejor, la probáis y no os dice nada, pero por aquí, los que la han probado lo primero que han hecho es pedirme la receta. Lo admito, me la pidió la S, con mayúsculas, y le di evasivas. Sí, he sido un chico malo, pero no se tiene el mismo feeling con todo el mundo y menos con alguien a quién no les gusta (o “quiere”) tanto la cocina como a mí (hasta creo que la odia). Supongo que hay que hacerse merecedor, yo no lo soy, pero entre los que leen seguro que son mayoría.
Es tan sencilla que creo que la riqueza está en la sencillez y, sobre todo, en unos buenos ingredientes: orégano de casa, mejillones de la ría o un buen vino blanco.

Que os guste. Si no os gusta… otra vez será.

Ingredientes
  • 1 cebolla cortada muy fina
  • 1 ó 2 hojas de laurel
  • 1 cucharada de harina
  • Un poco de vino blanco, ½ vaso
  • Orégano seco de huerta, bastante. A gusto.
  • Salsa de tomate, 1 vaso, aprox.
  • Mejillones, cocidos al vapor

(1) Si vamos a emplear las conchas se limpian los mejillones por fuera, se echan en una tartera con un chorrito de vino blanco (sólo el necesario para que no se peque) y unas cuantas hojas de laurel. Ponemos a fuego fuerte y tapamos hasta que empiecen a abrirse. Cuando estén abiertos los retiramos del fuego inmediatamente y escurrimos para evitar que se sigan cocinando.
Si los hacemos de más el mejillón acaba por cocerse y reduce considerablemente su tamaño. Deben hacerse el tiempo justo, sólo abrirse.

(2) Retiramos las “barbas” de los mejillones sin separarlos de las conchas. Para ello juntamos las conchas y tiramos de las “barbas” hasta que se separen del cuerpo. Conseguiremos que el mejillón permanezca entero y sin despegarse de la concha.

(3) En una cazuela de barro o en una tartera ancha se calienta un poco de aceite de oliva virgen. Se echa la cebolla y la doramos con la(s) hoja(s) de laurel bien picada(s). Al principio a fuego fuerte, después lo bajamos y dejamos que se haga hasta que quede casi transparente. No debe quemarse.

(4) Cuando la cebolla esté bien doradita, se añade la cucharada de harina, dependiendo de la cantidad, más o menos llena. Se le da unas vueltas para cocinarla un poco, se añade el vino, que hará que espese el sofrito, y el orégano. Reducimos un poquito, unos segundos evitando que se pegue la harina. La cantidad de orégano, como todo, es a gusto del comensal, pero debe echarse una buena cantidad para que le dé sabor.

(5) Cuando se haya consumido un poco el vino, muy rápidamente, se añade la salsa de tomate. Así evitamos que se peque la harina. De inmediato echamos los mejillones cocidos al vapor y dejamos a fuego muy bajo un poco. Retiramos, dejamos unos minutos para coja sabor y los servimos como más nos guste: con las conchas, sin ellas, como pincho. Lo más fácil y gustoso: con las conchas, ya que, aunque no esté muy bien visto, está para chuparse los dedos. Podemos, y debemos, usar las manos.

Como los mejillones y la salsa de tomate son salados, no es necesario echar ni una pizca de sal. Por aquí, a veces, se les echa a los mejillones en invierno, cuando hay muchas lluvias y el agua marina (superficial) tiene muy baja proporción de sal. Es raro, pero se podría echar al cocer los mejillones al vapor.

No se lo digáis a nadie (que no se lo merezca).

martes, 22 de mayo de 2007

Soufflé de licor de naranja-Soufflé de patata

Verde = azul + amarillo

Quería hacer mis pruebas con los suflés. Tenía una receta de soufflé de naranja con licor Grand Marnier y, a mayores, el fin de semana descubrí una idea con puré de patata que adapté a unas medidas encontradas en Internet + ajustes personales.

Para elaborar el soufflé de naranja me daba mucha pena abrir la botella de Grand Marnier, por lo que he optado por emplear otro licor de naranja: Coraçao. El problema, era ¡Curaçao BLEU!, ya os podéis imaginar de qué color es.

Nel blu dipinto di blu
felice di stare lassu

Un huevo de casa (amarillo) + Curaçao blue ha dado lugar a un soufflé verde que tendré que patentar…. ;-). Además, recién hecho, buenísimo. Repito, hay que tomarlo calentito y, si gustáis, con un chorrito de Curaçao.

Recomendaciones. Éstos son suflés calientes, por ello, deben tomarse nada más retirarse del horno por dos motivos: están más buenos y evitar que se bajen. Si se bajan pueden ponerse en el microondas unos segundos antes de tomarlos. En realidad, los suflés no debería salir del borde del recipiente pero los hace más estéticos (a mi gusto) pero también más fácil que se bajen. Tampoco tengo ramekin, por lo que lo he puesto y dejado en flaneras.

El salado
El soufflé de puré de patata ha sido estupendo para acompañar la carne. Una forma diferente. M sólo lo iba a probar (D) pero acabó tomándolo todo.

La banda sonora (intermedio)

Creo que ya no se le llama intermedio, se dice “publicidad”, “descanso”,… Hay palabras que ya han quedado en desuso; muchas porque los productos han desaparecido y otras porque han sido sustituidas por anglicismos o, simplemente por algún motivo que desconozco.

Ahora estoy un poco espeso, pero hablando de palabras de origen francés (soufflé), me he acordado de “fular”/”foulard”. La primera vez que la oí estaba en el instituto, para mí era una pañoleta. “Fular” era, como decirlo, más esnob. Por no hablar de los nombres eufemísticos que se le dan al “baño” (¿quién se baña en un restaurante?), a la profesora no se le pedía eso.

Otra palabra, esta vez italiana: rotonda. La primera vez que la oí fue viendo el tour de Francia, con Indurain al frente. Allí todo eran “rotondas”, antes se les llamaba “glorietas”, del francés, “gloriette”. Creo que fue aquel periodista el que ayudó a introducirla en el castellano. Ahora ya son sólo eso, rotondas.

Después de releer el mensaje de ayer he descubierto algo, que me he dejado la mayor parte de mi música preferida en el tintero. Antes de aventurarme en decir algo de lo que me arrepentiría ;-), haré una lista. Interminable supongo. Un momento, una música.

Soufflé de Grand Marnier/Coraçao

  • 286 ml de leche [143 ml]
  • Ralladura de ½ de naranja [¼]
  • 14 gr. de harina [7 gr.]
  • 14 gr. de maicena [7 gr.]
  • 14 gr. de mantequilla [7 gr.]
  • 4 yemas de huevo [2]
  • 4 claras de huevo [2]
  • 86 gr. de azúcar [43 gr.]
  • 30 ml. de Grand Marnier o Curaçao [15 ml]
(1) Calentamos la leche, la harina y la maicena batiendo constantemente. Hervimos durante 2 minutos.

(2) Retiramos del fuego, añadimos la mantequilla, el licor, la ralladura y las yemas. Removemos continuamente hasta que espese. Dejamos templar.

(3) Levantamos las claras a punto de nieve añadiendo el azúcar en dos tandas.

(4) Con ayuda de una espátula echamos las claras montadas sobre la masa con cuidado y de forma envolvente.

(5) Engrasamos los moldes con mantequilla, ralladura de naranja y azúcar. Rellenamos los moldes dejando un espacio hasta el borde con el soufflé.

(6) Hornear a 200º en horno precalentado por arriba y abajo durante unos 15-20 minutos o hasta obtener un tono dorado. Al final podemos bajar un poco la temperatura, para que se hagan también por dentro.

Si se bajan, pueden introducirse unos segundos, 5 ó 10, no más, cuidando de que no exploten.
Se toman calientes.



Soufflé de (puré de) patata

Ingredientes
  • 2 yemas de huevo
  • 3 claras
  • 300-350 gr. de patata cocida y pelada
  • Sal
  • 40 gr. de mantequilla derretida
  • 80 ml. de nata para montar
  • 50 gr. de parmesano, Grana Pagano
  • 80 gr. de queso crema
  • Pimienta y nuez moscada
Para el molde
  • Mantequilla, ralladura de naranja y azúcar
(1) Cocinar las patatas en agua con sal durante unos 20 minutos, hasta que estén cocinadas, escurrimos y hacemos un puré, todavía calientes. Añadimos la nata, la mantequilla, las yemas, los quesos, rectificamos la sal, y añadimos pimienta y nuez moscada a gusto.

(2) Preparamos un molde (taza) con mantequilla y espolvoreamos con pan rallado.

(3) Levantamos las claras con un chorrito de aceite hasta que queden bien montadas y echamos de forma envolvente sobre el puré. Una vez mezclado introducimos en los moldes.

(4) Ponemos en el horno al baño María durante unos 25 min. a unos 190ºC. No debemos abrir el horno mientras se hornea para evitar que se baje. Retiramos cuando tenga un tono marrón dorado.

Se toma caliente.

lunes, 21 de mayo de 2007

Bollitos de ricotta y brandy

Banda sonora ¿original? (parte I)

Lo sé, ya había puesto unos bollitos de ricotta naranja y uvas pasas, estupendos, pero éstos son diferentes y, como no siempre “cualquier tiempo pasado fue mejor”, creo que están tan o más buenos. Diferencias: lleva levadura química, que los hace más esponjosos, ralladura de limón y un ¡¡¡¡licor!!!! Las fuentes son diferentes, los sabores también. ¿A quién quieres más, a papá o a mamá? No respondáis, por favor, no quiero poneros en un aprieto.

Suele pasar. Buscas y buscas un producto, la ricotta por ejemplo, y cuando lo encuentras ya no te acuerdas qué es lo que querías hacer con el/ella. Entonces buscas otras opciones que son igual de buenas (supongo).

La música

La música solía acompañarme todo el día, he dicho bien, solía. Acostumbraba a cantar mientras subía las escaleras de casa de mis padres, por la calle, en el colegio, instituto o facultad. Un día dejé de cantar, no sé el porqué.

Hace 15 días fue a casa de mis padres (solo) y mi madre me sorprendió, y se sorprendió, al volverme a oír cantando. “Pepinho ha vuelto a cantar”. No es que tenga buena voz, es como un estado de ánimo.
La música, de una manera u otra, ha acompañado la vida de cada uno de nosotros.

1. La guardería: Marie Claire

Las primera notas que recuerdo, además de las canciones que me cantaba mi madre (“Antón, Antón, Antón pirulero, cada cual, cada cual,…”, “Eva María se fue…”, etc.), son de la época de guardería. Allá, en etapa preescolar con las monjas: Sor María Candelaria, Sor… ni me acuerdo del resto.

Me viene a la cabeza aquella canción que no dejaba de cantar: “… y estaremos el su viña, trabajando, en la viña del Señor,… (…) Yo tengo un amigo que me ama, me ama, me ama…”.
Eso duró poco, pronto salió a la luz mi verdadera afición y uno de los (primeros) momentos más vergonzosos de mi vida: cuando, con la bata con mi nombre bordado en un bolsillo (“José María C.”, jarl!!, qué horror!), me pongo en las escaleras de la guardería cantando aquello de: “Marie Clarie, Marie Claire, un panty para cada mujer…” mientras levantaba la bata. La vergüenza fue tremenda cuando, mientras todos coreaban (así lo recuerdo) la canción, aparece tras de mí Sor María Candelaria. Todavía no lo he superado ;-)

También recuerdo la gramola del “Bar Bocacho con bolera” y su variedad de músicas.

2. Primaria, primer ciclo: don Diablo

No, era demasiado joven para que me gustase Miguel Bosé (en youtube), pero recuerdo esa canción y el “Viaje con nosotros” de La Orquesta Mondragón. Y a mi primer ¿amor? platónico con esas músicas merodeando.

3. Primaria, segundo ciclo: clásica

Todo empezó en una visita al "médico”. Mi madre tubo que oír una de las cosas más duras que nunca le han dicho, así me lo contó hace unos años. Tras una serie de pruebas de todo tipo (a mí), le dicen algo parecido a esto: “usted no sabe o no está capacitada para educar a su hijo”. En eso “la” médico se equivocó, véase. Pese a todo, hicieron caso al médico y me pusieron en un colegio interno.

Claro, los colegios internos los hay de dos tipos: laicos y religiosos. Adivinad a dónde me enviaron. El dinero no daba para más.

Allí, sólo música clásica. Mi voz empezaba a cambiar y no estaba como para formar parte de un coro de tiples. Por ello, pronto me puse manos a la obra y ese mismo año (6º EGB) estaba tocando en el coro. No diré el instrumento. Había tres opciones y me apunté a la más divertida. Después no me dejaron cambiar de instrumento y allí estaba yo, los domingos, visita de los padres (cada 15 días) y yo tocando el Xilófono y Metalófono en la Iglesia durante la misa, así durante 3 años! No me traumatizó, como teníamos que dar clase a los que quería aprender, tuvimos la suerte de tener a mano en la sala de música un harmonio/armonio e instrumentos de lo más variado.

Recuerdo el furor que todavía causaba “Rock&Rios“ entre Mozart y Beethoven. Esa época ha sido la más introspectiva y, probablemente, la que más me ha marcado en muchos aspectos. Pero a mí, raro que era, me gustaba Simon y Garfunkel, sobre todo cuando ponían música al “Padre nuestro”. Ahhh, “Chiquitita”, también.”

4. Instituto: la realidad

El mundo real es diferente y, más hermoso. El mundo de las ideas es muy oscuro, demasiado. En el mundo real la música clásica tenía cabida, pero uno no puede pasar de oír a Bach a Iron Maiden, aunque estén más cerca de lo que parecen.

El choque es frontal. Extrema timidez y el segundo amor (en primero). La música de los 80 dicen que es la mejor de la época Pop. No estoy muy convencido de ello pero sí que fue cuándo desperté a la música, a todo tipo de música. Mi grupo Pop preferido era “The Police”, mucho más cerca de Bach. Todos teníamos una canción preferida, yo tenía 10 ó 20, de The Police: “Every Breath you Take”, que al principio me sonó a Schweppes, o “Message in a Bottle”. Qué me decís de ese bajo, ni Bach ;-)
También recuerdo aquella canción de “Foreigner”: “I want to know what love is”, ahora se ve un poco cursi pero… me sigue gustando.

M, según me ha dicho, era de Pop hispano: El Norte, Los secretos, Duncan Dhu, … y mucho más. Lo siento, cuando ella escuchaba Hombre G, yo lo hacía con Leonard Cohen. Me parecían pijos y, con el paso del tiempo, me lo siguen pareciendo, perdón, tal vez no esté preparado para ello.

Todavía tengo aquel LP, “The Freewheeling” de Bob Dylan, que me compré por correo (estaba muy de mota la venta por catálogo) en Discoplay, que utilizaba mi hermano para realizar sus encargos. El problema es que ese disco me llegó bastante doblado y todavía sigue así, sin poder oírlo y sin devolución. Tuve que hacer una copia en cassette (pirata), aquello de la doble pletina:

Oh, where have you been, my blue-eyed son?
And where have you been, my darling young one?
I've stumbled on the side of twelve misty mountains,
I've walked and I've crawled on six crooked highways,
I've stepped in the middle of seven sad forests,
I've been out in front of a dozen dead oceans,
I've been ten thousand miles in the mouth of a graveyard,
And it's a hard, and it's a hard, it's a hard, and it's a hard,
And it's a hard rain's a-gonna fall.

Hasta Mahler y Muerte en Venecia todavía queda mucho…


Ingredientes
También he puesto la mitad y ¼ de ingredientes. 3 huevos podrían ser muchos, por lo menos para 2 personas.
  • 3 huevos, ligeramente batidos [1,5] [0,75]
  • 2 cucharadas de azúcar grano [1] [1/2]
  • 453 gr de ricotta, preferiblemente fresca. Retirando el suero. [227 gr.] [113 gr.]
  • 140 gr. de harina normal [70 gr.] [35 gr.]
  • 4 cucharillas de levadura en polvo [2] [1 cucharilla]
  • 4 cucharadas de brandy [2] [1 cucharada]. He usado ron.
  • 2 cucharillas de ralladura de limón [1] [1/2 cucharilla]
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla o agua de azahar (opcional)
  • Sal
  • Aceite para freír
  • Azúcar glasé para espolvorear
(1) Mezclamos la harina con la levadura, el azúcar y la sal. Echamos el resto de ingredientes y batimos hasta obtener una pasta homogénea, sin grumos. Dejamos reposar durante, al menos, una hora.

(2) En una sartén profunda con abundante aceite, freímos a fuego medio-alto, sin que llegue a humear (a 80-190º). Con ayuda de dos cucharas formamos los buñuelos, moviendo con una espumadera para que se haga de modo uniforme.

(3) Para evitar que baje la temperatura se fríen 2 ó 3 de cada vez, dependiendo del tamaño de la sartén y la cantidad de aceite. Con ayuda de una espumadera, los retiramos y ponemos sobre papel de cocina para que absorba el aceite sobrante.

(4) Espolvoreamos con azúcar glasé y tomamos todavía templados.

¿A quién quieres más? Rico, rico.

¿Puedo saludar?

“Sí. Somos unas rosquillas o trenzas con harina de arroz y sésamo. Nos sentimos ignoradas desde el momento en que Pepe nos dejó olvidadas, todavía sin cocinar, el pasado viernes, mientras él se iba de fin de semana.

Unas veces nos ha hecho en forma de rosquilla, otras en forma de trenza, pero esta vez, por haberse olvidado, nos hemos quedado un poco secas y chafadas. Queremos reivindicarnos y pedirle a Pepinho más respeto por la comida. No se puede dejar la masa en la nevera más de 2 días así por así.”

Cómo estamos hechas
  • 300 gr. de harina normal
  • 2 cucharadas de harina de arroz
  • 50 gr. de aceite de girasol
  • 140 gr. de agua
  • ½ cucharilla de sal
  • ¼ de cucharilla de levadura rápida para pan
  • ½ de cucharilla de levadura química (Royal)
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla o agua de azahar (opcional)
  • 20 gr. de semillas de sésamo
Jarabe (rebozado)
  • 120 gr. de azúcar grano
  • 85 gr. de agua
  • 20 gr. de harina
(1) Para hacernos, mezcla los ingredientes sólidos, hace un volcán y echa componentes líquidos. Amasa hasta formar una masa lisa. Y nos deja reposar 30 minutos, ¡no 3 días!.

(2) Nos estira la masa, hace unas tiras y nos damos la forma que le da la gana: lazos, rosquillas, etc.

(3) Nos fríe en aceite suave hasta tener un tono dorado. Siempre nos deja reposar en papel absorbente para que se escurra el exceso de aceite.

(4) Mientras descansamos, hace un jarabe y, cuando está espeso, nos da un baño al fuego.

(5) Nos sigue calentando al fuego hasta que parte del azúcar se cristaliza en la superficie, echa la harina y nos sigue friendo hasta que esté todo el azúcar cristalizado, sin quemarse. Las quemaduras nos sientan muy mal.

(6) Nos retira del fuego y nos deja descansar en contenedores de galletas.

Perdón, no volverá a pasar.