À bout de souffle(http://larsvontrier.blogspot.com)
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Ya no sé qué decir sobre el postre. Mis dedos se escapan entre el teclado sin querer hablar de ello. No aparecen adjetivos, ni buenos ni malos, es un problema de concentración, mi mente está pensando en otros temas.
Es un postre riquísimo, fresco, de texturas intermedias: base densa y crujiente, relleno cremoso y cobertura etérea, anaranjada. Me pregunto cómo he podido vivir sin dulce de leche hasta hace poco. En flanes, en tostadas y en tartas he obtenido unos resultados sorprendentes, hasta estoy pensado en hacer una milhojas de dulce de leche y confitura de…Es muy sencillo. Lleva un merengue suizo, más dulce y fácil de hacer, con un aroma anaranjado impresionante. Ya solo una delicia, combinado con el resto del postre se unen en una verdadera amistad. Friends forever!

He llegado confundido. La eterna pregunta y la eterna sin respuesta. ¿Para qué existo?, ¿para qué? Para que vivan otros como han deseado, para vivir frustrado por haberme olvidado de mis anhelos. ¿He vivido para correr?, no lo sé, sé que vivo mientras corro.
María (adiós, M), aún trabajando, ha tenido una semana muy personal, de ocio y comidas. Hoy una comida de estrella Michelín ((*). Ayer esperé encerrado en casa a ver qué deseabas, hoy no. Hoy me he ido al cine. No se sabe si llueve o hace sol, si hace calor o frío. Por la mañana he salido a correr, despacio, lo hago las pocas veces que no tengo hora de llegada, sabía que podría correr hasta dónde me llevasen las piernas. Estaba solo, llevo muchos días solo. Milladoiro, Picaraña, Iria Flavia…, de vuelta busco la montaña y el aire libre, Pedroso ¿del Sur?, Lampai, A Grela, Luou, Salláns,…. Santiago. Más de dos horas y media de vueltas a la cabeza y relajación. No estoy en forma, las últimas dos semanas me he escapado de ella, he estado encerrado en mí mismo y en casa. Busco libertad, busco aire puro, busco dejarlo todo y cerrar mi agenda. Busco mi vía al final de la escapada (“À bout de souffle”), dejar de vivir sin aliento.
Hola. Adiós. No quiero palabras buenas, no quiero palabras, quiero soledad y comprensión. Soledad eterna. Gracias. Adiós. Hasta pronto. Hasta luego. Hola. Confuso, qué es bueno y qué necesito. Desde hace dos años que he dedicado mucho tiempo al diario, tiempo de lamentos, quejas y alguna risa (sonrisa). Una escapada infructuosa que no ha evitado que siga viviendo sin aliento. He dejado de hacer y he pospuesto, he sido irresponsable y dejado. Una escapada al mar, un mar de soledad.
¡Ya tienes lo que más quieres! ¡Y qué! Ya no lloro, ni río, ni canto y (casi) ni corro, paseo, y vago como un alma en pena. ¡Déjame correr! Confusas son estas palabras que sólo yo entiendo, nadie más. Nadie está en mi piel ni dentro de ella, nadie lo ha entendido. Como nunca nadie ha entendido que con diez años me encerrase en la habitación con la llegada de visitas, ni me atreviese a entrar en la cafetería del Instituto, como nadie ha entendido mis necesidades intelectuales, como nadie ha entendido por qué corro más de dos horas, como nadie ha entendido qué se siente cuando el viento golpea mi cara, como nadie ha entendido qué es la vida. Ya me da igual, me da igual todo (casi todo) lo mío. Me da igual porque no entiendo nada, ¡nada! Ni porque he escrito estas palabras sin sentido, sin enmiendas y relecturas, sólo dejando los dedos fluir. Porque necesito un gran desahogo, porque me estoy quedando sin aliento al final de la escapada…
Ahora de nuevo prisas. Llamadas, coche, Isla, de aquí para allá, maletas, más maletas, cansancio, medias verdades y medias mentiras. Ahora playa y reloj. Mañana reloj y coche, más maletas, más agenda. Una vida contrarreloj. Ya no sé qué es estar quieto y con mi tiempo.
No me duele decirlo, porque es cierto. Me alegro si de vez en cuando tienes una comida de trabajo, o bolillos, o has quedado con unas amigas. Es el momento de la escapada, de tomar aliento, de no mirar el reloj ni consultar la agenda. De tener un instante de respiro.

Viernes. Tengo por delante una de las mañanas y tardes más al límite de las últimas semanas. Tantos tienes que… que desearía volver al trabajo, habría excusa. La mañana no da para mucho, no para llamar por teléfono (dos llamadas de gestión pueden ser interminables), ir a la Xunta, a Decathlon, desmontar las bicicletas, hacer las bolsas, hacer la cama, limpiar y la comida (y comprarla), acercarme a preguntar si tienen candados y la famosa cesta, ir a correr. Dos párrafos, apagar el portátil y meterlo en el coche.
Era tarde, no dormías por el café y me culpaste. Yo entre mis fogones y mi ansiedad, ha vuelto pero al revés. Cuando se aproxima la noche debo estar lejos de la cocina,… Necesito estar solo, no tengo ganas de ir de viaje. No necesito vivir a contrarreloj.
Noche. Me he sentado por primera vez en el día a escribir unas palabras. Me he quedado dormido. ¿Mañana?, mañana Dios jugará a los dados. A ver quién gana.
La recetaMasa dulce
Me ha sobrado masa para un molde de 20 cm de diámetro, podría llegar para unos de 21 cm.
- 90 gr. de mantequilla [150 gr.]
- 18 gr. de almendra molida [30 gr.]
- 57 gr. de azúcar polvo [95 gr.]
- 7,5 gr. de azúcar vainillado (1 sobre) [11 gr.]
- 36 gr. de huevo [60 gr.]
- Sal, una pizca. [1 gr. de flor de sal]
- 150 gr. de harina [250 gr.]
- 200 gr. de dulce de leche [400 gr.]
- 65 ml. de zumo de naranja (natural y recién exprimida) [140 ml zumo]
- Ralladura de media naranja grande o una pequeña. [Ralladura 1 naranja grande]
- 1 yema + 20 gr. clara de huevo (quizás un huevo peque) [1 yema + 1 huevo]
- 75 ml. de nata 35% MG [145 ml]
Ha sobrado, para cubrir, se entiende.
- 75 gr. de claras.
- 100 gr. de azúcar.
- Ralladura de una naranja.
- Colorante rojo y amarillo (el doble de amarillo que de rojo)
(1.1) Retiramos la mantequilla del frigorífico con antelación. Con una espátula de plástico, trabajamos la mantequilla hasta que se reblandezca y quede lisa. Añadimos el resto de ingredientes (menos la harina) en el orden indicado en la lista: almendra, azúcar, vainilla,… Cuando añadamos la harina mezclaremos rápidamente, lo justo para que ligue y no se contraiga al salir del horno. Envolvemos en película de cocina e introducimos en el frigorífico hasta que tenga cierta consistencia. Entre 30 minutos y una hora.
(1.2) Estiramos la masa entre dos bolsas de congelación, hasta unos 4 (ó menos) mm. de espesor. Extendemos sobre el molde, engrasado y enharinado y recortamos lo sobrante con ayuda de un rodillo. Volvemos a introducirla en el frigorífico para que se endurezca, una media hora.
(1.3) Pinchamos la superficie con ayuda de un tenedor, cubrimos el molde con papel de hornear, rellenamos con garbanzos o alubias secas para que no crezca e introducimos en horno precalentado a 170º C durante 15-20 minutos. En el último momento retiramos el papel para que se coloree un poco la superficie y dejamos unos 5 minutos más. Dejamos templar.
(2) Relleno
(2.1) Subimos el horno a 180ºC. Batimos suavemente el dulce de leche con la ralladura y el zumo hasta que esté homogéneo. Mezclamos bien. Añadimos el huevo/s y mezclamos. Hervimos la nata y la vertemos poco a poco, sin dejar de mezclar suavemente, sobre la mezcla de dulce de leche.
(2.2) Rellenamos con la masa y horneamos por período de unos 18-25 minutos, hasta que quede ligeramente consistente, el centro debería estar algo móvil, pues toma consistencia al salir y enfriar. Retiramos del horno y dejamos enfriar.
(3) Merengue suizo(3.1) Mezclamos las claras con el azúcar. Calentamos suavemente (o al baño María) mezclando hasta que se disuelva el azúcar y haya alcanzado los 50-60º C. Batimos con un batidor eléctrico de varillas hasta que esté consistente, suave y brillante. En el último momento, y sin dejar de batir, añadimos la ralladura de naranja y los colorantes para que tengan tono anaranjado.
(3.2) Rellenamos una manga pastelera y cubrimos a gusto. Espolvoreamos con azúcar glasé y quemamos con soplete o gratinamos en el horno.
Introducimos en el frigorífico hasta el momento de consumir. Mejor fría, y más en esta época del año. Rica de verdad de la buena.
Dernier souffle!















































