viernes, 28 de septiembre de 2007

Pastel de zanahoria con cobertura de queso, vainilla y nueces

It doesn't "butter"

No lleva mantequilla. Ya es un buen punto de partida, ¿verdad? No es sólo eso, para mí, probablemente el mejor pastel de zanahoria que he hecho. Todo encaja, parece mucho aceite, pero no lo es. Como mínimo, evitaremos el colesterol.

Ese término: "el mejor" es siempre demasiado categórico y tajante. Mejor incluir un "probablemente" porque, probablemente, lo tengo tan cerca en el tiempo que todavía siento sus aromas y sabores. Aromas, porque al comer se trabaja tanto o más el olfato que el gusto. ¿No habéis notado que un día de resfriado uno no percibe de igual modo los sabores?


No hace mucho mostré otro pastel de zanahoria, muy sencillo y muy rico. La riqueza de aquél radicaba principalmente en sus sabores puros, lo sano que era y su sencillez. Éste tiene más ingredientes, es ligeramente más elaborado, pero sigue teniendo esos sabores que hacen inconfundibles a los pasteles de zanahoria. Si os gustan, probadla pronto.


Estos días

Estos días he tenido tan poco tiempo que sólo he podido cocinar. Ya de vuelta a la rutina. Hoy ha sonado a las 7 de la mañana para ir a correr. Como desconozco que planes tiene M para esta tarde, es mejor adelantarse para no quedarme sin “carrera”. La luna llena, o casi, coronaba el cielo, dando la luz suficiente como para andar sin problemas. El frío era otra cosa, a las afueras de Santiago ni las manos bajo la camiseta, ni las manos sobre las orejas podían paliarlo… y todavía estamos en torno a unos ocho grados de mínima. Cinco menos y estaremos en invierno.


Ya podréis suponer dónde me “toca” el fin de semana. Si el pasado fue Boiro, éste lo tendré repleto de otros hechos familiares (family affairs, que diría yo), (sus) amigos y demás. Por lo menos tengo una habitación para estar tranquilo y solo por las noches. El planning ya estará formado, le pediré una copia mañana por la mañana, justo antes de irnos. Menudo rollo. En tres semanas una boda, la que viene toca… tampoco lo tengo en la lista.

Mirando algo positivo, estar ocupado impide que le des vueltas a la cabeza más allá de las trivialidades cotidianas y del día a día. Sólo dos llamadas rápidas con mamá para que me contase (ye escuchase) lo preocupada que está por mi bajón físico, con el resto de la familia no he podido ni intercambiar palabra. Diego ya habrá empezado el instituto, ocupará parte su tiempo intentando sacar partido a su nueva guitarra eléctrica; Loli preocupada, como no, por Diego e intentado poner el piloto automático; papá, en su mundo, esperando salvar la última tanda de la vendimia y buscando “ese” momento exacto para que el Albariño esté en su máximo esplendor; mamá, llevando el peso de la casa, preocupada por todos y, tal vez, retomando sus actividades (clases, gimnasia, …); Martín seguirá agobiado por Terrassa, arrepintiéndose día sí y día también de haberse alejado tanto de Olga, pero sin llegar a decidirse del todo a volver. Todo son suposiciones, pero la realidad promete ser no muy diferente. Mi familia es así, heterodoxa pero única, los quiero a todos y los querré siempre, por mucho que alguien intente distanciarme o echar lecha al fuego, indicando las injusticias que se cometieron conmigo. ¿Injusticias?, las únicas que conozco son aquellas cometidas por aquellos que no dan a los que realmente lo necesitan. Amor es lo único que necesitaba y eso me lo han dado con creces.

Viernes, 20 de julio de 2007

Gamla Stan

Desayunamos en Estocolmo. Me ha impresionado esta ciudad, casi la ciudad que más me ha gustado de todas las que conozco, y muchas son de consideradas entre las más hermosas: Brujas, Venecia, Roma, París, Florencia, Londres, Nueva York, Bangkok, Siena, Barcelona, Bruselas, Gante, Amberes, Lisboa, N. Delhi,… o muchas otras.

Brujas:
brujas
Lovaina (Leuven):

Las ciudades no son comparables, todas tienen algo que las distinguen o hacen hermosas. En Estocolmo he disfrutado de uno de los mejores paseos matutinos, tal vez haya sido eso: cruzando el Djurgårdsbron he llegado al parque de la isla de Djurgården, circundando hermosos lagos o pequeñas rías, también he cruzado las calles de Gamla Stan. Gente corriendo y, curiosamente, mayoritariamente mujeres.

Gamla Stan:

Djurgården:

Ya es de noche en nuestro segundo día en Estocolmo, estoy en cama escribiendo estas líneas y planificando mi despertar deportivo. El acierto de ayer fue redondo: preciosa zona e infinidad de personas que se levantan temprano para dar paseos o andar en bicicleta… es la vida.


Ingredientes
  • 2 huevos
  • 145 ml. de aceite de oliva
  • 200 gr. de azúcar grano blanco
  • 8 ml de vainilla
  • 125 gr. de harina de repostería
  • 1 cucharilla de bicarbonato
  • 1 cucharilla de levadura química (Royal)
  • ¼ cucharilla de sal
  • 1 cucharilla de canela molida
  • 165 gr. de zanahoria rallada
  • 60 gr. de nueces picadas, también pueden ser nueces pecanas

Cobertura
La cantidad entre corchetes es más que suficiente. He empleado la cantidad original pero me ha sobrado. Siempre se puede comer sola.
  • 55 gr. de mantequilla reblandecida [45 gr.]
  • 115 gr. de queso crema reblandecido [96 gr.]
  • 240 gr. de azúcar en polvo [200 gr.]
  • ½ o 1 cucharilla de vainilla [1/2 cucharilla]
  • 60 gr. de nueces picadas. [50 gr.]
(1) Picamos las nueces, pues es lo que más tiempo llevará, y las zanahorias. Esto último lo hago con la picadora que incorpora la batidora. Una vez picadas, precalentamos el horno a 175º C.

(2) Mezclamos la harina tamizada con el bicarbonato, el Royal, la sal y la canela molida. Reservamos.

(3) En un cuenco grande o tartera batimos los huevos con el aceite, el azúcar y la vanilla. Lo haremos hasta que quede bien incorporado y algo espumoso. Añadimos, poco a poco la mezcla de la harina y la zanahoria. Mezclamos bien. Por último echamos las nueces picadas. Removemos para que se repartan de un modo uniforme.

(4) Ponemos en un molde engrasado y enharinado e introducimos en el horno durante unos 40 ó 50 minutos a 175º C, hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
Dejamos enfriar durante unos minutos en el horno con la puerta abierta. Retiramos, dejamos enfriar unos 10 minutos en el molde y procedemos a desmoldarlo para enfriarlo en una rejilla.
El molde que he empleado es cuadrado de 20x20, aproximadamente. Así he conseguido una altura considerable y adecuada. Podéis hacer cálculo para vuestro caso. El equivalente circular debería tener unos 22,5 cm. de diámetro, incluso algo más.

(5) Cobertura. Una vez el pastel haya enfriado, procedemos a realizar la cobertura. En un bol batimos la mantequilla pomada hasta que quede suave, añadimos el azúcar y el queso. Seguimos batiendo hasta que quede cremoso. Echamos la vainilla, batimos, y las nueces.
Procedemos a cubrir la tarta. Dejamos enfriar y … ¡a disfrutar!

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Galletas de canela, vainilla y chocolate blanco – Galletas marroquíes de almendra

Historia de dos galletas

Casi perfectas (galletas de canela)

Galletas de canela, vainilla  y chocolate blanco
Son muy parecidas. Con las otras galletas de canela me había quedado con la (pequeña) pena de haber presentado unas que, estando muy ricas, resultaban (para mi gusto) demasiado finas, eso les daba un aspecto casi tipo “teja”. Les hacía falta un poco de cuerpo… Mi otra receta, que ya conocía en aquel momento, es muy parecida, casi idéntica, exceptuando las cantidades de harina, chocolate blanco o los aromas. Escoged vuestra opción. La mía es ésta. Podéis prescindir del chocolate si queréis.

Sobre el crémor tártaro, ingrediente incluido en estas galletas, ya he comentado algo en la otra versión. Para no repetir lo ya dicho sólo mencionar que recomendaría su uso, pues las galletas resultan mucho más crujientes. Además, se recomienda su empleo como levadura química natural, mucho mejor que otros sustitutos, pues su carácter ácido no deja ninguna traza de alcalinidad en el gusto… Se ha usado durante muchos años en repostería, todavía se sigue encontrando como ingrediente en recetas “clásicas” (como ésta). También se usa en merengues u otras aplicaciones de repostería. Se consigue muy fácilmente en farmacias, siempre que se sepa pedir y el farmacéutico no tenga prisa ;-).

Galletas de canela, vainilla  y chocolate blanco
Pura almendra (galletas de almendra)

Galletas marroquíes de almendraEstas galletas también son muy ricas. Son una adaptación (literal) de una receta de galletas de almendra de un libro de cocina marroquí. Su problema, llevan tanta almendra (son tipo mazapán) que pueden resultar un poco caras ;-). Si tenéis ganas de amortizar la almendra podéis hacer éstas otras, o las galletas blancas de almendra, o las galletas de almendra con sorpresa, o unos mantecados, o… unos macarons. Pura almendra.

Un detalle, estas galletas llevan yema como elemento para ligar la masa. La cantidad de yema es baja, por ello, hay que amasarlas bien para formar una pasta, hasta que se humedezcan las manos. El tiempo de horneado debe ser mínimo, el justo para que se hagan y no lleguen a quedar duras. Si las hacemos mucho tiempo podrían endurecerse. Casi como mazapán. Con 125 gr. de almendra conseguiremos unas 8 galletas, aproximadamente.

Ponte el cinturón

Cuándo uno percibe que ha estado fuera del mundo; cuándo el mundo real le es ajeno; cuándo tu cabeza está un poco descentrada… Cuando caminas mirando pero no ves nada; cuando andas gacho, encorvado; cuando las noticias, por duras que sean, te parecen lejanas y distantes; cuando en el cine ya no reconoces nada; cuando, como el otro día, después de sentarte… ¡buscas el cinturón!
Ha sido demasiado vaivén, de aquí para allá, sin un punto de referencia. Los síntomas han sido claros, empezando por esa sesión de cine. Ni acababa de centrarse en la película.


La poca televisión que escucho, escucho porque lo hago mientras cocino con la mirada puesta en los platos, me causa indiferencia. Monótona. Sólo de vez en cuando intento levantar la cabeza ante un mensaje publicitario atrayente. Suele ser demasiado tarde. Los temas son los de siempre: “la vida de los otros”.

Los telediarios, otrora programas cargados de cierta veracidad, se han vuelto autocomplacientes. Se autopromocionan, hacen publicidad ¿encubierta? de productos propios o se meten en constantes guerras políticas. Los deportes y las noticias rosa, casi amarilla, son el “opio” del pueblo, un modo de tenernos entretenidos para evitar hablar de cosas más importantes. Abren noticiarios sin rubor, como si fuese muy importante que diez hombres en calzones hayan metido un gol a no sé quién, mientras cerramos (yo el primero) los ojos ante las mentiras del nuevo mundo…


No hablaré de esa obsesión por “crear opinión”; de crear prejuicios ante gente o personajes que desconocemos; de tildar de “buenos” o “malos”, sin términos medios; de crear esteriotipos falsos (“catalanes”; gallegos”,…) con un total desconocimiento de la realidad política o social; de “estar conmigo o estar contra mí”; de mentir a sabiendas; de repetir y repetir a la saciedad hasta crear opinión; de que, en los supermercados, los productos más atrayentes los pongan a una determinada altura; de que los chicles y chocolatinas las pongan en la caja, para que los compres en el último momento; de que, al final, se hayan puesto corbata en el telediario; de que, por un momento, no haya podido pensar en cosas más positivas…

Diario de ese viaje

Miércoles, Helsinki & Smoked fish terrine (18 de julio del 2007)

Aunque Helsinki se ha planteado como una ciudad de paso (hemos estado poco más de veintisiete horas y vamos camino de Estocolmo) ha sido un descubrimiento sorprendente. En primer lugar, el buen tiempo nos ha acompañado; después hemos descubierto, por una vez, una ciudad hecha para las “personas” (en torno a unos 500.000 habitantes): carriles para bicicletas y corredores/caminantes por toda la ciudad, buena señalización y transporte público excelente (tranvías, embarcaciones, autobuses o bicicletas), hermosos parques y jardines,… y la mar.


Ha sido el elemento reparador que necesitaba. He podido disfrutar recorriendo la costa y siempre en compañía. Las vías estaban repletas de gente (de todo tipo) corriendo, paseando, patinando y, sobre todo, en bicicleta. Su belleza se respiraba en el ambiente. Gente amable y educada.

Que poco me gusta hablar de los hoteles, tengo mis motivos para hacer una excepción, nos ayudará a entender el carácter nórdico, si es que existe como tal. En nuestros viajes hemos estado en hoteles buenos, regulares o incluso discretos. De memoria, uno en el Masai Mara u otro en un pequeño pueblo de la India cuyo nombre no recuerdo ni lo desearía. Aquí, sin ser uno de los mejores en los que hemos estado, hemos quedado muy satisfechos. Funcionalidad nórdica, limpieza, servicios suficientes e interesantes: Internet gratuito, gimnasio, sauna o unas comidas con productos de buena calidad. Me ha llamado la atención de un modo agradable la existencia de papeleras con recogida selectiva en las habitaciones.

No estoy demasiado acostumbrado a desayunar y menos si se trata de productos salados, pero en los viajes uno no puede resistirse a un buen desayuno buffet. Esta vez he sucumbido a un apetitoso “Smoked fish terrine”, básicamente, un pudin frío de salmón y otros pescados desconocidos al paladar. Intentaré cocinarlo cuando encuentre una receta apropiada.

Ahora vamos en un crucero de la Viking Line, camino de Estocolmo. Ya os contaré cómo nos ha ido…



¿Jueves?

Del desconocimiento exacto de la fecha he pasado a la ignorancia del día de la semana. Como en vacaciones, los días se repiten uno tras otro, no existen ni lunes ni domingos, sólo días. Mañana. No he sucumbido a las tentaciones del desayuno buffet, un simple té y una pieza de fruta. En la proa del barco vemos ese millar de islas que flanquean la entrada a Estocolmo y circundamos en un eterno zig-zag. Llueve, aunque en el mar nunca puede uno estar seguro de nada. En tierra tampoco. “Ostar Och Efterrätter”, claramente ;-), “postres” o, en sueco, “Juustot Ja Jälkiruuat”.


Galletas de Canela, vainilla y chocolate blanco

Galletas de canelaPara medir correctamente las “cucharillas” o “cucharadas” es mejor hacerse con un conjunto de medidores. Como decía el anuncio: “desde que lo tengo no he podido prescindir de ellos”. Una cucharilla es equivalente al volumen de 5 ml., una cucharadas 15 ml.

Ingredientes
  • 175 gr. de harina normal.
  • ½ cucharilla de bicarbonato sódico.
  • 1 cucharilla de crémor tártaro.
  • 1/8 de cucharilla de sal, algo más de una pizca.
  • 55 gr. de mantequilla reblandecida
  • 50 gr. de manteca de cerdo (de buena calidad)
  • 150 gr. de azúcar
  • 1 huevo, no demasiado grande.
  • 8 ml de extracto de vainilla
  • Chocolate blanco troceado, unos 60 gr. (opcional)
Para rebozar
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 2 cucharillas de canela molida
(1) Troceamos el chocolate blanco si lo vamos a emplear. Lo picaremos bastante fino. Reservamos. Mezclamos la harina con el bicarbonato, el crémor y la sal. Reservamos, segunda parte. Precalentamos el horno a 200º C.

(2) Batimos la mantequilla con la manteca, el azúcar (150 gr.). Cuando haya queda cremoso añadimos el huevo y el extracto de vainilla, seguimos batiendo hasta que quede homogéneo. Poco a poco, incorporamos la mezcla de la harina mientras seguimos batiendo. En este punto la masa podríamos dejarla para hacer inmediatamente o, incluso, puede aguantar varios días en la nevera.

(3) Formamos bolas del tamaño deseado y las rebozamos en dos cucharadas de azúcar mezcladas con la canela. Las depositamos en una bandeja de horno con papel de hornear y suficientemente separadas unas de otras para que no se peguen.

(4) Introducimos en el horno precalentado a 200º C durante unos 8 ó 10 minutos, hasta que empiecen a tostarse. Cuando más tiempo, más crujientes. El crémor tártaro hace que la galleta resulte crujiente.
Una vez templada la masa las guardamos en un recipiente para galletas. Las galletas se van endureciendo a medida que enfrían. Aguantan perfectamente un par de semanas, mínimo, siempre que esté bien cerrada.

Galletas de canela
Muy ricas, si lo deseáis podéis eliminar el chocolate.

Galletas marroquíes de almendra

Galletas marroquíes de almendra
Con 250 gr. de almendra obtendremos en torno a unas 16-18 galletas. Mucha almendra para tan poca galletas, ¿no? Es el precio de la calidad.

Ingredientes
  • 250 gr. de almendra molida.
  • 125 gr. de azúcar polvo.
  • Ralladura de ½ limón.
  • Opcional: una pizca de canela.
  • 2 yemas de huevo grandes.
  • 16-20 almendras, una por cada galleta.
  • 50 gr. de azúcar polvo, para rebozar la galletas antes de hornear.
(1) Precalentamos el horno a 180º C. Mezclamos los ingredientes secos: la almendra tamizada, el azúcar molido y la ralladura de limón. Opcionalmente podemos ponerle un poco de canela molida.

(2) Añadimos las yemas y mezclamos bien con las manos hasta formar una pasta que ligue bien. Formamos bolas del tamaño de una nuez y las aplanamos ligeramente. Las rebozamos en azúcar glasé e introducimos una almendra en el centro.

(3) Ponemos en una bandeja con papel de hornear e introducimos en horno precalentado a 180º C durante unos 15 minutos o algo menos, o algo más. Dependerá de cuán hechas (dureza) nos gusten y del tamaño de las mismas.

Galletas marroquíes de almendra
¡Comemos! ¡Buen provecho!

lunes, 24 de septiembre de 2007

Brownies de Nutella

Lo prometido

Después del brownie con queso, éste es “el brownie diferente de la semana”. Seguiré en ello mientras me apetezcan, por el momento sí.

Sigo sin poder comparar, y me será imposible, cada uno tiene algo especial, como si tuviésemos que responder a la eterna pregunta: “¿a quién quieres más, a papá o a mamá?”. Algunos tendríais respuesta, yo no. Sólo podría decir con quién me llevo mejor, me llevo mejor con los brownies oscuros, pura afinidad.

Sólo diría que está buenísimo, que sabe a avellana y chocolate (lleva cacao en polvo) y que es muy fácil de hacer, ni siquiera hay que derretir el chocolate pues no lo lleva. Por ponerle un “pero” al resultado, la ultra-exigencia es algo inherente a mi personalidad, diría que los prefiero todavía más crudos, para mi gusto, unos 25 minutos serían más que suficientes. Pese a todo… riquísimo. Cada cual que aguante su horno.

… Es deuda

Empiezo a no tener demasiado tiempo o, mejor dicho, el tiempo está más organizado. Unos días de organización me permitirán afrontar el año de un modo menos caótico… Por el momento sigo con mi pequeña agenda del viaje de julio tal y dónde la había dejado. No pondré excusas y espero no arrepentirme, ya han cambiado algunas cosas en todo este tiempo. Ya sabéis lo que se dice: el olvido no es bueno, hay que recordar el pasado para no volver a caer en los mismos errores.

En este punto el diario se llena de anotaciones sueltas, algunas coherentes y otras no tanto: guerra de invierno: Karelia; 1939-40; taiga; abedul -> símbolo mujer (trineo, laponia, saami --Sámit--) -> matriuskas -> maternidad; roble -> símbolo masculinidad; reno, animal de tiro, no de carga; cerca de Neste; calentar piedra; echar agua; evaporación; temperatura 80º-100º


Martes, tendré que hacer cálculo (17 de julio del 2007)

Impromptu

Ayer noche me quedé dormido mientras escribía. Ahora, ya de mañana, vamos camino de Helsinki, por las tierras de Karelia y en día muy soleado. Nos abrimos camino entre la taiga repleta de abetos y abedules.

Aunque Shubert tiene muy poco de Finlandés, la música que escucho: “Impromptu nº 3 en sol bemol mayor Opus 90 D 899” se ajusta a la perfección al momento. M duerme, tiene esa facilidad para dormir que yo no poseo. Pero sobre todo predomina su capacidad para el olvido (es bueno). Por mi cabeza todavía revolotean las palabras de ayer, porque cuando uno se enfada puede decir lo que no siente. El daño es el objetivo.


Desprecio esa falta de capacidad para relativizar los problemas y poder verlos desde otro prisma. ¿Problema? El problema es seguir viviendo, lo demás ni lo quiero ni lo deseo, es todo tuyo. Posesiones no quiero, ese desprecio por lo material nunca lo has entendido. Si yo te contara qué hago muchas veces con el dinero… ganas de quemarlo no me han faltado, me una reflexión me lleva a deshacerme de modos más coherentes. A ti te ha cambiado la cara (a felicidad) con unas zapatillas Puma y bolso adquiridos en la avenida Nevsky.

Pasear, ya al sol, por San Petersburgo ha sido uno de los mejores momentos del viaje hasta el momento. Las lanzas estaban ya rotas y “ese” instante ya formaba parte del pasado. No del mío, el poso queda ahí y, después de cinco años, he visto que todavía tú eres lo más importante para ti.

Deja el agua correr

El agua fluye sin pedir explicaciones. Seré río (por unos días), no daré ni pediré explicaciones, no pensaré demasiado, seré feliz, porque ayer hablé con mamá y me dijo cosas que me han hecho reflexionar. Felicidad. Es muy sencillo, y más sencillo si por un momento uno se siente arropado. El problema es estar solo en compañía, querría decir, sentirse solo en compañía. Ya no me siento solo, sé que siguen ahí…

Tampoco pensaré mucho las cosas, M. Sólo te pido que tampoco lo hagas tú, que no me hagas sentirme solo. Actuaré si lo deseas. Ya no necesitaré más cuentos ni letras, será suficiente. No pararé, correré todo el día, porque soy un río. Ahora un río estancado que, cerca del mar, su cauce está seco. Deja el río correr, no pude pararse eternamente, se desbordaría tarde o temprano. Navega conmigo.

Ingredientes
  • 85 gr. de Nutella.
  • 140 gr. de mantequilla derretida y fría.
  • 2 huevos grandes.
  • 200 gr. de azúcar grano.
  • 125 gr. de harina normal.
  • 25 gr. de cacao en polvo.
  • Una pizca de sal.
  • 6 ml de esencia de vainilla.
  • Nueces o avellanas picadas, unos 50-60 gr.
(1) En un cuenco o tartera, mezclad la Nutella con la mantequilla, los huevos y el azúcar. Añadid la esencia de vainilla y revolver hasta que esté bien mezclado y sin grumos. Precalentamos el horno a unos 165 º C.

(2) Tamizamos la harina con el cacao y una pizca de sal. Echamos sobre la mezcla anterior con cuidado, evitando que se formen grumos y mezclando bien.

(3) Añadimos las nueces o avellanas troceadas y removemos para que se reparta de un modo uniforme. Por eso de que la Nutella es una crema de avellana, le he echado avellanas pero creo que me gusta más con nueces.

(4) Vertemos sobre un molde rectangular engrasado y enharinado, eliminando la harina sobrante, de unos 20x20 cm. e introducimos en el horno precalentado durante unos 25 y 30 minutos, según nos guste.

Debemos controlar el nivel de cocción que más nos guste, poco o muy hecho. Lo he puesto 35 minutos, pues la brocheta me salía humedecida. Para mi gusto 35 minutos ha sido algo excesivo, debéis tener en cuenta que me gusta muy crudito. La próxima vez lo pondré unos 25 minutos y para mí será más que suficiente.


No podría compararlo con otro, sólo en el caso de probarlo casi simultáneamente, y ni así. Muy rico.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Clafoutis de tomates cherry, cebollino y ricotta

Perdón por lo que me toca, aunque al final esperaré a mañana

Sigo en Francia

El Clafoutis es otro plato típicamente francés con muchas variedades y elecciones. Originalmente se trataba de un postre relleno de cerezas, por ello, si hablamos de “clafoutis” estaremos hablando de un pastel con huevo y leche/crema relleno de cerezas, tanto negras como rojas.

Creo haber leído que la palabra, etimológicamente, significa “rellenar/cubrir”, puesto que lo que se hace es disponer las frutas sobre el molde y cubrirlas con la masa. Con el tiempo se ha generalizado el término “clafoutis” para extenderlo a un pudin relleno, no sólo de cerezas, también con ciruelas, moras, manzanas o productos salados, como en este caso. Como podréis ver, esta receta no lleva azúcar, sí sal y pimienta.

Muy pronto espero hacer uno dulce, dificultad cero y gusto diez. Son unas delicias muy sencillas.


Tratamiento de shock o por qué a M no le gustaban los tomates...

¡Pero se los ha tomado! ¡y ha repetido varias veces!. Incluso se ha atrevido a tomar los que se habían quedado dispersos por el plato.

Entiendo que los tomates son uno de esos alimentos que por su acidez y gusto pueden no gustar a todo el mundo, sobre todo si se toma crudo. En mí la solución fue obtenida por medio de (otro) tratamiento de shock. El prospecto del medicamento decía: “O te los tomas… o no comes y te quedas castigado”, no era mi padre quién me lo decía, era una institución más cercana al mundo de las ideas (del más allá). En el fondo, o no tanto, todavía les tengo aprecio (¡qué mal suena “aprecio”!), pese a ese conjunto de tratamientos de primera necesidad.

El comedor era lo más parecido al de Oliver Twist, con el vigilante a pie observando cada uno de nuestros movimientos y presidiendo la sala. No llevaba sombrero o bastón, un simple hábito rodeado con una cuerda a modo de cinto y tres votos (castidad, obediencia y pobreza) eran suficiente como para intimidar al más osado, aquel que se atrevía a dejar algo en el plato o a intentar convertir la comida en un acto relativamente festivo. Las sopas y potajes en el centro de la mesa en cuenco grande con cucharón, las albóndigas llegaban casi directamente de unas latas gigantes con destino una fuente con patatas cocidas y el chocolate del desayuno se espesaba con un 90% de maicena, mezclada con colorante y cacao a partes iguales. Así descubrí la facilidad de la maicena para convertir el peor cacao en polvo en el mejor chocolate a la taza.

Descubrir el valor de las patatas fritas en días de fiesta, los higos como relleno de un bocadillo,… Las dos onzas de chocolate parecían un par de chips en una galleta al estilo “americano”; descubrirlas llevaba media hora, el tiempo que tardábamos en comer todo el pan que lo rodeaba.

¡Parece tan lejano!, como si no fuera yo, como si hubiese vivido otras vidas y ahora, en mi reencarnación, tuviese constancia de ellas.

Montaña (mañana), mar (tarde)

La primera parte de la rima sería muy pueril, porque no querría ser rima, querría ser sólo una apreciación: el día.

Estamos (estábamos) en Boiro, había pasado demasiado tiempo sin ver a mis padres, a Loli y a Diego. Martín sigue lejos, pero la distancia no es el olvido, no para mí. He intentado aprovechar mi estancia para intentar disfrutar sin agobios de algunos de los rincones más sorprendentes, un poco de montaña y un poco de mar.


Boiro tiene mar, como no, pero también montaña. La sierra del Barbanza preside toda la comarca, llena de secretos en cada rincón: cascadas, dólmenes y mámoas, vías romanas, piscinas naturales formadas por el cauce de los ríos,… Sólo un par de kilómetros son necesarios para adentrarse por sus vertientes. Opté por correr sin destino fijo, sólo tenía claro que el Barbanza sería mi objetivo. Era tarde, pero su cercanía me permitiría ver mucho durante dos horas de footing.

Hacía sol, bastante para esta época del año. Pasé por aldeas, crucé caminos y riachuelos. Las primeras fases, caminos y prados con un fuerte aroma a mosto y a frutales, se transformaban, a medida que subía, en olores más puros, a hierba y eucalipto, a pino y agua, a naturaleza pura. Durante todo el recorrido sólo he sido interrumpido por un cuadriciclo ligero, el resto eran caballos o hasta un pequeño potro que, sorprendido por mi carrera, se vio obligado a emprender una escapada al galope.

De vuelta, con la mirada en el horizonte, las vistas de la ría son increíbles. Nadie diría que esta tierra fue hace poco más de un año devastada por las llamas. Tenemos una tierra que no nos merecemos, si algún día desease darnos la espalda lo entendería. Los regatos han nutrido las nuevas plantas que han tapado por completo los restos de ceniza, en pie siguen todavía presentes los castaños o los robles. Mis en otro momento odiados eucaliptos ni se han atrevido a permanecer en pie. Eso es trabajo para las celulosas.

Había subestimado mi tiempo. De vuelta un recorrido por la playa de Barraña, casi desierta al sol. Sin viento y en calma. Estas son las razones por las que (todavía) adoro septiembre.


Por la tarde un poco de playa con M. Ella tumbada al sol, yo escribiendo estas palabras, hablando un poco y, como no, empiezo a darle más vueltas a la cabeza. La pausa de hoy ha sido suficiente. La noche dictará sentencia.



Ingredientes
  • 4 huevos enteros [2 huevos]
  • 75 gr. de harina [35 gr.]
  • 400 ml nata (35% material grasa) [200 ml]
  • 16-24 tomates cherry, a gusto [8-12]. A M no le gustan los tomates, le he puesto unos poquitos, ha quedado suave y delicioso.
  • 120 gr. de queso ricotta [60 gr.]
  • Un ramillete de cebollino, unas 5-10 ramitas [4-20 ramitas]
  • Sal
  • Pimienta negra recién molida
(1) Precalentamos el horno a 180º C. Batimos el queso hasta que quede cremoso, echamos la nata y mezclamos bien. Añadimos los huevos, uno a uno, esperando a que se integre antes de echar el siguiente.

(2) Por último la harina tamizada sobre la mezcla, evitando que ser formen grumos. Cortamos fino el cebollino, lo echamos sobre el preparado y salpimentamos a gusto. Mezclamos de nuevo para repartir homogéneamente los últimos aditivos.

(3) En un recipiente circular, engrasamos y enharinamos la superficie, eliminando los excesos de harina. Ponemos los tomates sobre dicha superficie, los pequeños enteros y los más grandes cortados por la mitad. Cubrimos con el preparado anterior.

(4) Introducimos en horno precalentado a 180º C durante unos 25-30 minutos, hasta que tenga un ligero tono y esté hecho, no demasiado tostado pero cuajado. Dejamos enfriar un poco antes de cortar. Me gusta dejarlo unos minutos en el horno con la puerta entreabierta para que la temperatura no baje demasiado bruscamente y el pastel mantenga su forma.
Se toma tanto templado como frío. Recién hecho está delicioso, después también.
Me ha parecido un primer plato exquisito, tiene un aspecto y sabor de esos platos de “quedar como un rey”. La combinación con el tomate, el cebollino, la sal y la pimienta, contrasta a la perfección con ese suave y ligero gusto a queso, muy ligero.

Además, bajo en calorías.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Barritas de coco y chocolate

Barritas de coco y chocolate¡Coconudo!

Perdón por la impertinencia, o no. Está en el diccionario de la RAE, y aunque no lo estuviera. Están los tiempos como para ser políticamente correcto, cansado estoy de esa frase. Seamos buenas personas y las palabras que las lleve el viento. Hoy me he levantado con ganas de ser (algo) malo, de decir que no, de decir “caca, culo, pis”. No lo repetiré, pues es un blog gastronómico y no quiero que se os quiten las cagas de hacer este (riquísimo) postre.

Aquí, “¡carallo!”, es como decir “¡anda!” Es una coletilla que tiene infinidad de acepciones: “me importa un…“ (Bledo), “¡manda…!” (¡Caramba!), “¿Qué… es?” (Cosa), “Romperse el…” (Pegarse un buen golpe, en sentido literal, claro), “¿Dónde… está?” (En qué lugar),…. “Pois iso, ¡manda carallo!”. Si eres mexicano y alrededores, pido mil disculpas, las palabras tienen distinta intensidad dependiendo de la zona. Aquí no hay problema.

Pensando, pensando me he acordado del coco y de lo que le gusta a M. No ha evitado los elogios, con cada prueba, y eso que está deseosa de controlar un poco los instintos gastronómicos pero no ha podido evitarlo. Como yo.

Si os gusta el coco, si no tenéis muy claro qué hacer para este fin de semana, os recomendaría esta receta. No le falta ni le sobra nada, sobre todo “sobra”, porque el chocolate es necesario y el coco que lo cubre también. La base le da consistencia. De prescindir de algún elemento lo haría de la base sablée, aunque en ese caso no pidáis responsabilidades ;-).

Barritas de coco y chocolateSe nota

Se nota que tengo estrés, que no duermo, que necesito actividad. No tengo otro remedio que estar más en casa (no pediré culpables) y las actividades que se me ocurren pasan por un par de sitios. La cocina es uno de ellos. Allí he elaborado bastantes recetas que están pendientes.

Un plato lleva a otro. Que me sobra pasta sablée, pues a elaborar otra receta con esa masa. Esa circunstancia hace que con la nueva recetas me sobren claras, y con el postre de claras me sobra queso, con el queso hago otra y me sobra cebollino. Así hasta que me canse y tenga que desechar algo. Que sea lo mínimo.

He vuelto a descubrir el librito que había ejercido el mini-diario del viaje a Moscú-San Petersburgo-Helsinki-Estocolmo-Copenhague. Lo había apartado por motivos personales (“motivos personales”, lo que te pasa es que tenías miedo a ser demasiado sincero, a decir verdades). Creo que ha llegado el momento de poner un poco de memoria, antes de que sea demasiado tarde y se pierda. Ahí va. Espero no arrepentirme.

Barritas de coco y chocolate
San Petersbugo, lunes 16/7/2007

Terremotos

Hasta el día de hoy no había tenido tiempo de escribir unas líneas (el último día había sido el día 13).

El sábado, todavía en Moscú, fue noche de terremoto. Me desperté de madrugada tras un ¿sueño? en el que se había producido uno. Conmigo Sigmud Freud tendría al mejor conejito de indias. Los sueños, más bien pesadillas, de catástrofes han malgastado más de una noche de sueño. Ésta ha sido una más.

El sábado por la noche salimos en dirección a San Petersburgo y, como el check-out debe hacerse antes de las doce del mediodía, tuvimos que quedarnos sin siesta. Andar y andar, sólo las pausas para las comidas.

Tras haber estado todo el día fuera, la noche del sábado al domingo la pasamos en tren (nos proporcionaron el “mejor” medio de transporte, pero no suficiente). Fue una noche de más terremotos, traqueteos permanentes. De dormir nada de nada, y todavía queda el Hermitage (tengo mis razones para preferir escribirlo con “H”), una visita programada. No era la mejor disposición ni el mejor momento para su visita…

San PetersburgoHermitage
Hoy, tras una mañana oscura y casi lluviosa, el sol ha querido que podamos despedirnos alegrándonos la tarde. Ha sido otra cosa.

HermitageSan Petersburgo
No escribiré los malos (y peores) momentos del día, siempre provocados por el famoso objetivo… (Llegados a este punto la letra aparece turbada, trabada ante el sueño presente).

Barritas de coco y chocolateIngredientes

Base, 200 gr. de pâte sablée
  • 250 gr. de harina de repostería [125 gr.]
  • Sal, una pizca
  • 125 gr. de mantequilla [63 gr.]
  • 70 gr. de azúcar glasé [35 gr.]
  • 2 yemas [1 yema]
  • 50 ml de leche (o agua) fresquita [25 ml]
  • Aroma: un poco de esencia de vainilla. También podría aromatizarse con ralladura de limón o canela en polvo.
(1) Tamizamos la harina, la mezclamos con la sal y el azúcar en polvo. Troceamos la mantequilla, echamos sobre la harina y con ayuda de las manos frotamos hasta que le demos una textura similar al pan rallado.

(2) En un cuenco batimos la yema con la leche y el aroma. Vertemos sobre la harina. Amasamos rápidamente y los justo para que quede una pasta homogénea. Envolvemos en plástico (film) y dejamos reposar en el frigorífico un mínimo de 30 minutos antes de estirar y cubrir el molde.
Aclaración: esta vez he cubierto el molde previamente. He engrasado y enharinado el molde, estirado la masa entre dos bolsas de congelación, he pinchado toda la superficie con un tenedor y llevado al frigorífico una hora antes de hornear.

(3) Pasado el tiempo, estiramos la masa entre dos bolsas de congelación o plástico transparente. Retiramos una de las partes y extendemos sobre un molde rectangular engrasado y enharinado. Pinchamos toda la superficie con un tenedor para evitar que suba.

(4) Precocido. Cubrimos la pasta con papel de hornear o de aluminio, poniendo unos garbanzos secos o alubias como peso para que no suba. Horneamos durante unos 10-15 minutos a 180º C.
En este postre volverá a hornearse con el relleno.

Barritas de coco y chocolateRelleno
  • 150 gr. de coco rallado.
  • 150 gr. de azúcar moreno.
  • 150 gr. de mantequilla reblandecida.
  • 40 gr. de créme fraîche, dos cucharadas.
  • 3 huevos enteros.
(1) Mezclamos el coco rallado con el azúcar moreno y la mantequilla reblandecida. Batimos hasta que la mantequilla no tenga grumos. Añadimos la crema y mezclamos.

(2) Incorporamos los huevos, uno a uno, mezclando bien en cada adición. No echaremos el siguiente hasta que el anterior esté totalmente incorporado. Debe quedar una pasta homogénea. Podríamos haberlo aromatizado con un poco de ralladura de limón o vainilla, para mi gusto no es necesario.

(3) Ponemos la mezcla sobre la masa sablée prehorneada y cocemos a unos 180º C durante 30 minutos, hasta que esté cocinado y con un tono ligeramente tostado.
Retiramos del horno y pasamos a preparar la cobertura. Dejamos enfriar.

Cobertura (ganache)
  • 150 gr. de chocolate troceado de alto porcentaje de cacao (mínimo de 65%).
  • 150 gr. de nata.
  • Una nuez de mantequilla (opcional).
  • Coco rallado.
(1) Troceamos el chocolate. En un cazo calentamos la nata, cuando hierva la retiramos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Mezclamos con ayuda de una espátula hasta que esté totalmente disuelto y sin grumos. Añadimos una nuez de mantequilla y removemos para que se disuelva.

(2) Cubrimos la tarta con el espesor de una par de milímetros y espolvoreamos un poco de coco rallado. Cuando esté fría acabamos de espolvorear con más coco rallado y llevamos al frigorífico.

Cortamos en cubitos o forma de barra.

Buenísimos, de verdad de la buena, nada sobra de la receta ni del postre. Ha sido un visto y no visto. El chocolate y la base contrastan con el coco excepcionalmente.