Las horasEstos días de aquí para allá, sin pausa, sin deshacer la bolsa, con paradas en Santiago únicamente para pernoctar, sólo tengo (y he tenido) tiempo para pequeños postres y pasteles de viaje. Rápidos de cocinar y no perecederos, que puedan durar varios días en buen estado. Galletas, biscotes, magdalenas (con reservas), cakes, pasteles rápidos…
Estas galletas son el primer revival de postres típicamente americanos (de los USA, quiero decir, pero decir “los Estados Unidos de Norteamérica” resulta un poco pesado). El remake de comida basura lo dejo para otros (no confundamos, una buena hamburguesa dista de ser “comida basura”, como mucho “comida rápida”). En postres, especialmente galletas, tartas de queso o brownies, tienen verdaderas joyas. En general me encanta la repostería USA, con su jengibre, su puré de calabaza, las especias, frutos secos (nueces o pecanas), el plátano (pan de plátano), los chocolates, las tortitas o sus rollitos de canela.Existen muchas variantes de lo que ellos llaman “double chocolate cookies”, que no son más que unas galletas con dos tipos de chocolate: uno semidulce, el que forma la base de la galleta, y otro de alto porcentaje de cacao que se añade troceado y se funde durante el horneado. Como en todas “sus” galletas no pueden faltar las nueces o pecanas.
Ésta es una versión personalizada de las DCC, crujientes por fuera y blanditas por dentro. Muy fáciles y muy ricas. La única dificultad, si es que existe, es controlar el tiempo exacto de cocción para que no se hagan demasiado en el interior y queden crujientes por fuera. Las primeras me quedaron perfectas, las segundas quizás un poco más hechas (que han sido las que he llevado, las otras duraron un tris). Es importante que el chocolate empleado no sea puro, semidulce, de porcentaje no superior al 60%; si usamos otro de mayor porcentaje habría que añadir más azúcar.
Como un viaje de larga distancia en autobús, como un reloj de arena que, granito a granito, se hace eterno. Llegamos hace unas tres horas y se me han hecho interminables. Encerrados en una casa de playa sin sol, a ochocientos metros de la costa. A más de seis quilómetros de la cafetería o supermercado más cercanos, a más de veinte quilómetros de un cine.

Hablando sin querer hacerlo, sin feeling. Las nubes que recubren el cielo no nos dan tregua, impidiendo que aparezca el calor que nos acercaría a la playa, a la lectura, a la compañía. Aquí pasaremos un mínimo de cuarenta y ocho horas hasta que llegue el prometido sol, buscando conversación que no llegará, hablando por hablar. Aislados, en un ambiente claustrofóbico, bajo una palmera sin sombra o un gran castaño repleto de hojas. En Ferrol todavía se podía buscar algún falso entretenimiento. Una charla en un café, una sesión cinematográfica o unas compras innecesarias. Me gusta la soledad, no la soledad acompañada, aquella en la que estoy realmente SOLO. Solo o con aquellos con los que me siento realmente cómodo y bien, M y mi familia natal.

Las conversaciones y discusiones someras de M con su madre resuenan en el pasillo, el sonido de la televisión es la música de ambiente.
Ayer me despedí de mis padres, mi hermana y mi sobrino, ya los echo mucho de menos. Han sido sólo tres días. Por el maldito cambio horario nos acostábamos muy tarde y nos levantábamos tarde. Sin coincidencia de horarios, L trabajaba y tampoco hemos podido hablar lo suficiente, pues por la tarde llovía y me iba con M a tomar una infusión de frutas del bosque o hacer alguna compra innecesaria. Aquí hay que poner el despertador para comer todos juntos, ¿todos?
Es uno de los viajes más largos que he hecho en autobús. Las películas o la música las decide el chófer, la compañía tampoco es la que deseo. Eterna visita en casa de sus padres…

Aquí todo es de cartón-piedra, falso y débil. Los decorados, los casinos, las bodas, las ilusiones. La felicidad reside en una ficha de juego.

Tercera demora, tras gestiones hemos conseguido adelantar el nuevo vuelo a San Francisco hasta tres horas antes del que nos habían reasignado. Un retraso de una hora y cuarto es soportable.
Seis filas más atrás M descansa, yo escribo a pocos minutos del aterrizaje. El libro que estoy leyendo me ha atrapado lo suficiente como para abreviar este diario matutino.
Ya no estoy tan convencido de que sea yo el débil. Soy enfermizo y con tendencia al decaimiento, pero afronto con tranquilidad y reflexión situaciones difíciles u obstáculos que me encuentro en el camino. Constante, terco, luchador de la palabra.
María, en cambio, es físicamente muy fuerte. ¡Nunca enferma! ¡Nunca! En los casi once años que la conozco sólo le recuerdo una ligera afonía y una gastroenteritis que se curó en poco más de un día. Pero se vuelve muy tensa en situaciones difíciles. Siempre dice: “No me voy a preocupar, me lo tomaré con calma” y nunca lo cumple; cualquier pequeño problema hace que pierda el control y casi siempre estoy a su lado para sufrirlo. Es poco reflexiva y muy impulsiva, se diría que actúa de acuerdo con su estado de ánimo sin pensar en las consecuencias.
“Fasten seat belt…”

“You have an unusual equipment for success, use it property”“You display the wonderful traits of charm and courtesy”
“You will be fortunate in everything you put yours hands to”
“What’s vice today may be virtue tomorrow”
Referencia en inglés (más completo) - en castellano.

Son días de cansancio después de varias horas de compras en la “República Bananera”, “Siempre 21” y mucho más. En la tienda de Apple que está a pocos metros de Market Street y una calle paralela a Hyde St., el doctor Jekyll hace cola con una tienda de campaña, esperando ser el primero en comprar el nuevo “iTeléfono PuntoG”. Mañana saldrá en la prensa y medios audiovisuales, es una actitud muy USA. Si el punto G se localiza en el hombre, tal y como han dicho algunos científicos, en las proximidades del ano, se diría que hay que tener el cerebro en el “idem” para hacer más de 36 horas de cola para pagar y consumir.

En mis carreras, llevaba dos días dando vueltas al centro y cruzando el Golden Gate Bridge. Hoy he querido subir hasta Twin Peaks, esperando poder avistar aquello que ayer nos impidió la bruma. Las vueltas por el Golden Gate Park han sido, con diferencia, lo mejor de un día que empieza bien y acaba mal.María en el jardín de té japonés

Hemos alquilado unas bicicletas en el muelle ¡43+1/2!, recorrido la costa, cruzado el puente del Golden Gate semicubierto por la niebla y llegado hasta Sausalito. Allí hemos tomado el Ferry para volver al punto de partida, el muelle 43,5 ;-) Ha sido lo mejor del día en compañía, pese a alguna queja por su parte.
En la antigua fábrica de Ghirardelli, además de alguna compra y prueba, he pensado varias ideas para el postre-revival-USA. ”Coming soon…”
Estoy cansado (¡¿otra vez?!), he llegado después de varias horas (más de 3) viendo como M se compraba unas 6 prendas de ropa. El número de pruebas ha infinitamente superior.

Ingredientes
- 110 gr. de chocolate al 60% (es importante que el porcentaje no sea superior para que no quede demasiado amargo)
- 28 gr. de mantequilla
- 1 huevo
- 70 gr. de azúcar.
- 8 gr. de azúcar vainillado.
- 15 gr. de harina normal.
- ¼ de cucharilla de té de levadura química (Royal)
- Una pizca de flor de sal (o sal fina)
- 110 gr. de chocolate (al 60-70%) troceado
- 45 gr. de nueces troceadas
- Azúcar para rebozar (opcional).
(2) Batimos generosamente el huevo con los azúcares y añadimos el chocolate fundido no caliente. Cuidadosamente añadimos la mezcla de harina, por último el chocolate troceado y las nueces. Mezclamos hasta formar una masa. Si la masa queda difícil de trabajar y muy pegajosa la introducimos entre un cuarto de hora y media hora en el frigorífico para que tenga cierta consistencia.
(3)Formamos un cilindro de unos 4 cm de diámetro, lo envolvemos en película de cocina y lo introducimos en el frigorífico por unas horas. Puede ser de una día para otro (o más). Cuando las vayamos a preparar precalentamos el horno a 190º C, extendemos papel de hornear sobre una bandeja y cortamos el cilindro en galletas de casi unos 2 cm. de espesor, rebozándolas en azúcar grano (opcional, para gustos, podéis probar con y sin é) y depositándolas suficientemente separadas sobre la bandeja.
(4) Horneamos a 190º C por un período de unos 12 a 15 min., dependiendo del tamaño y grosor. No deben cocinarse demasiado, lo justo para que queden crujientes por fuera y blanditas por dentro. Debemos fijarnos en su aspecto visual externo. Téngase en cuenta que se endurecen al enfriar, por lo que las dejaremos enfriar antes de retirarlas. Por este hecho tocarlas con el dedo no servirá para saber su estado de cocción.
Guardamos en una caja de galletas hermética cuando estén totalmente frías. Así pueden durar en buen estado una semana, mínimo.
Amantes del chocolate, el que sea.
La soledad no es mala, me gusta la soledad. Esta soledad es el Infierno. Gloria, yo también sé qué es La Soledad
















































