lunes, 29 de octubre de 2007

Gofres belgas – Gofres clásicos I – Gofres clásicos II

Gofres clásicos IILa Belgique, “douze points”

Le Royaume-Uni (« Guayuminí »)

Guay, super-guay, tope-guay, guay del Paraguay…” Bélgica me suena a festival de Eurovisión, a frío y a lluvia, a calles empedradas y a pintura, a bicicletas llenas de barro, a los diablos rojos, a chocolate, a Europa, a gofre caliente cubierto de salsa de chocolate.


Gaufres. Desde el primer momento que conseguí la máquina me obsesioné con hacer unos “gofres belgas”, esos que se pueden comprar muy cerca de la Grand Place, o tal vez en la propia plaza.

Todas las recetas que había leído eran muy parecidas, lo de siempre: leche, huevos, harina, mantequilla/aceite, azúcar, levadura (química o de panadería) y algún aroma. Como unas tortitas ricas. Ya he hecho algunas y todas estupendas, pero les faltaba el “grosor” que mi “cutre-plancha” no podía proporcionar; o las hacía en una sartén o les llevaba “mi masa” al puesto de gofres que hay cerca de la alameda, que por cierto, hoy me ha parecido que ha cerrado de modo definitivo. Queda pendiente la compra de una verdadera plancha para gofres, siempre que la encuentre de tamaño y precios razonables; en su momento ya le buscaré un espacio.

Bien, esta receta es diferente, lleva cerveza, unos gofres muy ricos que, por una vez, casi ni requieren ningún tipo de acompañamiento. Si cabe, tal vez un poco de azúcar glasé o una salsa de chocolate.
Gofres clásicos I con salsa de chocolate
Gofres clásicos IPongo tres opciones con sus respectivas fotografías. En ellas no se perciben las diferencias ni los aromas, que decir que son muy distintas. Los gofres “belgas” con cerveza y levadura de panadería, los “clásicos” con leche, mantequilla/aceite y levadura química. Para mi gusto, la levadura de pan con la cerveza da mejores resultados de textura y sabor, pero las otras dos opciones también son muy ricas y sabrosas, sobre todo acompañadas de un buen chocolate caliente o para aquellos momentos en los que no tenemos tanto tiempo ni paciencia. De los dos restantes prefiero el sabor de los que llevan aceite.

Si no tenéis plancha podríais hacerlos en una sartén a modo de tortitas o (se me va la olla) ¿por qué no probar pringando toda una sandwichera:..?

Gofres clásicos II con salsa de chocolate
Gofres clásicos IIGofres clásicos II
La Belgique

brujasTodos conocemos la fama de muchas de sus ciudades: Brujas, Gante, Amberes,… De Bruselas ya no se habla tan bien, supongo que por su comparación aquéllas. Para mí también es una ciudad sorprendente, siempre que la sepas descubrirla, no te ciñas a visitar únicamente el Manneken-pis y decidas perderte por sus calles o avenidas.

Sigo deseando amar


Por mucho que uno decida ser feliz parece que siempre hay algo que quiere llevarme la contraria, y esta vez no ha sido M. Por un momento todo iba casi viento en popa, como siempre pero tomado desde un punto de vista mucho más optimista. Al mal tiempo buena cara, como suele decirse.

Hay tormentas con las que la “buena cara” no llega. Lo de “tormenta” es muy exagerado, quizás, diría una “tormenta interior”. Tener la mente y el tiempo ocupado puede ser una buena forma de evitar las tormentas.

Mi problema es ahora que “soledad del corredor de fondo” se convierte en “la soledad del hijo no pródigo”. “No pródigo” porque nunca he dejado de estar allí, de tener contacto y dialogo, pero ya no es igual. Ésa es la tormenta de arena. Percibo una soledad desértica con cada nueva llamada, como si ya estuviese ausente, cada vez más. Como si las distancias fuesen cada vez más grandes. Dicen que la distancia es el olvido y el olvido lleva al desamor.

Es muy duro hablar de “desamor” entre familiares. No creo que sea “desamor” propiamente dicho pero sí “distanciamiento” u “olvido”. Todo se olvida, el tiempo y la distancia son los mejores amigos del olvido.

Llamo a casa de mis padres siempre que puedo, hablo sin tapujos pero cada vez resulta más difícil poder sincerarme. Cada vez más noto cierta distancia e indiferencia, como si te ocultasen algo o no quisieran hablar con la sinceridad con la que antes lo hacían. Es un horror, nunca había pensado que mi familia me llegase a ver como un extraño, creo que se me confunde con M, como si me identificasen con ella. Yo soy Pepinho y M es M.

No hay vuelta atrás, cada vez es peor. Con mi hermana ya hace un tiempo que no puedo hablar de mí como lo hacía hace unos años (no muchos), ella ha empezado antes poniéndose la máscara, a la defensiva, pensando que hablaba con M y no conmigo. Te equivocas, ahora cuando cuento algo más que interés por el desahogo percibo curiosidad. Yo sigo siendo yo.
Con Martín es más difícil siquiera llegar a hablar, no creo que haya perdido ese “filling” pero tampoco sé qué piensa. Tener pareja también ha ayudado, como en mi caso, a perder esa confianza. Martín, sigo siendo yo.
Con papá nunca ha habido demasiado acercamiento. Así no hay confianza que perder, sigue tiendo “sus” preferidos y (mi) “rebeldía” nunca ha estado entre sus palabras preferidas del diccionario. Mamá sigue siendo mamá pero se deja llevar con demasiada facilidad…
Con M, pese a ser pareja, resulta muy difícil hablar de verdades más interiores, ¿curioso verdad?, no ha sido educada para ello y siempre se pone una coraza que impide saber qué es lo que realmente piensa.

Lo que más pena me da es que todo se olvida. El amor, las penas y alegrías compartidas… Cada vez me veo más solo, (casi) feliz pero más solo.

Salsa de chocolate caliente
Puede hacerse también un jarabe con una cucharada de cacao en polvo y un poco de glucosa o miel. Deliciosa.

  • 150 ml. de nata líquida [50 ml]
  • 60 gr. de mantequilla [20 ml]
  • 3 cucharadas de azúcar [1 cucharada]
  • 150-175 gr. de chocolate troceado [58 gr.]
  • Opcional: esencia de vainilla, una cucharilla.
Calentamos los tres primeros ingredientes en un cazo. Cuando empiece a hervir lo retiramos del calor (no diré “fuego”, ahora casi todo el mundo emplea Vitro-cerámica) y echamos el chocolate troceado. Removemos con una espátula hasta que se haya fundido totalmente y tengamos una salsa espesa.
La calentaremos en el fuego, perdón, calor, o en el microondas cuando deseemos volver usarla.

Gofres belgas
Con levadura fresca, cerveza en vez de leche y mucho reposo antes de prepararlos.

Gofres clásicos II con salsa de chocolate
  • 5 gr. de levadura fresca de panadería [3 gr.]
  • 4 huevos, ligeramente batidos [2 huevos]
  • 5 ml de esencia de vainilla o agua de azahar [½ cucharilla]
  • 150 ml de cerveza blanca de trigo belga: Hoegaarden. Como no la tenía “cerca” he usado una rubia alemana ;-), Franziskaner, aunque creo que no es de las llamadas “blancas” [75 ml]
  • 300 gr. de harina [150 gr.]
  • 100 gr. de mantequilla derretida y fría [50 gr.]
  • 70 gr. de azúcar [35 gr.]
  • Azúcar glasé, sirope de chocolate, nata, miel o lo que más nos guste para acompañar.
(1) Mezclamos la levadura, los huevos, el extracto de vainilla y la mitad de la cerveza hasta que quede totalmente diluida.

(2) Poco a poco vamos añadiendo la harina, mezclando con cuidado hasta que quede suave. Añadimos la mantequilla derretida pero fría y, por último, el resto de la cerveza. Dejamos reposar toda la noche.

(3) Preparamos los gofres de acuerdo con las recomendaciones del fabricante. La “gofrera” debe estar muy caliente (250º C) y bien impregnada de mantequilla o aceite para que no se pegue.
Tomamos caliente con una salsa de chocolate o azúcar glasé.

Gofres belgas con miel
Gofres belgas
Gofres clásicos I
Con aceite en lugar de mantequilla. Más rápidos, sanos y también muy ricos.

Gofres clásicos I con salsa de chocolate
Gofres clásicos I
  • 2 huevos [1 huevo]
  • 250 gr. de harina [125 gr.]
  • 415 ml de leche entera [207 ml]
  • 120 ml de aceite vegetal, mejor no demasiado fuerte [60 ml]
  • 1 cucharada sopera de azúcar [½ cucharada= 1+½ cucharilla]
  • 4 cucharillas de levadura química (Royal) [2 cucharillas]
  • ¼ cucharilla de sal [1/8 cucharilla, una pizca]
  • Una cucharilla de esencia de vainilla [½ cucharilla]
(1) Tamizamos la harina y la mezclamos con la levadura y la sal. Reservamos. Batimos los huevos hasta que queden espumosos. Añadimos la leche, el azúcar, el aceite y la vainilla, batimos.

(2) Añadimos la mezcla de harina poco a poco, removiendo con una varilla hasta que no queden grumos.

(3) Preparamos los gofres igual que anteriormente, con la plancha muy caliente y suficientemente engrasada.

Gofres clásicos II
Éstos llevan mantequilla y no aceite, para esos casos en los que no tenemos problema de colesterol.
  • 125 gr. de harina normal.
  • ½ cucharilla de sal.
  • 2 cucharillas de levadura química
  • 1 cucharada sopera de azúcar.
  • 1 huevo.
  • 175 ml de leche templada.
  • 38 gr. de mantequilla derretida pero no caliente.
  • 1 cucharilla de extracto de vainilla (5 ml)
(1) Mezclamos la harina con la sal, la levadura química (Royal) y el azúcar. Reservamos.

(2) Batimos el/los huevo(s), añadimos la leche, la mantequilla y la esencia de vainilla. Por último, vertemos la mezcla de la harina poco a poco, batiendo hasta que no se formen grumos.
Procedemos a cocinarlos igual que en los otros dos casos.

Todas estas masas pueden aguantar varios días en el frigorífico y las iremos haciendo a medida que nos apetezcan. Deben cubrirse con un film transparente.

Gofres belgas con miel

domingo, 28 de octubre de 2007

Tarta de queso y café con leche

Deseando amar

Jugando

Una verdadera delicia. Y eso que no me gusta demasiado el café y las tartas de queso empezaban dejar de tener secretos, me gusta descubrir cosas nuevas. No tiene nada que ver.

Primero, no os fiéis de las fotos, o no estaba inspirado “... o mi reloj estaba parado”, gana mucho a simple vista y más en el paladar. Aviso a navegantes: seguid las indicaciones de la receta, con las dos capas, café y leche, y obtendréis un postre para quedarse con vuestros mejores amigos, cafeteros o no.

Es una receta que hacía años atrás y, navegando por otros mares, me he encontrado otra receta que me la ha recordado, es bueno acordarse de “la familia” cuando uno está fuera. En realidad la fotos no se ajustan con exactitud a la receta, como la “original” me la conocía (rica, rica), he optado por “jugar” un poco, disminuyendo la cantidad de queso (tampoco me quedaba más ;-)) para conseguir que las capas se entremezclasen y la textura tuviese menos cuerpo. Además, creí que sería muy interesante probar una idea que tenía en mente de una capa de gelatina de leche condensada que contrastase con el café, dos capas de leche me parecía “la leche”.

Así evito confusiones, como ocurrió con el “bizcocho de miel” en el que puse la receta original y no la que había hecho. Evitaremos matar al mensajero. Como en este caso conozco ambas, os he puesto la que recomiendo (los cambios hechos han sido mínimos) y la opción de la cobertura (para los muy dulces, como yo). Probad sin ella.

La receta (original) que presento formará dos capas, una de queso con café y otra superior de queso con leche. Llamémosla “tarta de queso de café con leche”.
Incluso, después de haber hecho esta tarta con los cambios, se me pasó por la cabeza hacer otra siguiendo la receta original sólo con la finalidad de que pudieseis ver las fotos ;-), me parecía (ya) demasiado enfermizo. Como la haré de nuevo la semana que viene, casi seguro, os pondré esas fotos para que veáis el resultado.

En las modificaciones le he añadido una capa de gelatina de leche condensada (podría ser dulce de leche) que no es necesario en la versión original, pues la capa superior es una capa de queso con leche. En cambio, podría venirle a las mil maravillas un poco de crema de chocolate fundido… Disfrutemos todos.

Voy a hablar de Política

De joven, Política se preocupaba por el bien común, ahora, ya mayor, lo sigue haciendo pero nadie le hace caso. De muy pequeñita sólo se preocupaba por la organización de su polis, pero con el paso del tiempo su poder se fue haciendo más y más grande, llegando a organizar y ordenar sistemas más extensos y complejos. Era lo que mejor sabía hacer.

Al principio todos la querían. Era hermosa, necesaria, tanto que, sin ella, todos se sentían confundidos. Llegado el momento se agotó, la ignoraron, no podía más y, ante la imposibilidad de cuidarse de todos, algunos se apoderaron de su nombre con fines menos solidarios. Fue un error.

De esas mentiras nacieron muchas hijas, cuyos caracteres muy poco tenían que ver con ella: Autocracia, pensó que ella sola se las arreglaría para ordenar, que “su razón” era la más importante; Dictadura fue muy amiga de Autocracia, con ella, y apoyándose en algunas ideas de Política cometieron los mayores desastres de la humanidad.

Por suerte, un día Política conoció a Democracia, una joven muy abierta y extrovertida. Democracia escuchaba todo tipo de opiniones y consejos, siempre acompañada de Política, formaron un binomio inseparable, un verdadero entendimiento con el que ni Autocracia y Dictadura podrían acabar…

Hoy voy a ser feliz

Quién no puede serlo tomándose un postre como este. ¿Yo?, ni con esas. Me he planteado intentar ser feliz y casi lo consigo. Hoy no he conseguido ser feliz pero, por lo menos, no he sido infeliz. Por algo se empieza.

Todo empieza de mañana. Me pregunto: ¿qué necesito para ser feliz?

Primero: querer serlo. Si nos revolcamos en nuestra infelicidad permanente, esa especie de halo romántico, nunca lo seremos. Me digo: ¡pues a por ello!, ¡a dejar de quejarse!, para eso ya estaba Bécquer o Rosalía.

Segundo: necesito la fórmula. La busco en mi cabeza. Cuando se levante M empezaré por darle un beso y decir alguna cursilada: “mi amor”. Bien, ya está decidido. Pero necesito más datos, la fórmula:

Felicidad = [E*(M+B+P)]/[R+C]

Sólo me falta interpretarla. Ni idea. NO creo que sea (eso espero): “Embarazo por María + Bebé + Pepe partido de Rabieta + Caca”; tampoco: “Estudio por Matemáticas + Botánica + Paleontología partido de Rezar + Comer”… Demasiadas variables. Consulto el libro:

E = Emoción al comienzo y al final del proyecto. ¿Qué proyecto?Nunca he pensado que lo nuestro fuese un proyecto. No somos una monarquía.
M = Mantenimiento y atención al detalle. ¿Acordarme de su cumpleaños?¿Del aniversario de boda? Imposible. Bueno, es un sumando, tampoco pasa nada.
B = Disfrute de la búsqueda y la expectativa. Disfrutar, lo que se dice disfrutar yendo de compras o viendo muebles…no demasiado. Todavía me queda la P.
P = Relaciones Personales. ¡Bingo! Tendré que potenciar este sumando. Ése es el camino…

Veamos los divisores:

R = Factores reductores. ¿Cuántos? “Predominio del miedo”, “ausencia de desanprendizaje”,… Demasiados, empezaré por disminuir “el miedo”.
C = La carga heredada. Aquí no tendré que leer, me parece que tiene demasiados prejuicios heredados. Lo leo: “estrés imaginado” (…), “desgaste y envejecimiento (somos jóvenes pero ¿desgastados?), “mutaciones lesivas” (por el momento sólo he perdido una muela y tenido muchos golpes, toco madera), “Ejercicio abyecto del poder político” (¿aceptáis pulpo como animal de compañía?)

Demasiados factores. Tendré que potenciar el numerador y disminuir el denominador. Ya os tendré informados. Por el momento empezaré por alguno que no aparece en la dichosa fórmula: sonreír y poner al mal tiempo buena cara…

Ingredientes

Base
Para un molde de 23 cm.
  • 150 gr. de galletas Digestive
  • 50 gr. de galletas Oreo, si no se quieren usar sustitúyanse por galletas Digestive.
  • Una cucharada de cacao en polvo
  • Una cucharada de azúcar glasé
  • 50 gr. de mantequilla derretida
(1) Forramos la base de un molde desmoldable de unos 23 cm. de diámetro con papel de hornear. Podemos hacer lo mismo con las paredes.

(2) Trituramos todas las galletas, les añadimos el cacao y, opcionalmente, una cucharada de azúcar en polvo. Derretimos la mantequilla y mezclamos todo hasta formar una pasta homogénea.

(3) Cubrimos la base del molde, presionando ligeramente con el envés de una cuchara o los dedos. Llevamos al frigorífico y pasamos a preparar el relleno. Precalentamos el horno a 150 ºC.


Relleno
Las cantidades indicadas son adecuadas para una tarta de 20 cm. para una tarta de 23 cm. empléense las cantidades entre corchetes, dependiendo de las necesidades del hogar.
  • 460 gr. de queso crema [690 gr.][920 gr.]
  • 110 gr. de azúcar [165 gr.][220 gr.]
  • 8 ml de extracto de vainilla. [12 ml][15 ml]
  • 2 huevos [3 huevos][4 huevos]
  • 8 ml de agua caliente [12 ml][15 ml]
  • 1+1/2 cucharadas soperas de Nescafé [2+1/4, dos y una cucharilla][3 cucharadas]
  • 23 ml de leche entera [34 ml][45 ml]
(1) Batimos el queso crema con el azúcar, hasta que quede cremoso y liso. No debemos batir de un modo enérgico para que no coja aire. Añadimos la vainilla, mezclamos, y los huevos uno a uno con mucho cuidado, esperando a que haya absorbido el huevo antes de añadir el siguiente. Reservamos.

(2) Retiramos en otro cuenco unos 185 gr. [281 gr. para 3 huevos] [375 gr. para 4 huevos] de la masa, que emplearemos para hacer la capa de leche.

(3) En un vaso mezclamos el agua caliente con el Nescafé o cualquier otro café soluble. Removemos para que se disuelva. Añadimos a la mezcla más grande (la que no hemos reservado) removiendo con cuidado y sin batir. Ya tenemos la capa de café.

(4) Añadimos la leche a la mezcla reservada y mezclamos con cuidado. Retiramos la base del frigorífico y cubrimos la parte inferior con la mezcla de café, alisando un poco la superficie.

(5) Vertemos la capa de leche sobre la de café, intentado evitar que se introduzca sobre la capa inferior. Así se formarán dos hermosas capas perfectamente homogéneas que contrastan en sabor y color.
Esta vez pensé en ponerle una capa de leche condensada (ver fotos), por lo que opté por verter la capa de leche de forma más o menos caótica en medio de la otra masa.
Probad a formar dos capas perfectas, el resultado es excelente. Como la tarta ya la había realizado otra vez, he querido cambiar su apariencia con esa otra capa, también riquísima, de leche condensada.

(6) Damos un ligero meneo para alisar y llevamos al horno precalentado con unos cuencos de agua (al baño María) a unos 145-150º C durante una hora y cuarto o algo más, aproximadamente. Pasado ese tiempo se apaga el horno y, sin abrirlo, se deja dentro hasta que enfríe totalmente, unas 4 ó 5 horas. Mejor de un día para otro.

(7) Se lleva al frigorífico hasta la hora de comer. Mejor un mínimo de dos o tres horas, para que haya enfriado suficientemente.
La tarta está deliciosa con una crema de chocolate o, como he hecho, una capa de leche condensada. Con leche condensada el resultado es más “dulce” y con una crema de chocolate a la hora de servir se consigue un contraste adecuado.
Las tartas de queso deben trabajarse muy poco, mezclando lo justo y con mucho cuidado para que no cojan aire. Si batimos en exceso se bajarán una vez hayan enfriado, formando una depresión central. La temperatura de horneado debe ser baja y, a ser posible, al baño María
El horneado debe hacerse al baño María y sin abrir el horno hasta que haya enfriado totalmente. Mejor elaborarlo por la noche y abrir el horno a la mañana siguiente para dejarlo en el frigorífico hasta la hora de comer
Probadla. No lo dudéis, os encantará, salvo que no os guste el café ;-). No soy un seguidor del café y me sigue pareciendo deliciosa. M ha dicho, “más rico que el tiramisú”, no sé si es para tanto pues en gastronomía no tiene demasiada memoria.

Capa de leche condensada
Molde de 23 cm.
  • 330 gr. de leche condensada
  • 2 hojas y media de gelatina
  • Una cucharada de mantequilla
(1) Hidratamos en agua fría las hojas de gelatina. Dejamos durante unos 5 a 10 minutos.

(2) Pasado el tiempo calentamos la leche condensada en un cuenco. Cuando esté suficientemente caliente, añadimos las hojas de gelatina hidratadas y escurridas, así como una cucharada de mantequilla. Retiramos del fuego y removemos hasta formar una masa homogénea.
Dejamos templar antes de cubrir la tarta.

(3) Una vez cubierta llevamos al frigorífico durante unas 5 ó 6 horas mínimo.

Felicitá, nana-nana na-na, ….

viernes, 26 de octubre de 2007

Dal (Lentejas de La India con salsa de curry) - Pollo en salsa de coco agridulce

Climate crisis

Sabores de la India

Un pollo al curry, un dal o un naan, son platos típicamente hindúes, perdón, indios, pues la religión hindú no se limita a ese país, en donde también existe una gran población musulmana. Estos tres platos ya lo he hecho y los pondré en alguna de sus (otras) versiones. Aquí presento un dal o daal y un pollo agridulce, porque en ambas se emplea leche de coco, del que también podría decirse que es uno de esos ingredientes típicamente orientales para la preparación de platos más o menos agridulces.


Estas recetas son extremadamente sencillas y económicas, más sencillas que económicas. La leche de coco, en otros tiempos difícil de conseguir, ya puede encontrarse con relativa facilidad en supermercados medios o grandes superficies. Si sobra, incluso podremos emplearla para preparar unas torrijas con leche de coco, por ejemplo.


Cambio Climático

No hablaré de política, no directamente, pero no he podido evitar indignarme con ciertas afirmaciones de estos días acerca del cambio climático. Hablo como persona de ciencia, no como animal político.

No hay mayor atrevimiento que la ignorancia, con esto no quiero decir que yo no lo sea, que lo soy, pero por lo menos no voy por ahí predicando falsedades que presuntamente han dicho otros. Me mojo y ya está. No es política, es coherencia. Si no sabes no hables públicamente del tema, pues el mal estará hecho. Lo que interesa es sembrar la duda.

Aclaro: no debe confundirse clima con meteorología. El clima hace un tratamiento promedio y global de las condiciones atmosféricas. Aún siendo un proceso caótico, depende de la latitud, altitud, vegetación, terreno, etc.… Así tendremos climas áridos, húmedos,… oceánicos, mediterráneos… Todos sabemos que el año que viene no tendremos que ir con forro polar al desierto del Sahara, eso es climatología. También, podremos medir las tendencias de los últimos 100 años, por ejemplo.

La meteorología versa sobre el estudio de las condiciones atmosféricas a corto plazo y en variaciones puntuales, no promedios como trata la climatología. Así, la previsión del tiempo de mañana lo trata la meteorología, la variación de las condiciones promedio anuales las trata la climatología. No debe mezclarse una cosa con otra. La fiabilidad de una predicción meteorológica disminuye considerablemente a medida que le alargan los días, incluso más allá de 48 horas. La climatología, por tratar valores promedio, es más precisa y estudia variaciones globales atmosféricas basándose en valores ya medidos y contrastados.

El cambio climático es una realidad que ningún político, por patoso que sea, puede desmentir. Es una realidad que la temperatura PROMEDIO está subiendo, no es una predicción, la climatología no dice qué tiempo va ha hacer el puente de diciembre del año que viene, dice que, en promedio (si sigue esta tendencia), subirán las temperaturas durante los próximos años, salvo que hagamos algo para remediarlo. Eso NADIE lo discute, nadie.

Que el número de huracanes de fuerza 4 y 5 se haya doblado en los últimos 30 años es climatología, un hecho medido y comprobado. Que la semana que viene pueda haber un huracán de fuerza 5 es meteorología, una predicción.
Lo que no está tan claro es si los adversos meteorológicos: riadas, lluvias,… de los últimos tiempos sean consecuencia directa del cambio climático. Pese a todo, muchos estudios dan a entender que es así.

¿Quién debe actuar frente al cambio climático? ¿Es importante? Es importante en la medida que afectará a nuestros hijos, a los hijos de nuestros hijos y, como sigan así las cosas, incluso a nosotros mismos. Esos cambios climáticos han provocado que muchas especies hayan desaparecido y otras hayan cambiado sus costumbres. He llegado a ver en pleno invierno alguna que otra cigüeña, están tan estresadas que ni quieren ir a París ;-)

Todos debemos hacer lo que podamos, muchos pocos es un mucho. Pero hay algo todavía mucho más importante, pienso que los gobernantes son los primeros que deberían actuar creando leyes para prevenir esta situación, no sólo nos valemos por nosotros mismos, como muchos documentales nos han hecho creer. Las medidas políticas son tanto o más importantes.

Perdonad por el discurso pero no he podido evitarlo. Gracias.

Mi cambio climático

Eso es lo que deseo, que en mi casa no haya un “calentamiento global”, que la temperatura no crezca en los próximos años. No me preocupa la meteorología, si mañana tronará o no, si ayer “llovió sobre mi corazón” o si la tempestad de ayer volverá en unos días. Lo que más me preocupa es el clima, las condiciones promedio.

Necesitaría tener un termómetro en el tórax, que estuviese midiendo mi estado de ánimo y mis biorritmos para, así, poder calcular esos valores promedio necesarios para calcular esa evolución. Otra solución sería releer mi “agenda” desde los últimos dos años, como mínimo, para hacer un promedio y estudiar tendencias.

Lo de siempre. No sé qué hacer para evitar ese cambio climático, si es que en realidad se produce. Cuando en tu pareja el ánimo fluctúa el tuyo también.


Espero que en vosotr@s no haya ningún cambio climático y, si existiese, fuese para convertir un tercer piso en un apartamento en primera línea de playa y, siempre, disfrutando de la compañía.

Dal

Dalo Daal o Dhal o Dahl, vamo hasé un dal. Al igual que pasa con el fálafel, existen muchas variantes y modalidades. La versión más extendida y que he probado en la India es la de lentejas (masoor dal), pero también en muchos lugares se conoce con ese nombre los elaborados con algún tipo de haba.

Básicamente, se trata de unas lentejas elaboradas con un sofrito y con variedad de especias: comino, cilantro, pimienta, cardamomo, mostaza,… Por suerte, y gracias a los ingleses, disponemos de unos preparados de especias que incluyen muchos de esos aromas: ¡el curry! No, curris hay muchos pero el más extendido es un preparado amarillento, casi color mostaza y de fuerte aroma. Fueron los británicos los que, queriendo emular y recordar las esencias coloniales, decidieron extender estos preparados basándose en mezclas de especias provenientes de esos países.

Esta versión del Dal es muy fácil, muy rica y cambia el agua por la leche de coco, que le proporciona un aroma e untuosidad única. Probadla si os gustan los platos diferentes, es muy fácil y rica, no os arrepentiréis.

dalIngredientes
  • 1 cebolla troceada fina
  • 1 hoja de laurel
  • 1 diente de ajo majado (opcional)
  • Unos 400 gr. de tomates. Unos dos grandes o 3 pequeños. Los pelaremos y trocearemos finamente o los rallaremos.
  • 1 cucharada de curry.
  • 1 cucharada de canela.
  • Un bote de 400 ml de leche de coco (crema de coco).
  • 200 gr. de lentejas. Yo prefiero las pardinas, se hacen antes y están más jugosas (para mi gusto).
  • Sal
  • Pimienta
  • Un poco de agua si fuese necesario
(1) Dejamos las lentejas en remojo la noche anterior. Si nuestra agua es ácida podemos añadirle un poco de bicarbonato sódico. Al día siguiente las escurrimos y reservamos.

(2) En una tartera doramos la cebolla, picada fina, con el laurel y el diente de ajo majado (opcional). Usaremos muy poco aceite o mantequilla, el justo, así evitaremos que se corte algo la leche de coco. Cocinamos hasta que tenga un ligero tono dorado. Añadimos los tomates troceados finos o rallados, personalmente prefiero los tomates rallados. Dejamos un minuto, aproximadamente. Añadimos las lentejas, salpimentamos y dejamos cocinar un poco, removiendo con cuidado.

(3) Añadimos la leche de coco y las especias. Le damos unas vueltas y rectificamos la sal si fuese necesario. Cocinamos a fuego lento, removiendo de vez en cuando hasta que estén hechas. Si fuese necesario añadimos un poco de agua (caliente) para que acaben de hacerse.

Si os gusta el curry estoy convencidísimo que os encantará, como a mí.

En realidad, hay muy pocos sabores que no me gusten. Tal vez las coles de Bruselas no acaben de convencerme cuando se añaden a algún plato, solas es otra cosa.

Deben quedar espesitas, amarillentas y ricas. Si no es así algo ha fallado ;-).


Pollo en salsa de coco agridulce

Otra forma, todavía más fácil de hacer un pollo agridulce. Podéis emplear la parte que más os guste, tanto el zanco como el ala o la pechuga. La miel con la nata y la leche de coco forman una salsa muy rica. No hay nada que prohíba hacerlo con otro tipo de carne, pensad que el pollo es de las carnes más económicas y en esos países es muy importante… llegar a comer, simplemente eso.

Ingredientes
  • 250 gr. de pollo
  • 45 ml. de ron, aprox.
  • 30 ml. de nata líquida
  • 100 ml de leche de coco
  • 15-20 gr. de miel
  • ¼ pastilla de caldo de pollo.
  • Una cucharada (o más) de coco rallado
(1) Troceamos el pollo en piezas pequeñas, salpimentamos y lo dejamos macerar en ron. Llevamos al frigorífico un mínimo de una hora, mejor de un día para otro y removiendo de vez en cuando.

(2) Cocinamos el pollo con la marinada en una sartén honda, hasta que esté bien hecho por todos lados. Añadimos la leche de coco, la nata y el trocito de caldo de pollo (opcional). Dejamos cocinar a fuego medio unos minutos.

(3) Añadimos la miel y el coco rallado. Removemos y dejamos cocinar, hasta que se haya reducido lo suficiente como para formar una salsita. Retiramos y tomamos todavía caliente.

Servimos como más nos guste, típicamente un arroz ;-)

jueves, 25 de octubre de 2007

Bizcocho de miel de brezo

Bizcocho de miel de brezoEl mejor amigo de la mujer

¿Quieres tomarte un té conmigo?, honey!

Este bizcocho de miel es una receta de “Emma Sturgess”, una receta tradicional británica, para los que dicen que en Inglaterra no se come bien. En cakes y galletas para el té son unos expertos.
Es una receta sencilla, casi diría, demasiado sencilla. No se trata de un bizcocho demasiado esponjoso, fíjense en la cantidad de harina, pero tiene un sabor riquísimo, ideal para tomar con un café, té o durante el desayuno. Me encanta la miel.

He hecho alguna modificación de la receta original. Al leer la receta me había dado la impresión de que era demasiada cantidad harina para sólo dos huevos, por lo que he tenido miedo de que la masa quedase demasiado compacta antes del horneado y fuese difícil de extender.

La receta original bate la mantequilla con el azúcar y añade los huevos enteros a esa mezcla, en cambio, para darle más esponjosidad, he procedido al igual que en muchos otros bizcochos: he blanqueado las yemas con el azúcar, he añadido la mantequilla derretida pero fría, la harina y, por último, las claras montadas a punto de nieve. Pondré la receta original para que me contéis el resultado si la probáis, mis modificaciones irán al final.

Una recomendación: el bizcocho ha sido ideado para disfrutar del sabor de la miel, por lo que no sería demasiado recomendable ponerle ningún tipo de cobertura dulce.
Uno de los mejores momentos del proceso de elaboración ha sido la cocción. En ella, tal y como presume la receta, la cocina se ha llenado de un perfumado y adorable aroma a miel.


Bizcocho de miel de brezo
Guau, guau!

Ayer ladré, como animal de compañía que soy también tengo el derecho a enfadarme y a decir algunas verdades. Es desagradable que mientras acabo de preparar la comida (¿por qué suele pasar a esas horas?) llegue tu pareja del trabajo enfadada por alguna trivialidad como no haber podido (yo) llamar al taller para informar del envío del (mi) coche. No había tenido tiempo, ni el teléfono de los susodichos, me había enterado tarde (ya había empezado a preparar la comida) y, además, estaba contrarreloj. Menuda tontería y menudo justificación.

Si estás cansado, y en esas circunstancias, es suficiente que se encaren contigo por ese (leve) motivo como para reaccionar. Los animales de compañía no siempre movemos el rabito, también tenemos nuestro corazoncito (¡vaya pareado!). Cuando se reacciona se ladra y se dicen algunas mentiras, también algunas verdades, las que más duelen.

Bizcocho de miel de brezo
¡Ay!, ¡las verdades! Esas que ella sabe o intuye pero sobre las que prefiere no pensar o creer que ya no discrepo. Últimamente no he tenido más remedio que asentir, menos ayer. Pero… ¿Cuál es la verdad? No lo sé ¿Por qué no claudico de una vez por todas? Porque no hay vuelta atrás y no estoy seguro de casi nada, nunca lo estaré. ¿Es suficiente justificación? Tampoco lo sé, ya he dicho que no estoy seguro de nada. Tengo miedo al tiempo y al espacio, dos necesidades que ahora tampoco tengo. ¿Sabe ella qué es lo que realmente desea? Ese es otro tema, tampoco estoy seguro de ello. Bien, ¿por qué no se lo preguntas? Porque sé la respuesta, porque estoy seguro que tampoco ha pensado acerca de los motivos. Menudo dilema ¿no? Ni te lo imaginas…

Bizcocho de miel de brezoIngredientes
Los ingredientes están pensados para un molde de 20 cm. de diámetro. He puesto entre corchetes la cantidad para 3 huevos, apropiada para un molde de unos 23 cm.
  • 85 gr. de mantequilla [127 gr.]
  • 85 gr. de azúcar polvo [127 gr.]
  • 2 huevos grandes, ligeramente batidos [3 unidades]
  • 115 gr. miel de brezo [173 gr.]. La miel de brezo tiene un sabor especial para el bizcocho, si no se tiene supongo que también podría usarse de otro tipo.
  • 225 gr. 140 gr. de harina normal. He usado de repostería. [337 gr., 210 gr.]. 140 gr. creo que podrían ser más que suficientes.
  • 2 cucharillas de de levadura química. [1 cucharada]. La receta original pone una única cucharilla pero me parece muy poco para tanta harina. Eso sí, el bizcocho está pensado para ser relativamente compacto, vosotros diréis.
  • ¼ cucharilla de sal. [1/3 cucharilla]
  • También le he añadido una pizca pimienta de Jamaica molida, contrasta muy bien con la miel. Sólo un poco.
(1) Precalentamos el horno a 180º C si el bizcocho es grande, o a 190º C si el bizcocho es pequeño. Lo he puesto a 190º C durante 20 minutos y a 180º C durante los últimos 10 minutos, aproximadamente. Téngase en cuenta que la temperatura y tiempo de cocción depende del tamaño del bizcocho. A mayor tamaño, menor temperatura y más tiempo. Engrasamos y enharinamos el molde de 20 cm. o 23 cm., poniendo en la base papel de hornear.
Tamizamos la harina con la levadura química (Royal) y la sal. Opcionalmente, una pizca de pimienta de Jamaica molida. Reservamos.

(2) Batimos la mantequilla con el azúcar polvo hasta que quede ligero y espumoso. Poco a poco, añadimos lo huevo batidos y, seguidamente, la miel.

(3) Vertemos con cuidado la harina y mezclamos. Echamos la mezcla en el molde y alisamos la superficie. La masa no es tan “suelta” como la de un bizcocho clásico pero, al llevar levadura química, crecerá lo suficiente al ser horneado.

(4) Cocinamos en el horno precalentado durante unos 30 minutos, hasta que esté dorado y se separe ligeramente del borde del molde. Retiramos y dejamos enfriar en una rejilla.

Cuando haya enfriado, troceamos y servimos untado con mantequilla.


Mis cambios: he blanqueado las yemas con el azúcar; añadido la mantequilla derretida; incorporado la mezcla de la harina, poco a poco; y, por último, las claras montadas a punto de nieve de modo envolvente. Para disminuir la densidad de la masa, he echado antes un poco de las claras montadas y el resto de forma envolvente.

¡Qué mejor época para hacer un bizcocho de miel que ésta! Mi “papá” ya tiene reservados unos cuantos botes de miel casera para mí. Me encanta, sobre todo con unas tortitas o un yogurt.

martes, 23 de octubre de 2007

Galletas de azúcar y nueces

Galletas de azúcar y nuecesNo es más de lo mismo

Ni lo pretende ser. Son galletas, pero muy diferentes y… riquísimas. A partir de ahora optaré por ser más claro y directo, más subjetivamente categórico. Para mis gustos.

Fijaos, llevan mantequilla y… ¡aceite! Más, llevan vainilla, nueces y... crémor tártaro (ya sabéis de qué estoy hablando ;-)). Cuando pongo una receta, lo sé porque a mí también me pasa al leer alguna, tendemos a fijarnos en la imagen y muy poco en los ingredientes. Pues bien, si imaginamos estas galletas crujientes y con esos aromas (incluido el aceite) sabréis de qué estoy hablando. Creo que llegará el momento en el que, al igual que Beethoven, no necesitemos oír para escuchar, ni probar para saborear…

Galletas de azúcar y nuecesCuando el otro día decía que había hecho muchas galletas, hasta de cuatro tipos, ya podríais imaginar de qué tipo son las restantes: de chocolate, avellana, almendra y rellenas de chocolate. Más chocolate para subir el ánimo. Si alguien me dijese que el azúcar sube la moral también le creería, sobre todo después de probar esta crujientes y adictivas galletas.

Mi mundo en una caja de galletas.

Me-morías

No puede ser. No puede ser que esté un poco, diría… disperso. Sin centrarme en absolutamente nada.

Veamos los matices. Por un lado sigo levantándome muy temprano (a las 7 de la mañana), menos los martes, que es el día de tregua, y, por supuesto, los fines de semana. El día pasa volando y sin un objetivo claro, actividad a raudales pero sin pensar, sin pararme. Todos sufren las consecuencias, empezando por yo mismo. Muchos de los alumnos no acaban de “coger el hilo” y, lo peor, sólo espero que mi insistencia lo arregle, no he pensado en la raíz del problema.

El susto del otro día no fue precisamente “el coco”, los mitos galaicos son todavía más surrealistas y mágicos, la tierra del “surrealismo mágico”. No es que no sepamos si subimos o bajamos, simplemente no nos interesa contarlo (hemos aprendido de las derrotas) ni saberlo (relatividad subjetiva). Sigo: el susto fue fruto de las prisas, en las que, aunque podría decirse que “la culpa no fue mía” y que iba a una velocidad admisible para la vía, mi mente estaba en un estado tan evasivo que no percibía los peligros de la carretera. En otras circunstancias hubiese frenado en seco sin esperar a que “otro” no cometiese el error. Por lo demás, nada de nada, sólo a esperar que arreglen el coche y, mientras tanto, a conducir el “de” M.

Sin duda fue “el coco”, “mi coco”.

El realismo mágico de pepinho.com

Empiezo a descubrir que he pasado (o estoy pasando) por ese estado de realismo mágico, al estilo de La ciencia del sueño, esta aventura ciberespacial está ayudando a ello. Todo parece real pero representado como un puzle. El tiempo pasa y se confunde, los nombres y sus mensajes se repiten, uno nunca sabe quién es quién, ¿por qué casi todos os llamáis igual? A veces soy incapaz de determinar si lo he escrito o lo he pensado, si lo he dicho o lo he soñado. La realidad del tiempo no existe, qué hora es, no lo sé ni me preocupa, ante sí. Es hora de dormir.

Galletas de azúcar y nuecesGalletas de azúcar y nuecesEl diario ha cobrado vida, me responde y me anima o me reprocha. Pero le doy calabazas, a veces, no podría estar pendiente de él eternamente, aún a costa de parecer desagradable. Total, es un diario. Cuando algo parece acabarse todo empieza, una receta y una reflexión, una nota o una aclaración. Orden, eso es lo que preciso, orden. Mis ideas siempre han fluido a borbotones; no digo “las buenas ideas”, he dicho “las ideas”.

Si cogiera esas ideas y las removiese quedarían como están, las probabilidades no afectan al desorden. Por lo menos no ordenan el desorden; el orden es único, el desorden es más probable. ¿Hay alguien que después de barajar haya obtenido una baraja ordenada? Hay quién a eso le llama entropía.

Este texto en sí mismo resulta caótico por atemporal, sin un principio y sin un final. Ideas que se repiten, mensajes que se intercalan, dudas y más dudas. ¿Qué es real y qué un sueño? ¿Qué razonable? Creo que pronto me tendré que pasar del racionalismo al empirismo, o del empirismo al racionalismo; la razón me desconcierta y la experiencia me confunde.

Una aclaración: si no respondo a vuestros mensajes desearía que no pensaseis que soy un maleducado, que lo seré de un modo inconsciente, es mi tiempo. Esta semana lo requiero más que otra, por mi trabajo, por mis estudios, por mis labores, por mis necesidades,… por “mis”. Perdonadme por ello, pero, si lo que queréis es sólo ser escuchados (como yo), que sepáis que (sí) estaré al otro lado

Ingredientes
  • 120 gr. de azúcar polvo [60 gr.]
  • 220 gr. de azúcar moreno [110 gr.]
  • 225 gr. de mantequilla [112 gr.]
  • 235 gr. de aceite vegetal [117 gr.]. Un aceite no demasiado fuerte, si queremos podemos echar un poco de oliva virgen (si nos gusta) y otro suave.
  • 2 huevos [1 huevo]
  • 10 ml de extracto vainilla [5 ml]
  • 530 gr. de harina normal [265 gr.]
  • 1 cucharilla de bicarbonato [½ cucharilla]
  • 1 cucharilla de sal [½ cucharilla]
  • 1 cucharilla de crémor tártaro [½ cucharilla]
  • 120 gr. de nueces, mejor pecanas [60 gr.]. Puede usarse otro tipo de nueces.
  • Azúcar grano para rebozar, unos 70 gr.
(1) Troceamos las nueces. Tamizamos la harina con el bicarbonato, la sal y el crémor. Reservamos. Precalentamos el horno a 175º C.

(2) Batimos la mantequilla con los azúcares hasta que quede cremoso. Añadimos el aceite y seguimos batiendo hasta que se haya mezclado perfectamente. Incorporamos los huevos y la vainilla. Mezclamos hasta que se integre bien.

(3) Añadimos la mezcla de harina sobre la pasta y, por último, las nueces troceadas en pequeños fragmentos.
La masa podríamos dejarla reposar en la nevera antes de ser horneada, incluso varios días. De este modo será mucho más fácil formar bolas.

(4) Formamos pequeñas bolas del tamaño de una nuez. Si la masa es demasiado pastosa la dejaremos reposar media hora o más en el frigorífico. Rebozamos las bolas en azúcar grano y las ponemos, suficientemente separadas, en una bandeja con papel de hornear. Con ayuda de la parte posterior de un vaso o de la palma de la mano, la aplanamos ligeramente.
Podríamos emplear algún elemento para realizar un dibujo en la superficie. Es importante que se separen suficientemente unas de otras para que no se unan durante el horneado.

(5) Cocinamos en horno precalentado a 175º C durante unos 10 minutos o más, hasta que empiecen a dorarse por los bordes. Cuanto más doradas, más crujientes. Dejamos enfriar en la bandeja unos minutos antes de retirarlas, el objetivo es que se endurezcan algo.
Las guardamos en una caja hermética. Aguantan varias semanas.

Galletas de azúcar y nueces
Son sorprendentes. Aunque su apariencia externa no sea excesivamente llamativa os puedo asegurar que son unas de las mejores galletas de azúcar que podréis tomar, todos los ingredientes encajan a la perfección: vainilla, nueces, azúcares y, como siempre, el crémor para darle una textura y conservación adecuada.

Besos.