miércoles, 25 de febrero de 2009

Tarta de mousse de queso y naranja amarga

Tarta de mousse de queso y naranja amarga¿A dónde vas...?

Tarta de mousse de queso y naranja amargaEn estas fechas tan señaladas…
Señaladas con el dedo. Tengo cierto reparo en pintar la agenda electrónica (del móvil) con rotulador permanente.
He hecho una pequeña trampa. Para el blog será una tarta de cumpleaños, para mí es (era) la tarta del fin de semana. El día señalado con el dedo, dudo (¡cuánto humorismo!) que pueda acabar la tarta y publicar la receta al mismo tiempo. Para ese día ya estoy planificando una receta tradicional con un toque especial, tema aparte es qué saldrá de esa idea.

El domingo (la tarta) todavía estaba en el frigorífico sin haber sido empezada, sólo nos habíamos comido la versión Hobbit que había preparado con lo sobrante. Por la tarde-noche nos fuimos de “fin de semana” con la idea de volver el lunes. Para no tener que transportar la mousse (hemos ido tan cargados que parecía que íbamos a montar un puesto de venta en un mercadillo semanal) y volver con más ganas la dejamos en Santiago. En A Illa se está de maravilla (rima no preparada) y ya se sabe, el lunes se alargó hasta el martes y la tarta allí se quedó, esperándonos.

Tarta de mousse de queso y naranja amargaNo diré por quién ni cuántos (el 3 del principio todavía se resiste), me centraré en la tarta. Creo que es la versión de mousse de queso que más me gusta y que, contrastada con el amargor de la naranja, resulta excepcional. L@s que realmente estén interesad@s en la receta deben empezar a leer un poco más abajo, donde pone “Bizcocho de soletilla”.

Tarta de mousse de queso y naranja amargaLa princesa prometida
Yo aquí, después de tantos años, viendo esas figuras levitando por la alfombra roja, desvelado por el lloro de un bebé. Mi memoria no alcanza a recortar un año en el que haya vista tan pocas películas nominadas. Veo el excepcional trabajo olímpico, esos de última hora, de arreglos en la cara de Mickey Rourke; como Kate Winslet deslumbra tanto que se sale del plano; como en la pareja Angelina Jolie-Brad Pitt me quedo con el segundo, le sienta bien todo; cuán atrayente resulta la reservada mirada de la solitaria Natalie Portman; la belleza india de la protagonista de Slumdog Millionarie, Freida Pinto; la simpatía de su grupo de actores; dos actores con mayúsculas de personalidad arrebatadora: Philip Seymour Hoffman y Robert Downey Jr..; y cómo La Princesa Prometida vuelve a estar con su príncipe azul.

Tarta de mousse de queso y naranja amarga
(…)

Ya he vuelto. Me he enterado que le han dado el Oscar a Penélope Cruz. Ha sido tan emotivo que me parece impropio hablar de la injusticia de este Oscar, pero como creo que en el arte no se puede hablar de objetividad, de justicia o injusticia daré mi opinión al respecto. Creo que en una película tan floja su papel es lo mejor con diferencia, y no lo digo ahora, ya lo he dicho hace tiempo. Pero darle un Oscar por una serie de frases divertidas me parece excesivo, ella misma tiene actuaciones infinitamente mejores.
¡Qué más da!, si al final todos sabemos que los Oscar tienen mucho más de marketing que de justicia. Como que Rockyse hubiese llevado el Oscar frente a Taxi Driver! (mayor pecado cinematográfico que éste no existe), Infiltrados a Babel, el año de Chicago... o la infinidad de genios sin premio (no lo tiene Cary Grant y sí Penélope). En el fondo me alegro por ella, además, muchos americanos se apresurarán a buscar Alcobendas en el diccionario y la próxima vez que vean a Rudy Fernández con una camiseta estampada con “Martín” no dirán “¿Ricky Martin?”. Penélope, trabaja para que este Oscar sea realmente merecido.

Tarta de mousse de queso y naranja amargaEl premio “lo que me de la gana”
Es difícil contenerse a no participar en esos adictivos concursos o “premios”, como se les suele llamar, de finalidades más oscuras de lo que a simple vista parecen. Si desgranamos las reglas de los mismos y pensamos el porqué de ellas nos percataremos del verdadero fin, más allá del entretenimiento.

He pensado en otra forma de hacer un test/premio/concurso que me daré a mí mismo sin ninguna finalidad, sólo por el hecho de divertirme un ratito. El concurso no tiene letra pequeña, aquí empieza y aquí acaba. Sin más.

Muchas veces me desespera esa ceguera que se tiene ante los medios, la incapacidad para hacer lecturas más sutiles. Publicidad encubierta (no tanto), autopromociones, partidismo político (descarado),… Este mismo domingo me reía en el quiosco mientras comparaba cómo cada periódico hacía la lectura de las encuestas electorales. Para unos el vaso estaba medio lleno, para otros medio vacío.
El marketing llega hasta los propios nombres de los candidatos, que usan el apellido materno cuando el paterno no es suficientemente significativo: (Rodríguez) Zapatero, (Núñez) Feijoo, (Pérez) Touriño, (Álvarez) Cascos, (Fernández) de la Vega, (Rodríguez) Ibarra… son sutilezas que pueden hacer caer la balanza en una dirección u otra. Antes eran “Suárez” o “González”, dentro de unos años serán nombres del tipo “Massiel”.

Tarta de mousse de queso y naranja amarga Con el deporte, sobre todo con el fútbol, pasa lo mismo. ¿Nadie se ha percatado que no hablaron de la victoria del Barça en baloncesto sobre el Real Madrid en los telediarios de la primera cadena al día siguiente a la celebración del partido? ¿Si hubiese sido al revés? Bueno, quizás sea que se me ven un poco los colores, pero noto muchas sutiles actitudes de los comentaristas en esos casos. El otro día pretendía cantarle el himno del Celta a Teo para dormirlo, María me pidió que le cantase el del Barça ;-)

Tarta de mousse de queso y naranja amargaAllá voy.

Las reglas de juego:
- Contesta lo que te apetezca, hasta puedes preguntarte lo que desees.
- No debes nominar a nadie ni poner ningún enlace a nada. Sólo, si lo prefieres, puedes enlazar contigo mismo o con algún lugar que te interese.
- No necesitas tener una entrada dedicada a ello. No se trata de que los enlazados ganen ranking de Google ni de ningún otro buscador, lo haces porque te apetece. Tampoco se trata de promocionar a nadie.
- No hay que remitir ningún correo o mensaje, ni a 2, 3, 4 ó 5 “amigos”. No tiene ningún truco de estrategia piramidal que crece como la espuma.
- No debes poner ninguna imagen especial que deba ser promocionada. Nada de logotipos raros y de aspecto macabro, sólo las fotos que te apetezcan (si te apetecen).
- No te (me) sientas obligado a hacerlo porque un amigo te haya premiado, los amigos no necesitan ningún tipo de justificación. Te quieren tal y cómo eres.
- Puedes cambiar estas reglas según te venga en gana.

Empiezo con las preguntas que se me han ocurrido ahora, dentro de cinco minutos podrían ser otras.

1.- Pon la/s imagen/es que te de la gana.
Estas mismas, unas hechas el lunes en A Illa (unas cadenas, un mar), un viaje insuperable….
Cadeas
O marWhoami

Sol de Kenia
Un mundo diferente
Sol de Kenia
2.- Para ellas: ¿bragas, tanga o faja estilo Fellini? Para ellos: ¿Slip, bóxer o calzón? (“tanga” puntúa negativo)
Calzón, estoy a favor de la libertad de expresión.

3.- Algún genio minusvalorado.
El inventor de las toallitas húmedas; el inventor de los exprimidores a mano; muchos cocineros y cocineras; Torrebruno; Epi y Blas; el panadero de “Barrio Sésamo”; Max Planck, Heisenberg, Lorentz, Max Born, Bohr, Pauli, M. Curie, Schrödinger y todos los que no son Einstein en esta fotografía; la ilusión que provoca Obama.

4.- Personajes sobrevalorados.
El inventor de las licuadoras o el de los exprimidores eléctricos: se usan una vez en la vida y no sabes dónde meterlos; el inventor de los Kleenex; muchos cocineros y cocineras; los deportistas que utilizan sustancias prohibidas (demasiados); Albert Einstein; el personaje de Obama.

5.- Un canal de televisión.
“Shop TV” o “La 2” sin Jordi Hurtado. Definitivamente, LA 2. Con Tele5 tendría que eliminar todos los programas, con Antena 3 al equipo directivo (“eliminar” es de modo figurado), La Sexta sólo tiene 2 programas: uno que reponen todo el día (“Sé lo…”) y el fútbol los fines de semana.

Tarta de mousse de queso y naranja amargaBizcocho de soletilla
  • 30 gr. de harina.
  • 30 gr. de maicena.
  • Una pizca de sal.
  • 65 gr. de azúcar (45 gr. + 20 gr.)
  • 65 gr. de claras (menos de 2 unidades)
  • 40 gr. de yemas (2 grandes).
  • Ralladura de naranja
(1) Precalentamos el horno a 200º C. Mezclamos la harina tamizada con la maicena y una pizca de sal, reservamos. Separamos las yemas (40 gr.) de las claras. Con un batidor de varillas eléctrico montamos las claras (65 gr.); cuando empiecen a montarse vamos añadiendo 45 gr. de azúcar, poco a poco, y reservamos. Nota: las claras se montan mejor si han estado fuera del frigorífico durante cierto tiempo, no frías.
Mezclamos la ralladura de naranja con el azúcar restante (20 gr.) y añadimos las yemas. Batimos con el mismo batidor eléctrico hasta que quede espumoso y blanquecino. Añadimos las claras de forma envolvente y cuidadosa, de abajo hacia arriba y del centro hasta los bordes, girando el recipiente a medida que vamos mezclando. Por último, añadimos la mezcla de harina en forma de lluvia, aplicándola con un colador grande o tamiz. Mezclamos delicadamente, de igual modo que hemos hecho con las claras.

(2) Forramos la base de un molde desmoldable de unos 21 cm. de diámetro con papel de hornear, engrasando y enharinando ligeramente el molde. Vertemos la mezcla y horneamos durante unos 7-10 min., justo hasta que empiece a tomar color y al presionar con el dedo recupere su posición original.
Como crece bastante, la capa de masa no debe hacerse demasiado gruesa, medio centímetro, aproximadamente. Añadamos la masa del bizcocho poco a poco. La base también puede hacerse como si fuese un bizcocho enrollado, estirándola sobre una bandeja con papel vegetal y recortando la base ayudándonos del molde.
Para un molde de ese diámetro quizás quede un bizcocho ligeramente grueso. Podríamos apartar unas cucharadas y hacer unos bizcochitos de soletilla individuales o, como yo, hacer una tarta Hobbit.
Si no lo vamos a usar ese día lo podemos guardar en el frigorífico envuelto en película de cocina.

Mousse de queso a la naranja
  • 8 gr. de hojas de gelatina (4 unidades)
  • 35 gr. de zumo de naranja.
  • 110 gr. de azúcar (para hacer un jarabe con el zumo y montar el sabayón).
  • 60 gr. de yemas, 3 grandes.
  • 325 gr. de queso crema.
  • 30 gr. de azúcar (para añadir al queso)
  • 290 gr. de nata para montar (35% M.G.)
  • 40 gr. de azúcar (para añadir a la nata montada) (*)
  • Ralladura de naranja.
  • (*) Nota: este azúcar podría eliminarse. Debido a la acidez de la naranja amarga, me gusta añadirlo para equilibrar la acidez de la cobertura.
(1) Hidratamos la gelatina en agua fría durante unos minutos. Mientras se hidrata preparamos el sabayón: ponemos a calentar el zumo (¡adiós vitamina C!) y el azúcar a fuego fuerte hasta formar un jarabe que alcance los 121º C (un minuto hirviendo, aproximadamente). Mientras se calienta el jarabe montamos las yemas. Cuando estén a medio montar y el jarabe haya alcanzado unos 121ºC (no requiere tanta precisión), lo vertemos poco a poco y en forma hilo sobre las yemas, batiendo a máxima velocidad con un batidor eléctrico. Una vez hayamos acabado el jarabe seguimos batiendo a velocidad media hasta que haya blanqueado y enfriado. El sabayón debe haber aumentado considerablemente su volumen, bajado la temperatura y debe tener un aspecto pálido.

(2) A fuego muy bajo (al 1 ó 2) o al baño María, fundimos el queso sin calentar demasiado, sólo lo suficiente como para obtener un queso homogéneo cuando lo removamos con una espátula y pueda fundirse la gelatina (¿unos 40ºC?). Escurrimos, secamos la gelatina y la vertemos sobre el queso, mezclando con una espátula hasta que se haya incorporado totalmente y no tenga grumos. Retiramos de inmediato de la fuente de calor para que no esté caliente.
Añadimos la ralladura de una naranja y el azúcar (puede ser lustre), mezclando bien. Vertemos el sabayón y mezclamos de modo cuidadoso, de abajo hacia arriba y de forma envolvente, al principio sólo un poco para igualar temperaturas. Montamos la nata (bien fría) añadiendo el azúcar (puede ser lustre) una vez montada (opcional) e incorporamos (¡otra vez!) cuidadosamente de modo envolvente sobre la mezcla anterior.

Jarabe a la naranja
  • 100 gr. de azúcar
  • 100 ml de agua
  • c. s., a gusto, de licor de naranja (Gran Marnier, Curaçao o Cointreau) (*)
(*) El color verdoso de la base se debe al uso de Curaçao Bleu (verde = amarillo del huevo + azul (bleu))

Cobertura
  • 100 gr. de confitura/mermelada de naranjas amargas.
  • 90 gr. de mermelada de albaricoque.
  • 1 hoja de gelatina (2 gr.)
(1) Hervimos el agua con el azúcar. Cuando se haya disuelto el azúcar retiramos del fuego y añadimos un chorrito generoso de licor, a gusto.
Con ayuda de un pincel, humedecemos generosamente la base de la tarta con el jarabe. Cuando esté bien mojada pintamos con una fina capa de confitura de naranjas amargas que hemos batido previamente.
Rellenamos de inmediato el molde con la mousse, dándole unos ligeros golpecitos para alisar la superficie. Congelamos varias horas hasta que esté sólido, o introducimos en el frigorífico. Como han venido los suministros de mis padres con: guisantes, judías, pulpo, almejas, bacalao… me han dejado sin espacio en el congelador (¡bienvenida sea la falta de espacio!) y he tenido que conformarme con un corte lateral menos liso pero igualmente rico.

(2) Retiramos la tarta del congelador (o del frigorífico) y preparamos la cobertura. Hidratamos la hoja de gelatina en agua fría. Calentamos a fuego muy bajo la confitura de naranjas amargas mezclada con la mermelada de albaricoque, sólo para templar y disolver la gelatina. Añadimos la gelatina escurrida, retiramos del fuego y mezclamos con una espátula hasta disolver. Si no está caliente cubrimos la tarta con una ligera capa de la mezcla.
Si nos gusta más amarga podemos sustituir parte o toda la mermelada de albaricoque por mermelada/confitura de naranjas amargas. He colado la mezcla para que no tenga grumos, recuperando los restos de la corteza de naranja que quedaban en el colador.
Volvemos a introducir en el frigorífico hasta el momento de consumir.
¡A comer!

Tarta de mousse de queso y naranja amarga

domingo, 22 de febrero de 2009

Tarta de almendra y pera en almíbar

Tarta de almendra y pera en almíbarMás dura será la caída

Dulce
Tarta de almendra y pera en almíbarAntes de irnos de fin de semana, de domingo-lunes o de lo que sea, espero ser lo suficientemente rápido como para como para poner esta nueva receta, verdaderamente rica, porque tiene eso que le falta a muchas recetas de almendra: jugosidad y frescura, la proporcionada por la fruta y la propia de una tarta de almendra con mantequilla (crema de almendra).

He querido usar una crema de almendra ligera y suelta para acompañar unas a peras que he preparado en almíbar con la finalidad de endulzarlas y darle jugosidad. Otras veces las había caramelizado en la sartén, pero de ese modo había que tener mucho cuidado en no deshacerlas por completo. Se me ocurre que esta tarta puede hacerse sin frutas, duplicando la cantidad de crema de almendras.

Una pequeña dosis de aromas: canela, limón, vainilla y amaretto (también podría ser Kirsch) le da el toque especial, la guinda de una tarta de aspecto casero y gusto excelente. Modestia aparte (*).
(*) Gran dilema: si no ensalzo un plato podría pensarse que es de baja calidad o con un sabor poco atractivo; si alabo el plato le da un toque de inmodestia bastante desagradable. Para mí, deliciosa.

Tarta de almendra y pera en almíbarTengo varias recetas saladas pendientes, mas dos recetas seguidas me parecía un exceso para mí. Por cada receta salada debo tener un buen puñado de recetas dulces pendientes de publicar. Exagero sin dudarlo, porque además de esta tarta hecha el jueves, hoy mismo he acabado una tarta, esta semana he preparado unas barritas que le han encantado a María y algunas cositas más que no deseo adelantar. Saladas tengo varias, muchas veces me pasa que cuando me acuerdo ya no hay foto, con medio plato en el buche.


Vísceras

Créetelo Pepe, ¡Créetelo! Hay personas que no cambian nunca. Cuando el EGOÍSMO está tan arraigado que se agarra a las simientes de la propia existencia NADA lo puede cambiar, NADA ES NADA, ni el amor.

Sumisión. Sumisión eterna hasta la pérdida de la vida, la vida de una planta en una maceta. Es desesperante estar eternamente a la defensiva, esperando que todo venga rodado, porque si no lo viene estás perdido. Esa horrorosa sensación de ESTAR HACIÉNDOLO TODO MAL, de controlar todos y cada uno de los movimientos, de analizarlos como un ROBOT. Opción 1: izquierda, opción 2: derecha, opción 3: abajo, opción 4: arriba, opción 5: parado. ¿Cuál es la buena? Opción 6: atrás.


Tarta de almendra y pera en almíbarFin de algo
Los hay que tenemos la suerte de poder disfrutar de tres días de vacaciones de carnaval. Bueno, disfrutar, lo que se dice disfrutar es relativo. En estos momentos no me importaría ir a trabajar y evadirme por unos momentos de alguien que no es Teo y que me está exigiendo más de lo que puedo dar. No podría vivir sin trabajar, perdón, sin hacer algo, algo que me guste y complete mi vida. No puedo estar sentado en el sofá viendo la tele y sin hacer nada, hace muchos años que no lo hago, por eso soy incapaz de ver una película en televisión (la publicidad es tema aparte). En la soledad del cine me siento atado a la butaca y liberado de tener que hacer algo, normalmente productivo (lectura, cocina, deporte,…)

Tarta de almendra y pera en almíbarNos vamos, no sé por cuánto tiempo. Apostaría a que no más de un día o dos, a efectos del blog daría igual, porque últimamente sentarme a escribir unas palabras me resulta difícil. Me siento culpable por haber tenido que dar alguna respuesta más somera de lo que debía.

Entre filloas y orejas, entre cocidos y lacones, entre disfraces y charangas, allí estaréis. Entre pañales y paseos, entre cansancios y cabezaditas, allí estaré.

Un beso muy grande, porque aunque no lo perezca, aquí estaré y en mi memoria me acuerdo de (much@s de) vosotr@s.

Peras en almíbar
  • 300 gr. de azúcar
  • 300 gr. de agua
  • 4 ó 5 peras.

(1) Preparamos el almíbar calentando en un cazo el agua con el azúcar. Cuando haya hervido y se haya disuelto el azúcar bajamos el fuego e introducimos las peras peladas y enteras dentro del jarabe. Dejamos calentar durante unos 8 minutos, retiramos y esperamos a que enfríe totalmente. Para que no se oxiden las peras deben estar perfectamente sumergidas en el jarabe.
Si lo deseamos podemos repetir el proceso una vez más, hasta que queden blanditas. No lo he hecho. Al día siguiente o un par de días después preparamos la tarta.

Masa dulce (con almendra)
  • 125 gr. de mantequilla.
  • 25 gr. de almendra molida.
  • 80 gr. de azúcar (mejor en polvo).
  • 5 ml de esencia de vainilla.
  • 50 gr. de huevo (uno pequeño).
  • 1 gr. de flor de sal, una pizca.
  • 210 gr. de harina

(1) Reblandecemos la mantequilla hasta que esté suave y lisa. Añadimos el resto de ingredientes (menos la harina) en el orden indicado: almendra, azúcar, vainilla,… Cuando añadamos la harina mezclaremos con cuidado, lo justo para que ligue (como una masa quebrada, para que no se contraiga al salir del horno). Envolvemos en película de cocina e introducimos en el frigorífico hasta que tenga cierta consistencia.

(2) Con ayuda de unas bolsas de congelación, papel vegetal o similar, estiramos la masa entre ellas con unos 4 mm de espesor. Engrasamos y enharinamos ligeramente el molde, retirando el exceso de harina, y lo cubrimos habiendo despegado sólo un lado de la bolsa. El restante lo usaremos para hacer presión sobre la base, lo retiramos teniendo cuidado de que no se despegue del molde. Volvemos a introducirlos en el frigorífico durante unos 20-30 minutos para que tenga algo de consistencia antes de hornear.

(3) Cubrimos el molde con papel de hornear, rellenamos con garbanzos o alubias secas para que no se abombe e introducimos en horno precalentado a 180º C, aproximadamente, durante unos 15-17 minutos. Retiramos los garbanzos y el papel y horneamos unos minutos más, hasta que tenga un tono amarillento y nada húmedo.
Mientras hornea podemos preparar el relleno.

Relleno: crema de almendras aromatizada
  • 105 gr. de mantequilla reblandecida
  • 105 gr. de azúcar (mejor polvo, pero he usado normal).
  • 105 gr. de almendra molida
  • 2 huevos (*)
  • 10 ml. de amaretto
  • 5 ml. de extracto de vainilla
  • Dos pizcas de canela molida
  • Ralladura de medio limón.
(*) En mi “mejor versión” de crema de almendras uso en torno a un 60% de peso de almendra, esto serían unos 63 gr. de huevo. Como no añado crema pastelera y se trata de hacerla más suelta he usado dos huevos grandes. Si fuese una verdadera crema de almendras le faltaría un poco de maicena, un 10% del peso de almendra (10 gr.)

(1) Precalentamos el horno a 180ºC (ya estará caliente si hemos pre-cocido la base). Es como una crema de almendras (para una franchipán), por lo que se procederá de un modo similar. Retiramos la mantequilla con antelación del frigorífico y la reblandecemos con una espátula, sin batir, para que no coja aire y no se desplome después de hornear. Añadimos el resto de ingredientes en orden, batiendo para que se mezcle. Podría cortarse, eso no es un problema, si pensamos que lo es podemos batir un poco o añadir una cucharada de maicena.
Vertemos la crema sobre la base prehorneada. Cortamos las peras longitudinalmente en dos, extraemos el corazón y formamos gajos perpendiculares al eje central, intentando no deshacer el dibujo. Depositamos sobre la tarta, haciendo presión para que se introduzca en el relleno.
Introducimos en el horno y cocinamos por período de unos 35 minutos, más o menos, hasta que tenga un tono dorado en la superficie. Retiramos y pintamos con el almíbar sobrante.
Tomamos a temperatura ambiente. Podemos acompañarla con un poco de helado o nata fresca espesa.

Felices carnavales.

Tarta de almendra y pera en almíbar

miércoles, 18 de febrero de 2009

Abadejo al cava con salsa holandesa

Abadejo al cava con salsa holandesaPapá oso

Puede ser un merluzo
Abadejo al cava con salsa holandesaHa llegado el momento de ponerle un poco de sal al blog. Demasiados postres y demasiado espaciados (no especiados) en el tiempo, si bien me imagino que, como me pasa a mí, también serán vuestros preferidos. Hay que revitalizarse.
Distanciado también es el tiempo que está pasando desde la última vez que he ido al cine. Otros años me había visto todo y más, ahora me da pena dejar a María sola en casa con el pequeño Teo. Ya hablaremos.

Sospecho que much@s de vosotr@s habéis probado varias veces la salsa holandesa para acompañar un pescado, un marisco gratinado (unas vieras) o unos sencillos huevos fritos. A los que la han probado no será necesario detallarles las bondades gustativas de esta delicia de salsa, que no es difícil pero que sí necesita una técnica bastante precisa. Es un tipo de sabayón salpimentado y montado con mantequilla, algo parecido a una salsa muselina. Como toque final pueden gratinarse en el horno o en el microondas.

Lo he hecho con abadejo, no por nada en especial, porque entre la merluza y el abadejo me quedo con éste. Se puede hacer con cualquier otro pescado blanco no demasiado espinoso y, en tiempo de crisis, más barato.

Abadejo al cava con salsa holandesaMi vida sin mí: un hombre objeto
No voy a ser pesado ni insistir en el tema de la paternidad, que tiene tanto jugo como para aburrir a un Santo… padre. Ya, Pepinho, antes de dar el tema por zanjado no puedo evitar desahogarme al respecto de mi próximo (y único no técnico) ensayo: “El padre, ese gran desconocido” ;-). Porque del “padre” pocos hablan, pocos hablan después de que haya puesto la semillita y cumplido con el objetivo reproductor. ¡Y una miér…coles!

Abadejo al cava con salsa holandesaPapá oso abandona el hogar en busca de alimento mientras mamá osa se encarga de cuidar a las crías en la guarida… C. de la vaca. Sería cuando yo no había nacido o en tiempos de M. Castaña, porque ahora tanto mamá osa como papá oso abandonan la guarida periódicamente en busca de alimento.
Mamá osa está de baja por maternidad y papá oso les prepara la comida, limpia la cueva y colabora en el cuidado del osito. Cuando papá oso llega agotado del trabajo hay que salir, porque mamá osa ha estado toda la mañana en la cueva y le apetece. Hoy papá oso ha llevado a mamá osa y al osito a tomar un café con los compañeros de caza de mamá. Papá tenía trabajo y se quedó en el coche trabajando con los ojos entreabiertos esperando a que pasase el tiempo. Ayer más de lo mismo, papá oso es “papá oso chófer”.

Abadejo al cava con salsa holandesa No soy (¡que egocéntrico!) persona que requiera atención, por ser, ni soy persona (normal). Me gusta la independencia, la soledad y la tranquilidad [*]. Se disfruta más cuando es por decisión propia, cuando es impuesto causa cierto malestar y, sobre todo, insignificancia.

Antes de poner la semillita (¡esperma!, ¡semen! ) todo era, por parte de personas que es mejor no mencionar, comentarios de ánimo o, mejor dicho, de presión permanente: “ya estáis en la edad”, “a qué esperáis”, “se os va a pasar el arroz”,… hasta el día que en decidí de modo unilateral cortar el asunto y dejarlos cortados. De ahí en adelante sólo un milagro podía hacer que la vida siguiese su curso.
Justo después de LA NOTICIA (que tardamos más de 3 meses en dar) pasé a un segundo, tercer o cuarto plano, un plano espectral en la dimensión desconocida, menos para: hacer la compra, limpiar, cocinar, llevar objetos pesados o facilitar la vida de “la enferma”. Eso era más que soportable, pero lo más degradante como futuro padre era ver como en la consulta del Dr. C, a la hora de hacer ecografías, era necesario que María firmase una autorización para que pudiese asistir a la observación. ¡Si el feto era 50% Pepinho! El grado de malestar era soportable, era ignorado y tenía libertad de maniobra.

El día D a la hora H, en vez de mejorar, la situación cambió y dio un giro de 360º para quedar como estada con el cuello anudado. Durante quince días de noches en vela, atención permanente, cambio de pañales, organización y papeleo, el único cumplido recibido era: “se parece a su padre”, “no puedes negar que es hijo tuyo”,… algo es algo, decir que un ser tan hermoso a mis ojos se parecía a mí era como llamarme George Clooney o Brad Pitt. Esos ojos, esas manazas o esa nariz son inconfundibles, esa mirada tristona también. Un Pepinho extrovertido.

Abadejo al cava con salsa holandesaEse primer mes existía para lo malo y poco para lo bueno, los cumplidos y los posesivos (“TU hijo”) eran de género femenino y mi papel se había limitado al de semental, de simiente, claro. En mi presencia las preguntas eran (también) en singular: “tienes que buscar guardería” (por “tenéis”), “te he hecho…” (“os he hecho”), y un sinfín de frases hechas, machistas, dirigidas a la convaleciente, como si yo no pintase absolutamente nada, cuando el que durante mucho tiempo ha llevado y, por coincidencia –exacta- de horarios y vacaciones, llevará mucho peso en la educación del niño será el generador de esperma. Sólo me quedaba dar el pecho, con eso sería una verdadera madre de alquiler, por ahora me quedo en un “hombre objeto”.

Pese a todas estas discrepancias, la mayor parte de esas actitudes eran previsibles y la propia María era consciente de esa injusticia social que se estaba y está cometiendo con muchos padres. Cuando exploto de modo definitivo y sin concesiones es al oír la expresión: “amor de madre” ¡Y una miér…coles! ¿Qué pasa?, ¿Qué el padre no ama? ¿Existe un “amor de padre”? ¿Es diferente? ¿Queremos menos? ¡Demuéstralo! Yo también daría mi vida (y todas las que me quedan) por ese renacuajo mofletudo, para mí también está siendo el centro de mi vida (ahora), cuando crezca ya veremos. Incluso me atrevería a decir que daría mi vida por ella, porque una cosa es el amor y otra la convivencia, porque aunque muchas veces he sentido y siento que vivo en un cárcel con carcelera de nombre y apellidos, aunque la convivencia me fuese imposible, el amor es otra cosa que puede durar o no. Y dura. Porque a muchos también se nos ha pasado por la cabeza o nos hemos preguntado si nos hemos equivocado, si nuestra vida sería más feliz sin esas cadenas que nos unen. Si las cadenas se rompiesen mi vida seguiría estando a su disposición, como ahora.

Abadejo al cava con salsa holandesa[*] El otro día, después de muchos años, he vuelto a padecer una pequeña crisis de “ansiedad social” (algo parecido a la agorafobia), así la llamaría, aunque nunca ha sido diagnosticada como tal y los orígenes sean inseguridades de una sociedad clasista y discriminatoria. Éramos pocos, pero un encuentro repentino e inesperado provocó un estado de (semi)ansiedad y sudoraciones de necesidad de escape. ¡Qué estupidez!, sólo era una tienda en la que un grupo de personas entraron de modo repentino e inesperado.
Cuando era adolescente este tipo de situaciones era muy común, sobre todo en presencia de personas que me hacían “tilín”. Hacía que me sintiese muy inseguro.
Con los años, a medida que vas conociendo el entorno ganas seguridad, muchas veces extrema, pero rodeado de desconocidos te sientes diminuto. Eso sensación me alejó de la vida durante casi dos años (en Vigo), creí que era necesario rodearme de compañeros más cercanos para poder seguir mi camino y estudiar.

Abadejo al cava con salsa holandesaAmor binario
Para mí el amor es de ceros y unos, de amar o no amar, de sí y no. Como las margaritas, “me quiere”, “no me quiere”, “me quiere”… Eso de clasificar amores: “querer más”, “querer menos”, “amor de hermano”, “amor de hijo”, “de padre”, “de amigo”, “de amiga”.. no me parece ni justo ni adecuado, por lo menos en mi caso, que soy incapaz de distinguir un amor de otro. Si amo, amo, si no amo, me causa indiferencia.
El amor tampoco se único, como la canción: “se puede amar a más de dos personas a la vez y no estar loco”. La atracción es otra cosa, y la atracción con amor da lugar a una combinación perfecta y duradera. Somos egoístas y posesivos por naturaleza, desde pequeños, ese egoísmo nos lleva a firmar contratos verbales de fidelidad en la atracción. Y funciona.
En mi corazón cabe mucho más amor del que podría imaginar. El rincón que ocupa mi familia o mis verdaderos amigos nunca podrá ser ocupado por otras, porque aunque esté un poco loco, “se puede amar a más de dos personas y seguir estándolo”.

Abadejo al cava con salsa holandesaAbadejo al cava
  • Aceite de oliva virgen.
  • 2 cebollas (al pochar se quedará en nada)
  • 3 ó 4 dientes de ajo.
  • 1 ó 2 hojitas de laurel.
  • Una ramita de tomillo.
  • Unas ramitas de perejil.
  • 1 ó 2 vasos de cava, la cantidad necesaria.
  • 4-5 trozos de abadejo o merluza.
  • sal y pimienta.
  • Un trocito de guindilla.
(1) En un olla grande y de fondo ancho echamos un chorrito de aceite. Cortamos las cebollas en juliana fina (en tiras largas y finas). Abrimos los ajos de un golpe seco y los añadimos sobre el aceite ligeramente caliente, dejamos que “canten” durante unos segundos, sin que lleguen a quemarse. De inmediato añadimos la cebolla cortada.
Le damos unas vueltas, añadimos el laurel, una ramita de tomillo (y orégano si gusta), una de perejil, un pizca de guindilla (si gustamos) y vertemos un chorrito pequeño de cava.
El proceso es lento, se trata de ir pochando lentamente, casi caramelizando, la cebolla e ir vertiendo una cucharada (o algo más) de cava cuando veamos que se va consumiendo. Le vamos dando unas vueltas a medida que echamos el cava. Después de casi media hora tendremos la cebolla a punto, cuando la cebolla esté transparente. La cantidad exacta de cava es imprecisable, se echa poco a poco.

(2) Salpimentamos el pescado por ambas partes y añadimos a la olla. Vertemos un chorrito más generoso de cava y cocemos durante unos 5 minutos por cada lado.
Una vez cocido espolvoreamos con perejil picado (o cebollino). Mientras cuece preparamos la salsa holandesa.

Salsa holandesa al cava
  • 135 gr. de mantequilla [*]
  • 2 yemas grandes (~40 gr)
  • ~25 ml. de cava.
  • Un chorrito de limón.
  • Sal, dos o tres pizcas.
  • Pimienta a gusto (blanca, negra o a colorines).
Nota: puede parecer bastante mantequilla, pero como la hay que clarificar, retirándole las impurezas, queda perfecta.

(1) Derretimos la mantequilla en un cazo a fuego medio, eliminando con una cuchara la espuma (blanca) que se genera en la superficie. La idea es conseguir una mantequilla libre de impurezas que le podrían dar mal sabor. Una vez se haya fundido y hayamos retirado la espuma la pasamos por un colador y depositamos en otro cuenco para eliminar las partículas sólidas (oscuras) que pudieron haber quedado en el fondo del cuenco.
En un cuenco o cazo depositamos las yemas, que se levantan mejor al baño María pero si, como hago yo, utilizamos un batidor eléctrico potente y retiramos los huevos del frigorífico con antelación no es necesario batirlos al BM. Empezamos batiendo las yemas con un batidor eléctrico a alta velocidad, cuando esté a medio montar añadimos el cava que hemos hervido previamente. Lo añadimos poco a poco y sin dejar de batir. Seguimos batiendo hasta que esté (casi) completamente montado el sabayón. Habrá triplicado su volumen y tendrá un tono muy pálido.

(2) Sin dejar de batir a alta velocidad, vertemos en forma de hilo la mantequilla purificada. Batimos hasta acabar la mantequilla y hasta que esté totalmente montada, como una nata. Añadimos un chorrito de limón, sal y pimienta a gusto. Mezclamos con cuidado.
Preparamos los platos depositando cebolla caramelizada en el fondo, sobre ella ponemos el abadejo, un poco de perejil o cebollino picado fino y un par de cucharadas de salsa holandesa.
Podemos tomar de inmediato o gratinarlo en un grill para darle un tono más atractivo. Un plato que nos hará quedar como unos buenos cocineros, aunque no lo seamos. Delicioso.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Dulce porvenir

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaTarta dulce porvenir o Tarta de mousse de chocolate a la lavanda

Tarta de mousse de chocolate a la lavanda
“Tú no mami”
Teo Una historia verdadera.

He claudicado ante la oferta del amor sin condiciones, sin esperar nada a cambio, un amor para toda la vida. Ante las noches en vela y el engreimiento. He vendido mi tiempo por autosatisfacción y orgullo. Me he vuelto monoteísta y Teófilo, figuradamente ¿En qué soy diferente a los demás?, en casi nada, en que soy yo y lo poco que me queda dejará de serlo para ser para ser ÉL.

He sido seducido por una pequeña mirada aturdida en el espacio, por el instinto animal bruto, la falta de razón y la el círculo de la vida. ¿Será mejor mi vida? No creo, pero tampoco será peor. Habrá algo por lo que luchar y un punto de apoyo más en común con María, con coincidencias y discrepancias educacionales.

¿Lo mejor que me ha pasado en la vida? Es una opción, ni mejor ni peor, que me ha llenado de la felicidad suficiente como para que todo lo demás importe bien poco (hasta ahora). Estoy (razonablemente) feliz, si no lo hubiésemos decidido también lo sería, ¿o no? “Nadie es mejor que nadie, pero tú creíste vencer…” (El último de la fila). “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar” (no hace falta que mencione al autor).

A partir de aquí sólo ponemos hacer una cosa: estropearlo. “María, intentemos degradar lo menos posible esa pureza…”. Porque por ahora llora cuando tiene hambre, cuando le duele algo. No es caprichoso ni materialista, despreocupado y hambriento amigo.


Sea of Love - Teo, primer mes de Harry Haller.

Esto tenía que haber acontecido a finales de enero, hace una semana. Aquellas semanas de hospitalización se debieron a una preeclampsia que nos puso alerta durante todo diciembre y nos obligó a forzar la situación para que la nueva vida se adelantase a la semana 36. El dos de enero ese precioso (subjetividad paterna) renacuajo, desnutrido por los efectos de la enfermedad, con un peso cerca de la frontera de lo peligroso, se vio obligado a salir para cambiar nuestras vidas tres semanas y un día antes de lo esperado.
Allí estaba, ese rubiales indefenso y huesudo, tanto como su padre en época estival. Costó más de lo normal acostumbrarse a la nueva compañía, enseñarle a mamar, a pedir comida con lloros, a quejarse. Ahora, un mes y una semana después, ya está dentro del peso razonable y no para de crecer y crecer, más a lo largo que a lo ancho.

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaPara unos padres primerizos las primeras semanas son muy duras, sin tiempo para dormir ni descansar, siempre alerta y con varias visitas al pediatra (y otras visitas que, aunque cariñosas, resultan cansinas). Una noche, Noa, semidormida, me pidió que le “fuese dando el pecho”, “le toca el derecho” [*]. Me quedé sin saber qué hacer. ¿De dónde quito la leche?

Ahora ya ha cambiado. Ha crecido y no le cuesta coger el pecho, se comunica con lloros y pequeños ruidos. De vez en cuando sonríe dormido o despierto sin motivo aparente. Me encanta cuando esos ojos grandes se contornean cuando tiene la mejilla apoyada sobre la cama. Inocente, inspecciona el nuevo mundo, ajeno a los problemas que lo rodean, las crisis o la política. Su única crisis es no tener un pecho que succionar y acallar esos lloros de reclamo alimenticio. Qué fácil es: un poco de leche llegaría para hacer felices a millones de niños.

[*] Sé que no le gustará que cuente esa anécdota, pero es una imagen del cansancio al que nos vimos sometidos esos primeros días. Entonces temía sus respuestas cuando la despertaba por la noche mientras sostenía al niño en brazos…

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaHistoria de una tarta: su idolatrado hijo Sisí
Esta tarta es de un conocido (en su casa) cocinero, Pep Calo, que la preparó para celebrar el primer mes de vida de su primer y único hijo. Aunque su hijo no la podría probar, pensó que si se pareciese un poquito a su padre le encantaría el chocolate y los sabores que lo acompañarían.

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaPara él, su hijo era diferente a todos los demás. Era consciente de su percepción altamente partidista, egocéntrica, subjetiva e imparcial, pero le daba igual: era distinto, le gustaba pensar que así lo era. Y para marcar esa diferencia pensó en prepararle una tarta con mousse de chocolate única, con jarabe de lavanda. También pensó que le vendría bien hacerlo con café, pero prefería que su hijo no tomase excitantes de ningún tipo; con alcohol, pero su hijo no tomaría bebidas alcohólicas, por lo menos no las financiaría en su presencia. Este cocinero es un verdadero iluso, de ilusiones. Así le va.

Cuando la acabó, no dudo en seguir pensando lo mismo: que era diferente. Pese a estar agotado, cansado y que SU (este “su” no es posesivo) hijo nunca la llegaría a probar, se quedo sentado mirándola y soñando en cuántas le prepararía y en todas las velas que le quedarían por soplar. El cocinero iluso se asustó al pensar que algo malo podría pasar, cortó un trocito, la probó, y todos los malos pensamientos ya se fueron en ese instante.

Si no os queréis arriesgar (y triunfar) como este cocinero de andar por casa, si no queréis ser “diferentes”, podéis hacer el jarabe con un poco de café soluble (Dulce porvenir de café), con unas vainas de vainilla (Dulce porvenir a la vainilla), pimienta de Jamaica (Dulce porvenir a la pimienta de Jamaica), con algún cítrico (Dulce porvenir de naranja o limón) o Dulce porvenir de jengibre.

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaEl jefe de todo esto
La caca de los niños huele bien. Me aclaro, la caca de TU hijo no huele mal. Me aclaro más, la caca de TU hijo ES SOPORTABLE.
¿De qué se ríen los bebés? A veces ríen cuando duermen, sin causa justificada. Otras lo hacen justo después de mamar, ahí sí sé de qué se ríen.
Una idea con negocio: planta de reciclaje de pañales, entre 5 y 8 al día. Otra: reservados en los centros comerciales para que las madres nodrizas puedan amamantar a sus bebés con un poco de intimidad sin dejar de hacer compras.
Cualquier ruido agudo parece un llanto, aunque lo tengas a lo lejos ¿es la televisión? ¿El teléfono? ¿Un avión? Es superman. Te acercas para asegurarte que en realidad no era un llanto, sólo un ruido de espectro parecido.
¿Qué significa “cuchi-cuchi”?

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaFilosofadas sobre la evolución de la especie
Darwin: “somos egoístas”. La selección de grupo no funciona, el altruismo es una desventaja en esta sociedad. Los animales luchan por reproducirse, por la supervivencia de sus genes,… Ese instinto egoísta es deleznable pero hace que la raza humana siga creciendo y sobreviva. Los altruistas son un problema para la supervivencia de la raza. Horrorosa expresión, “raza” (humana).
Cuanto mayor grado de parentesco, más agravados son esos síntomas “egoístas”. ¿Es el nacimiento un acto de “altruismo”? Para Darwin era puro egoísmo.
Los altruistas son los que sacrifican sus genes, los que deciden “adaptar” a otros, los que creen en la selección de grupo y la supervivencia humana como tal, no a raíz de la propia. Daríamos la vida por nuestros hijos, ¿y por los demás?
Los factores son mucho más complejos que una sencilla división entre “altruismo” y “egoísmo”. Están los roles sociales, las costumbres, la cultura,…
Lo que tengo claro es que somos animales. Desde el primer instante de vida salen a la luz una serie de instintos que ayudan a sobrevivir: la búsqueda de una mama, los llantos por el hambre, el reflejo para andar o gatear,…

Publicidad en el correo: “¿Piernas depiladas todo el 2009 y por sólo 9,95?”

¿Qué es el cine? El cine eras tú.

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaIngredientes

Utensilios
  • Un molde desmoldable (o aro) de unos 21 cm de diámetro.
  • Papel vegetal para horno.
  • Un pincel para mojar el bizcocho.
  • Recomendable: una espátula de silicona, espacio en el congelador para el molde, dos bandejas de horno.
Sirope de lavanda
  • 225 gr. de agua.
  • 225 gr. de azúcar.
  • 6-8 cucharadas soperas de lavanda seca [*] (pueden comprarse en herbolarios o en huertas).
Nota: para tener una medida aproximada de la cantidad empleada lo he medido en cucharadas equivalentes a 15 ml. de líquido. El sirope lo he preparado con 175 ml. de agua e igual cantidad de azúcar y no me ha llegado para empapar el segundo bizcocho, he tenido que hacer más jarabe. Para esa proporción (175 ml) le he echado unas 5 cucharadas de lavanda y ha quedado suave. La proporción equivalente para 225 gr. son unas 7 cucharadas. Para asegurarnos que nos va a llegar podríamos hacerlo con 300 ml y unas 9 cucharadas.

(1) Lo prepararemos, como mínimo, la noche anterior para que infusione las flores de lavanda en el jarabe (o al revés, infusione el jarabe en la lavanda).
Mezclamos todo en un cazo y lo calentamos a alta temperatura hasta que hierva y se haya disuelto el azúcar, que no se noten los granitos. Retiramos del fuego y dejamos que enfríe. Sin retirar las flores de lavanda, lo dejamos reposar toda la noche.
El día siguiente colamos las flores y lo reservamos en un bote que pueda cerrarse, por ejemplo, uno de mermelada. Si no lo vamos a usar lo guardaremos en el frigorífico hasta el momento de su uso. Aguantará muchísimo tiempo.


Tarta de mousse de chocolate a la lavandaBizcochos de chocolate y lavanda
  • 35 gr. de sirope de lavanda a temperatura ambiente.
  • 60 gr. de yemas (3 grandes)
  • 125 gr. de azúcar (65 + 60)
  • 125 gr. de claras (3 grandes).
  • 105 gr. de harina de repostería (harina floja).
  • 16 gr. de cacao puro en polvo.
  • Una pizca de sal.
(1) Las planchas también podemos hacerlas con antelación, siempre que ya tengamos el sirope hecho.
Precalentamos el horno a unos 240º C. Mezclamos la harina con el cacao y una pizca de sal.
Separamos las yemas de las claras. Para conseguir ese peso en yemas y claras necesitamos unos huevos que pesen, aproximadamente, unos 72-75 gr. con la concha. Los pesamos antes de cascarlos, así hago yo para no tener que cascar huevos de más.
Con un batidor eléctrico levantamos las yemas con unos 60 gr. de azúcar. A medio montar, cuando empiece a blanquear, añadimos el sirope poco a poco. También podría calentarse ligeramente el jarabe para facilitar el trabajo, no lo he hecho y funciona perfectamente. Seguimos montando las yemas a alta velocidad, hasta que queden totalmente pálidas, y hayan triplicado (¿?) su volumen, durante unos cuantos minutos, casi como una nata montada. Reservamos.

(2) Lavamos y secamos perfectamente las varillas del batidor y procedemos a levantar las claras con el resto (65 gr.) de azúcar. El azúcar lo vamos añadiendo poco a poco a medida que se va montando.
Sólo queda realizar la mezcla. Lo haremos de modo más común y tradicional: vertemos las claras montadas sobre el sabayón (yemas levantadas con el sirope), mezclando delicadamente y de modo envolvente, sólo un poco. Por último, añadimos la mezcla de harina en forma de lluvia con ayuda de un colador grande. Mezclamos de forma envolvente, de abajo hacia arriba, girando el recipiente y empezando desde el centro.

(3) Cubrimos unas bandejas con papel vegetal para hornear y vertemos la masa formando dos discos no demasiado gruesos, más bien finos (como para un brazo de gitano), de unos 23 cm de diámetro (un truco puede ser dibujar un círculo sobre el papel y darle la vuelta para que no pinte el bizcocho). En realidad necesitamos un disco de 21 cm y otro de unos 20 cm pero así recortaremos los bordes ayudándonos de la base del molde desmoldable.
Introducimos en el horno precalentado a 240º y horneamos durante unos 10 minutos, hasta que haya crecido y al pulsar con el dedo recupere su posición.
Como los dos discos no me caben en una bandeja, horneo una y después otra, vertiendo la masa del segundo disco cuando ya se haya cocinado el primero.
Retiramos los discos del horno y los dejamos enfriar totalmente antes de despegar.
Pueden prepararse con antelación y guardarlos en el frigorífico envueltos en película de cocina. Incluso pueden congelarse, pero como la tarta debe ir al frigorífico lo mejor es no hacerlo dos veces ;-)

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaMousse de chocolate y lavanda
  • 200 gr. de chocolate negro al 70% (o incluso al 60%)
  • 290 gr. de nata 35% M.G. (240 gr. + 50 gr.)
  • 30 gr. de azúcar.
  • 105 gr. de sirope de lavanda.
  • 83 gr. de yemas (4 unidades) y 17 gr. de claras [*] 
  • Una pizca de sal.
[*] Nota: un sabayón se suele realizar con yemas únicamente. Si habéis visto alguno de mis otros postres en los que lo he necesitado podréis observar que acostumbro sustituir parte de las yemas por huevo, así me ahorro una unidad ;-), como en este caso. Los huevos son muy baratos, pero aún así, mi subconsciente me hace pensar que estoy desperdiciando demasiados si sólo uso yemas. Además, se monta más fácil.
Para mí los huevos son l@s reyes/reinas de la cocina, indispensables, y los valoro más por ello que por su valor económico. Si lo desean (¡anda!, me ha salido de “usted”) pueden sustituir la clara por otra yema, usando 5 grandes.


(1) Lo mejor es prepararla durante la noche anterior o incluso antes.
Fundimos el chocolate troceado en el microondas, en pequeños intervalos de unos 30 segundos, retirándolos definitivamente cuando se fundan con el contacto de una espátula. Hay que tener cuidado de que no se quemen. Si no se tiene microondas hágase al baño María, evitando al máximo que le pueda caer una sola gota de agua, se estropearía.
Montamos 240 gr. de nata, añadiendo los 30 gr. de azúcar cuando esté a medio montar. No la debemos montar en exceso, conseguiríamos ¡manteca! o una mala mousse.

(2) Preparamos el sabayón. Mezclamos las yemas (y la clara) en un cazo o cuenco. Calentamos el sirope de lavanda a fuego fuerte. Mientras se va calentando empezamos a levantar las yemas con un batidor eléctrico, al principio a media velocidad y subiéndolo progresivamente. Cuando el sirope empiece a burbujear y las yemas estén a medio montar, lo vertemos poco a poco batiendo a máxima velocidad con el batidor eléctrico. Seguimos batiendo hasta acabar el sirope.
Continuamos batiendo durante unos minutos más a alta velocidad, hasta el haya multiplicado considerablemente su volumen (como una nata montada), esté muy pálido y se haya enfriado. Debe quedar muy bien montado.

(3) Calentamos la nata restante (50 gr.) en el microondas y la vertemos poco a poco sobre el chocolate todavía fundido. Mezclamos con cuidado. Añadimos una cucharada de la nata montada para bajar la temperatura y la densidad. El resto de la nata la añadimos como siempre, de modo envolvente, de abajo hacia arriba y desde el centro de la olla o cuenco. Nunca removiendo en exceso.
Por último, siempre, añadimos el sabayón, de igual modo que lo hemos hecho con la nata montada. Mezclando con delicadeza y sin obsesionarnos en que quede muy homogéneo, mejor que quede consistente con alguna veta que homogéneo y desplomado.

(4) Montaje. Recortamos los discos de bizcocho de unos 20 y 21 cm de diámetro. Situamos el disco de bizcocho de 21 cm. (menos unos milímetros) en la base de un molde desmoldable de 21 cm. y los empapamos (importante) en el sirope. Vertemos algo más de mitad de la mousse y apoyamos el siguiente disco, ejerciendo una ligera presión, de modo que suba un poco por los laterales del bizcocho. Empapamos (más importante) de nuevo con ayuda de un pincel y vertemos la mousse restante.
Le damos unos ligeros golpes para alisar la superficie, cubrimos el molde o aro con película de cocina sin que llegue a tocar la superficie e introducimos en el congelador durante toda la noche.

Tarta de mousse de chocolate a la lavandaGanache de lavanda
  • 120 ml. de nata. Puede ser para cocinar.
  • 55 gr. de sirope de lavanda.
  • 150 gr. de chocolate negro de cobertura.
(1) Troceamos el chocolate, a ser posible con un cuchillo de sierra o incluso con las manos para que sea un corte heterogéneo y se funda mejor. Ponemos a hervir a fuego medio-alto la nata con el jarabe de lavanda. Cuando haya hervido retiramos del fuego inmediatamente y vertemos el chocolate troceado mientras mezclamos con una espátula de silicona, realizando movimientos circulares partiendo del centro del cuenco.
Removemos bien hasta que se haya fundido totalmente y forme un glaseado homogéneo y brillante.
El uso del sirope de lavanda, además de sabor, le da la textura perfecta para que cuando se consolide tenga un corte fácil y nunca llegue a tener demasiada densidad, quedando una ganache ligera.
Retiramos la tarta del congelador, la desmoldamos con cuidado y la ponemos sobre una rejilla. Con ayuda de un cucharón glaseamos cuidadosamente desde el centro de la tarta. Con ayuda de una pala alisaremos los bordes si fuese necesario.


Dejamos que tome un poco de consistencia antes de retirarla de la rejilla y decoramos a gusto. Yo le he puesto unas virutas de chocolate alrededor.
Introducimos en el frigorífico hasta el momento de consumir. Mejor incluso pasadas unas 24 o más horas, gana sabor. Para mí gusto, la guinda del primer mes del dulce porvenir.

Tarta de mousse de chocolate a la lavanda
Y que cumplas muchos más....
Teo