Un reloj en el desierto
Soy de los aficionados a cierto tipo de bizcochos suaves de textura húmeda llamados pudin, que la Real Academia de Española define como: “Dulce que se prepara con bizcocho o pan deshecho en leche y con azúcar y frutas secas”. O yo estoy equivocado, más que probable, o la Real Academia debe actualizar la acepción. La acepción de la Wikipedia me parece más acertada dentro del mundo gastronómico: “(…) postre originario de la cocina inglesa que se suele servir caliente o frío, la masa suele estar compuesta de diferentes ingredientes dependiendo de las recetas: migas de pan, bizcocho, arroz, sémola, etc. aglutinado con huevo y aderezado a veces con frutas diversas”; incluso en la entrada inglesa en Wikipedia precisa y se ajusta mucho más mi noción de pudin: un postre ligero hecho a base de leche. Pues bien, éste es un pudin al estilo de Wikipedia, pero aderezado con especias y acompañado de una deliciosa salsa de caramelo al chocolate de la que no se debería prescindir.
Ya han pasado varios días desde que lo he preparado y tomado, una semana. El tiempo no da tregua y mis peores augurios se han hecho realidad. Recuerdo con cierta euforia por mi parte los resultados obtenidos, deliciosos, casi espectaculares a mi parecer, pero tampoco me viene a la cabeza una sola palabra de agradecimiento y satisfacción proveniente de M. Quizás yo haya perdido la memoria, ella haya tenido una semana tan dura como la mía, le angustie la puesta de corto o discrepemos en algún gusto y muchos otros temas. Posibilidades reales todas ellas, casi apostaría a atribuirlo a esos enfados que surgen por culparme de sus pecados gastronómicos de la presente necesidad de ponerse el bañador.
Hubo un tiempo en que los relojes eran de arena gruesa y mojada, que bajaba lentamente por el orificio que separaba los dos hemisferios de la estructura cristalina. Entonces era capaz de esperar en el bulbo inferior a que la arena te cubriese, sin prisas, ahora intento evitar que la arena superior fluya por el orificio y me engulla, hasta que alguien lo vuelva a voltear.
Ahora los relojes son de la fina arena del desierto que, erosionada por el incansable viento, fluye a un ritmo incontrolable, grano a grano. Como agua, esa arena se me escurre entre los dedos, incapaz de retenerla ni por un instante, día a día todos los granos parecen iguales.
Y yo que me quejaba hace un año del tiempo, no del atmosférico, que ya siempre doy por perdido, menos estos días de tregua. Comer a las siete de la tarde no es muy normal, pero ya se sabe que tampoco lo soy yo, normal. Antes tenía un punto de atención, ahora tengo dos, las tareas se multiplican y mis descuidos son injustificables para aquellos que los sufren. No se puede con todo, no, pero hay tareas que es necesario cumplir, esas circunstancias que implican a otros, ésas también las he descuidado excesivamente. ¿Y yo? Hace mucho que no existo. Llegas a casa y volvemos a las andadas, lo primero es lo que otros dictan, después está lo mío. ¿Qué hay de lo mío?
(…)Estoy cansado de notar hacia mí un cierto tipo de envidia que casi se convierte en odio. Los que envidian tu presunto poco trabajo (error), los que envidian lo material e insustancial, los que envidian las condiciones laborales como el horario (error 2),… ¿Qué sabrán ell@s? Si alguien debería tener razones para envidiar sería yo, que no tengo (casi) nada, aunque lo parezca.
(…)Los pequeños detalles del día a día son suficientes para hacerme sentir en las nubes o en el infierno. Una palabra agradable de un@ compañer@, un cumplido, una sencilla sonrisa, una buena canción que suena mientras vuelvo del trabajo o un mal chiste que me hace sonreír. Igual que llega la felicidad, se va. Una mirada recelosa, un@ compañer@ que no sabe cómo sientes pero cree suponerlo (erróneamente), un falso cumplido lleno de veneno, alguien que cree conocerte porque te juzga por el aspecto o la mirada perdida. Estoy harto, ¡dejadme vivir cómo yo creo hacerlo con vosotros! Ridículo es envidiar a un indigente social e incomprendido, ridículo es hacerlo de quién es lo que no desea.
El remanso dura unas horas, brevísimas, hasta que la realidad te pone en tu sitio.
(…)La vida es la gran mentira. Todo es leve y superfluo, nada es verdadero. Nada. ¿Quién te previene de los males y los fracasos en los que de modo reiterativo hemos caído los seres humanos generación tras generación? No hay preguntas y dudas, sólo actos de inercia que acrecientan la gran mentira de La Humanidad, la sobrevaloración del ser humano. El egoísmo es el gran pecado.

Se distingue entre el olvido y el perdón. Aquellos a los que se le había querido borrar la memoria la han recuperado, se perdona pero no se olvida y se concede el derecho al recodar.
El gobierno decide repartir anticonceptivos entre jóvenes de 16 y 17 años. La oposición rechaza la iniciativa porque cree que los padres deben estar al tanto de las relaciones de sus hij@s antes de llevarlas a la práctica. La solución ha sido poner “anticonceptivos móvil”, que realizan una llamada a los padres justo antes del coito.
Gobierno y oposición deciden hacer política en vez de preocuparse por alcanzar el poder a toda costa, a base de mentiras o descalificaciones mutuas y permanentes.
Dada su baja audiencia, hoy se ha emitido el último programa “del corazón”. Ya nadie está interesado en la vida de los famosos, tienen bastante con la suya propia. Estos programas han sido sustituidos por programas de índole cultural e infantil.
Pepe está vivo, o casi.
 
 
Pudin de miel y especias- 225 gr. de harina de repostería.
- 12 gr. de levadura química (Royal, 1 sobre)
- 1 cucharilla de té de bicarbonato sódico.
- ¼ cucharilla de té de canela molida.
- 1 cucharilla de té de jengibre molido.
- ½ cucharilla de té de sal, o algo menos.
- 115 gr. de azúcar demerara (o normal si no se tiene).
- 60 gr. de huevo (1 grande).
- 6 gr. de extracto de vainilla.
- 55 gr. de miel.
- 60 gr. de black treacle (o melaza) [*]
- 60 gr. de mantequilla.
- 225 gr. de leche entera.
(1) Precalentamos el horna a unos 175-180ºC. Engrasamos y enharinamos ligeramente (retirando el exceso de harina) un molde de 20x20 cm2. Esta vez únicamente he cubierto el molde con papel de hornear, no he engrasado la superficie.
Mezclamos los ingredientes secos: la harina, la levadura química, el bicarbonato, la canela, el jengibre, la sal y el azúcar. En un cazo calentamos la miel con la melaza y la mantequilla hasta que se haya fundido. Retiramos del fuego y añadimos la leche entera, mezclado un poco con una espátula o cuchara.
(2) Añadimos el huevo ligeramente batido y la vainilla sobre la mezcla de harina. Vertemos sobre esa mezcla de harina el contenido líquido con leche y batimos hasta que no tenga grumos. Echamos sobre el molde e introducimos en el horno hasta que esté hecho, que al pinchar con un palillo o cuchillo salga limpio, unos 25-35 minutos. En ese instante se despegará con relativa facilidad de los bordes del molde.
Retiramos y dejamos enfriar. Incluso está mejor pasados varios días, se afianzan los sabores. A mí me gusta introducirlo en el frigorífico y retirarlo con antelación cuando lo vaya a tomar. En el momento de tomar acompañamos con salsa de toffee al chocolate.
Salsa de caramelo al chocolate (toffee de chocolate)
- 80 gr. de azúcar moscabado (o normal si no se tiene) [**].
- 35 gr. de mantequilla.
- 1 cucharilla de té de cacao puro en polvo.
- 115 ml. de nata líquida 35% MG.
(1) En una pequeña olla de fondo grueso vertemos el azúcar y calentamos a fuego bajo-medio, sin remover, hasta que se caramelice. Tampoco es estrictamente necesario que se caramelice demasiado, y más si es moscabado (tiene un recubrimiento de melaza muy aromático), durante la preparación de la salsa ya se va caramelizando con el resto de ingredientes.
Para que el caramelo se haga de modo homogéneo podemos ir girando levemente el recipiente. Cuando haya adquirido un color tostado retiramos del fuego, añadimos la mantequilla, la nata, mejor caliente, y el cacao en polvo. Removemos y volvemos a calentar a fuego alto hasta que se funda totalmente, no tenga cristales de azúcar y se forme una salsa cremosa, durante 2 ó 3 minutos. Si lo deseamos podemos añadir una pizca de sal.
Si vemos que quedan partículas sólidas podemos colarlo una vez hecho, antes de que se vuelva más denso. Este caramelo se puede hacer con bastante antelación (el día antes) y calentarlo a fuego bajo en el momento de servir.
Ideal para estos pudines. Eso creo.






















































