viernes, 29 de junio de 2007

Risotto tres quesos y gambas

Oliver Twist

Se trata de una adaptación de una receta de Jaime Oliver, ese cocinero joven, famoso, divertido y británico, pero cuya cocina tiene más de italiana que de británica. Nada de fish-and-chips. He visto varios libros suyos y, en la mayoría, predomina la cocina de origen italiano: pizzas, risottos, pasta,… Se nota que ha tenido maestros de la cocina mediterránea.

En el blog ya he puesto una receta suya de unas galletas de naranja que también emplean otro ingrediente típicamente italiano: la polenta. Gracias a él he empezado a emplear la polenta para acompañar varios platos, sobre todo carnes. Está estupenda con mantequilla, parmesano y alguna especia que otra (pimienta, nuez moscada…).

Como del amor al odio va un paso, un centímetro. Jaime es tan odiado como querido por los británicos. Aparece entre los 30 primeros de la lista de los británicos más odiados elaborada por Channel 4 (“Aquí hay tomate” ;-)), encabezada por Tony Blair y en la que también aparecen: Victoria Beckham (¡sorpresa!) o ¡Harry Potter!.

Las listas

Como he empezado con las listas seguiré un ratito. Los británicos tienen la costumbre de apostar por todo: si saltará desnudo alguien a un campo de fútbol/rugby es un buen ejemplo. Las listas pueden ser otra excusa para apostar.

Otra lista que recuerdo es la del peor británico de la historia. El ganador es…: ¡Jack el destripador! Que curiosamente “sólo” tenía cinco víctimas reconocidas. Conozco a algún británico que tiene alguna más sobre sus espaldas. Siguiendo con el morbo, decir que nunca se encontró al asesino, por mucho que en las películas se apunte a algún médico o cirujano.

Las 1000 mejores 10 películas de la historia

Una lista que realmente me ha interesado es la de las mejores películas de la historia. Como siempre elaborada por el Instituto de Cine Americano y, como siempre, principalmente americanas. En este orden: Ciudado Kane, El Padrino, Casablanca, Toro Salvaje, Cantando Bajo la lluvia, Lo que el viento se llevó, Lawrence de Arabia, La lista de Schindler, Vértigo, El Mago de Oz. Pues eso, todas buenas, como no, pero discrepo sobre la verdadera calidad de algunas: “Lo que el viento se llevó”, me recuerda a un culebrón, se hace larga y “francamente querida…”; “El Mago de Oz”, es demasiado americana, la historia es bonita pero (par mi gusto) a la película le falta algo; ¿No es mejor “El Padrino II” que la primera parte?; ¿Es “Vértigo” la mejor película de Alfred Hitchcock?, ¿no tiene demasiados errores argumentales?, la música es única, eso sí;…

Me faltan, por poner unos ejemplos, sin orden significativo: “La gran Ilusión”, “¡Qué bello es vivir!”, “¡Vivir!”, “Taxi Driver”, “Apocalypse Now”, “El apartamento”, “Perdición”, “Manhattan", “Los 400 Golpes”, “Matar a un ruiseñor”, “Ordet", “Ladrón de bicicletas”, “M”, “Perversidad”,… y un millón de películas menos conocidas que no mencionaré ("Paisaje en la niebla", "Rompiendo las olas", ...).


Las vacaciones

Ya no nos queda casi nada para irnos de vacaciones y ya hemos reservando el siguiente viaje: la primera semana de septiembre a Egipto. Esa ha sido una elección personal de M, está fascinada por el mundo egipcio y yo no pondré ningún “pero” al viaje. El problema: no me gustan los viajes organizados. Los pocos viajes organizados que hemos hecho, salvo el de Kenia, nos han resultado un poco pesados, nunca falta la visita a una fábrica en la que te quieren vender a precio de turista productos, supuestamente, realizados a mano o con una calidad, más supuestamente, suprema.

Siempre he soñado con algunos viajes, unos más cercanos que otros. El de Irlanda, que todavía no conozco (sí Inglaterra), lo hemos dejado durante años por la cercanía. Irlanda siempre ha aparecido en mis sueños como un lugar en el que pasar mi vida, un lugar apartado, en la costa y paseando por las playas de “La hija de Ryan”.

El otro viaje deseado ya es más complicado, está en las antípodas: Australia y, sobre todo, Nueva Zelanda. Para esos viajes se requiere un tiempo que en estos M no puede disponer. Estuvimos relativamente cerca varias veces: en Bali, La India o en Tailandia, “sólo” nos quedaban unas horitas más de avión… Bali está lleno de australianos deseosos de hacer surf. Tiempo al tiempo. La Antártida también es un lugar al que siempre he querido ir. No sigo, la lista sería interminable.

Vera Lynn

Permitidme la licencia y pondré un fragmento de una canción de Vera Lynn:

We'll meet again
Don't know where
Don't know when
But I know we'll meet again
Some sunny day
Keep smiling through
Just like you always do
'Till the blue skies
Drive the dark clouds far away



So, will you please say hello
To the folks that I know
Tell them I won't be long
They'll be happy to know
That as you saw me go
I was singing this song



We'll meet again
Don't know where
Don't know when
But I know we'll meet again
Some sunny day...



Ingredientes
  • Aceite de oliva
  • ½ cebolla, picada muy fina
  • 1 diente de ajo muy picadito
  • 1 trozo de apio, picado en trozos pequeños.
  • 100 gr. de arroz
  • ½ vaso de vino blanco, de buena calidad
  • Caldo de pollo, son necesarias unas 4 partes de caldo por una de arroz, unos 350 ml. En la receta de J.O. se indicaban 250 ml, es muy poco.
  • Sal y pimienta
  • 25 gr. de queso Gruyere, picado fino.
  • 25 gr. de queso Taleggio, también picado fino. He empleado un queso untuoso de Portugal que tenía en la nevera.
  • 35 gr. de mantequilla
  • Queso parmesano recién rallado, unos 15-25 gr.

(1) Calentamos el caldo de pollo en un cazo. Para no cortar la cocción del arroz, y evitar que se rompa, el caldo debe estar caliente cuando se lo vayamos echando al arroz. Podemos hacerlo con una pastilla de buen caldo de pollo.

(2) Calentamos aceite de oliva, un par de cucharadas, en la sartén. Añadimos la cebolla, el ajo picado y el apio. Freímos a fuego moderado hasta que esté traslúcido, unos 5 minutos. Echamos las gambas peladas y cortadas por la mitad, sobre todo si son grandes. Dejamos que se hagan un poco.

(3) Añadimos el arroz, subimos el fuego y cocinamos durante un minuto, removiendo constantemente hasta que el arroz tenga un aspecto ligeramente traslúcido.

(4) Añadimos el vino y seguimos removiendo. Una vez que el vino ha sido absorbido por el arroz, echamos una cucharada de caldo, sal y pimienta negra recién molida.

(5) Entramos en el proceso característico de la elaboración de un risotto: bajamos el fuego y poco a poco vamos añadiendo el caldo con ayuda de un cucharón, removiendo constantemente. Echamos un poco de caldo, y sin dejar de remover de vez en cuando, esperamos a que lo absorba o se evapore hasta añadir la siguiente porción. Con cariño y de abajo hacía arriba.
Seguimos este procedimiento hasta que el arroz esté en su punto, ni duro ni pasado, “al dente”. No debemos dejar que se deshaga. Este proceso dura unos 15-20 minutos, aproximadamente.

(6) Cuando el arroz esté cocinado echamos el Gruyere y el Taleggio. Dejamos que se funda en el arroz. Retiramos del fuego, echamos la mantequilla y queso parmesano a gusto. Dejamos reposar un 2 ó 3 minutos y tomamos todavía caliente.

Un plato riquísimo, sobre todo para los amantes del queso como yo…

¡Felices vacaciones!. Como se dice en Obaba:

“CUALQUIER LUGAR ES BUENO PARA VIVIR SI UNO ESTÁ A GUSTO”
Firmado Pepinho, alias Harry Haller, alias Antoine Doinel, alias larsvontrier...

jueves, 28 de junio de 2007

Biscotes (Cantucci) de Nutella

Two for the road

La Nutella la he (re)descubrierto hace muy poco, la compré para una receta y, desde aquel día, ya no suele faltar en casa. La Nocilla, como el Cola-Calo, La Lechera o la Natacha siempre estarán en un rinconcito de mi corazón, pero la Nutella son palabras mayores en lo que a crema de avellanas se refiere.

La Natacha, aquella margarina con un sabor y aspecto a crema, hasta se la echábamos al desayudo, dejábamos que se disolviese en la leche caliente. No he vuelto a ver ni a oír hablar sobre ella.

Uno (y dos) en la carretera

Tengo cuatro días de coche de aquí para allí, y de allá para acá. Mil cosas. Hoy coche; mañana, coche a “A illa” de ida y vuelta; pasado “A illa” de ida; el sábado o domingo, Boiro, de ida… Lo mejor es el buen rato que se pasa si has acertado con la música ambiental. Unas veces toca un poco de clásica, otras de recuerdos, otras de mis canciones preferidas y, muchas veces, un poco de todo. Cambio, más o menos, cada dos semanas. Problema: M y yo tenemos gustos musicales bastante distintos, o muy distintos.
Hoy estaba puesto un cd-mp3 recopilatorio “un-poco-de-todo”. Sonó, de vuelta del trabajo: “Dust in the wind”:

I close my eyes
Only for a moment, then the moment's gone
All my dreams
Pass before my eyes, a curiosity
Dust in the wind
All they are is dust in the wind

Dust in the wind
All we are is dust in the wind


Mis sueños,… sólo son polvo en el viento” o “sólo somos polvo en el viento…”.

Un secreto: tengo el carné (suena raro, pero no es “carnet”) de conducir desde hace sólo dos años y medio. Tenía un poco de respeto y miedo al coche, tampoco me llamaba ni atraía. A los 18 años, aunque todos mis hermanos lo quitaron a esa edad, no creí adecuado “gastar” el dinero de mis padres, ya bastante tenían con pagarme los estudios (pensaba). En algún trabajo me había sido necesario pero no lo suficiente, ahora ya no tenía otra salida.

Cuando empecé a salir con M, éramos de las pocas parejas en las que conducía ella. La gente es un poco (o muy) machista. Cuando vamos a tomar algo ella suele tomarse una caña o una clara, yo un refresco; cuando traen las bebidas suelen intercambiarlas, a mí la cerveza y a ella el refresco.

Ya somos dos en la carretera

El coche es uno de esos lugares en los que, por un motivo u otro, recuerdo alguno de nuestros mayores desencuentros. Como en “Dos en la carretera”, en la que ése es el punto de referencia de acuerdos y desacuerdos matrimoniales. No hablaré de lo primero (nuestros desacuerdos) y sí de esa maravillosa película.

Es y sería un error pensar que existen relaciones perfectas, aunque una vez más lo diré, unas lo son más que otras. Ese suele ser el problema, cuando empiezas (casi) todo es perfecto, sin problemas. Después lleva la realidad, lo difícil es saber vivir con los defectos de tu compañer@ y aceptarl@ con sus bondades e imperfecciones.

Como el tiempo se me echa encima, sólo recomendaré la música de la película y al inolvidable Henry Mancini: La Pantera Rosa, Charada, Desayuno con Diamantes o, sobre todo, Dos en la carretera. Su elegante música encajó a la perfección con mi sonrisa (cinematográfica) preferida; Audrey Hepburn.

Ingredientes
  • 2 huevos [1 unid.]
  • 150 gr. de azúcar [75 gr.]
  • 250 gr. de harina normal [125 gr.] (He usado de repostería)
  • ½ cucharilla de levadura química (Royal) [1/4 cucharilla]
  • ½ cucharilla de bicarbonato sódico [1/4 cucharilla]
  • 2 cucharadas de cacao en polvo, 8 gr. [1 cucharada]
  • ½ cucharilla de sal [1/4]
  • 140 gr. de Nutella [70 gr.]
  • 70 gr. trozos de chocolate [35 gr.]
  • 70 gr. de avellanas (opcional) [35 gr.]
(1) Precalentamos el horno a 170-175ºC

(2) Tamizamos los ingredientes en polvo: la harina, el cacao, la levadura, el bicarbonato y la sal.

(3) Batimos los huevos en un bol grande o tartera. Añadimos el azúcar y seguimos batiendo. Echamos la Nutella y… ¡batimos! Mucho batir.

(4) Echamos la mezcla de la harina y removemos hasta que quede bien mezclado. Añadimos los trozos de chocolate y las avellanas.
Si la masa es demasiado pastosa podemos hacer una bola y dejarla reposar un poco, hasta que no se pegue demasiado.

(5) Dividimos la masa en dos partes iguales con la manos bien enharinadas (se pegaría la masa) y ponemos sobre una bandeja con papel de hornear. Presionamos y formamos rectángulos de algo menos de 1,5 cm de espesor.
Por llevar cacao y Nutella, lo ideal es hacerlo no demasiado grueso, para que se haga por dentro.

(6) Horneamos durante 20-30 minutos. Si se rompe la superficie, se debe a que (tal vez) necesitábamos un poco menos de temperatura, pero conseguimos un aspecto, diría, auténtico.


Retiramos el horno y bajamos la temperatura hasta 150ºC. Cortamos en piezas de 1,5 a 2 cm con ayuda de un cuchillo de sierra. Ponemos sobre la bandeja del horno. Al cortarlo todavía caliente los trozos de chocolate, por el hecho de estar derretido, han afeado un poco el corte, la próxima vez lo dejaré enfriar algo antes de proceder a cortar.

(7) Horneamos 10-15 minutos, giramos los biscotes y horneamos otros 10-15 minutos, dependiendo del grosor. Retiramos y dejamos enfriar en una rejilla. Guardamos en contenedores de galletas.
El tiempo es aproximado, lo importante es que se vean ligeramente tostaditos. También hay que tener en cuenta que al enfriarse se endurecen más.

Con el primer horneado recuerdan a un brawnie de Nutella. Después hay que dejarlos tostar según nos guste. A mí me gustan tostaditos y crujientes, aguantan más, siempre que M esté de dieta, claro.

Besos

martes, 26 de junio de 2007

Marmitako - Jurel en escabeche

Jurel

Chicharro, txitxarro, sorell,… varios nombres para un mismo pescado y un pescado para varios platos. Dos clásicos: un marmitako, aunque elaborado con jurel, y unos chicharros en escabeche. Necesitaba un poco de sal para el blog y que no estuviese sólo en el chocolate.

Olvidando el olvido

Decía Otis Redding en esa preciosa canción, Sitting on the Dock of the Bay: “…y esta soledad no me dejará solo…” (And this loneliness won't leave me alone). Se puede estar acompañado y sentirse solo, se puede estar solo y estar en multitud.

Me siento solo cuando mis pensamientos están solos, cuando no interesan a nadie o, si interesan, están en un segundo plano. Porque ella sabía qué había pasado, pero para ella lo primero era lo primero: sus temas, y allá fuimos, a sus temas. No me importa, sólo me preocupa lo que subyace en ese pensamiento: “si yo estoy bien tú también”. Eso tiene un nombre.

Tratando de olvidar me he acordado de muchos hechos, unos buenos, otros regulares y otros malos. Todos focalizados en un período infante hace más de 20 años.

(Inciso)

Estoy oyendo una noticia, cruel y dura, sobre Japón y la muerte voluntaria. Las causas: trabajo, acoso escolar… y soledad. Por suerte, me gusta la soledad, “la soledad del corredor de fondo”. Esa soledad que se llena de recuerdos, pensamientos e ideas mientras pasan los kilómetros.

El jurel (II)

Como solía pasar con otros pescados o, incluso, mariscos (percebe, por ejemplo), el jurel ha sido un pescado menospreciado durante mucho tiempo. Sólo su escasez y sus cualidades nutritivas han hecho de él un pescado más valorado, aunque todavía no lo suficiente.

Por San Juan la tradición reza una sardinas, pero ni sardinas había. O era tarde, o se las habían llevado todas. Ante esa tesitura mi madre se vio en la obligación de comprar unos chicharros para asar la noche de San Juan y, a la brasa, no tienen nada que envidiar a las sardinas. Como siempre, ha comprado “algún” kilo de más. Nos hemos tenido que traer unos cuantos para prepararlos como más nos gustan: a la manera clásica, incluso nos han llegado para hacer unos pocos asados a la plancha y con abundante sal.

Aquí os presento parte del resultado.

Marmitako
  • 1 cebolla picada fina
  • ½ pimiento verde grande, aprox.
  • 2 dientes de ajo picaditos finos
  • 1 tomate grande rallado y sin piel
  • 1 pimiento choricero deshidratado
  • 2 patatas cortadas (con chasquidos).
  • ½ vaso de vino blanco, a gusto.
  • Jurel, bonito o atún. He usado jurel, no resulta tan seco.
Si empleamos bonito o atún podemos dejarlo toda la noche macerando con una copa de brandy.

(1) Cortamos el pimiento choricero, le quitamos las pepitas y lo hidratamos en agua mineral fría, que después podríamos emplear para el guiso. Si queremos que se hidrate más rápidamente lo pondremos en agua caliente.

(2) En una tartera con aceite de oliva caliente sofreímos la cebolla a fuego medio, hasta que quede traslúcida. A medio hacer le echamos el pimiento verde y el ajo picaditos. Dejamos que se acabe de hacer la cebolla.

(3) Rallamos el tomate y lo echamos sobre el sofrito, cuando el pimiento verde esté en su punto. Dejamos reducir un poco, hasta que quede una salsita espesa.

(4) Mientras tanto, quitamos la pulpa el pimiento choricero y la reservamos. Pelamos las patatas y las cortados cascándolas, para que cunado se cocinen suelten fécula en el guiso. El chasquido se consigue haciendo un corte en la patata y girando el cuchillo.

(5) Una vez el tomate haya formado una salsita en el sofrito echamos la pulpa del pimiento choricero. Le damos unas vueltas y añadimos el vino blanco.

(6) Echamos las patatas cuando el vino se haya reducido algo. Le damos unas vueltas y echamos el agua, mejor mineral (podríamos emplear la que nos ha sobrado de hidratar el chorizo y algo más). El agua debe cubrir bien las patatas, pues debe estar burbujeando durante bastante tiempo. Salamos para que la patata absorba sal.
Si durante el proceso vemos que necesita más agua se la echaremos ;-)

(7) Cuando las patatas estén casi hechas, añadimos el pescado, que hemos dejado en sal, y dejamos unos minutos hasta que esté hecho. Se hace muy rápido, el bonito incluso se puede cocinar con el fuego apagado y con el calor residual.

Jurel en escabeche
  • 3-4 Jureles pequeños (chicharos)
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 2 dientes de ajo
  • ½ cebolla grande, pelada y cortada en tiras muy finas
  • 1-2 hojas de laurel, a gusto
  • 1 ramita de canela
  • Orégano
  • Unos 60 ml de de moscatel o un vino blanco dulce
  • 1 cucharilla de pimentón dulce
  • Un par de cucharadas de vinagre de jerez
  • Harina para rebozar el pescado
  • Sal
(1) Limpiamos el jurel, lo salamos y pasamos por harina. Ponemos los ajos en una tabla y los majamos con la parte plana del cuchillo. Podemos picarlos o dejarlos enteros, yo acostumbro a dejar uno entero y otro picadito.

(2) En una sartén con algo de fondo, calentamos el aceite a fuego bastante fuerte. Añadimos el jurel y los freímos por ambas partes. Una vez fritos los retiramos y reservamos.

(3) Bajamos el fuego y rehogamos un poco los ajos, durante menos de un minuto. Echamos la cebolla cortada en tiras finas y rehogamos a fuego bajo-muy bajo hasta que esté caramelizada, durante unos 20 minutos. A medio cocinar echamos el laurel troceado y la ramita de canela. Si no nos gusta demasiado el sabor del laurel podemos echarlo con el vino o no echarlo.
El escabeche tradicional acostumbra a llevar laurel, pero el laurel empieza a estar en desuso en la cocina actual por su fuerte aroma.

(4) Cuando la cebolla está caramelizada, subimos el fuego al máximo y añadimos el vino dulce. Dejamos reducir durante unos 2 minutos, echamos el orégano y el pimentón dulce, le damos unas vueltas. Antes de que se queme el pimentón, añadimos el vinagre y el pescado para que coja sabor. Dejamos un poco al mínimo y retiramos.

A M le gusta frío y de un día para otro. El escabeche es una salsa tradicional cuya primera finalidad era la de conservar los alimentos cocinados. De un día para otro refuerza el sabor del pescado y, para mi gusto, está más sabroso.

Unos platos tradicionales con un sabor actual y muy rico.
Buen provecho.

lunes, 25 de junio de 2007

Galletas de chocolate y nueces (II)

Oñipep

Tiene un mal día. Para su perdición, le han clavado un puñal en la “caja de recuerdos amargos”, su Caja de Pandora particular. Y lo que más le ha dolido ha sido el verdugo.

Oñipe no siempre ha sido así. Se diría que de pequeño era un niño olvidado de la mano de Dios. Ni él está seguro de que el mismo Dios supiese de su existencia, así lo ha pensado y así me la hecho saber.

Oñipe fue el pequeño de la familia durante poco tiempo, pero como si no lo fuese. El olvidado. Ya existía una niña y un niño, años después vendría otro varón para alegrar la vida. Por aquellos tiempos Oñipe se sentía solo e incomprendido, porque se ignoraba su existencia. Tampoco le preocupada (demasiado) era demasiado tímido como para poder relacionarse. Una existencia que en muchos, la mayoría, equivalía a una indiferencia casi absoluta. El distinto: por fuera y por dentro, el moreno, el rebelde. Sigue sin saber por qué le tocó a él el boleto.

Con el tiempo, los hay que lo reconocieron (algo) por la calle cuando, después de haber pasado tres años de su infancia fuera, descubrieron que el niño había crecido. Otros lo reconocieron (algo) cuando en el instituto oían a sus hijos hablar de sus capacidades para las matemáticas y la lógica. Algunos más cuando descubrieron que había acabado la carrera de cinco años en cuatro. A él poco le importaba, pero no tardó mucho en descubrir que no era a la única persona a quién no le importaba. Se sentó en la mesa, dijo: “he acabado”, se levantó, tomó una fruta y se fue a jugar al baloncesto un rato.

Después, los que se habían olvidado de él desde la infancia (habían pasado algunos años sin vivir de forma continuada en su pueblo) lo descubrieron (algo) disfrazado de traje y corbata en su segundo trabajo, reconocieron tras esa fachada a aquel niño. Más tarde alguno más lo reconoció cuando, con más de 20 años, tuvo una novia. Alguno más cuando años después se casó con ella.

Y pasó el tiempo, e hizo más cosas, y creo que las sigue haciendo, pero cuando hay gente que mira su cara y reconoce (algo) al niño, hay alguien que lo ignora. Como si un rencor, cuyo origen Oñipe desconoce, se hubiese apoderado de una persona querida. Pero Oñipe no es rencoso, no lo entiende y, por más que busca, tampoco ha descubierto el origen de ese rencor.

Descubrió ante sí como esa persona alardeaba de haberle pegado de pequeño, probablemente por una chiquillada con su hermano mayor (el hijo pródigo), y le dolió mucho, tanto que se tragó las lágrimas. Su sabor era salado y amargo, como la hiel. Hoy su plato estará vacío por que no tiene hambre, ese amargor le durará unos días…, de momento.

El monstruo de las galletas

Tiene gracia, nunca he visto a Triqui comer galletas. El muñeco se las llevaba a la boca, las destrozaba y desmenuzaba. De comerlas nada de nada. Como Epi y Blas, cuando comen me recuerdan a los bebés, sólo encías.

Mis galletas

En casa de mis padres no se comían demasiadas galletas. Las de desayuno y poco más: Tostada de Cüetara y, raras veces, Chiquilín. Ahora no tengo dudas, si compramos galletas son Artiach: Oreo, Digestive,… y la mayor parte de las veces para emplear como base para tartas. En Navidades, en casa de mis padres, no faltan las Artinata o unas de crujientes de coco. Ya no saben igual, o a mí me lo parece, como la “Pantera Rosa” o el “Tigretón”, no son lo que eran. Reducción de costes.

En estos momentos las galletas, mientras M evite los postres, se están convirtiendo en la mejor opción para la realización de un postre. He buscado y buscado pero no he encontrado moldes para tartas con un diámetro inferior a 21 cm, y menos si lo quiero desmoldable. Buscaré en Internet a ver que encuentro y, de paso, compraré algún aro para mousses, glucosa líquida, azúcar invertido u otros productos difíciles de encontrar en tiendas convencionales.

Estas galletas

Pueden hacerse tanto con chocolate rallado o con perlas/trozos de chocolate. Son tirando a blanditas, supongo que por llevar huevo. Si se desean crujientes, sólo hay que hornearlas un poco más tiempo. Probad y escoged.

Insisto en una recomendación personal: si os gustan las galletas de chocolate probad éstas y también las Galletas Korova.
Opcion B:
Ingredientes
Entre corchetes la cantidad entre 2 (para no hacer cuentas)
  • 110 gr. de mantequilla a temperatura ambiente [55 gr.]
  • 110 gr. de azúcar moreno [55 gr.]
  • 100 gr. de azúcar en polvo [50 gr.]
  • 1 huevo [30 gr.]
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla [½ cucharilla]
  • 225 gr. de harina de repostería [113 gr.]
  • ½ cucharilla de levadura en polvo [1/4 cucharilla]
  • Una pizca de sal
  • 50 gr. de nueces picadas [25 gr.]
Opción A:
  • 175 gr. de chocolate negro rallado [88 gr.]
  • 50 gr. de perlas de chocolate blanco.
Opción B:
  • 175 gr. pepitas de chocolate negro [88 gr.]
(1) Opción A: picamos el chocolate con un cuchillo o lo pasamos por un rallador de agujeros grandes. Opción B: emplearemos pepitas o chocolate troceado.

(2) En tartera o bol echamos la mantequilla y la batimos con los azúcares, hasta que quede cremoso y espumoso, de un color amarillo pálido. Añadimos el huevo entero y la esencia de vainilla.

(3) Tamizamos la harina, le echamos la levadura y la sal. Echamos sobre la manequilla en pequeñas cantidades, espolvoreando y trabajándolo poco a poco, evitando que se formen grumos. Añadimos el chocolate negro rallado/perlas de chocolate, las nueces troceadas y/o el chocolate blanco. Seguimos amasando hasta formar una pasta, no amasemos demasiado.

(4) Formamos un cilindro de unos cuatro centímetros, bien redondeado. Lo cubrimos con film transparente y lo llevamos al frigorífico. Lo dejamos enfriar un mínimo de una hora.

(5) Precalentamos el horno a unos 170º C. Retiramos la masa de la nevera y con ayuda de un cuchillo afilado formamos las galletas de unos 2 centímetros de grosor. Ponemos sobre una bandeja cubierta con papel de hornear.


(6) Horneamos durante unos 8-12 minutos. Retiramos, dejamos enfriar y guardamos en un recipiente hermético hasta consumir.

“¡Galletas!”

sábado, 23 de junio de 2007

Tarta de helado celestial

Sé lo que hiciste el último verano

Ni me gusta esa película, ni el terror fácil, ni me acuerdo exactamente qué hice el último verano. Debo tener una memoria de mariposa, por lo poco que viven, claro. El tema es muy sencillo, son fotos del verano pasado, por aquí todavía no tenemos el calor suficiente como para que las tartas heladas seas muy apetecibles. El verano está tardando demasiado, parecía que iba a empezar con San Juan, pero ahora llueve.

Ésta es una receta que, creo recordar, obtuve en el foro de mundo recetas. Me aseguro, un momento. (Unos minutos después…). Sí, la receta la puso Meri en “mundo recetas” de no sé de qué libro y, por lo que he visto, no soy el único que la ha probado.

Las mariposas

De pequeños éramos unos salvajes. ¿A qué viene esto?, pues nada, que al hablar de mariposas me he acordado que, con tanto Félix Rodríguez de la Fuente en televisión (uno de mis programas preferidos), no hacíamos más que capturar todo tipo de animalitos, sobre todo con mi amigo Quique. Con otros amigos hacía otro tipo de “salvajadas”.

El padre de Quique tenía una pastelería, mejor dicho, era el propietario de “La” pastelería del pueblo. Ahora ya hay unas cuantas más, Boiro no hace más que crecer y crecer, especular y especular. Don dinero strikes back.

En “La pastelería Almar”, así se llamaba, se hacían los mejores profiteroles que jamás he comido. La crema y el chocolate que los cubría, crujiente, eran algo especial. Ya está cerrada pero todavía me acuerdo de sus profiteroles, sus triángulos con cabello de ángel o sus tartas de merengue. Los pasteles de coco no me gustaban, ni los caramelos de anís. También tenía aquellas naranjas de caramelo con un envoltorio espectacular, los paraguas de chocolate o los caramelos “PEZ”, que salían de boca del muñeco de turno: un Mickie, un perro,…
Las cinco pesetas que nos daba mamá los domingos no daban para tanto, pero siempre acababan gastándose en la pastelería, sobre todo en unos caramelos o unos chicles. “Chiclets”, otra marca comercial que ha dado nombre a la goma de mascar.

Al grano. Como su padre tenía “la” pastelería, poseía un almacén con montones de cajas de plástico duro en las que venía la leche Leyma, y en dónde se apilaban las bolsas de leche. Lo del tetra brik llegó más tarde.
Las bolsas de leche eran divertidísimas, se escurrían entre las manos y esa leche había que hervirla antes, o por lo menos así lo hacía mi madre. Esas cajas eran como peceras, el refugio ideal para todo tipo de animales, incluso mariposas, que atrapábamos con ayuda de un “truel" (cribo) que se empleaba, principalmente, para la pesca del camarón.

La decepción llegaba un par de días después. Cazábamos las mariposas, les poníamos todo tipo de flores y plantas pero, pasados unos días, aparecían muertas. Fue más tarde cuando descubrimos que las mariposas que capturábamos vivían entre 10-20 días, no más. Por no decir que nos quedaban en las manos parte del “polvillo” que soltaban sus alas. Habíamos probado de todo para salvarlas pero nos era imposible. Ahí acababa nuestra gran aventura salvaje, en una caja de leche Leyma. “La selva”, un pequeño bosque al que había que llegar cruzando un río es otra historia.

La tarta

Es una tarta fácil, únicamente laboriosa: montar y montar, rodar y montar…. Me ha sorprendido mientras recuperaba la receta, haber descubierto un caso de una persona que la había realizado y no les había gustado en su casa. Supongo que “para gustos no hay nada escrito” pero me sorprende muchísimo que esta estupenda tarta no hubiese llegado a gustar. Otro tema son las calorías, ahí ya no me meto. Apostaría a que tiene menos calorías que una comprada.

El caramelo (praline), en el centro y cubriendo la tarta, o el brazo que la rodea le dan un toque especial. En la foto no se percibe el praline central, recomendaría se emplease mucho. Ese crujiente es excepcional.

¿Praline o praliné?

Entiendo que son productos diferentes, aunque ambos lleven frutos secos. El praliné es el típico relleno con el que se hacen los bombones: fruto seco recubierto de chocolate. El praline, sin tilde, son frutos secos fritos en un almíbar, una garrapiñada.

Ingredientes

Laterales
Praline
  • 200g de azúcar
  • 100g de almendras crudas peladas
Relleno
  • 100g de galletas Digestive o al gusto
  • 6 claras de huevo, un chorrito de limón (lo de la sal, todavía no tengo claro que ayude a levantar las claras)
  • 500g de nata liquida con 35% materia grasa (para montar).
  • 180g de leche condensada
(1) Brazo. Hacemos un brazo tal y como lo he indicado en la receta del brazo de frambuesa. Lo rellenamos con la mermelada que más nos guste.

(2) Preparación del praline. En una tartera o sartén caramelizamos el azúcar, teniendo cuidado de que no se queme. Cuando esté algo dorado añadimos las almendras. Dejamos que se oscurezca un poco. Para no bajar la temperatura de repente y que se cristalice no deberíamos introducir ninguna cuchara durante el proceso, simplemente vamos girando la tartera.
Echamos sobre papel de hornear y dejamos enfriar.

(3) Cuando el caramelo haya enfriado trituramos. Yo no tengo Thermomix, por lo que esa vez lo trituré a mano. Como debe quedar grueso, tenía miedo a que se pulverizase al pasarlo por el accesorio para triturar que viene con la batidora. Si se tiene Thermomix, se hace durante 12 seg. a velocidad de 3 + ½. Retiramos y reservamos en una bolsa de plástico.

(4) Pulverizamos las galletas hasta que no quede ningún trozo grueso. En este punto sí he empleado la trituradora. Reservamos.

(5) Se levantas las claras. Levantamos las claras con un chorrito de limón y el azúcar, echándolo en tres tandas. He leído que la sal no tiene ningún efecto que ayude a levantar las claras, sí los ácidos como el limón. El azúcar lo vamos incorporando poco a poco una vez haya empezado a levantarse. Reservamos.

(6) Levantamos la nata. Montamos la nata. Reservamos en un bol grande.
Para que la nata se levante con facilidad debe estar bien fría. Las claras, en cambio, se levantan mucho mejor a temperatura ambiente. Deben romperse las cadenas largas de proteínas que tienen la claras. Una buena temperatura ayuda.

(7) Montaje. Para que no se baje el montaje debe hacerse rápidamente.

(7.1) En el centro de la nata montada hacemos un hueco, echamos la leche condensada y las claras montadas a punto de nieve. Mezclamos de forma envolvente para evitar que se baje, de abajo hacia arriba y girando el bol hasta obtener una pasta homogénea.

(7.2) En un molde circular y desmoldable, ¡que pueda caber en el frigorífico!, ponemos una capa de galletas (sí, sin mantequilla). Cubrimos los laterales con los cortes del brazo de frambuesa y echamos la mitad de la mezcla de la nata. Ponemos una capa de praline y, sobre ella, el resto de la mezcla. Volvemos a cubrir toda la superficie con el praline.

(8) Llevamos al congelador. Mejor, como mínimo, de un día para otro. Cuando la hice, tenía tantas ganas de probarla, que la quité a las pocas horas y, aún estando buena, no tenía toda la consistencia que debería tener.

Recomendación personal: sed muy generosos con el praline, está muy bueno y es uno de los puntos clave de esta tarta. En mi versión hice algo menos y me quedé un poco escaso.

viernes, 22 de junio de 2007

Tejas de almendra

Por fin

Por fin toca, toca irse de fin de semana a casa de mis papás. Por fin volveré a comer con mi familia después de unos cuantos meses, casi 4. Antes una parada facultativa esta noche en “A illa”. Tenemos alguna que otra cosa que arreglar.

San Xoán

Es una de las festividades señaladas en el calendario. Llega el verano, cambio de tiempo, nuevos ánimos y desaseos. En la infancia era un premio grande: ¡fin de curso!, las bermudas y todo el día fuera de casa.
Lo admito: no me va la juerga ni los excesos, no me gusta salir o tomar copas, prefiero charlar o tomar un té (no me gusta demasiado el café), pasear, ir al cine, actividades de otro tipo. M es distinta, le encanta salir, tomar copas y “hablar por hablar”.
San Juan es diferente, allí nos reunimos todos, familia, amigos y conocidos, en torno a la hoguera. Todos, desde el menor al mayor, mientras nos tomamos unas sardinas asadas con un poco de “pan de boroa”.

Mi foro interno

Tengo mis razones para huir de los “saraos”, la vida social o las ¿relaciones interpersonales grupales? Mi timidez extrema todavía no ha sido superada del todo, aunque mi relación con M me haya ayudado, sigo estando incómodo en ciertas situaciones. Lejos quedan otros tiempos, pero el poso sigue ahí. Mis reflexiones sobre este hecho lo dejo para otro momento, otro día, con más ganas, ya me desahogaré un poco más, tocando con la yema de los dedos una herida casi curada. Una herida provocada por una infancia de los más introvertida y en la que ni el entorno (ni yo) estábamos preparados para tratar a niños con “muchas inquietudes”, demasiadas. Todo se ha perdido, pero necesito (desesperadamente) el tiempo y aprender, más.

Otro secreto: la cocina me gusta mucho, pero como actividad creativa, nada más. Me gusta ver que a la gente le gusta lo que cocino, me gusta idear. Tengo la sensación de que esto pronto se acabará y necesitaré pasar a otro campo. Cuando “lo nuevo” aparezca raras veces.

El cine y el deporte siempre seguirán ahí. Ambos me liberan. El cine me permite relajarme y evadirme durante un par de horas. La pantalla, la imaginación y nada más. El correr provoca un desahogo y un placer, que resulta muy difícil explicar a alguien que no lo haya practicado con mucha regularidad. La segregación endorfinas que se generan no es más que… ¡la felicidad! A fin de cuentas la felicidad es un proceso químico, nada más. Que poco poético, ¿verdad?

La sonrisa, la visión de la naturaleza o ¡comer chocolate negro! también ayuda a generar ese estado de felicidad por medio de la segregación de endorfinas. Ayer me han sonreído en el trabajo, he respondido yo y la sensación (de felicidad) ha sido muy agradable.

Trivialidades

En el piso de “A illa” ya nos han puesto los estores, todavía falta completar el salón, pero está casi todo de camino. La mesa y las sillas las llevarán el viernes, el resto esperemos que nos informen esta semana. Por el momento, os presento mi nuevo “laboratorio” de verano:

Y el baño ;-), cuando todavía estaba “virgen” y no nos habían puesto el radiador-toallero:

Como suele pasar, o estás encima durante el proceso de pedido, montaje e instalación o meten la pata. En la cocina han puesto el grifo en el centro de la encimera. Yo quería un poco más de espacio para amasar y situarlo en la esquina izquierda, ya no había solución posible.
Todavía no tengo mucho material: tenemos que comprar una balanza, otra batidora y algún que otro instrumento de cocina para los experimentos culinarios. En agosto será mi lugar de “trabajo”, por el momento me conformo con algún fin de semana y postres medidos en “tazas”, Dejadez.

Tejas

Es otra receta de Pierre Hermé. A estas alturas lo tendré hasta en la “sopa”, y nunca mejor dicho. A la receta creo que no le vendría mal un poco más de almendra, aunque así ya han quedado muy ricas. Problema: ¿Cuánto es un sobre de azúcar vainillado o, como dice, “vainilla azucarada”?, yo lo compro en pequeños botes, pero creo que ronda los 7,5 gr.

Ingredientes
  • 75 gr. de harina
  • 125 gr. de azúcar glasé
  • 1 sobre de azúcar vainillado (10 gr.)
  • 2 huevos
  • Una pizca de sal
  • 40 gr. de mantequilla
  • 75-100 gr. de almendra en láminas
(1) En un bol mezclamos la harina, el azúcar glasé y el azúcar vainillado. Emplearemos el batidor.

(2) Añadimos los huevos batidos y la mantequilla. Batimos y una vez bien mezclado, echamos las almendras.

(3) Precalentamos el horno a máxima temperatura, unos 250-275ºC. Untamos una bandeja con papel con un poco de mantequilla. Con ayuda de una cuchara, y dependiendo del tamaño, echamos pequeñas porciones (las he hecho gigantes) de la masa separadas entre sí. Usaremos la parte abombada de la cuchara para extenderlas bien finas, mojando la cuchara en agua fría.

(4) Horneamos durante unos 5 min, hasta que el borde esté marrón dorado, casi quemado ;-), y el centro amarillito. Echamos aceite sobre un rodillo, retiramos las tejas de la bandeja con ayuda de una espumadera plana y con las galletas todavía calientes, ponemos sobre el rodillo para darles forma. Se endurecen al enfriar, por lo que hay que ser muy rápido en este proceso.

Cuando se haya endurecido las retiramos del rodillo y guardamos en un recipiente para que no se reblandezcan.

Podemos bañarlas en chocolate.

Feliz fin de semana, por aquí todavía lluvioso! (aunque por poco tiempo)

¡Liberad todas las endorfinas que podáis!: el amor, una buena comida o una sonrisa son muy buenas maneras de hacerlo.

jueves, 21 de junio de 2007

Calzone + calzone de cabello de ángel

CalzoneCalzone de cabello de ángel2x1

Dos calzones (calzoncillos) al precio de uno. Uno (casi) tradicional, otro dulce. M ha dicho: “insuperables”. Parece falta de modestia pero no he sido yo, han sido las circunstancias. A veces uno no sabe por qué las comidas u otros hechos tienen ese toque especial y, muchas de esas veces, es el propio azar. Lo peor es cuando intentamos repetirlo.

Los descubrimientos

Muchos de los grandes descubrimientos han sido por azar: la penicilina, la pila… Hasta hay quién le ha puesto nombre: “serendipity”. Está claro que únicamente con el azar no se consigue nada, hace falta la otra palabra: conocimiento, sagacidad, intuición,… En mis manos el cultivo que dio lugar al invento de la penicilina acabaría en la basura.

Recuerdo haber leído que el post-it, o más concretamente su pegamento, fue inventado por casualidad. Creo recordar que buscaban un pegamento ultra-fuerte y le salió ese adhesivo de mala calidad. He aquí dónde surgen las ideas y las genialidades: emplear ese pegamento para hacer unos papeles adhesivos para anotaciones que se despegasen fácilmente…

Visto en TV

Tiene gracia. Esta tarde M tenía comida de trabajo, por así decirlo, y he cocinado con mucha calma y tarde. Mientras fregaba un poco de TV, todo programas rosa y telenovelas, ante eso sólo quedaba la segunda cadena (ahora La2 ;-)): programación infantil… y muuuy interesante. “Leonart” o la ciencia al alcance de los niños. Me dejó maravillado la estupenda respuesta que ofrecieron a una duda de un niño: ¿por qué los pájaros ponen huevos y no son mamíferos?, la respuesta fue tan inteligente como contundente: ¡porque si llevasen a la cría no podrían volar! Aunque poco precisa realmente aclaratoria.
Nada, a partir de ahora, cuando M acabe de ver YSB, me iré a la sala a ver Leonart. Para que digan que no hay programas interesantes en la tele. En la Web he descubierto que ayer hablaron de “violencia”, de la no violencia.

De (muy) pequeño recuerdo que era (muy) aficionado a los programas culturales, de ciencia y naturaleza: “El hombre y la tierra”, “Érase una vez el hombre” y un programa concurso: “Los sabios”. Ya en la post-adolescencia: “El mundo de Beakman”, estaba enganchadísimo, recuerdo el día que explicaron cómo funcionaba un “retrete”.

CalzoneMasa
  • 70 ml. de leche
  • 6 gr. de levadura fresca de panadería
  • 120 gr. de harina de fuerza
  • ½ cucharilla de sal, aprox.
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharada de leche condensada ó 1 cucharilla colmada de azúcar
Relleno salado
  • 1-2 cucharadas de tomate triturado (o frito)
  • ½ cebolla caramelizada
  • Mozzarella rallada
  • Queso parmesano recién rallado
  • Orégano, a gusto. A mi me gusta con abundante cantidad. Podría emplearse otra especia. tomillo, mejorana, …
  • Ésta lleva: jamón cocido, aceitunas negras y… ¡melocotón! (una parte); salchichas y chorizo (parte de aprovechamiento). El melocotón le ha dado un toque agridulce excepcional (para mi gusto).
  • Otras opciones a gusto: bacon, aceitunas negras, jamón york, atún, setas …
  • Opcional: pimienta negra recién molida.
Relleno dulce
Calzone de cabello de ángelMasa

(1) Retiramos la leche de la nevera. La leche debe de estar a temperatura ambiente. Disolvemos la levadura en la leche, hasta que no queden grumos ni posos.

(2) En un bol mezclamos la harina con la sal y el azúcar. Echamos la leche, la leche condensada (o azúcar) y el aceite. Amasamos bien, hasta que quede una pasta homogénea. Es probable que quede algo pegajosa, si queda pegajosa echamos un poco más de harina, sólo un poco. Si la trabajamos demasiado cogerá correa.

(3) Formamos una bola y dejamos reposar hasta que doble su tamaño. Unos 30 minutos. Mientras tanto caramelizamos la cebolla en la sartén a fuego medio-bajo con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, removiendo de vez en cuando. Si se empieza a tostar podemos echar un poquito de agua. Debe cocinarse durante unos 15-20 minutos.

(4) Pasado ese tiempo formamos dos bolas y las echamos sobre una superficie enharinada. Estiramos en forma circular hasta que quede fina. Procedemos a rellenar.

(5) Relleno salado:
Extendemos el tomate sobre la masa. Encima del tomate echamos un poco de orégano, la cebolla caramelizada y el queso mozzarella. Echamos un poco más de orégano y el relleno que más nos guste (bacon, jamón, verduras,…). Espolvoreamos con parmesano recién rallado (a gusto) y tapamos como una empanadilla. Con ayuda de la parte posterior de un cubierto vamos formado ondas y cerrando el calzone. Un truco es mojarlo con un poco de agua para ayudar a que se pegue.
Pintamos con huevo batido y rallamos un poco de parmesano.
Mi relleno ha sido un poco innovador, he combinado el jamón york con trozos de melocotón. Mi idea era emplear un poco de piña, jamón de York y aceitunas negras, como la pizza “Hawai”, pero como no tenía piña emplee el melocotón. Ha quedado muy rica. La otra parte llevaba aprovechamiento: chorizo y salchichas. Ya sabéis que no me gusta tirar nada.

(6) Relleno dulce:
Esparcimos una cucharada de mermelada sobre la masa, espolvoreamos con un poco de canela molida y, por último, ponemos un poco de cabello de ángel.
Tapamos, pintamos con huevo batido, bastante azúcar grano y espolvoreamos con un poco de canela.
El cabello de ángel lo tenía ya preparado, si no lo queréis hacer lo podéis comprar en lata. Lo he visto en el Mercadona bastante económico….

(7) Introducimos en el horno precalentado a unos 200ºC durante unos 15 minutos. Justo cuando empiece a tomar color, no más.

Están buenísimos recién hechos. Este tipo de masas no aguantan mucho, por lo que es mejor comerlo todo.

Besos.

miércoles, 20 de junio de 2007

Bollos de miel rellenos de chocolate negro y blanco

More Than a “Filling”

Más que un relleno, que no “feeling”, como decía Boston. Bonita canción y… ¡menudos mostachos!, a lo Emiliano Zapata. A veces prefiero no ver los videos. El tiempo ha pasado tan rápido por ellos (y por mí, aunque todavía estaba dando mis primeros pasos) que es como para partirse de risa… o llorar. ¡Y pensar que (casi) se les consideraba heavys!. Sin embargo, para mí esos grupos siguen teniendo un encanto especial con bigote y todo.

Los bollos

Llevo tanto tiempo “experimentando” con chocolate que me apetecía un poco de amasado y unos bollos al estilo de los estupendísimos bollos de queso. Diré “superguays”, “topeguays” o “guayuminí”, como en el anuncio.

El relleno

El relleno ha sido de chocolate, lo tengo en la cabeza y no lo consigo quitar de mi mente. Lo peor es que la siguiente idea que tengo en la cabeza también lo lleva. Qué pena no haber tenido unas frutas confitadas, sería otra buena elección.

Quién y qué

… soy. Esa era mi pregunta de ayer, sin respuesta. Vemos las cosas tal somos nosotros, no cómo realmente son. Si vemos las cosas cómo somos nosotros, qué no haríamos con nuestra propia imagen. La imagen de nuestra propia imagen se distorsiona por nuestra personalidad y nuestra forma de vernos. Desde un punto de vista afectivo, somos muy poco exigentes con nosotros: no conozco a nadie que diga que es mala persona. Lo difícil o imposible es vernos desde fuera, y ponernos en el piel de los demás.

Un ejemplo más claro es el color de los objetos. Su color depende de la luz, sin luz no hay color (por lo menos perceptible). Los objetos azules lo son por reflejar (dispersar) la luz de esa longitud de onda, en tal caso “odian” esa luz. De “ser” nada de nada.

Alguna que otra vez, como quién no quiere la cosa, he intentado ponerme en el piel de otro mientras estoy haciendo algo que calificarían de “raro” (correr en verano sin camiseta -¿por qué la voy a llevar si hace calor y voy más cómodo?-, ir corriendo de un sitio para otro por la calle –prisas-,…) y, por un momento, entendería que pensasen algo peor sobre mí. No profundizaré más en la herida. Pero ¿a qué tipo de persona se le ocurriría escribir en un blog sus inquietudes, por absurdas o estúpidas que parezcan o sean? Recuerdo un libro: “A orella no buraco”, en él la protagonista “narraba” en voz alta todo aquello que se le pasaba por la cabeza… eso puede convertirse en un monólogo más que absurdo…

Ingredientes
8 unidades [4]
  • 2,5 cucharillas de levadura seca [1,25 cucharillas]
  • 240 ml de leche templada (no más de 40º) [120 ml.]
  • 15 ml de miel, una cucharada aprox. [1/2 cucharada, 7,5 ml.]
  • 1 cucharada de mantequilla (15-20 gr), derretida y fría [1/2 cucharada – 7,5-10 gr]
  • 5 ml de esencia de vainilla [2,5 ml.]
  • 280 gr. (a 350 gr.) de harina de fuerza [140-175]. Inicialmente debe emplearse la primera cantidad, después se añade según vaya siendo necesario.
  • 1 cucharilla de sal [1/2 cucharilla]
  • Chocolate troceado, negro y algo de blanco. También podrían emplearse frutas silvestres: arándanos, fresas, frambuesas,…, 1/2 taza aproximadamente.
  • 1 yema de huevo para pintar
(1) En un bol grande, mezclamos bien la leche y la levadura seca, removiendo lentamente para disolverla. Dejamos reposar durante 5 minutos.

(2) Echamos la miel, la mantequilla derretida y fría, la vainilla y 280 gr. de harina de pan mezclada con sal. Removemos un poco y echamos el resto de la harina en cucharadas (sólo si es necesario, casi con toda seguridad los sea necesaria), removiendo hasta que la masa empieza a despegarse del borde del bol.
La masa no debe quedar demasiado seca, lo justo, poco a poco y sólo si vemos que está excesivamente pegajosa después de haberla trabajado.

(3) Llevamos la masa a una superficie enharinada y amasamos hasta que quede elástica y lisa, de 3 a 5 minutos. Ponemos la masa en un bol más grande, cubrimos y dejamos reposar durante 1 hora, o hasta que doble su tamaño.

(4) Troceamos el chocolate a gusto. Pasado el tiempo de fermentación, echamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y aplanamos un poco. Añadimos el chocolate troceado (o arándanos, frambuesas,… estos frutos le vienen muy bien). Amasamos otro poco, hasta que quede bien repartido, y dejamos reposar cubierta unos 10 minutos más.

(5) Dividimos la masa en 8 porciones (o 4 para las cantidades que he puesto entre corchetes) de igual tamaño y formamos bolas. Ponemos en una bandeja con papel de hornear, cubrimos con un paño limpio y dejamos reposar durante 30 minutos.

(6) Mientras tanto, precalentamos el horno a 190º. Con un tenedor batimos la yema de huevo con un chorrito de agua (2-3 cucharadas máx.) y pintamos los bollos. Horneamos unos 15-20 minutos, hasta que tengan un ligero tono marrón.

Dejamos templar un poco y comemos. Muy buenos recién hechos, un perfecto acompañamiento para un buen desayuno o postre.

Me ha sobrado una clara, ya veremos que “macaron” (en singular) sale. Hermé, nos veremos las “claras” de nuevo.

martes, 19 de junio de 2007

Galletas de limón (y almendra)

Por Hermé

Cuando lo pronuncio pienso en Tintin, por eso de la similitud fonética con Hergé. De pequeño, por Galia y demás, era un seguidor de Asterix y Obelix. Además, se aprendía mucho de ellos, costumbres, personajes, historia, filosofía,… eran (y son) bastante fieles. Todo decayó cuando se les ocurrió hacer una película, todas muy malas. Por suerte, los actores de carne y hueso no han conseguido borrar de mi mente la imagen de los personajes del cómic.

Los nombres divertidísimos: Ordenalfabetix (el pescadero), Esautomatix (el herrero), Edadepiédrix (el anciano),… recuerdo una viñeta en la que van en un barco y dicen: “¡Qué bien remas Motorax…!”.

Una de las frases que más me gusta es esa de “¡Están locos estos romanos!”. Me acuerdo de ella (y la digo) siempre que veo alguna burrada norteamericana o alguna tontería televisiva. USA son los nuevos romanos pero, como decimos aquí, “a todo porco lle chega o seu Sanmartiño”. La traducción literal es obvia (“a todo cerdo le llega su San Martín”), por San Martín es la tradicional matanza del cerdo…

Todo lo que sube baja. A todo el que ríe le tocará llorar. Son ciclos. No seáis malos, aunque sea sólo para que cuando os toque estar “abajo” no sean vengativos con vosotros.

Tintin

De Tintín, lo que más me gusta es la imaginación, las localizaciones, y los vehículos e instrumentos que aparecen: el cohete de “Objetivo la luna”, el submarino en forma de tiburón de “El tesoro de Rackam el rojo”, la seta de “La estrella misteriosa”,…

A la segunda…

No va la vencida. Riquísimas (M así lo ha corroborado), pero me han quedado cojas, sin pie. Después de la buena experiencia de la versión de chocolate, en la que casi había conseguido “el pie”, he querido hacer la receta “original” de Hermé, paso a paso. He descubierto que tiene ciertas imprecisiones, por lo menos para mi entorno de temperatura ambiental, horneado, etc. no se ajustan con exactitud.
He puesto la receta tal y cómo la he hecho, con las anotaciones y consideraciones que he estimado interesantes y, espero, definitivas.
Hoy he hecho unos bollos que han salido riquísimos y, como me ha sobrado una clara, un día de estos tocará la tercera y, espero, definitiva versión de los Macarons.

Ingredientes
  • 2 claras de huevo
  • 137 gr. de azúcar glasé
  • 80 gr. de almendra
  • ½ cucharilla de vainilla
  • 2 gotas de colorante amarillo
  • Un chorrito de aroma de limón
  • Ralladura de ¼ de limón
(1) Tamizamos el azúcar glasé con la almendra molida y la ralladura de limón. Como la ralladura no pasará por el tamiz (ni debe), antes, con ayuda de las yemas de los dedos, revolvemos la mezcla para que coja un poco de aroma.

(2) Montamos las claras a punto de nieve firme con ayuda de un chorrito de limón. Cuando esté montada, y sin dejar de batir, echamos el colorante, el aroma de limón y la vainilla.

(3) Rápidamente, espolvoreamos la mezcla sobre las claras en forma de lluvia. Mezclamos con ayuda de una espátula y de forma envolvente, empezando desde el centro hacia los bordes y girando el bol con la mano izqda (o derecha si eres zurd@) durante el proceso.
Debemos tener cuidado de que no se bajen las claras. La masa debe ser algo fluida para que no se sequen demasiado una vez cocidas.

(4) Precalentamos el horno a unos 250º C. No os preocupéis, obviamente, esta no será la temperatura de horneado.

(5) Colocamos 2 bandejas superpuestas y una hoja de papel sulfurizado sobre la bandeja superior. Lo ideal es que sea un papel que permita que las galletas suban, poco adherente. Creo que ésta es una de las claves, para formar el “pie” las galletas no se deben pegar al papel, debe ser un papel de “buena calidad”.

(6) Vertemos la masa sobre una manga de boca ancha (de 2 cm –pequeñas- a 7 –grandes-, dependiendo del tamaño deseado). Yo he usado la “pistola” sin ningún tipo de boquilla. Formamos las galletas sobre la bandeja.

(7) Dejamos reposar las galletas ¼ de hora. Eso es lo que dice la receta, mis experiencias (clave número 2) demuestran que deben dejarse reposar hasta que la superficie se haya resecado, para que así no se agriete y suban como un “todo”. Lo dejaría un mínimo de una hora (a la tercera).

(8) Introducimos las galletas en el horno y bajamos inmediatamente la temperatura hasta los 180ºC, dejando la puerta entreabierta. Si las galletas tienen un tamaño pequeño deben dejarse unos 10-12 minutos, si son grandes de 18 a 20 min.

(9) Cuando las galletas estén cocinadas retiramos la bandeja doble, ponemos un poco de agua (¿caliente?) en un vaso y, levantando un poco el papel, echamos el agua por debajo para que se produzca vapor y se despeguen mejor las galletas.

Dejamos enfriar sobre una rejilla. Podemos rellenarlas o tomarlas tal cual. Rellenos de ganache, mermeladas, Nutella, crema mantequilla aromatizada, etc… Éstas, como era un proceso de experimentación, han sido rellenadas con Nutella.

Están buenísimos. Según Hermé, están mejor si los dejamos 2 días en el frigorífico. A nosotros no nos han durado tanto.