martes, 31 de julio de 2007

Tarta de vainilla y ganache con frambuesa

Tiempos de confusión

Esta tarta lee de varias fuentes, una combinación de sabores con el chocolate como ingrediente predominante y un poco de sabor a vainilla para que se funda en la boca.

Inicialmente cometí un pequeño error, para mí que no me gusta demasiado el café, de hacerle un ganache de café. Lo he subsanado con una sabrosa (y más fina) ganache con frambuesa. Para que el sabor a vainilla se perciba, no debe abusarse del ganache, una pequeña capa es suficiente, aproximadamente del mismo grosor (o algo menor) que la capa de vainilla. Con el chocolate sobrante pueden hacerse unas trufas. Tómese fría, no os arrepentiréis.

Esos tiempos

Ha llegado el verano y las vacaciones, perogrullada. Ha llegado el tiempo de confusión, no hemos parado lo más mínimo. No existe un centro de gravedad sobre el que buscar el equilibrio. Necesito una referencia, un objetivo, pararme por un momento, plantearme metas y, sobre todo, reflexionar un poco sobre mi (sí, mi) vida. La estoy perdiendo.
Suena concluyente y catastrofista. Tal vez lo sea, pero para mi ánimo existen pocos puntos intermedios. Todo o nada, bien o mal. Necesito equilibrio.

Llevo un tiempo con el síndrome del “gran hermano”, marcado al hombre, no puedo dar un paso sin la sensación de tener que rendir cuentas, de estar siendo observado y controlado. Necesito un momento para estar solo, aunque sólo sea para ir al cine. Que mi agenda no la lleven otros, que la hoja del día tenga un espacio en blanco, unas horas, y no sólo para ir a correr.

No soy tuyo, estoy contigo

Ahora estoy (estamos) en Ferrol. El poco tiempo que estuvimos en Boiro tuve una sensación extraña. Quería poder hablar con mi familia (materna), charlar sin tapujos, a corazón abierto y con sinceridad. Los problemas y las preocupaciones, las alegrías e ilusiones. No fue posible, todo estaba cubierto por una carcasa, a la defensiva, como si ya no fuese ni hijo ni hermano, como si yo fuese M, la cuñada. No conseguí ni un único momento de soledad (con ellos), como si no quisiera que hablase con mis padres. ¿Celos?

Estoy empezando a pensar en planearle, por el bien de ambos, que la próxima vez vayamos de forma independiente cada uno a casa respectivos padres. Ella lo tiene más fácil, no existe marcaje, aquí Pepinho tiene algo de tiempo para, por ejemplo, poder escribir estas palabras. En Boiro me fue imposible. No sé cómo contárselo, podría malinterpretarlo (seguro), pensando que lo que quiero es huir de estas tierras, nada más lejano (no del todo), aquí tengo algo de tiempo para mí. Algo.

Diálogos con Ingman Bergman

- Me siento solo, dice Pepinho.
- Otra contradicción, hablas de querer estar solo y dices que te sientes solo -- Comenta el hombre de negro con capucha negra y guadaña.
- No es una contradicción. Estoy solo porque presiento que cada vez la gente que quiero se preocupa menos por mí. Solo porque cada día parece existir menos nivel de confianza. Quiero estar solo para poder decidir (o no) estar acompañado.
- Amigo, tu mente es más confusa que yo mismo. No daré consejos, pero no te obsesiones y tómate una sesión de cine.
El hombre de negro se baja la capucha y sonríe. Nos vemos.

Desde ayer, 30 de julio de 2007, dos de mis directores preferidos dejarán de construir más obras maestras. Todavía podremos disfrutar de todo aquello que nos han dejado. Gracias Michelangelo Antonioni e I. Bergman.

Verdades y mentiras

Ya lo he dicho otras veces. Éste es un único punto de vista, el mío, subjetividad en su máxima expresión. Así lo veo y así lo siento, no digo que sea verdad, ni lo creo. Verdades hay muchas, pero ésta es mi verdad. Los demás tendrán sus verdades que lo serán tanto como la mía. Pero… ¿a quién le cuento mis inquietudes?, ¿a un diario? Hay gente que ya no está dispuesta a tener que aguantar mis problemas o inquietudes. Otra nunca lo ha estado.
Pregúntamelo y te lo diré, sólo eso. Te diré todo lo que quieras saber. Pero no me has preguntado nada. Tal vez mañana.



Masa sablée con chocolate
  • 250 gr. de harina [125 gr.]
  • 1 cucharada de cacao en polvo [1/2 cucharada]
  • Una pizca de sal
  • 125 gr. de azúcar en polvo [63 gr.]
  • 200 gr. de mantequilla muy fría [100 gr.]
  • 1 cucharilla extracto de vainilla [1/2 cucharilla] (ó 1 vaina de vainilla)
  • 2 yemas de huevo (ó 1 huevo entero) [1 yema]
Si empleamos una vaina de vainilla, la cortamos longitudinalmente en dos, extraemos los granos y los mezclamos con el azúcar.

(1) Tamizamos la harina con el cacao y la sal en un bol grande o tartera. Cortamos la mantequilla en trocitos y la trabajamos con la harina con ayuda de las yemas de los dedos, hasta que la preparación tenga una consistencia arenosa y no haya trozos de mantequilla.

(2) Formamos un volcán, echamos las yemas en el centro y el azúcar aromatizado con la vainilla (o la cucharilla de extracto). Mezclamos todos los ingredientes ayudándonos de la yema de los dedos. Amasamos lo justo hasta que quede una pasta homogénea. El resultado es bastante pegajoso… no problem, al enfriar la podremos estirar bien.

(3) Formamos una bola, la aplastamos levemente entre las manos y envolvemos en plástico transparente (film). Dejamos reposar en el frigorífico un mínimo de 1 hora antes de proceder a estirar la masa.

(4) Pasado ese tiempo extendemos la masa entre dos bolsas de congelación y con ayuda de un rodillo. Untamos el molde con mantequilla y harina, eliminando la sobrante, y cubrimos con la masa sablée. Pinchamos toda la superficie con un tenedor, cubrimos con papel de hornear, ponemos unos garbanzos (u otro peso) para evitar que suba la masa. Introducimos al horno precalentado, a unos 190º C, durante unos 15 minutos, retiramos los garbanzos y el papel, volvemos a introducir y cocinamos hasta que haya adquirido un tono (unos 5 ó 10 minutos más).

Dejamos enfriar antes de rellenar y/o desmoldar. Pasamos a realizar la crema de vainilla que formará la capa intermedia.



Crema de vainilla
  • 60 gr. de mantequilla pomada [30 gr.]
  • 300 gr. de azúcar en polvo [150 gr.]
  • 3 cucharadas soperas de agua [1+1/2 cucharada], si no le echamos extracto de vainilla añadimos un poco más.
  • 1 cucharilla de extracto de vainilla [1/2 cucharilla]
  • 4 cucharadas soperas de natillas en polvo [2 cucharadas]
(1) En un bol echamos la mantequilla con el azúcar y el resto de ingredientes. Batimos enérgicamente hasta obtener una masa homogénea. Cubrimos la base ya cocinada y fría.

(2) Llevamos al frigorífico para que se endurezca antes de cubrir con el ganache.


Como no disponía de demasiado tiempo, he realizado un ganache aromatizado con café. Para mi gusto el café resulta demasiado fuerte, lo más recomendable para este postre, y no perder el sabor a vainilla, sería realizar un ganache sencillo (chocolate y nata a partes iguales) o este apetitoso ganache con sabor a frambuesa. Si no disponemos de frambuesa, podríamos realizarlo con confitura. Aquí esta la idea:


Ganache con frambuesa
  • 240 gr. de chocolate [120 gr]
  • 100 ml de nata líquida para montar [50 ml]
  • 100 gr. de frambuesa hecha puré [50 gr]
  • 20 gr. de azúcar en polvo [10 gr.]
  • 10 ml. de licor (o crema) de frambuesa [5 ml]
  • 30 gr. de mantequilla [15 gr.]
(1) Picamos el chocolate y dejamos en un bowl. En dos cazos, hervimos separadamente la nata y el puré de frambuesa (ya preparado con anterioridad, colado y sin pepitas).

(2) Echamos la mitad de la nata (50 ml) hirviendo sobre el chocolate, mezclando con ayuda de una espátula y formando círculos desde el centro del bol.

(3) Echamos el resto de la nata y el puré de frambuesa, el azúcar y el licor. Removemos con la espátula hasta que quede una pasta homogénea.

(4) Cortamos la mantequilla en trozos y, cuando la temperatura de la masa haya bajado de los 60º C, añadimos la mantequilla a la mezcla. Mezclamos con un batidor y echamos sobre la tarta, dándole unos golpecitos para eliminar las burbujas.

Llevamos a la nevera y tomamos unas horas después, cuando esté suficientemente fría.

Como se toma frío, puede ser estupenda para esta época del año…

domingo, 29 de julio de 2007

Galletas de ron con pasas

Crossroads

Si hubiese hecho una tarta no sé como habría llegado a su destino de tanto ir y venir. Maletas y más maletas. Unas galletas, rápidas y sin problemas de transporte. Con las tartas, para que no se me deshagan, siempre tengo que llevarlas con el molde incluido.

Esta pasada noche he hecho una pequeña “tarta de vainilla y chocolate con frembuesa”. Tenía ganas y, como el viaje de hoy no excedería de unas horas, he optado por llevarla a casa de mis padres. Todavía no he conseguido adaptarme del todo a la nueva cocina (en “A illa”), saber en dónde he puesto los ingredientes o utensilios, saber si realmente tengo todo lo necesario (ayer me tuve que salir a comprar un rodillo), el horno,... Requiere un tiempo de adaptación, hacer que la nueva cocina vuelva a ser “tu cocina”. La estoy amaestrando.

Fichas de damas

Se trata de una adaptación de una receta, otra, de Pierre Hermé. Todavía tengo pendiente la compra de su libro “Chocolate Desserts”, cuyas recetas elaboradas por el memento me han encantado. Uno siempre se queda con la duda de saber si en esos libros las recetas se quedan con un as en la manga, la duda de saber si en realidad las recetas llegan a nosotros tal y como la realizan los cocineros. Gracias a cocineros como Ferrán Adriá, muchos han descubierto que guardar secretos sólo sirve para que se los lleve el viento y queden en el olvido. Recuerdo un hermoso dicho, aunque no exactamente su procedencia, que dice: “Lo que no se da se pierde”. Después está la mano, la calidad de los ingredientes, las condiciones del agua, horneado. Eso ya es otro cantar.

Sin ser unas galletas crujientes, tampoco se diría que resultan demasiado blandas. Si las queremos más crujientes deben hornearse un poco más, dejando que se tuesten por los bordes.

Él siempre dice sí

La solución más fácil y desastrosa. La más cómoda. Cuando llegue el momento ya sabré, espero, cómo decir que no. Ahora no estoy como para enfrentamientos, prefiero dejarme llevar. Una rama perdida en el río, sólo otra rama podría frenar la deriva, un árbol al que agarrarse o un remanso. Qué hay tras ese meandro. El azar, eso que muchos llaman destino.

Moscú, viernes 13 de julio del 2007. Soles y sombras


No ha sido influencia de ese día de superstición, ni ha sido tan malo (en un sentido) como cabría esperar en fecha tan señalada. Si por la mañana en el Kremlin tuvimos una “ligera” mala suerte con la taquillera y con la imposibilidad de visitar La Armería, el buen tiempo de la mañana, el bochorno, ha dado lugar a una tormenta (duradera) de verano, no sólo de lluvia.

Todo lo cura una buena ración de… ¡sorpresa!... ¡compras! En GUM, aunque esta vez hayan sido unas zapatilla de deporte que llevaba buscando durante un tiempo. He percibido que lo que realmente le gusta es ir de compras, sea quién sea el destinatario.


En el Kremlin no hemos visto a Putin, menos mal, se me hubiera atragantado el paseíllo. Lo que sí hemos visto ha sido la campana más grande del mundo, en el suelo, por supuesto. Su peso no hay campanario que lo sostenga. Hay cargas, muchas intangibles, que pesan mucho más, la vida está llena de cargas más pesadas.


M se ha parado en una exposición de joyas de Cartier que han poseído personalidades famosas y que también puede verse en el recinto. Para refrescarnos, una Mirinda en los jardines del Kremlin, ¡tanto tiempo!

Un día más en Moscú, para mí, será suficiente; ya tengo ganas de pasear por la “Perspectiva Nevski” (*), como lo hacía Franco Battiato, aunque esta vez sólo me encuentre a Chaikovski y Dostoievski bajo alguna de las lápidas de monasterio de Alexander Nevski. Necesito afrontar ciertos problemas desde otra “óptica” (**).

(*) Perspectiva Nevski es una mala traducción que muchas guías turísticas o referencias históricas hacen de la palabra “prospect”, que significa “avenida”.
(**) La palabra “perspectiva” procede del latín, en la que significa “óptica”, “perspectiva ars”.

Ingredientes
  • 40 gr. de pasas de corinto/sultanas
  • 40 ml de ron
  • 63 gr. de mantequilla
  • 63 gr. de azúcar en polvo (molido)
  • 1 huevo
  • 75 gr. de harina
  • Ralladura de ¼ de limón
  • Una pizca de sal

(1) En una taza ponemos las pasas a macerar durante una hora en el ron. Retiramos la manequilla del frigorífico y la ponemos en un bol para que se reblandezca.

(2) Pasado ese tiempo, precalentamos el horno a 200ºC. Batimos el azúcar con la mantequilla, la ralladura de limón y añadimos el huevo, uno a uno (si empleamos más cantidad). Mezclamos bien.

(3) Echamos la harina, con una pizca de sal y las pasas con el ron. Amasamos bien con cada ingrediente que añadamos. Podemos dejar reposar la masa durante cierto tiempo (opcional).

(4) En una bandeja de horno con papel de hornear y ayudados de unas cucharillas, formamos bolitas y las situamos bien separadas entre sí. Horneamos durante unos diez minutos, hasta que empiecen a tomar un tono dorado por el borde. Guardamos en un recipiente hermético.

Son unas sencillas y golosas galletas que, para que no se reblandezcan, debemos tomarlas una vez frías o reservarlas en un recipiente muy bien cerrado.

miércoles, 25 de julio de 2007

Magdalenas de chocolate con limón (o naranja) y almendra

Todavía estoy aquí

Aún no nos hemos ido a pasar lo poco que queda de julio a “A Illa de Arousa”, probablemente sea porque M no lo tiene nada claro. Intuyo que lo que realmente quiere hacer es ir a casa de sus padres y sabe que lo más justo sería pasar antes por la de los míos. No lo tengo nada claro, en pocas horas lo sabré.

Aunque ahora no tengo mucho tiempo, por el momento me dedicaré a poner una receta más, antes de hacer las maletas a destino indeterminado. En Santiago no nos quedaremos, eso seguro.

Dormir de lado

De la costumbre, me he levantado muy temprano y todavía me duele el hombro de la última caída en Copenhague. No consigo (casi) dormir.

Desde pequeño, y salvo una época en la que tuve que dormir boca arriba, siempre he dormido de lado. A un lado y a otro, vuelta y vuelta. Una de las primeras razones que esgrimo para ese hecho ha sido el dormir durante unos años con mi hermano en la misma cama. Una de 1,35 para dos niños no era demasiado. Él era el mayor, ocupaba más espacio y el trasero debía enfrentarlo con el suyo…. El tuvo que soportar otro tipo de problemas que no mencionaré (por ahora).

No estamos locos, hacemos lo que… ¡quiere!

Ya se ha levando, hace unos minutos. Definitivamente, aunque habíamos hablado con anterioridad de ir únicamente a la isla, ha venido con la decisión de (también) ir a Boiro y después a casa de sus padres a Ferrol. Ya me lo imaginaba. Siempre claudico, hacemos lo que a ella le apetece o quiere hacer. Ya sabéis quién toma cierto tipo de decisiones, si no las acepto ya me veo un día entero acompañado de una persona enfadada. Eso me ha pasado con alguna decisión más importante, pero le duró días y no os podéis imaginar (o sí) lo mal que se pasa. Me enfado y te “chinchas”.


Moscú, jueves 12/07/2007. “El sueño del mono loco”

Prácticamente acabamos de llegar y ya me cuesta saber en qué día vivo. Madrugón a las 6:20 para ir a correr, esto es, 4:20 de la mañana en la península ibérica.

Un poco “raro” sí que soy, pero es el único momento del día en el que “se me permite” hacerlo. Siempre lo hago, en todos los viajes, pero ni os podéis (o sí) imaginar qué significa ver la plaza roja sin prácticamente nadie y en silencio, o el puente de Brooklyn, o Central Park, o los Campos Eliseos y la torre Eiffel, o Piccadilly Circus, o la Piazza Navona y la Fontana de Trevi, o el fuerte de Agra y las proximidades del Taj Mahal, o el puente de Carlos IV, o las cuestas lisboetas, o los templos y playas de Bali, … etc. son diferentes. Lugares dormidos que esperan ser despertados con el bullicio y los primeros rayos de sol. Nada que ver con el manto humano que los cubrirá pocas horas más tarde.



De todos, lo más increíble, hasta ahora, ha sido correr por NYC. Las humeantes alcantarillas, cuyo vapor es sólo cortado por el paso de los taxis que siguen despiertos. Por un instante, hago el amago de pararme (pegando saltitos) durante un momento ante Tiffani’s, esperando ver a Audrey Hepburn… y lo hago, pero inmediatamente descubro que mis ensoñaciones me juegan unas malas (o buenas en este caso) pasadas. Te adentras en Central Park y sigues soñando….

La locura del madrugón ha valido la pena. Cruzando la plaza en la que se encuentra el antiguo edificio de la KGB, y tras seguir corriendo unos pocos cientos de metros de calle peatonal, descubres que San Basilio es todavía más hermosa (femenino) al amanecer, aunque el sol ya la haya iluminado horas antes. Queda mucho por correr y más lugares por disfrutar y descubrir.

¡Qué venga el sueño ya!, mañana será más duro el madrugón.

Anécdota del día: nadie sabe inglés y en un intento de comprar una tarjeta telefónica he tenido que dibujar una cabina en un pedazo de papel…. me había dado la impresión, y así era, que querían vendernos una tarjeta de recarga para teléfonos móviles. También, a poco menos de 20 minutos de acabar mi sesión deportiva, me he caído, ayudado por las innumerables irregularidades del asfalto. Resultado: rasguños en el rodilla, codo y mano. No ha sido la única vez, ni la última…

Ingredientes
  • 73 gr. de azúcar glasé, pero puede ser grano también [37 gr.]
  • Ralladura de 1 limón [1/2 limón]. Podría emplearse ralladura naranja.
  • 67 gr. de mantequilla sin sal [33 gr.]
  • 47 gr. de harina normal [23 gr.]
  • 1 cucharilla de levadura química (Royal) [1/2 cucharilla]
  • 17 gr. de cacao [8 gr.]
  • 27 gr. de almendras [13 gr.]
  • ½ cucharilla, o un poco menos, de sal [sal]
  • 2 huevos [1 unidad]
  • Opcional: azúcar glasé para espolvorear
(1) Si tenemos moldes de silicona no es necesario engrasar el molde, en caso contrario lo engrasaremos con un poco de mantequilla o margarina y lo pondremos en el frigorífico.

(2) Derretid la mantequilla troceada en un cazo hasta que tenga un ligero tono marrón y sin que llegue a quemarse, retirad del fuego y pasad por un colador fino. Con este proceso la mantequilla adquiere un ligero aroma a avellana. Dejamos enfriar.

(3) Tamizamos la harina y mezclamos con el cacao, la levadura química, la almendra y la sal. Reservamos.

(4) En una tartera o bol, echamos el azúcar y la ralladura de limón o naranja. Con las yemas de los dedos mezclamos los ingredientes hasta que haya quedado algo humedecido y haya cogido el aroma. Echamos los huevos y los batimos con el azúcar aromatizado hasta que quede espumoso. Añadimos la mantequilla y la mezcla de harina, con cuidado y hasta que quede homogéneo.

(5) Dejamos reposar la mezcla en el frigorífico unas cuantas horas o toda la noche. Si tenemos prisa, podemos dejarlas poco tiempo pero las magdalenas quedan mucho mejor si las dejamos reposar. Pasado el tiempo rellenamos los moldes e introducimos en horno precalentado a 190º durante unos 8-10 minutos. Hasta que estén hechas.

(6) Transferimos las madelaines a una rejilla y las dejamos enfriar. Repetimos el proceso hasta acabar la masa.

(7) Opcional. Para decorar, mojamos parte de las magdalenas con mantequilla derretida y las sumergimos en azúcar glasé.

Muy ricas y esponjosas. Se puede jugar con los aromas que más os gusten.

martes, 24 de julio de 2007

Galletas de canela

Crónica de un viaje anunciado

Después de estos 15 días de ausencia empiezo, o eso espero, mis verdaderas vacaciones. Porque viajar es cansancio y agotamiento. Ver y más ver. Dormir lo justo.

Aprovecharé para ir poniendo (parte) de mi diario de viaje y así compartir con vosotros alguna de mis sensaciones y experiencias. Hoy empiezo con un breve comentario del vuelo a Moscú y mis primeros encuentros, nada más. Espero que no resulte pesado.

De paso

Ahora estoy de paso, mañana es muy probable que esté otra vez en la isla pero en lo que queda de julio espero poder compartir algunas de las recetas que me hayan resultado interesantes. Tengo la caja llena de ellas pero empezaré por unas sencillas galletas que he realizado esta misma mañana. Como sabéis, no puedo vivir sin postre.

Algún ingrediente puede resultar extraño, como el crémor (que no cremor) tártaro. Yo lo he conseguido sin ningún problema en la farmacia de la esquina, lo han pedido al laboratorio y en un par de horas ya lo tenían. Si no responden a “crémor tártaro”, puede pedirse como “Tartrato Ácido de Potasio” o “Potasio Bitartrato”. Fórmula química: C4 H5 K O6.

No os preocupéis si tenéis miedo de no volver a emplearlo. Hay infinidad de recetas de bizcochos o galletas que lo emplean y, sobre todo, suele utilizarse ½ cucharilla para que no se bajen las claras a punto de nieve.

Las galletas, aunque las fotos no digan mucho, crujientes y riquísimas. O a M se lo han parecido.

Miércoles, 11/07/2007. Volando voy.




Estamos volando en dirección Moscú, quedan muy pocos minutos para llegar al destino. Agotado es la palabra, han pasado más de 24 horas desde que partimos de Santiago. Santiago, Madrid, aeropuerto y tarjetas de embarque (sin facturar), hotel, metro y paseo por Madrid, agotados, vuelta al hotel, en pie a las 4:00, facturación destino Ámsterdam con KLM, controles y más controles, Ámsterdam-Moscú. Volamos.


Durante el vuelo he acabado el primer libro. Me ha dejado un poco transpuesto, el libro sobre todo. Al momento empezaré otro que espero sea más optimista y menos sobrecogedor.

Las experiencias de siempre. Gente amable (las menos) y gente en eterno enfado con quién se presente y, probablemente, consigo mismas. Mis encuentros con Madrid nunca han sido demasiado reparadores. Todavía no he encontrado aquello que puede ofrecerme o, tal vez, lo mejor es ofrecerle algo para que me venga devuelto de otro modo.

M ha dicho que quiere descansar, a ver cuanto dura. Guía de Moscú en mano poco tiempo tardará en animarse.

Ingredientes
  • 56 gr. de mantequilla reblandecida
  • 50 gr. de manteca (mejor que sea vegetal)
  • 150 gr. de azúcar (blanco grano)
  • 1 huevo
  • 5 ml de extracto de vainilla
  • 122 gr. de harina normal. Nota: tengo una receta -mejor- que emplea 192 gr., no quedan tan planas, la haré muy pronto.
  • ½ cucharilla de bicarbonato sódico (2-3 gr.)
  • 1 cucharilla de crémor tártaro (unos 4 gr.)
  • ¼ o algo menos de cucharilla de sal
Nota: en muchos casos, cuando el bicarbonato se combina con el crémor tártaro, puede obtenerse un efecto similar, que no idéntico, sustituyéndolos por levadura química (Royal), también llamados “polvos de hornear”,en este caso unas 2 cucharillas. Si se puede, mejor es emplear los dos productos, quedarán más crujientes.

Envolver antes de hornear

  • 2 cucharadas de azúcar
  • 2 cucharillas de canela molida
Preparación

(1) Precalentamos el horno a 200-205º C.

(2) Mezclamos la harina con el bicarbonato, el crémor y la sal.

(3) Batimos la mantequilla con la manteca, el azúcar (del primer grupo de ingredientes), el huevo y el extracto de vainilla, hasta que quede cremoso. Incorporamos la mezcla de la harina.

(4) Podemos dejar reposar la masa un poco (no lo he hecho) y formamos unas pequeñas bolas.

(5) Mezclamos el azúcar (del segundo grupo de ingredientes) con la canela y rebozamos las bolas.

(6) Ponemos en una bandeja con papel de hornear separadas suficientemente, debe tenerse en cuenta que quedarán casi planas.

(7) Horneamos durante unos 8 ó 10 minutos, hasta que empiecen a tostarse, aunque no demasiado. Retiramos, dejamos enfriar un poco y guardamos.

Son unas galletas muy crujientes y, como en todos estos casos, se endurecen al enfriar. A M le han chiflado, además, la canela es afrodisíaca, quién lo diría…

Besos y gracias por la compañía.

domingo, 8 de julio de 2007

Delicia de chocolate y almendra con mermelada de albaricoque y ganache de café

Supercalifragilísticoexpialidoso

Cómo decirlo, si lo nombro como “pastel de chocolate” no haría justicia a esta delicia, de ahí su nombre. Por si solo, sin el relleno y sin la cobertura, tendremos un pastel de chocolate con un aspecto (aparentemente) típico por fuera pero húmedo y jugoso por dentro. Sorprendentemente goloso.

La almendra es, junto con el chocolate, el gran secreto de este pastel; la harina ejerce como elemento para dar cuerpo y ligar la tarta; el albaricoque es una idea adaptada de la tarta Sacher; la cobertura de chocolate al café, el sabor diferenciador y optativo. Realmente fácil, rica y esponjosa. Yo repetiré, aunque sólo sea el bizcocho acompañado con un poco de mermelada o crema.
Una recomendación: el bizcocho, en principio, no está pensado para rellenar (no debe cocinarse demasiado) y sí para comer solo. Por el hecho de ser jugoso por dentro, si se rellena ha de cortarse con mucho cuidado para que no se rompa. Cuatro manos mejor que dos.


Los tiempos cambian (sábado 7 julio)

Por aquí (más) al norte el tiempo es peor, peor es lo peor. Por lo menos la playa me da algo de tiempo para pensar, leer, nadar, andar o hacer otras actividades. No tengo que estar pendiente de nada y de nadie, el entretenimiento de los demás reside en su propia toalla.
He llamado a ese teléfono que en el móvil está marcado con la leyenda “Casiña”. Allá (más) al sur el tiempo sigue siendo bueno.
Las nubes no han traído lluvia pero han traído casa (de los suegros) y compras. Ha vuelto, otra vez, a tocar un mucho de todo. ¿Cuándo se cansará de comprar y comprar?, ¿tiene fin?, ¿no es suficiente? Necesita que la acompañe, no sé para qué. Un día perdido.

Estas líneas están siendo escritas, ¡por suerte!, reposando en un sillón de espera de Massimo Tutti. Le digo a todo, compras incluidas, que sí, así está garantizado su buen estado de ánimo, es la solución más sencilla. Nunca había pensado que algo tan barato, tanto que se puede comprar con dinero, pudiese proporcionar “felicidad” a alguien. Mi felicidad es tan cara que el dinero no sirve para nada, más bien es un obstáculo.

Ya estamos en casa (de mis suegros), aquí no le apetece salir a tomar algo. Puede estar todo el día dejando pasar el tiempo y tampoco tiene prisa en irse a cama o leer un poco. En casa de mis padres no pasa lo mismo, salimos y salimos, aunque sea sólo a tomar un café.

El sirviente

No sé qué haré, estoy cansado y cansado, ahora tengo ganas de llorar. Estar ocupado es un buen, aunque tramposo, sistema para olvidarse de los problemas. El tiempo libre es mi mayor enemigo en este momento.
Me siento como el chico de los recados, el autómata, el tú-dices,-yo-hago-¿y-ahora-qué? No pido consuelo, ni lo deseo, sólo desahogarme, porque en toda mi corta vida siempre he tenido la impresión de estar cumpliendo los deseos de los demás. Y ahora más. Así me lo parece.
Como no creo en las verdades absolutas, y menos si vienen de mi mismo, tampoco sería contundente en esas afirmaciones. Quizás sean complejos personales sin curar del todo, quizás mi forma de ser me lleve a pensarlo así, quizás no esté hecho para vivir de este modo. Que lo juzguen los (muy pocos) que me conocen y no tengan parte ni partido (ninguno), desde fuera su visión puede ser ligeramente menos subjetiva.

La verdad, Heisenberg y mis dudas

Muchos estaréis en desacuerdo, porque muchos necesitan esa referencia. A mi parecer, la verdad es el refugio de la inseguridad. Con la verdad tendríamos una certeza y la certeza evitaría la (in)decisión y la duda. Pero, sin decirlo de forma tajante, no “creo” en la verdad, y menos si es absoluta. El punto de vista es un elemento de distorsión. O la posición o la velocidad, pero no ambas a la vez. Tal vez mi educación científica me ha llevado a cuestionar y no estar seguro de casi nada, salvo que algún día desapareceré, pero ni de eso podría estar totalmente seguro. Eso decían el La India. Aquello que mi mente no abarca prefiero no darle explicaciones. Lo absoluto me abruma.

Perdonad si ofendo, una opinión no es un ataque a aquellos que no piensen de igual modo. M se sentiría ofendida. Pienso así aunque no lo desee, porque el pensamiento nace de mis experiencias y, sobre todo, de cómo soy. Porque ésa es la riqueza, distintos puntos de vista hacen evolucionar. Son las sociedades dictatoriales y homogeneizadas, aquellas en las que existe un único punto de vista, sin crítica, sin dudas, las que nos convierten en autómatas al servicio de no se sabe qué. Seamos críticos, aunque no sea sólo con nosotros mismos.

Pronto

El martes nos vamos y estaremos de viaje durante unos 15 días. Es más que probable que sea la última receta que ponga hasta que volvamos. Pese a todo, nunca se sabe… Aunque no me gustan las freses hechas (“Que te vaya bien en tu nueva andadura” –horror-, “Encantado de conocerte”;…), carecen de esa autenticidad y sinceridad, no he encontrado otro modo de despedirme por un corto tiempo: si queréis, “nos vemos a la vuelta”. Aunque nunca se sabe…. podría ser antes.

Disfrutad de la compañía, es vuestra más valiosa posesión. Sonreíd al mal tiempo y al bueno. Sed buenos con vuestros amigos y más con los que no lo son. Probad y haced el bizcocho en una tarde de verano con amigos. Os gustará, si no es así, la compañía y el proceso habrá valido la pena.

Besos y gracias por estar ahí. Seas quién seas.

Ingredientes
Bizcocho de chocolate y almendra
  • 4 huevos, separadas las yemas de las claras
  • 150 gr. de azúcar polvo [*]
  • 200 gr. de chocolate negro amargo, >70% de cacao
  • 150 gr. de mantequilla, pomada, casi derretida
  • 2 cucharadas de harina de repostería, 20-30 gr.
  • Una cucharilla de levadura química (Royal)
  • 100 g. de almendra molida
  • Una pizca de sal
  • (Opcional) Un chorrito de limón para levantar las claras
  • Si no lleva cobertura ni relleno: un poco de cacao en polvo y/o azúcar glasé para espolvorear y una crema inglesa o mermelada de albaricoque para acompañar.
Nota [*]: el azúcar en polvo no es exactamente lo mismo que el azúcar glasé. El glasé suele llevar algo de almidón, aunque normalmente los haya empleado como sinónimos en casi todas las recetas elaboradas hasta hoy. A partir de ahora intentaré ser más preciso.

Relleno
  • 1 bote de mermelada de albaricoque
Cobertura: ganache de café
  • 200-220 gr. de chocolate de cobertura, dependiendo de la densidad deseada
  • 200 ml de nata líquida para montar (sin montar)
  • 1 cucharada de café (opcional)
  • Una nuez de mantequilla
Bizcocho de chocolate y almendra
(1) Preparación de los ingredientes. Separamos las yemas de las claras. Retiramos la mantequilla del frigorífico. Troceamos el chocolate. Precalentamos el horno a unos 220º C.

(2) Mezclamos la almendra con la harina, la sal y la levadura química. Reservamos.

(3) Batimos las yemas con el azúcar en un bol hasta que quede blanquecino y espumoso. Batimos bien la mantequilla hasta que quede bien reblandecida, podríamos derretirla algo en el microondas.

(4) Derretimos el chocolate el baño María o en el microondas, cuidando que no se queme y removiendo con ayuda de una espátula. Lo dejamos unos segundos en el microondas y cuando empiece a reblandecerse, removemos con la espátula de plástico hasta que esté totalmente disuelto y sin partes sólidas. Añadimos el chocolate a la mezcla de huevos.
Para derretir más fácilmente el chocolate, podríamos fundirlo con un poco de la mantequilla.

(5) Echamos la mezcla de almendra y harina, removiendo con cuidado. Añadimos la mantequilla y removemos. Levantamos las claras con un chorrito de limón a punto de nieve. Si fuese necesario, añadimos una cucharada de claras a la mezcla para hacerla menos densa e incorporamos las restantes en forma envolvente y el tiempo justo para evitar que se baje la masa.

(6) Engrasamos un molde de unos 22 centímetros, vertemos la masa y horneamos a 220º durante unos 20 minutos. Pinchamos con una aguja o brocheta, ésta debe salir algo húmeda. Recordad que debe quedar jugoso por dentro. Si lo queréis todavía más jugoso se puede dejar unos minutos menos.

(7) Dejamos enfriar antes de desmoldar y cortar. Así ya está buenísimo, sobre todo acompañado de mermelada de albaricoque o crema. Puede espolvorearse con cacao en polvo y azúcar glasé.

Relleno
(1) Una vez fría la tarta, podría ser de un día para otro, la cortamos por la mitad. Con mucho cuidado y, a ser posible, con ayuda: with a little help from my friends.

(2) Batimos un poco la mermelada para poder trabajarla mejor y rellenamos el postre. Tapamos y ponemos el aro. Preparamos la cobertura.

Cobertura
(1) Trocemos el chocolate y reservamos en un bol grande.

(2) Calentamos la nata y el café en un cazo al fuego, sin dejar de remover. Cuando haya hervido vertemos sobre el chocolate y lo disolvemos con ayuda de una espátula, añadiendo la nuez de mantequilla. Trabajamos un poco y cubrimos la tarta.
Le damos unos golpecitos para que deque lisa y llevamos al frigorífico.

Muy rica.

viernes, 6 de julio de 2007

Madeleines de miel

De paso

Me veo en Santiago de paso, sin postre y sin balanza. Como vamos a pasar más tiempo en A Illa de Arousa, había llevado la balanza mientras no comprábamos una. Y claro, tampoco tenía medidor, batidora, ni levantador de claras. Las opciones eran “claras”: o desistir, inaceptable, pues deseaba un postre con desesperación; o elaborar una de “esas” recetas que se miden en tazas y cucharas, que acabaré por desearlas. Por el momento he encontrado en Internet unos medidores que intentaré comprar en breve.

Con ganas y mucho cuidado, empiezo midiendo los ingredientes y… ¡sorpresa!, descubro que tampoco tenía mantequilla. Demasiado tarde para retroceder, ya había cascado el huevo con el azúcar. Aunque la mantequilla es uno de los secretos de la receta, debe tostarse para realizar una “beurre noisette”, una buena margarina vegetal sería más sana y le daría otro sabor. El resultado ha sido unas estupendas magdalenas con un gran sabor y aroma a miel casera, la que nos han dado mis padres.

Beurre noisette

Debo admitir que, aunque había realizado ese proceso más de una vez, hasta que leí la receta desconocía ese término. Se trata de la técnica consistente en calentar la mantequilla a fuego medio, formándose dos capas: una líquida y otra semisólida, y tostándolas hasta que tengan un ligero tono color nuez.
Cuando la mantequilla alcanza ese tono adquiere un ligero sabor a avellana/nuez, de ahí su nombre. Debemos tener mucho cuidado, evitando que se queme lo más mínimo.

Aclaraciones y recomendaciones

- Esta receta debe empezar a realizarse la noche anterior para dejar reposar la masa durante toda la noche. El reposo es muy importante para que la masa tenga consistencia, se realcen los sabores y obtengamos el famoso abombamiento de las magdalenas.

- La mantequilla debe tostarse un poco, teniendo mucho cuidado de que no se queme.
Están buenísimas, por lo menos a M y a mí nos han encantado, pero sobre todo recién hechas y/o todavía algo calientes. Si las queremos tomar pasado el tiempo podemos ponerlas a calentar a fuego bajo, unos 150º, durante unos minutos.
- En este sistema de medidas en tazas, ¼ de taza es el volumen equivalente al ocupado por unos 60 ml. de agua (60 gr.), que equivale a unas 4 cucharadas de 15 ml. cada una.

El papel

A5. Agua. He recortado un folio. A4. Hundido. La lectura ya es lectura, porque al final no hemos esperado hasta el viernes, el buen tiempo llegó ayer (miércoles). Hoy ya es verano.
Mi puesto de mando sobre la arena es una silla plegable, un libro, un lápiz (no he perdido la costumbre de subrayar) y un pedazo de papel sobre el que escribo. El suyo, de ella, es una toalla verde con bolsillo incluido, un bote de crema Nivea factor 20, vuelta y vuelta.
En la cuartilla, además de estas palabras, he escrito algunas referencias al/del libro, literalmente: “tomarse demasiado en serio = hacer el ridículo”, “ir por el mundo como un fantasma, preguntarme si existo. Si he existido alguna vez”.

Tan banal me parece la espera, porque es eso, una espera, que necesito actividad. Física: paseos por la arena, seca y suave, y un poco de natación; cerebral: un poco de lectura/escritura.

El horizonte es bastante, o muy, reconfortante: unas “bateas” a pocos cientos de metros, tal vez un par; el mar; y la sierra del Barbanza, siempre firme coronando las tierras que rodean el pueblo en el que nací. Porque hoy hemos decidido ir a las playas del norte de la isla.

El plan del verano sigue su curso, por un lado el julio agotador y, por otro, el agosto espero más pausado y reflexivo. Lejos, a mi pesar, quedan aquellos veranos eternos en casa de mis padres. Existía un reloj que nos daba tiempo para todo: playa, lluvia, paseos, fiestas populares, lecturas y la mermelada de moras que marcaba el inicio del fin del verano.

Objeto 1: por quién doblan las campanas

Buscado el origen, el porqué y el cuando. Unas disputas que todavía existen, no sólo en el recuerdo. Un nombre en otro papel, casi desconocido, y una fecha: Dña. Luisa Vilá Janer (aunque también lo he leído como “Gener”), 29 de Mayo de 1893. Otro nombre, todavía más desconcertante: D. José Bargés Carros, o tal vez sea Carrós. En esos nombres están parte de las claves y la solución a unas incógnitas, todavía pendientes de desvelar, que implican a la familia de mi madre. Internet dudo que me ayude en este caso, la fecha es demasiado antigua. Documentación y preguntas. Empezaré leyendo un testamento, a ver que descubro, tal vez las cosas no hayan sido tal y como las cuentan.

Ingredientes
  • 6 cucharadas de mantequilla (84 gr.) [3 cucharadas = 42 gr.]. No tenía mantequilla, he usado margarina.
  • 2 huevos grandes [1 huevo grande]
  • 1/4 taza (4 cucharadas) de azúcar grano [2 cucharadas]
  • 1 cucharada de azúcar moreno [1/2 cucharada]
  • 2 cucharadas soperas de miel [1 cucharada]
  • 1/2 taza de harina normal [1/4 taza de harina]
  • 1/4 taza (4 cucharadas) de harina de repostería [2 cucharadas]
  • 1 cucharilla levadura química (Royal) [1/2 cucharilla]
  • 1/8 cucharilla de sal [1 pizca de sal]
(1) Derretimos la mantequilla en un cazo a temperatura media, hasta que se separe la materia grasa (líquida) de la sustancia sólida y quede con un ligero tono marrón oscuro. En este punto la mantequilla tendrá un ligero aroma a nuez. Debemos tener cuidado de que no se queme. Echad en un bol y reservad.

(2) Mezclamos los huevos, el azúcar y la miel. Batimos enérgicamente bastante tiempo hasta que quede pálido y espumoso. Unos 3 minutos.

(3) Tamizamos las harinas, la levadura química, la sal. Vertemos sobre la mezcla de huevos, con cuidado y con ayuda de una espátula. Añadimos la mantequilla y mezclamos con cuidado. Cubrimos la mezcla y llevamos al frigorífico al menos unas 8 horas, mejor toda la noche.
Este proceso, como he dicho, ayuda a que la masa adquiera consistencia, realza los sabores y permite obtener mayor abombamiento en la magdalenas.

(4) Precalentamos entre 190º C y 205º C, dependiendo de si el tamaño de las magdalenas es grande o mini, respectivamente. Rellenamos los moldes hasta unos ¾ de su tamaño y horneamos unos minutos, dependiendo de su tamaño, hasta que tengan un tono marrón dorado. Si son mini-magdalenas durante unos 5-7 minutos, si son más grandes unos 10-12. Lo mejor es echarle un visual y retirarlas cuando se hayan abombado y tenga un tono dorado.


Si son grandes, en la última parte de cocción podemos de bajar un poco la temperatura para que se hagan por dentro.
Dejamos enfriar unos minutos y desmoldamos.

Mejor tomadas durante ese día. También pueden almacenarse en contenedores y calentarlas a unos 150º C durante un par de minutos.

Ha valido la pena. Por un día he tenido postre, a ver mañana.

martes, 3 de julio de 2007

Pastel de plátano y chocolate

Más julio

Para mí es lunes. Ayer en A Illa, hoy en casa de mis padres, el martes en Santiago, el miércoles de Santiago a A illa, el viernes a Ferrol. ¿Todavía alguien se pregunta por qué no me gusta julio? Por lo menos ayer estuve un ratito con Martín, ya llevaba un tiempo sin verlo. El fin de semana pasado lo había “visto”, sólo eso. Ni siquiera recuerdo haberme despedido de él.

Si lo prometido es deuda, han dicho que vendrá el buen tiempo, de una vez por todas,… ¡el viernes! Nosotros nos vamos el martes, “martes-viernes”= “un fin de semana bueno”, algo es algo.

La soledad del corredor de fondo

Estoy en el salón de casa de mis padres y, levantando ligeramente la cabeza, descubro algunos de los trofeos de mi época ¿competitiva? Maratones populares, algún trofeo en pista (dónde más disfrutaba) y hasta he visto una placa del campeonato gallego de campo a través de ¡1985!, un crío, benjamín o alevín. La mayoría son de los años 90. Queda lejos, hace mucho que opté por disfrutar del deporte y correr por correr, aunque muy pocos entiendan por qué lo hago. Con la mayoría de edad empecé a entrenar en serio, a dejar de correr “contra” otros para correr “contra” mí mismo.

Running Man

Nacido para correr, que no competir. Es cómo me mejor me siento, corriendo, la carretera, la montaña, la playa frente a mí. Un mundo nuevo y libre.

El primer trofeo, y recuerdo, que tengo es de 1981, los recuerdos son muy vagos. Sólo recuerdo aquel coche cuyo megáfono, en la época en que las fiestas de verano eran otra cosa, aclamaba un eslogan de lo más inocente: “No vea Boiro sin ton ni son, vea Boiro con maratón”. Ni sabía qué era eso de una maratón, porque las llamaban así: maratones, aunque fuesen, como este, de sólo 6 kilómetros.

Recuerdo al que era mi hermano Fran [algún día explicaré ese “era” – dolor –], tres años mayor que yo, riéndose de un renacuajo que se había apuntado a “la carrera”. Todos dudaban de que llegase a la meta. Recuerdo aquellos “Paredes” o “Muro Sport” (marca del árbitro Guruceta Muro) de meradillo, aquel pantalón de deporte que ponía “footing” y su camiseta de tiras a juego. Me dijeron: “corre y no pares” y eso hice, corrí y no paré, cuando me di cuenta estaba en la meta, rodeado de grandullones y Fran todavía no había llegado. Fue la primera mini-alegría que les dio el “trasto” de Pepinho a sus padres: “Pepe sabe correr”. El trofeo, una concha que acabo de levantar, todavía tiene una inscripción en la parte inferior que reza: “inalterable, no limpiar”. Así ha sido, como mi recuerdo, es de los pocos que no se ha oxidado con el tiempo.

Ni por un millón de euros

Ya estoy aquí. Hace unas cuantas horas que empecé este escrito, lo dejé para poder estar en casa a la hora de la comida. Quisiera recordar la agradable visión que he tenido en mi sesión deportiva. En mis carreras por el monte, durante estos últimos años, me he encontrado todo tipo de animales: infinidad de conejos, algún zorro (que aquí llamamos raposos), águilas, caballos, ardillas,… Hoy ha sido el turno de un par de águilas, una sólo unos metros sobre mi cabeza, posada en unos cables telefónicos que cruzaban la vía.
Esas visiones, sensaciones que se tienen en los encuentros con la naturaleza no las cambiaría por (casi) nada. En Kenia tuvimos la oportunidad de ver cazar a un guepardo a pocos metros de nosotros, una experiencia única e inolvidable.

Pastel de plátano

Como ya he dicho alguna que otra vez con ocasión de un pastel de cerezas, los pasteles de fruta son elaboraciones típicamente caseras y ésta no es una excepción. Su aspecto no suele hacer justicia a su sabor. Lo mejor que se puede decir de este postre es que duró, tomado por un comensal y medio, una comida y una cena, no más.

Una recomendación: córtese y tómese bien frío, sobre todo si hace calor ;-). Queda más compacto, realza los sabores, y, en general, tiene un mejor aspecto. Lo corté en caliente.

Ingredientes
  • 80 gr. de mantequilla [40 gr. de mantequilla]
  • 80 gr. de azúcar [40 gr. de azúcar]
  • 2 yemas de huevo [1 yema de huevo]
  • 2 claras de huevo [1 clara]
  • 100 gr. de almendra molida [50 gr. de almendra]
  • 1 cucharada sopera de harina de repostería [1/2 cucharada de harina]
  • 30 ml. de ron [15 ml]
  • 280 gr. de plátanos, troceados.[140 gr. de plátano troceado]
  • 30 gr. trozos de chocolate [15 gr. de trozos de chocolate]
  • Semillas de amapola (opcional)
(1) Preparamos un molde forrando el fondo con papel de hornear. Se bate la mantequilla con el azúcar hasta que quede cremoso.

(2) Añadimos las yemas de huevo una a una, asegurándonos de que queden bien mezcladas antes de añadir la siguiente. Mezclamos bien.

(3) Echamos la harina y la almendra. Mezclamos hasta formar una pasta homogénea. Incorporamos el ron.

(4) Levantamos las claras a punto de nieve con un chorrito de limón y añadimos a la masa anterior de forma envolvente. La mejor forma de hacerlo es echando antes una cucharada para recudir la densidad de la masa y con posterioridad el resto de forma envolvente.

(5) Añadimos los plátanos troceados, mezclamos con cuidado. Echamos sobre el molde, removiendo un poco para se repartan los trozos de plátano por todo el pastel.

(6) Esparcid con tozos de chocolate por encima, presionando un poco para que se introduzcan el la masa. Por último, espolvoreamos con semillas de amapola.

(7) Introducimos en horno precalentado a 175º C durante unos 40 minutos o hasta que adquiera un ligero tono tostado (más que en las fotos). Lo he horneado a menos temperatura y durante más tiempo, quería probar el postre dándole un aspecto tipo flan; considero que queda mejor más tostadito. Siempre igual de rico.

(8) Dejamos enfriar totalmente e introducimos en el frigorífico. Cortamos una vez frío. Mejor de un día para otro, los sabores se homogenizan y realzan, además, se corta con más facilidad.

Podríamos ponerle alguna base de masa quebrada de chocolate, pasta brisée, etc. He puesto su versión más sencilla y menos elaborada. Ésa es la idea, un plato fácil y casero.

Una forma muy agradable de tomar fruta, plato típicamente casero, fácil y resultón.

Bueno, me voy a echar otra carrerita.