sábado, 31 de octubre de 2009

Pastel de calabaza y naranja

Pastel de calabaza y naranjaSam Lawry

... en Todos los Santos
Samhain. “En estas fechas tan señaladas…” toca calabaza.
Estamos en época de calabaza, en la que nos dan calabazas por todos lados. Yo toda mi vida he estado en época de calabazas, aunque para que te den calabazas tendría que haber hecho, por lo menos, alguna insinuación y yo pocas o ninguna he hecho.

Pastel de calabaza y naranjaEstoy usando mucha calabaza últimamente, básicamente para los purés de Teo y para los postres. Mañana mismo (“mañana” es indeterminado) pondré otra receta diferente que (también) me ha encantado. Ésta es más un pastel de calabaza al estilo tradicional con algunos cambios: un poco de queso, leche evaporada+azúcar y aroma de naranja. Estoy seguro que gustará mucho a aquell@s a los que les guste el pastel tradicional que ya he publicado en el blog. Si no tenemos concentrado de naranja podemos sustituirlo por leche evaporada y añadir un poco de ralladura. Con el queso pasa más de lo mismo, puede usarse sólo el puré de calabaza si se desea, sustituyéndolo por puré. Aún así, el queso le da un cuerpo y textura que no tendría si sólo llevase calabaza.

En cuanto a la preparación del puré de calabaza, lo sigo prefiriendo hacer en el horno, pues desprende el exceso de agua con mayor facilidad que si se hace al vapor. Siempre lo aprieto con las manos o una cuchara y dejo escurrir en un colador toda la noche para que suelte el agua.

Pastel de calabaza y naranjaCuando el pastel se hornea durante más de 40 minutos no acostumbro a hacer un prehorneado de la base masa quebrada o dulce, simplemente aumento la temperatura del horno durante los primeros diez minutos para que se haga. Mediante esta técnica evitamos el trabajo añadido de precocer la masa antes de rellenarla. Esta vez, como la tarta debe cocerse a temperatura medio-baja para que se mantenga lisa y se haga por igual, he cocinado con antelación la base durante unos 15 minutos, así evitamos que la tarta pueda quebrarse con el cambio de temperatura. Todo es cuestión de gustos. Como estaba a otras cosas (T) me he despistado con el tiempo que he precocinado la base y me he pasado un poco.
Rica.

Pastel de calabaza y naranja
Brazil!
Sólo soñar despierto me aleja de esta asquerosa realidad, de la opresión de la burocracia del estado, de los recursos y denuncias, de la incompetencia, del estado policial en el que vivimos bajo la supuesta bandera de la democracia y la libertad de expresión, que no de pensamiento. Podemos expresarnos con libertad pero no podemos ejercer nuestros derechos con fluidez y coherencia. Nos ahogan entre papeles y recursos. Es inocente el que tiene un buen abogado, la verdad poco importa. Se ejerce el corporativismo, la falacia y el perjurio sin conciencia. Los cuerpos del estado no sirven al estado, se sirven de él y se aprovechan de los mal llamados “vacíos legales” y las resoluciones eternas. Ante sus mentiras poco podemos hacer, su palabra “vale por dos”, es lo que llaman: “presunción de veracidad”, que se devora a la de “presunción de inocencia” (Art. 24 de la Constitución Española). “Todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros..” (G. O.)


Pastel de calabaza y naranja
Es la lucha por la supervivencia la que hace milagros. Por qué vivir, luchar… por DIGNIDAD, para que la sangre de tu sangre pueda creer en la JUSTICIA, exista o no. Para poder CREER.

Sólo hay algo que asusta a la burocracia del Ministerio de Información (MI): la publicidad, el miedo al cuarto poder. Publiquen una noticia y sus quejas serán escuchadas, por lo demás todo es pura IMPOTENCIA.
El Ministerio de Información me ha informado que el país es democrático y nada corrupto, que no hay malversación de fondos ni apropiaciones indebidas. El abuso de autoridad no existe, es lo que llaman: “poner la cosas en su sitio”.

Ante tal deshumanización, la letra pequeña frente al sentido común, hay que estar un poco loco para poder sobrevivir cuerdo. El refugio de los cuerdos es el soñar, en Brasil, en algo a lo que agarrarse. A los estados les asusta Internet porque no tienen control sobre él, las opiniones fluyen sin control ni censura (por el momento) y hasta ahora siempre habían sido ellos los encargados de crear opinión con el control que ejercían sobre los medios de comunicación. Ahora somos nosotros los que publicamos las noticias y las generamos. Eso debe escocer…

Pastel de calabaza y naranja¿Quién vigila al vigilante? ¿Somos iguales? ¡A la mierda!
Ayer (lunes) fue uno de esos días (otro más) para olvidar. Verme sometido por la mentira, falsedad, incompetencia, INDEFENSIÓN y abuso de la autoridad, está dentro del control y sometimiento que el estado ejerce sobre nosotros. IMPOTENCIA.

Me dirigía al trabajo en coche como cualquier lunes. Subiendo por una vía de dos carriles en el sentido de mi marcha adelanté a un camión a unos 100 Km/h, instintivamente había mirado el cuentaquilómetros ante una visión lejana que se aproximaba. Todo normal, volví al carril derecho y seguí la marcha. Mientras lo hacía pude ver a lo lejos, en sentido contrario de la marcha, a una patrulla de Guardia de Tráfico. Todo (a)normal, nos cruzamos y seguí la marcha. Yo circulaba por el carril de la derecha y estaba separado de ellos por uno central. Un encuentro fugaz, una percepción equivalente a ver desde el arcén cómo un coche circula a casi 200 Km/h (100+100) por el carril opuesto.

Pastel de calabaza y naranjaUnos cuatro kilómetros después (4-5 minutos) llamé a María para que recordase a Myr qué comida tenía que darle a Teo y dónde estaba. Se me había olvidado indicárselo. En realidad, la llamé y me devolvió ella la llamada. Mientras todavía hablaba con María, ya casi entrando en la localidad en la que trabajo (exactamente 5 kilómetros después) veo por el retrovisor a una patrulla de Tráfico con las luces encendidas. Al llegar a la rotonda me indica que me aparte a la derecha y estacione, cuelgo el manos libres y le digo a María. “Tengo que colgar, no sé qué quiere la policía”.

Pastel de calabaza y naranjaSe me acerca un agente de Tráfico con gafas de sol y me dice: “deme su permiso de conducir”. Me bajo del coche, abro la puerta corredera, busco el bolso, levanto el primer cierre, la cremallera y se lo doy. Hace un tiempo que lo llevo en la bolsa de mano por si tengo que usar el coche de María. Nada más dárselo me insinúa: “No nos ha visto, ¿verdad?”. “Sí, nos hemos cruzado en la vía de doble carril”, dije. “Lo voy a denunciar por hablar con el móvil”. ALUCINÉ. Tengo manos libres y la única forma de llamar con el vehículo en marcha es a través de él.

- “¡Pero si tengo manos libres!, ¡pero si el móvil está en la bolsa de mano, en el asiento trasero!”. Impotente y abochornado.
- “No me tome el pelo, hablaba por el móvil cuando nos cruzamos. ¿Cree usted que íbamos a dar la vuelta por nada?”.
- “Me habría estado mesando los cabellos, o posando las gafas (sucias) porque me molestaban los reflejos del sol, rascándome la oreja o, lo más probable, apoyado en el apoyabrazos”.
- “Yo sé lo que he visto”.

Impotente, me dirigí al otro agente para preguntarle y que pudiese corroborar la VERDAD. “¿y usted? ¿Qué ha visto?”.
- “Yo no he visto nada, iba atento a la conducción”. Este agente permanecía sin casi pestañear, mirando al frente, sentado en el asiento del coche y como intentando no intervenir para no boicotear falsa percepción de su compañero. Prefiero pensar que había sido una “mala percepción”, una mentira sería un delito propio de tiempos (no tan pasados) que prefiero olvidar.
- “Mañana ustedes dicen que no llevaba el cinturón de seguridad y ¿cómo podría defenderme? Y si se les da por decir que llevo drogas…” Im-po-ten-te.

Ante tal bochorno busqué el móvil dentro del bolso lleno de cables, una caja de dvd, la cartera o mis (mini)libretas de anotaciones con recetas… les enseñé el móvil para que consultasen las llamadas. No quisieron mirarlas. Les dije: “Inspeccionen el coche, revisen las llamadas del móvil, hagan las comprobaciones oportunas”. Yo ya lloraba de impotencia, incapaz de soportar la actitud PREPOTENTE y CHULESCA del agente, cada vez menos receptivo a medida que le iba dando razones de peso y mi indignación iba en aumento. Incapaz de dar luz a lo obvio. Piensa el ladrón que todos somos de su condición o, mejor, cuando se trata a diario con infractores mentirosos se generaliza olvidándose de uno de los derechos establecidos en la Constitución Española: la presunción de inocencia.

- “Yo sé lo qué é visto, me llega con eso. ¿Me está llamando estúpido? No me da la gana de inspeccionar el vehículo ni me hace falta.”. Me dijo el agente, creo que ya desconfiando de su vista o no queriendo conseguir pruebas que lo inculpasen, perdón, no me inculpasen.
- “Eso lo está diciendo usted. Díganme mis derechos. ¡Qué puedo hacer!”. Ya no podía más, la impotencia me hacía caer las lágrimas.
Me entregó la denuncia, la guardé junto con el permiso de conducción dentro de la bolsa de mano y la dejé dónde estaba, un lugar inaccesible desde el asiento delantero del conductor. Encendí el coche y me dirigía al trabajo. En ese intervalo de tiempo volví a hablar con María, otra vez, a través del manos libres. Lloraba sin consuelo, mientras conducía con normalidad. Colgué el teléfono, aparqué el coche en la puerta del trabajo e intenté secar las lágrimas para que no se me notase demasiado.

No sirvió de nada que llevase manos libres totalmente operativo, en móvil en el bolso, que les solicitase investigasen mis llamadas, nada. ¿Qué presunto infractor seguiría hablando con el teléfono móvil después de ver una patrulla en la distancia? ¿Cómo podría haber estado hablando con María justo antes de la denuncia? ¿Y después? ¿Y mi indignación?
Ante las evidencias no vale nada, ni registro de llamadas, ni testigo (se trata de mi mujer),… Como les dije a los agentes, es un episodio propio de un ESTADO POLICIAL en dónde las fuerzas de seguridad tienen PODER ABSOLUTO para cumplir sus CAPRICHOS.

Después todavía falta la guinda del pastel. Todas las fuentes me adelantan que los recursos serán probablemente serán desestimados, que el agente no se retractará, que podría llegar a mentir si fuese necesario,… Pero no, soy débil y excesivamente sensible, que ese día salió a la luz con mayor facilidad por el cansancio. Pero pocos hechos me causan mayor INDIGNACIÓN que la INDEFENSIÓN y la OPRESIÓN. Lucharé mientras pueda, aún perdiendo dinero, porque lo más sencillo sería aceptar la multa pagando con la reducción, pero sería aceptar una culpabilidad que no tengo. Sería darle la razón al SISTEMA INJUSTO y corrupto. Llegaré hasta dónde pueda, porque el agente se base en una percepción, “le pareció haberme visto”, yo me baso en la CERTEZA y la VERDAD que no contradice a la suya, porque no es lo mismo “creer” o “parecer” que “SER”.

La Constitución dice que todos somos iguales, pero “hay unos más iguales que otros”.

Pastel de calabaza y naranjaIngredientes

Base de masa quebrada (o masa dulce)
  • 250 gr. de harina.
  • 150 gr. de mantequilla (del frigorífico).
  • 100 gr. de azúcar.
  • 1 huevo no grande
  • ½ vaina de vainilla o vainilla en polvo (opcional)

Relleno
  • 2 huevos medio-grandes.
  • 300 gr. de puré de calabaza.
  • 110 gr. de queso crema (puede sustituirse por puré de calabaza)
  • 130 gr. de azúcar.
  • 30 gr. de azúcar moreno.
  • 1 cucharilla de té de canela molida.
  • ½ cucharilla de té de sal.
  • ½ cucharilla de té de jengibre molido.
  • Una pizca de clavo molido.
  • Dos pizcas de pimienta de Jamaica (opcional).
  • 290 gr. de leche evaporada (o nata líquida).
  • 65 gr. de concentrado de naranja (si no se tiene sustitúyase por leche evaporada y un poco de ralladura de naranja)
(1) Preparamos la masa quebrada como normalmente. Mezclamos la harina con la mantequilla, el azúcar y la vainilla, trabajándola un poco hasta que tenga apariencia de pan rallado. Añadimos el huevo y mezclamos lo justo hasta formar una masa compacta. Envolvemos en película plástica de cocina e introducimos en el frigorífico hasta que se endurezca y sea fácil de trabajar.
Engrasamos y enharinamos un molde de 23 cm. (¿?) de diámetro. Retiramos la masa del frigorífico y la extendemos en medio de una bolsa de congelación abierta o algún tipo de papel antiadherente para que no se pegue al rodillo. No debe quedar demasiado gruesa para que se hornee con facilidad. La volvemos a introducir en el frigorífico para que gane consistencia mientras preparamos el relleno.

Nota: cuando una tarta va bastante tiempo al horno, como ésta, no es necesario hacer un prehorneado de la masa. Esta vez lo he hecho pero se me tostó un poco por los bordes. Si decidimos hacer un prehorneado lo haremos depositando papel vegetal y unos garbanzos a para que ejerzan presión sobre la tarta, y horneándola a unos 190º C durante unos 15 minutos, retirando en relleno de garbanzos durante los 5 últimos. Dejamos enfriar.
Como he dicho, el prehorneado no es necesario y llega con dejar la tarta a fuego más fuerte durante los primeros 10-15 minutos de horno.


(2) Relleno. Batimos los huevos con el puré y el queso. Por otro lado mezclamos los azúcares, las especias y la sal y se lo añadimos a la mezcla de huevo. Añadimos esta mezcla sobre la mezcla de huevos. Vertemos la leche evaporada (o nata si no tenemos), mezclamos bien y cubrimos la base, prehorneado o no.
Si hemos realizado un prehorneado de la base: introducimos la tarta en el horno precalentado a 165º C y dejamos cocer durante unos 40-45 min, aprox., hasta que haya cuajado. Al final del horneado podríamos comprobar el punto de cocción pinchando con un palillo.
Si no hemos realizado el prehorneado la introducimos en el horno precalentado a 200º C y pasados 10-15 minutos bajamos la temperatura hasta los 165º C. Retiramos la tarta pasados unos 40-50 minutos, aprox., dependiendo del tamaño.
Dejamos enfriar totalmente antes de introducir en el frigorífico. Yo la prefiero fría, incluso está mucho mejor pasados unos días (gana sabor).

miércoles, 21 de octubre de 2009

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de praliné

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéNoches blancas y descalzos por el parque

Lost!
Acostumbro a empezar hablando de la receta. Bien, pues esta vez lo seguiré haciendo, como no. Hoy la luz del día ha conseguido mejorar ligeramente mi ánimo. Si pudiese, viviría las noches blancas y el sol de medianoche eternamente. En enero estaría en la Patagonia o en La Antártida y en julio en Alaska, parloteando con algún doctor y viendo a los renos cruzar las pocas vías.

El postre, ¿a alguien le importa? Para los interesados, yo entre ellos, allá voy. Son unas barritas (te has lucido, Pepinho), unas barritas (¡sigue así!, acabarás aburriendo al personal) de base de galleta de chocolate con una capa praliné crujiente con chocolate y cereales de arroz inflado (¡venga Perogrullo!, que lo estás bordando). Si las dos capas de modo independiente ya están para comérselas (¡sólo faltaría!), combinadas conforman una galleta de verdadero lujo [nota del autor: espero que la voz en off se calle de una puñetera vez].

Las he preparado para un molde de 20x20 cm2, aproximadamente. Para ese tamaño la cantidad de galleta necesaria es la equivalente a medio huevo (unos 25-30 gr.). Como eso de “partir los huevos” no me gusta nada, he hecho el doble (una unidad) y horneado la base con toda la galleta (cuestión de tiempo), aún a costa de que me quedase más gruesa. Recomendaría que se preparase toda la masa y se usase sólo la mitad como base para que no quede demasiado gruesa. Con la sobrante podremos preparar unas ricas galletas de chocolate.

El crujiente de praliné lo he hecho de arroz inflado, pues no se reblandece en absoluto al añadirle el praliné con el chocolate templado. Además, le da más cuerpo y textura de galleta. El uso de barquillos no siempre garantiza un crujir adecuado. La cantidad de arroz inflado es aproximada, no todas las marcas de cereales de arroz tienen la misma densidad ni tamaño.
Sin más, sólo decir que son unas galletas realmente sorprendentes de tendencias navideñas, o eso me ha parecido.

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéPerdido
Me robaron el coche, lo busque y lo encontré en eBay. Pujé, pero sólo pude pagar el precio de tasación, perdí la puja y el coche. Me robaron la consola, la busqué en eBay y la encontré. La vendían a mitad de precio y me compré otra. Me desapareció la alegría, la busqué en eBay y la encontré. Una entrada de cine y unas maracas. Me desapareció mi mujer, la busqué en eBay y no la encontré, se había ido con otro que encontró en eBay. Fue venta directa, sin pujas. El pago contra reembolso, todavía tengo en mis manos la factura. No estoy dispuesto a pagar los vicios de nadie.

Perdí las llaves de casa, las busqué y no las encontré por ningún lado. Le pregunté a mi mujer, pero ya se había ido con el chico, 10 años más joven que ella, que consiguió en eBay. Miré debajo del felpudo, pero se lo había llevado mi mujer. Miré en todos los cajones y, ¡los cojones!, no estaba. La única copia se la había llevado mi mujer, mi ex-mujer. Estaba perdido. Busqué debajo de la alfombra, sucia, dentro del armario, en el bolso... nada. Me llevé la mano al bolsillo, allí estaban. Llamé al cerrajero para que cambiase la cerradura, no quería que mi mujer volviese a entrar, y menos con un paquete enviado desde Cuba.

Perdí la ilusión. La perdí en un bar de copas. No es que me guste frecuentarlos, me van más los locales sofisticados, menos iluminados y de luces rojas. Allí la conversación es más directa. La perdí por la mirada de una joven que no era para mí, ni la mirada ni la joven ¿o era EL joven? Vaya usted a saber. La perdí cuando me encontré solo, a-poyado en la barra y con una jarra de vino del país. ¿De qué país? No me lo pregunten, sólo recuerdo la primera copa.

Encontré a mi mujer, mi ex mujer, lo hice en eBay. Un cubano la había puesto en venta: “a estrenar”, “semi-nueva”. De regalo un juego de cuchillos. Pujé y perdí. Qué más daba, lo que me interesaba eran los cuchillos, de esos grandes de carnicero.

Perdí el tiempo. Lo perdí escribiendo estupideces. Busqué en eBay y lo encontré. Pujé y perdí de nuevo.

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéMartes, casi lunes
Menudo día. ¡Tenía que ser martes y trece!, ¡si ya lo decía yo! Me lo ha tenido que recordar un alumno, como si no tuviese suficiente con la nochecita que nos han dado los dientes de la leche.
Menuda nochecita, Teo se ha despertado sólo dos horas después de haberme acostado, después de haber estado preparando apuntes para los alumnos. Y así hasta la hora de levantarme.
Debo de ser el tonto de la familia, el que se levanta por las noches, la estrella amiga de Bob Esponja. Ya me pasó ayer y me ha vuelto a pasar hoy. Lo peor es cuando sientes que te ha tocado sólo el trabajo sucio, preparar las papillas, levantarme por la noche,... Dejémoslo, que no estoy en condiciones de permanecer despierto ni de controlar mis instintos.

(..)

Es lunes. La corta semana pasada ha sido muy dura. Por las noches no he dormido y por el día no he podido dormir. María ha tenido reunión todas las tardes menos la del viernes, yo he tenido el jueves. Las tardes en compañía de Teo son lo mejor del día. Otra cosa es cuando “tengo que” o “tenemos que...”, esto es, ir de compras. A Teo le gustan los supermercados pero muy poco las tiendas de ropa, en eso coincidimos. También en nuestra afición por los juguetes y manosear objetos. Ya tengo excusa para comprar los juegos que me apetezcan. “¡Pero si pone a partir de 10 años!”. “Todo llegará, María, todo llegará”.

El día de hoy ha amanecido mucho más triste, no como la semana pasada, llena de sol. El martes fuimos Teo y yo de paseo por la zona vieja, a excitarnos mirando y persiguiendo palomas. Demasiada excitación (para él) y demasiada tortícolis (para mí).

Atardecer desde la Alameda:
Puesta de sol desde la Alameda, SantiagoEl miércoles cambié, acertadamente, la ruta por la Alameda (¿hay alguien que le llame “Paseo de la Herradura”?). Por la tarde nos tumbamos sin rubor en el césped, él y yo. En esta época del año la inclinación solar da lugar a una dispersión que enrojece los rayos, mostrando unas postales que me han hecho olvidar los malos ratos pasados durante la noche.
Sobre la hierba puede pasar casi una hora sin reclamar tu presencia, sólo de vez en cuando te echa una mirada con sonrisa incluida para cerciorarse de que sigues ahí. La tranquilidad de tirarte en la hierba sin sentirte un bicho raro ni preocuparte por manchar la “ropa de los domingos”.



(…)

Martes. Ya llueve. Orvalla, “chove miudiño, miudillo”. Echo de menos los rayos de sol y los paseos por la Alameda. ¿A dónde salir a pasear? ¿A un centro comercial? Ni por asomo, antes mojarme.



Teo ya gatea desde hace un par de semanas. Antes lo hacía a revolcones, apoyándose en la cabeza o empujándose únicamente con las piernas. Se levanta el solo y se apoya en la mesa de centro o el sofá. Quiere marcha.

Señor, ¿qué quieres que haga?
De lo más difícil de tener hijo/s es no ser lo suficientemente generos@ como para darle más de lo que no te cuesta dar. Es difícil ser buen/a padre/madre si no se ha sido un/a buen/a hij@, si lo sigues siendo (en cierto modo) y la madurez es sólo algo que le sucede a los frutos. Si ya lo sabía, pero había que tener esperanza y confiar en el cambio.

Si eres egoísta con tu trabajo no esperes que sea generos@ con su vida, si eres perezos@ tampoco hay motivos para pensar que dejará de serlo después. Es lo que hay.
“…Soy un soñador. Hay en mí tan poca vida real, los momentos como este, como el de ahora, son para mí tan raros que me es imposible no repetirlos en mis sueños. Voy a soñar con usted toda la noche, toda la semana, todo el año…”
F. Dostoievski, “Noches blancas”

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéIngredientes
Capa de galleta de chocolate
155 gr. de harina [78 gr].
¾ cucharilla de té de levadura química (Royal) ó ½ de bicarbonato [¼ cucharilla]
½ cucharilla de té de sal fina [¼ de cucharilla de té]
120 gr. de mantequilla a temperatura ambiente [60 gr.]
85 gr. de azúcar normal (blanco grano) [43 gr]
90 gr. de azúcar moreno [45 gr.]
6 ml. de extracto de vainilla [3 ml.]
1 huevo grande (60 gr.) [30 gr.]
170 gr. de chocolate negro troceado.
65 gr. de nueces troceadas.

(1) Troceamos el chocolate y las nueces de modo que no queden demasiado pequeñas. Mezclamos la harina con la levadura química y la sal. Reservamos. Con una cuchara de madera batimos la mantequilla (a temperatura ambiente) con los azúcares y la vainilla.
Añadimos el huevo y mezclamos bien. Incorporamos la mezcla de harina, el chocolate y las nueces. Mezclamos al principio con la cuchara y después podemos hacerlo con las manos (siempre que no quede demasiado blanda).

(2) Forramos un molde de 20cmx20cm con papel vegetal de hornear y extendemos mitad de la masa de galleta sobre él. Con la restante haremos un cilindro para preparar unas galletas. Guardamos la masa en frigorífico hasta que se endurezca, unas horas o de un día para otro. La masa de galletas la podemos envolver en película de cocina durante varios días.

(3) Precalentamos el horno a 190º C. Horneamos la primera capa de galleta hasta que tenga un tono dorado por los bordes (sin que llegue a tostarse demasiado). Si para unas galletas con 10 minutos pueden ser más que suficientes, para toda la base he necesitado unos 20 min (ojo, yo la he hecho el doble de gruesa).
Para hornear las galletas se corta el cilindro en unidades de 1 ó 1,5 centímetros de grosor y se hornean durante unos 8-12 minutos, hasta que los bordes parezca que se empiezan a tostar. He dicho “parezcan”.
Dejamos enfriar totalmente antes de formar la segunda capa. Las galletas las guardaremos en un recipiente hermético durante varios días, si llegan.

Capa de praliné crujiente de chocolate con leche y arroz inflado
  • 100 gr. de azúcar.
  • 120 gr. de avellana (tostada)
  • 160 gr. de pasta de praliné elaborado con las proporciones anteriores.
  • 18-20 gr. de mantequilla.
  • 80 gr. de cobertura de chocolate con leche.
  • ~50 gr. de cereales de arroz inflado, preferiblemente de chocolate.
(1) Preparamos la pasta de praliné tal y como aparece en la receta de la pasta praliné (28, abril del 2009). Troceamos con un cuchillo de sierra la cobertura de chocolate con leche y lo fundimos al baño María o en un cazo de fondo grueso a fuego muy bajo, cuidando que no se queme y acabando de derretirlo fuera del fuego removiendo con una espátula de plástico. Añadimos la mantequilla troceada y mezclamos delicadamente con una espátula hasta que se haya fundido.

(2) Vertemos el praliné, removemos y añadimos la cantidad suficiente (c.s.) de arroz inflado, hasta que parezca que no admita más. Yo he necesitado unos 50gr., pero depende de la densidad del arroz utilizado.
Extendemos sobre la base de galleta e introducimos en el frigorífico durante unas horas (mejor de un día para otro), hasta que se haya endurecido. Recortamos las barritas y las conservamos en frío. Duran en perfecto estado varios días.

domingo, 11 de octubre de 2009

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo¡Nada!

Con fundamento
No hay mayor atrevimiento que la ignorancia, la mía. No es que hubiese osado como cualquier engreído a desdeñar a nadie, ni por asomo, no me atrevería a juzgar absolutamente a nadie. Pero en mi foro interno había un duendecillo que me decía que Karlos Arguiñano era un gran comunicador y empresario, pero no tenía una gran consideración de él como cocinero. El duendecillo ha cambiado de opinión, me ha dicho que no debo juzgar (ni interiormente) a nadie al que no le llegue ni a la suela de sus zapatos. Porque, sólo para empezar, la experiencia, práctica y dominio de la técnica es algo de lo que yo carezco. Asunto aparte sería el eterno debate de dónde acaba la opinión y dónde empieza el juicio, si alguien lo sabe que me envíe un “mesemese”, impuestos incluidos.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo Quizás Arguiñano no sea un buen repostero, ni domine las técnicas de amasado (he visto, alucinado, como ponía los garbanzos directamente sobre una masa quebrada que quería precocer –para una quiché– sin cubrirla previamente con algún tipo de papel apto para el horno [*]), pero es un grandísimo conocedor de las técnicas y preparaciones base (salsas, combinaciones,…), que armoniza a la perfección para enseñarnos un nuevo plato cada día. Además, veo como poco a poco nos facilita ideas (como ésta) que en muchos casos no habría imaginado, ayudando a ampliar nuestro menú semanal.
[*] No es el único. Ver a José Andrés, que siempre he tenido (y tengo) en gran consideración, preparar el Tiramisú ha sido una experiencia muy confusa. Al tensión creía al percibir cómo le faltaban 0,000001 nanosegundos para que se le cortase la nata no fue demasiado agradable.

Desde el nacimiento de Teo me ha tocado cocinar en su compañía, la de Arguiñano. Cuando empiezo a picar cebolla él ya tiene todos los ingredientes sobre la mesa de trabajo. Allá vamos los dos, en paralelo, yo buscando nuevas ideas y él buscando nuevas formas de cocinar platos tradicionales. Lo veo dominar las técnicas y las manos (a ciegas) mientras cuenta chistes, casi siempre de toques machistas o picantes, cuya gracia reside en la locura del Rey Jorge.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo Este plato está basado (exceptuando la salsa) en uno de esos platos que preparaba KA mientras yo hacía mis labores en la cocina. Lo de rellenar pimientos con tortilla no era nuevo para mí, pero lo de hacerlo a modo de puré me ha parecido una gran idea, hasta he pensado en aligerarla todavía más con una clara de huevo montada, por ejemplo. El único cambio que he hecho ha sido acompañarla de una salsa de piquillo a la que he añadido una reducción de chorrito de vino blanco antes de ligarla con el caldo. Él los acompañaba con una salsa verde, más atractiva cromáticamente pero (creo) una composición que me parece demasiado arriesgada. He apostado por una de mis salsas preferidas: una salsa de pimientos del piquillo.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquilloSpanish omelette
Explicar cómo se hace una tortilla de patatas puede resultar demasiado ridículo. Un plato muy fácil que cada cual lo concibe “a su modo”. Como se suele decir: “no hay dos tortillas iguales”. ¡Qué miedo!, ¡hablar de cómo se prepara una tortilla! No lo haré, sólo mencionaré mis gustos y preferencias a la hora de elaborar el plato.

Según el modo más popular y tradicional, la patata de la tortilla no debe freírse al modo que se hace con unas patatas fritas. Se recomienda freírlas a temperatura medio-baja, casi confitadas. Pues bien, yo no soy de esos, a mí me gusta FREÍR las patatas. No me gusta que al probarla no se distinga si la patata está cocida o frita. Por supuesto, también soy un detractor de las técnicas de la doble fritura que practican en muchos restaurantes para ahorrar tiempo.

En cuanto a los huevos, yo soy de los que “más vale que zozobren que no que zofalten”. Jugosa, con mucho huevo, nada de esos apelmazados amasijos de patata en los que el huevo sólo se intuye. Y, visto lo visto, la prefiero poco hecha pero no líquida (como en alguna famosa tortillería de la zona).

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo ¿Con o sin cebolla? Entramos en terreno muy escabroso. En principio, no. Antaño la cebolla se usaba para mantenerla en buen estado durante varios días. Cualquier aditivo que pueda añadirse (chorizo, cebolla, pimiento,…) no es más que escaparse de la elaboración básica para darle nuevos sabores y adecuarla a nuestros gustos.
Cuando era pequeño aborrecía la tortilla con cebolla. Curiosamente, ahora que soy mayor (más mayor ;-)) y sabiendo que a María le gusta, la suelo hacer con cebolla… y me gusta, casi la prefiero. Aún así, la tortilla no debería llevar cebolla. ¿Y pimiento?, eso ya no sería una tortilla de patatas, sería una tortilla campesina, de hortalizas, etc.

¿Cuándo añadir la cebolla? Si deseamos freír la cebolla con la patata, añadirla con ella acabaría por tostarla (que a muchos gustará), por lo que yo preferiría incorporarla a medio freír. Sin embargo, yo no empleo ninguna de esas dos técnicas. Si tengo tiempo, la caramelizo aparte, consiguiendo unos sabores más dulzones y apetecibles. La añado a la tortilla cuando mezclo la patata con el huevo. Si tengo que añadir pimiento (como en ésta) lo puedo freír con las patatas o separadamente si no quiero darle sabor al aceite.

¿Cuántas vueltas? Para mí una única vuelta es más que suficiente. Como quiero prevenir la aparición del huevo crudo (no le gusta a M), me veo obligado a darle una segunda vuelta (u otra de propina).
Resumiendo, cada cual que la haga según sus gustos, si bien en esta receta recomendaría el uso de cebolla y pimiento verde para dar sabor y potenciar el de los pimientos del piquillo. Además, debe hacerse jugosa, poco hecha, para que al batirla quede mucho más cremosa.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquilloApatía
Algo me pasa, hoy no tengo ganas de escribir. Me siento apático, no deseo hacer nada, absolutamente nada. Ni “no hacer nada”, porque “no hacer nada” es hacer algo, ¡nada! Quisiera vaciar mi mente de tensiones.

La tarde ha sido un horror, tengo que dejar de levantarme a las cinco y media, así no podré aguantar ni una semana más. Debo organizarme de otro modo, ¿pero cómo?, ¿cuáles son mis prioridades? El que mucho abarca… acaba agotado. He dejado mi segundo día de “gaita” para resoplar en el sofá.

Dormir debe ser prioritario, pero lo estoy posponiendo demasiado. Dice el “querido” Dr. E. que el sueño no se recupera. Si así fuera habré perdido gran parte de mi vida, la que se vive con calma y plenitud.

(...)

Creo que es sábado (casi domingo) porque lo he visto en el calendario. Adiaba los domingos por la ropa limpia y las calles desiertas. No, no era un guarro, no del todo, era un niño juguetón al que le gustaba moverse y mancharse con total libertad.

DomingoLos pueblos están muertos en domingo. Por la mañana tocaba misa, ahora no, pero sigo viendo cómo la gente se dirige en pequeños grupos hacia la Iglesia, muchos por inercia y la mal llamada “tradición”. Después toca tapeo y “a ruta das tasas”. Bares llenos a rebosar mientras las mujeres concluyen su guerra con el cocido, la carne asada o un poco de marisco congelado en los días de celebración. Las pastelerías rebosan con colas que se ocupan parte de la acera, siempre hay alguien que cumple años. Dice la ciencia que la probabilidad de encontrar a alguien que haya nacido el mismo día que tú es muy grande, mayor que 1/20.
Estábamos en esas pastelerías y en los caramelos de naranja envueltos en papel celofán, los paraguas de chocolate y las lenguas de gato. Las madres siguen cocinado, ellos dan el paseo o, las que tienen más suerte, comen fuera.

Ya son las cinco de la tarde. Algunos todavía están con el postre, otros con la manzanilla que creen aligerará el pecado de la ingesta masiva de grasas. El miércoles se habrá ido la pesadez de estómago a la espera del próximo domingo.

Las calles están desiertas. Hasta las siete no empezaremos a ver a los estudiantes tirar de sus maletas, unos esperando el bus y otros bajándose de él acompañados por las primeras lluvias torrenciales. Todavía queda un trecho hasta llegar al piso de estudiantes.
El fin se semana se ha acabado a las 3 de la tarde. El hormigueo del lunes apareció con el postre y la pesadez estomacal. Mañana será lunes, por suerte será festivo. Un lunes que muchos (erróneamente) llamarán: “de puente”, cuando sólo es el primer Pilar…

(…) Sigo apático.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquilloIngredientes
  • 1 patata grande ó 2 pequeñas.
  • 1 pimiento verde grande ó 2 pequeños. Yo prefiero que sean de tipo “italiano”.
  • 1 cebolla pequeña.
  • 4 huevos grandes.
  • c. s. de pimientos del piquillo.
  • Salsa de pimientos del piquillo.
  • Un chorrito de vino blanco (opcional)
(1) Como los pimientos del piquillo “nunca vienen del todo cocinados” (Cfr. Arguiñano) los depositamos en una bandeja de horno con un chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal y otra de azúcar (para contrarrestar la acidez del pimiento). Los horneamos durante unos 5-10 minutos.
Mientras tanto, preparamos una tortilla bien jugosa. Tal como he dicho en la introducción, explicar cómo se hace una tortilla podría resultar un poco ridículo por mi parte, “hacerme sentir ridículo”, he querido decir. Así, simplemente mencionaré cómo he hecho (y cómo me gusta).
Freímos las patatas en abundante aceite de oliva virgen. Aparte, confitamos la cebolla y el pimiento verde. Batimos los huevos “a punto de tortilla” ;-), y mezclamos las patatas escurridas en ellos, junto con la cebolla y el pimiento.
Preparamos la tortilla en una sartén antiadherente y bien caliente para que no se pegue. Le daremos una única vuelta para que quede bien jugosa.

(2) Toda la tortilla puede ser demasiada cantidad para rellenar los pimientos por lo que sólo batiremos media tortilla, salvo que seamos un gran familia. “Con 8 basta”.
Con una batidora eléctrica emulsionamos la tortilla hasta que quede cremosa y espumosa. Con ayuda de una manga pastelera o bolsa de congelación a la que le hemos practicado un pequeño agujero, rellenamos los pimientos prehorneados.
Preparamos la salsa del piquillo añadiendo un pequeño chorrito de vino antes de ligar la salsa con el fumet de pescado.
Emplatamos depositando un poco de salsa y pimientos o podemos cubrir los pimientos con la salsa y los horneamos unos minutos más. Para que tengan un poco de brillo pueden pintarse con un poco de aceite.

Facilísimos y resultones. Rico, rico,… Arguiñano les pondría una ramita de perejil.

lunes, 5 de octubre de 2009

Tarta de queso, chocolate y naranja

Tarta de queso, chocolate y naranja¡Por fin!
Pepe esponja ya llegóoooo

¿Estáis listos chicos?
¡Sí, capitán!
¡Más fuerte!
¡¡Sí, capitán!!
Uuuuuuuuuhhhhh!

¡Él vive en la piña debajo del mar!
¡Pepe Esponja!
¡Su cuerpo amarillo absorbe sin más!
¡Pepe Esponja!
¡El mejor amigo que puedes tener!
¡Pepe Esponja!
¡Igual que los peces él puede flotar!
¡Pepe Esponja!
¡Listos!
¡Pepe Esponja!
¡Pepe Esponja!
¡Pepe Esponja!
¡Pepe esponja ya llegó…!
Ja, ja, ja, ja, ja….
Tu, tu, tu, tu-ru-rúuu
Tarta de queso, chocolate y naranjaPodría volver a extenderme en mis disculpas o empaparme en mis penas hablando de lo “desgraciado” que soy y el poco tiempo que tengo para vivir. Miserias. Todo puro egoísmo, sin más, “te quejas de vicio”, dirían algunos.
Un día de septiembre, día del Alzheimer, me dirigía en coche al trabajo. En una emisora de radio, probablemente RNE, un hombre contaba someramente cómo, día a día, realizaba una sería de tareas programabas para hacer más llevadera la vida de su mujer enferma. ¡Y yo me quejo!, pensé…

Tarta de queso, chocolate y naranjaMis carencias he tenido, y mis penas he pasado, me imagino que como muchos de aquellos que hemos navegado entre las aguas de la transición democrática en el rural gallego. ¿Y qué? ¡Levanta la cabeza y mira hacia delante!, olvídate de tu pasado y presente más doloroso. Piensa en todo aquello que todavía puedes hacer, en el placer de la lectura, el cine y la música, que estoy seguro volverá. En todos aquellos momentos en los que podrás volver a revolcarte en el barro con tu hijo, sin preocuparte de manchas ni lavados. ¡Vive y sé feliz!, que como sigas así te pasarás mitad de la vida lamentándote y dejando pasar oportunidades. Empieza por apuntarte a alguna actividad atractiva que te exija un orden y te OBLIGUE a olvidarte de la vida por una hora, si no puede ser pintura que sea música, si no puede ser música que sea deporte.
Olvídate de las trabas de los que te presionan y te exigen más de lo que puedes dar. Mira a BOB esponja, tan optimista e ingenuo, pierda su hogar o sufra cualquier calamidad. ¡Optimismo!, esa es la palabra. Veamos la lista de tareas para hoy (decía Bob): “Ir al trabajo, ir al trabajo, ir al trabajo….” “Bien!”. ¿Que tu mejor amigo es una descerebrada estrella de mar? No lo juzgues por su cerebro, hazlo por su amistad.

De las cosas buenas que tiene ser papá, de las pocas ;-), es descubrir series infantiles de dibujos que tienen una dosis de imaginación, creatividad y humor a la altura de los clásicos guiones de Hollywood. Hay que ser sólo un poco perspicaz y con tendencia al humor negro, a veces demasiado sutil.

(…)

Tarta de queso, chocolate y naranjaYa no. Otro día de esos en los que te levantas antes de las siete y todavía no te has sentado a las once de la noche. Otro día de esos en los que pasas de dar el desayuno a preparar la comida, a un largo paseo bajo la lluvia (¡por fin!) con Teo porque María tiene un deber inexcusable, a labores de bricolaje porque María abrió un cajón con demasiada efusividad, a preparar la cena y la comida de mañana, que llegaré a las tres y tendré que irme a las cuatro porque hay reunión de la CCP (URSS), a un párrafo para el blog y a unas páginas para la clase.
Pero mañana promete ser mejor. Empezaré temprano, a las cinco y media, volveré a las tres de la tarde, acabaré de preparar la comida y volveré al trabajo. Cuando vuelva estaré con Teo (por fin) hasta la hora del baño mientras María prepara unos informes. Después tocará preparar la cena y el puré de Teo, toca Pavo. Será muy tarde pero, si Dios quiere, publicaré (¡por fin!) mi primera receta en mucho tiempo.

Porque…. No sé por qué (o sí) he vuelto con este postre. Tal vez por ser uno de los últimos, porque todavía lo tengo en la memoria y porque está escrito en un papel localizable (mi mini libreta Ratatouille). Tal vez porque me ha gustado mucho, porque ha quedado con una textura muy suave y tierna, no como alguna similar que me resultó ligeramente apelmazada y compacta. Ésta no, ésta es muy suave y cremosa. Porque es fácil y porque el sabor a naranja le queda muy bien.

Tarta de queso, chocolate y naranjaEl amor en los tiempos de cólera
¡Mr. Hyde! Me ha vuelto a pasar, en las mismas circunstancias de cansancio, estrés, agotamiento, de impotencia, después de muchas horas despierto (pero dormido)… he vuelto a romper a llorar en soledad. He explotado, soy culpable. ¡Qué importante es dormir!, descansar…

Volviendo del trabajo de tarde, la susodicha reunión, estaba desesperado por llegar para tener a Teo en mis brazos. Como todos estos días de obras que no se saben a dónde van, el acceso al garaje por la parte inferior de la calle estaba cortado con una señal de prohibido el paso y dos coches se dirigían hacia mí cortándome el paso. Después de dar la vuelta a la manzana veo con sorpresa otra señal de prohibido… ¿por dónde entro? Por aquí, me imagino. ¡No!, ¡ambas señales se contradicen! ¿Qué hago? Lo de los últimos días, entrar por la parte superior. Si por abajo me impedían el paso dos coches que se dirigían hacia mí, por arriba empiezan a salir de los garajes dos coches más. No hay vuelta atrás, la vía es estrecha, ¡tengo que llegar a tiempo! Difícil apartarse, pero el coche que tengo frente a mí tampoco lo hace. Impotencia, desesperación, cansancio,… chillidos, caos, descontrol. ¡No puedo más! Ya desesperado y empapado por la lluvia, apago el coche a la puerta del garaje y, después de retirar una de las señales, rompo a llorar. Por impotencia, por sensación de culpabilidad, porque he dejado de ser dueño de mi tiempo, porque las circunstancias me devoran y me sacan de mis casillas, porque he vuelto a dejar de ser yo y no me he reconocido. ¿Dónde estás Pepinho? ¿Hacia dónde te llevan? ¿Qué ha sido de ti? Por favor, no cambies, no te hagas mayor.

Tarta de queso, chocolate y naranjaLa estatua de sal
Un día de septiembre.
Santiago, Praza PrateríasMe he cruzado con alguien que no veía desde hace exactamente 21 años, sólo un pequeño cruce de miradas. Tras esos ojos tímidos seguía viendo a la misma persona, la misma inocencia y dulzura, no podría decirse lo mismo de la mía, más triste, cansada y decepcionada (todavía). Me giré esperando un pequeño gesto o una sonrisa, no hubo respuesta. Ella siguió su camino incapaz de reconocer en la cercanía una mirada y un gesto nada esquivo, no como antaño, y decidido. Si no cambiamos es la vida la que nos hace cambiar sin quererlo, aun conservando toda nuestra esencia.

Cuántas miradas que se entrecruzan, cuántas huídas momentáneas hacia el suelo, incapaz de sostenerlas. Siempre, a veces llegando a un estúpido rubor. Cuántas veces habrás vuelto la cabeza esperando una respuesta o cuántas más habrás aguantado o te has vuelto en el último momento, justo antes de dar la vuelta a la esquina. ¡No te gires!, te dices. Hay ojos a través de los cuales se puede observar más allá, casi llegando al alma y al corazón de la propia existencia, radiografiando cada segundo de tu pasado.

Tarta de queso, chocolate y naranjaDos veces en la misma semana es demasiado. Los cruces diarios son constantes, uno tras otro, sin vida ni sustancia. Cuando llega ese momento en el que la mirada es algo más que una simple curiosidad, una mirada más fuerte que la tuya, la apartas de tu camino de inmediato, queriendo evitar que dicha mirada pueda llegar más allá de lo trivial y visible, que pueda hacer una lectura instantánea de tus miedos, tus sentimientos y tus dudas. Sólo los más fuertes son capaces de sostenerla y desnudar su vida sin pudor frente a la otra que ya lo ha hecho desde el primer momento.

Me he convertido en una estatua de sal.

Tarta de queso, chocolate y naranjaIngredientes
Base
No podría precisar la cantidad exacta empleada, sólo que no debe quedar demasiado graso ni muy una base no gruesa.
  • ~150 gr. galletas tipo Digestive.
  • ~50 gr. mantequilla fundida.
Relleno
  • 300 gr. de queso crema (tipo Philadelphia)
  • 250 gr. de azúcar.
  • 2 huevos grandes (=120 gr.)
  • 50-55 gr. de concentrado de zumo de naranja [*].
  • 160 gr. de chocolate al 60% de cacao (Nestlé Ecuador ).
Nota [*]. He usado la marca comercial: “Menos es más”, de Coca Cola Company. Un concentrado de zumo que está pensado para hacer zumos con seis partes de agua por una de concentrado. En la tarta conseguimos todo el sabor (equivalente a más de 600 ml de zumo de naranja) sin añadir exceso de líquido.

Cobertura
  • 15 ml. de concentrado de zumo de naranja.
  • ~170 gr. de nata fresca espesa (30% MG.).
  • 40 gr. de azúcar.
(1) Precalentamos el horno a 160º C. Base. Preparamos un molde “desmontable” de 20 cm. de diámetro forrando la base con papel vegetal de hornear, engrasando y enharinando ligeramente la base y las paredes del molde. Retiramos el exceso de harina con un ligero golpecito. Trituramos las galletas con triturador de cuchillas hasta hacerlas polvo. Fundimos la mantequilla durante unos segundos en el microondas y la añadimos a las galletas, añadiendo la cantidad justa, de modo que no quede demasiado compacta. Cubrimos la base del molde de modo que no quede demasiado gruesa, más bien fina.
Introducimos en el horno durante unos 10 minutos mientras seguimos preparando el resto de la tarta, así quedará más compacta y no se deshará. También podría introducirse en el frigorífico.

Tarta de queso, chocolate y naranja(2) Relleno. Troceamos el chocolate y lo fundimos al baño María o en el microondas en pequeños intervalos de unos segundos, hasta que al remover con una espátula se derrita con relativa facilidad.
Retiramos la base del horno y, sin apagar el horno, depositamos agua en la/s bandeja/s para preparar el baño María.
En un cuenco grande mezclamos delicadamente el azúcar con el queso hasta que no tenga grumos y forme una crema homogénea. Añadimos los huevos, uno a uno, mezclando suavemente con un batidor de varillas. Vertemos el concentrado de zumo, mezclamos. Por último, añadimos los 160 gr. de chocolate fundido, mezclando con cuidado y sin que coja aire.

(3) Rellenamos el molde de la tarta, introducimos en el horno precalentado y horneamos durante 50 minutos. Dejamos dentro del horno un poco más, entre un cuarto de hora a media hora, para que no se baje de inmediato y siga haciéndose. Como estaba a otras cosas lo he dejado más tiempo, obteniendo un resultado igual de jugoso.
Introducimos la tarta en el frigorífico durante toda la noche. Mejor durante toda la noche o un par de días después, gana sabor.

(4) Cuando haya estado algo en el frigorífico la cubriremos con la cobertura. Para preparar la cobertura mezclamos la nata con el azúcar, cuidadosamente para que no so vuelva demasiado fluida. Añadimos el zumo concentrado y cubrimos la tarta, alisándola o dándole una apariencia más o menos rústica. Dejamos que enfríe en el frigorífico durante toda la noche.
Yo he preparado la cobertura con antelación y he cubierto la tarta con ella para facilitar el trabajo.
La cobertura contrasta muy bien con el resto de la tarta.
Realmente, me ha encantado.

Tarta de queso, chocolate y naranja