miércoles, 25 de noviembre de 2009

Nubes al Grand Marnier

Nubes al Grand MarnierLa edad de la inocencia II

(No) Es para los niños…
Nubes al Grand MarnierNubes, malvaviscos, masmelos (marshmallow), esponjitas, jamón, sustancia, malva, bombón, carlotinas,… son otros de los nombres con los que se conoce a este dulce. Para mí son nubes o, como mucho, malvaviscos. Una tentación para el mayor comedor de chucherías a este lado del río Sar.
Esta versión no está pensada especialmente para los niños, tampoco es que se note demasiado el licor, sólo un pequeño aroma. Por si acaso, en esos casos sería mejor sustituirlo por un poco (menor cantidad) de agua de azahar o vainilla líquida, una cucharada sopera. Otro licor también le quedaría muy bien.

Últimamente me han sobrado muchas claras. Entre las del panettone y las de las yemas que le añado al puré de Teo (extraigo la clara antes de cocinar la yema) hasta me ha dado para hacer una tarta.
“Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. He visto a Caillu asar malvaviscos en la lumbre.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir” Roy Batty en Blade Runer (1982), o casi

Nubes al Grand MarnierSeis segundos, una vida…
Entro en el supermercado sobre-abastecido de productos innecesarios navideños. Mazapanes, turrones, polvorones, frutos secos, bollería, panes navideños, chocolates y chocolatinas, mantecados… toda una tentación para los ojos, un pecado para la salud y un innecesario alarde de gula. Todos caemos, llega la Navidad y sólo pensamos en llenar nuestras mesas de tal cantidad de comida que necesitaremos mucho tiempo para que pueda digerirla nuestro estómago y nuestro bolsillo.

Nubes al Grand MarnierEn el otro lado de la balanza está la realidad y la eterna ceguera del norte y del occidente. El martes por la mañana, mientras iba camino del trabajo escuchando la radio, RNE, escuché con atención una entrevista al secretario general de la FAO, Organización de las Naciones Unidades para la Agricultura y la Alimentación. El trayecto al/desde el trabajo es el único momento del día en el que puedo conectarme con el mundo real, apartado de pañales o discusiones absurdas fruto de un egoísmo difícil de solucionar.
Es más que probable que no tengáis mucho tiempo o no os apetezca dedicarle ocho minutos de vuestro tiempo a un tema que parece lejano. Pese a todo, os agradecería el esfuerzo de escuchar esas palabras, quizás por un día os sintáis mejores (o peores) personas y os planteéis ciertas cuestiones que os enriquecerán por dentro.

Hay dos afirmaciones que me afectaron especialmente: que cada 6 segundos muere un niño por hambre o que con el dinero que los gobiernos “inyectaron” a la banca privada se hubiese acabado con el hambre. Eso demuestra que estamos ciegos ante el mundo real y que no existe una verdadera voluntad de las autoridades de acabar con el problema que para ellos parece no serlo.
6 segundos, una vida; 6 segundos, una vida…

El hambreComo decía Jacques Difou: “Eso indica que el problema no es de falta de recursos, es un problema de prioridad del derecho a existir, a vivir, que es el derecho a la alimentación”. Es un problema de prioridades e intereses, sólo eso.
Ante la parálisis de los mandatarios, somos “los ciudadanos los únicos que podemos cambiar esta tendencia”.

No sé si os ha pasado a vosotros, pero en mi caso la nevera y la despensa están rebosantes de productos innecesarios o comprados por puro capricho. ¿Y? No lo sé, pero quizás haya llegado el momento de hacer algo, insignificante para la humanidad pero que podría ser muy importante para alguien que en estos momentos lo está pasado mal. Recordad que el gran desierto está formado por pequeños e insignificantes granitos de arena.
Nubes al Grand MarnierLa cruda realidad
Domingo, eran 3:30 de la tarde pero me sentía como si fuesen las nueve de la noche. Llevaba demasiadas horas despierto, nueve horas y media. Necesitaba entretenerme y entretenerlo, todavía faltaba mucho tiempo para acostarme. Ahora llueve, ahora no llueve. Tomamos el autobús urbano número 5, hacía muchos años que no me subía. Me había provisto de un bote de fruta, dos baberos, dos cucharillas y una cantidad indeterminada de papel de cocina. ¿A dónde ir? Ni siquiera sabía por dónde circularíamos. Empezamos mal, no tenía cambio y el chófer me puso cara de no pasar por eso. Tuve suerte, le pregunté cuánto era (90 céntimos) y pude encontrar un par de monedas de 50 céntimos en mi bolsillo. Me pareció poco dinero, mis últimos recuerdos estaban en pesetas y, sin quererlo, había hecho una conversión rápida de céntimos por pesetas.

Nubes al Grand MarnierNos bajamos en la calle General Pardiñas por miedo a no poder volver a tiempo. Las calles estaban casi vacías, los comercios cerrados y en las cafeterías sólo había un par de clientes solitarios. Unas cuantas manzanas vagando sin rumbo y me encontré con el hombre ¿rumano? que pide a la puerta de uno de los supermercados G. Sí, hizo como que no me veía, vestía de un modo bastante más arreglado y limpio que cuando se pasa horas de pie con un cartel en una mano y otra que extiende cuando tiene la suerte de recibir limosna. ¡Limosna!, ¡qué palabra tan ingrata! Creo haberlo visto otras veces en esta circunstancia pero, como esta vez tenía todo el tiempo del mundo, decidí seguirlo con la mirada intentando descubrir la verdad (¿?) sobre esa forma de vida que intenta captar a los clientes más inocentes, yo entre ellos. Lo seguí en la distancia unas manzanas más. No llevaba nada en las manos, caminaba con unas zapatillas nuevas y un chándal en dirección a la Alameda. Me parecía excesivo seguir más tiempo, más que nada por miedo a descubrir algo que no me gustaría.

No, no soy tan ingenuo como para pensar que tiene en su vida cotidiana el aspecto que presenta a la puerta del supermercado. María sabe que les doy dinero de vez en cuando (más veces de las que se imagina). El otro día pudo ver cómo parecía sucumbir ante las palabras cariñosas que otra mendigo que dirigía a Teo unas palabras cariñosas. No, no soy tan estúpido, de hecho, sólo decidí darle alguna moneda el día que dejó de hacerle gestos cariñosos a Teo, antes no tenía la menor duda que lo único que quería era hacerme caer. El día que desistió de pedirme y de sonreírle a Teo fue el primer día que le dejé algo. Desde entonces casi siempre lo hago.

Nubes al Grand MarnierLo que realmente me preocupa no es que sus necesidades no sean tan grandes como quieren mostrarnos. No me inquieta en absoluto, aseguraría que sus necesidades son mayores que las mías y con eso es más que suficiente. Lo que realmente me causa temor es pensar que detrás de esos vagabundos hay una organización muy bien coordinada que se encarga de recaudar fondos extendiendo la mano a los/las bondadosos/as, a los ingenuos, a los que poseen un sentimiento de culpabilidad o a los que quieren lavar sus pecados. No sabría en qué grupo incluirme.

Ese mismo día, unos momentos después de desistir en mi persecución, pude localizar a otro “rumano” pidiendo en la calle. Me paré y observé de cerca cómo conversaba con otro compatriota sobre temas que parecían estar relacionados con ese hecho. A éste no era la primera vez que lo veía, sólo que esta vez me paré e intenté leer qué decía realmente el cartel que soportaba con ambas manos. La cartulina plastificada tenía fotos de su presunta familia y estaba escrita en letras mayúsculas con unas faltas de ortografía puestas de modo deliberado en lugares exageradamente llamativos. Seguí. En plena Praza Roja me encontré con otro mendigo que llevaba el mismo cartel con las mismas faltas de ortografía. Me entró cierto miedo al pensar que se trataba de un grupo perfectamente organizado que se situaba a diario en lugares estratégicamente situados. Le hice un comentario y me respondió que no “hablada español”.

No me molesta el cambio de indumentaria, en el CI hacen lo mismo para atraer al personal y nadie se rasga las vestiduras. Tampoco me molesta del todo la mentira piadosa que muchos de nosotros acatamos sin duda, por encima está la dignidad y la necesidad de sobrevivir de modo decoroso. Sólo me inquieta esa pequeña duda que prefiero apartar y siempre que alargo la mano me recorre el cuerpo.

Nubes al Grand MarnierMalvaviscos al Grand Marnier
  • c. s. de agua mineral, unos 105-125 ml. He puesto unos 110 gr.
  • 15-20 gr. de glucosa líquida (opcional). He usado Golden Syrup, cuya gran parte es glucosa. Se utiliza para evitar la cristalización del caramelo.
  • 400 gr. de azúcar.
  • 75 gr. de claras (2 grandes)
  • 8 hojas de gelatina (algo menos que 16 gr.)
  • 40 ml. de licor Grand Marnier (puede sustituirse por unos 20 de agua de azahar)
  • c. s. de colorante rojo.
  • c. s. (menor) de colorante amarillo.
  • 60 gr. (o más) maicena.
  • 60 gr. (o más) de azúcar glasé.

(1) Depositamos la gelatina en agua fría para que se hidrate. Cuando se haya hidratado suficientemente, unos cinco minutos, la escurrimos y secamos con un paño.
La preparación es como hacer un merengue italiano, cociendo un caramelo y montando las claras con él. Al final irá la gelatina fundida y el licor.
Preparamos un jarabe con el agua y la glucosa (si la usamos), cuya cantidad de agua debe ser suficiente pero no excesiva. Cuanto más agua más tiempo necesitaremos para que alcance la temperatura adecuada (125-130 ºC). Ponemos el cazo al fuego a temperatura alta.
Mientras se hace el jarabe montamos las claras de huevo con un batidor eléctrico de varillas a velocidad media-alta. Cuando empiece a montarse y el jarabe haya alcanzado la temperatura deseada (1 minutos hirviendo y formando las burbujas típicas del caramelo), lo añadimos poco a poco a las claras en forma de hilo, mientras seguimos montando a alta velocidad. Batimos hasta conseguir un textura densa y brillante.

(2) Calentamos el licor en el microondas y fundimos la gelatina ya hidratada y secada con un paño en él, mezclando bien para que no se quede en el fondo. La gelatina ya hidratada también puede fundirse en el microondas sin necesidad de líquidos.
Sin dejar de batir, añadimos la mezcla de licor-gelatina y seguimos montado hasta que enfríe la mezcla, como si de un merengue se tratase.

(3) Con ayuda de un colador, espolvoreamos generosamente un molde de 20x20 cm2 con maicena y azúcar polvo a partes iguales. Esta mezcla facilitará retirarlo del molde y que reseque en exceso la superficie. Vertemos la masa sobre el molde y alisamos con una espátula. Por último, volvemos a espolvorear de igual modo.
Dejamos reposar unas cuantas horas (puede ser de un día para otro) hasta que haya ganado consistencia. Entonces, volteamos sobre la superficie de trabajo espolvoreada con azúcar y maicena. Cortamos a gusto.

Nubes al Grand Marnier

martes, 17 de noviembre de 2009

Borracho de naranja al Gran Marnier

Borracho de naranja al Gran MarnierBorracho de naranja al Gran MarnierLa edad de la inocencia

Ebrio
¡Tan fáciles! ¡Tan ricos! Tan-tan…
“Confróntese”, así decía mi profesor de Lengua Española, El amo del calabozo, le llamábamos. Buena gente, no sé qué habrá sido de él. Creo que hace años que se jubiló.
Cfr. María, o le han encantado o me ha mentido, o las dos cosas a la vez.

Borracho de naranja al Gran MarnierEstos pasteles son muy fáciles de preparar, únicamente necesitaremos unos moldes para magdalenas clásicas u otro tipo de recipientes pequeños, tanto de metal como de silicona. Prefiero los primeros, por mucho que digan, las masas fermentadas crecen más lentamente en contacto con la silicona que con el metal, es sólo una sencilla cuestión la temperatura.

En repostería me gusta mucho la naranja y todo lo que de ella se deriva/procede. Esto es, la naranja confitada para mezclar con chocolate, la ralladura de naranja para unas magdalenas o el Grand Marnier para aromatizar un jarabe y mojar un bizcocho. Si no se tiene Grand Marnier o se considera un gasto excesivo para el uso que se le pueda dar, sustitúyase por Cointreau o ron añejo. Los tradicionales pasteles “borrachos” se hacen con ron.

Aunque lleva levadura fresca es una masa muy suelta que no se mezcla a mano, por lo que también es “apta” (y recomendable) para aquellos que huyen de las masas fermentadas. Para terminar con esta brevísima introducción, sólo decir que estos pasteles se conservan en perfecto estado varios días, mojados y tiernos.

Borracho de naranja al Gran MarnierCo-cine
El estreno de la película-ficción sobre Julia Child, Julie & Julia, me ha hecho recordar una serie de películas sobre gastronomía, restauración u otras que giran indirectamente en torno al mundo de la cocina. No es ninguna lista top-nada, ni un ranking de mis películas preferidas de temática gastronómica, es, simplemente, un amasijo de recuerdos sin orden ni concierto. Empiezo, podría ser entretenido.

Borracho de naranja al Gran Marnier”Pepe y María se aman”
Este sábado hemos ido a casa de mis padres. (…) Han hecho una de esas obras en las que se suele contratar a Pepe Gotera y Otilio, aunque creo que éstos eran bastante más mañosos y han dejado la obra decente. Para ello se han visto obligados a desmontar la estantería que estaba en las escaleras que llevan al garaje. La estantería, situada sobre la puerta de bajada, estaba polvorienta y enmohecida por la falta de uso, pues hacía muchísimo tiempo que nadie se había acercado a ninguno de los objetos, básicamente libros, que allí se guardaban. Allí estaban, entre muchos otros recuerdos, mis libros y libretas de la EGB. Emocionante, no necesitaba ninguna grabación de Super8 del estilo de las que tiene María, para mí, abrir uno de esos libros era ver mi infancia en alta definición, con sonido digital y envolvente. Envolviendo las emociones de la más sincera y pura de las sensaciones: la infancia.

No tuve mucho tiempo para hojearlo, sólo el justo para abrir uno de 5º de EGB (ni he llegado a fijarme en la asignatura, creo que matemáticas, mis preferidas), ver en la primera página mi nombre y apellidos escritos con BIC cristal y, justo a media página, un corazón escrito con la misma tinta que decía e: “Pepe y María” (¿María y Pepe?). Debajo, escrito con pintura verde: “se quieren” (¿se aman?). No podría certificar que yo hubiese escrito esta segunda frase pero me da igual. No es la María con la que ahora comparto mi vida, esa es otra historia, fue uno de esos ¿amores? platónicos de la infancia. Sólo compartimos un año, se sentaba justo detrás de mí. La recuerdo dulce, educada y frágil, pero decidida; yo rebelde, muy tímido e inquieto. Era dispuesta, si lo pienso, hasta poseía el mismo tipo de disposición que tiene (mi) María, de esas personas que nunca se paran ante nada y nunca se callan. Se fue y nunca volvió, pero todavía recuerdo sus apellidos como si los hubiese leído ahora mismo. Lo más curioso es que nunca llegué a darle la más mínima muestra del cariño que por ella profesaba. Dudo que se hubiese interesado lo más mínimo por alguien como yo. Era el simple hecho de “estar”, eso era “querer”, sentirse bien y formar una amistad.
Tiene gracia que alguien tan olvidadizo como yo, que no recuerdo casi ningún nombre de los que me acompañaban en el trabajo hace pocos años, tenga memoria para pensamientos tan lejanos en el tiempo. Como si durante esos pocos años de mi vida los hechos y circunstancias que me acontecieron fuesen los únicos realmente importantes hasta la fecha y en lo que resta de mi vida. Ahora ya poco importa, todo se hace inconscientemente y de modo rutinario, antes cada momento estaba lleno de vida.

Borracho de naranja al Gran MarnierEntonces los niños y niñas escribían mensajes de amor y dibujaban corazones en vallas y tapias o en el tronco de un árbol. Me viene a la memoria un árbol al que llamábamos "el árbol de las letras". En él multitud de chicos y (menos) chicas habían dejado sus mensajes de amor, mensajes que parecían no borrarse con el paso del tiempo. Cuando volvías, allí seguían escritas a fuego en la corteza maltrecha por los navajazos. El roble era eterno. Leer los mensajes era como hacerlo en un diario secreto, porque muchos se ocultaban en las ramas de más difícil acceso.
No estoy seguro del todo, pero creo recordar que el roble fue llevado por delante durante las obras de una nueva carretera, esas que nunca se saben a dónde llegan y de dónde vienen.

Los niños de hoy en día ya no dejan mensajes ni dibujan corazones en paredes, les parecerá absurdo y pueril. Como mucho, estos niños se envían algún SMS diciendo: “t kiero” o se escriben en el Messenger: “me gusta cómo chateas, nos vemos en tuenti”.

Borracho de naranja al Gran MarnierBizcochitos para emborrachar
  • 150 gr. de harina de fuerza (de pan, o casi).
  • 7 gr. de levadura fresca de panadería.
  • ½ cucharilla de té de sal, o algo menos (~3 gr).
  • 50 gr. de mantequilla.
  • 8 gr. de miel (endulza y favorece conservación)
  • 10 gr. de azúcar (el gran dulzor se lo dará el jarabe)
  • Ralladura de naranja.
  • 3 huevos grandes (exactamente, 180 gr.)
Jarabe para emborrachar
Sobrará, con la proporción de 400 ml. puede ser más que suficiente.
  • 500 gr. de agua.
  • 250 gr. de azúcar.
  • 1 vaina de vainilla cortada longitudinalmente (opcional).
  • Ralladura de una naranja grande.
  • Un poco de ralladura de limón.
  • Un chorrito generoso de Grand Marnier, Cointreau o ron, un clásico entre los borrachos.
(1) Desmenuzamos la levadura sobre la harina. Con una cuchara de madera mezclamos la harina con la mantequilla, la sal, el azúcar, la miel y la ralladura de naranja. Amasamos un poco hasta que se haya formado una especie de pasta. No pasa nada si no queda del todo homogénea o parezca pan rallado, al añadirle los huevos lo batiremos bien hasta que se disuelva.
Añadimos los huevos uno a uno, amasando (casi batiendo) hasta que quede (bien) homogénea y no tenga grumos. Es una masa a medio camino entre la masa de un brioche y unas madalenas, sin ser tan suelta. Dejamos reposar mientras preparamos los moldes.

(2) Engrasamos y enharinamos moldes pequeños para muffins, retirando el exceso de harina. Si tenemos moldes más pequeños (especiales para este tipo de pasteles) todavía mejor. Yo uso los moldes de silicona o una bandeja de magdalenas (clásicas). Rellenamos los moldes hasta la mitad (aprox.) y los dejamos fermentar hasta que doblen su volumen, esto es, llegar al borde (casi). Yo lo fermento en el horno a 30º C durante algo más de media hora.

(3) Pasado el tiempo precalentamos el horno a 200º C. Una vez caliente introducimos los pasteles y los horneamos hasta que tengan un color tostado. El tiempo depende mucho del tamaño exacto de los moldes.
Dejamos templar mientras preparamos el jarabe.
Para preparar el jarabe mezclamos todos los ingredientes en un cazo y ponemos al “fuego” hasta que hierva. Como licor podemos usar el que más nos guste, el ron le queda muy bien. Cuando haya hervido lo retiramos del calor y dejamos que infusione.
Tomamos los pasteles y con ayuda de una espátula (para no pringarnos las manos) los empapamos generosamente en el jarabe. He dicho empapar, sumergir, hundir, bañar, bucear,… para que el jarabe llegue al corazón del pastel. Lo giramos y lo ponemos a escurrir en una rejilla. Así hasta acabar los pasteles.
Están riquísimos. Además, si queremos controlar la dieta, podemos tomarnos sólo un par cada día, pues se conservan en perfecto estado.

Borracho de naranja al Gran Marnier
Borracho de naranja al Gran Marnier

martes, 10 de noviembre de 2009

Bizcocho de calabaza y zanahoria

Bizcocho de calabaza y zanahoriaUn mundo ideal… con gotas de lluvia

En mis trece
… ¿ya es mañana? ¡Qué rápido pasa! “Ayer” decía que publicaría otra receta de calabaza (lo siento para aquellos a los que no le guste), sencillísima (lo que más pereza puede dar es preparar el puré de calabaza) y riquísima, por lo menos para mis gustos, que, como me gusta decir, “cada cual tiene los suyos”. Mirad, hasta estaba Teo conmigo mientras lo hacía.

Bizcocho de calabaza y zanahoria Estoy seguro, casi seguro (no se puede estar seguro de nada), que ya he hablado del tema de las cucharillas de té. Me gusta presentar las medidas por peso, incluso los huevos, pues la diferencia de usar dos huevos grandes a unos pequeños puede estar en unos 40 gr. (o más), y eso es mucho en repostería. Con las especias, sales, levaduras químicas,… hago una excepción. ¿Por qué?, porque en muchos casos estamos hablando de cantidades de 2-3 gr. y con la precisión de las balanzas de cocina (+- 1gr.) el margen de error es muy grande, próximo al 50%, que podría hacer que nos quedase un poco fuerte, salado o sin sustancia.
Como no todo el mundo puede tener una balanza de precisión, desde que he comprado las cucharillas medidoras (una cucharilla de té ~4,9 ml) las uso para intentar precisar algo más estas cantidades y no equivocarme la próxima vez que prepare un postre/plato. Las especias usadas en este bizcocho son la combinación que más me gusta combinar con la calabaza: canela, jengibre molido, una pizca de clavo y, si puede ser, un poco de pimienta de Jamaica. Por lo demás, cada cual puede escoger la mezcla que más le guste o traerse del extranjero las llamadas “especias de calabaza”.

¿Os gustan los bizcochos/pasteles de zanahoria? Pues a por ello, que con la calabaza todavía mejor (o casi). Por temas de tiempo no le he puesto ninguna cobertura, sólo algo de azúcar glasé. Si se tiene algo de tiempo puede ponerse una ligerísima capa de alguna de esas combinaciones que se emplean para las de zanahoria.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaLa verdad sobre perros y hombres
Cuando te suceden estas pequeñas injusticias, porque si las ves desde fuera pueden parecerlo, te planteas grandes dudas sobre la verdadera condición del ser humano y la sociedad tan irreal en la que vivimos. Lo peor que le pueden pasar a las injusticias del día a día es que nos acostumbremos a ellas y las tildemos de simples “daños colaterales”.

Debajo de la realidad que se nos muestra en los medios está la verdadera realidad, la de millones de personas que no tienen medios para sobrevivir o están bajo el sometimiento absoluto de un estado opresor. Eso no implica que mi indignación sea injustificada, más bien la realza, pues ningún estado de los que se llaman “democráticos” está libre de basura, sólo que no la hacen pública.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaNo hay día que no sienta vergüenza de ser hombre, consumidor y depredador. Me han dicho que no hay petróleo en Somalia, o si lo hay no hay posibilidad de echarle mano. También me han dicho que no hay mujeres en El Congo, o si las hay no valen nada. Me he enterado que no hay medicamentos, o si los hay son falsos y de multinacionales extranjeras que comercializan sin escrúpulos con la vida de millones de personas. Pero heme aquí, en mi burbuja de plástico, preocupándome por la memez de un estúpido agente de la inseguridad que ha hecho uso del abuso de poder bajo la ceguera de las autoridades que lo alientan.

Me pregunto qué podría esperarse de una democracia orgullosa de una falsa Transición, en la que los verdugos de la dictadura pasaron a formar parte del grueso político-democrático. Impensable, ¿qué pensaríais si Rudolf Hess hubiese formado parte activa de la política en la reconstrucción alemana? Sé que muchos de los que lean esto dirán que no son comparables, sí, los que no saben ni conocen el significado de la palabra “fusilar”. Se conjuga así: yo fusilo, tú fusilas, él fusila, nosotros fusilamos, vosotros fusiláis, ellos fusilan…
En España nunca se ha perdido del todo ese modo caciquesco de hacer política, incluso durante mucho tiempo se ha llegado a considerar algo relativamente “normal”. Mexan por nós e temos que dicir que chove.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaRaindrops keep falling on my head
Quién diga que en Galicia “no hace tan mal tiempo” es que no ha vivido aquí o en su vida no ha salido de Galicia. Cierto es que cuando llueve durante dos días seguidos solemos decir: “¡menuda semana!” o cuando llevamos cuatro o cinco días soportando la lluvia nos apresuramos a comentar: “¡menudo mes!”. También sucede que cuando hace mal tiempo en “España” a nosotros nos toca el anticiclón en pleno golfo de Vizcacha, hecho que por desgracia eso sucede muy pocas veces.

Pero no, aquí cuando llueve no para o, si lo hace, es sólo para que vayamos a comprar el pan. Cuando era más chico me daba igual, hasta me gustaba. Iba al cine, me quedaba en casa leyendo, dibujando o viendo una película. Todo me hechizaba, mirar caer las gotas de lluvia por los cristales, caminar bajo la lluvia, pasear por la playa con temporal... Ahora mucho ha cambiado, el ratito que puedo salir a correr resulta insoportable, calado hasta lo huesecillos del oído y con las manos tan tiesas que soy incapaz de subirme la cremallera. Por suerte, el pantalón de deporte no tiene cremallera… Con Teo la lluvia es todavía peor, él quiere salir a que le dé el aire, la casa se le queda pequeña.

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

Jueves, casi viernes. Rectifico, la lluvia en Santiago no está tan mal, hasta es hermosa. Hoy no he tenido más remido que salir a correr a las diez y media de la noche entre la lluvia, ahora orvallo. Al principio me pareció desagradable, pero en cuanto pasé por la zona vieja todo cambió. Nuestros antepasados eran lo suficientemente inteligentes y, sobre todo, poco avaros como para construir las casas con soportales, como Bolonia.

La lluvia era cada vez más menuda. El suelo de las calles, casi desiertas para ser jueves por la noche, reflejaba la luz de las farolas. Sólo en la Plaza de Platerías el equipo de rodaje de “The Way” iba y venía trayendo material al improvisado estudio de rodaje que habían montado en la Oficina del Peregrino. Al terminar, los taxis circulaban llevando a los miembros del rodaje.

Hace unos cinco años, no puedo precisarlo con exactitud (aunque tenga un recorte de periódico al que ahora mismo me da mucha pereza alcanzar), mientras paseaba solo por la Alameda una tarde de primavera, me encontré con Martin Sheen. No soy mitómano ni acostumbro a pedir autógrafos, pero estos encuentros casuales e inesperados me parecen emocionantes. Los de los aeropuertos son vergonzosamente distantes y pudorosos.
Lo abordé de inmediato, ésa es la palabra, “abordar”. Él miraba al cielo y al horizonte, recién había cruzado el paso de peatones que separa el casco antiguo del parque. Entonces sí que era mitómano “cinético”, en eterno movimiento del cine a casa. Martin Sheen, fue muy agradable y cordial aguantando a un pesado cómo yo. Empecé preguntándole por su origen gallego, que él reafirmó con cierto orgullo (mayor era el mío); después, como cualquier estúpido periodista de pocas luces, le comenté cuánto me gustaban “BadLands” o “Apocalypse Now”. Muy atento, se mostró receptivo y respondió a mis comentarios. Por entonces aún coleaba la guerra de Irak, me firmo un papel y al lado escribió: “Peace”, esto es, “Bush, deja de hacer guerras preventivas”.
En lo que a mí respecta, puedo asegurar que no fue un cumplido, “Malas tierras” y “Apocalypse Now” están entre mis películas preferidas. Curioseando en una mini biografía he podido leer esta frase suya: “I love being Spanish as much as I love being Irish, and I really love being Irish” (es hijo de padre de la zona de Santaigo y madre irlandesa). En su DNI todavía sigue figurando su nombre español: Ramón Estévez.

Otro encuentro de los llamados curiosos fue encontrarme con Santiago Segura en pleno Piccadilly Circus un fin de año. En otras circunstancias no lo hubiera parado, ésta, por curiosa, le hice una foto. Son muchos: un casi-accidente en una rotonda con/contra Luis Tosar, una grabación de un corto a 200 m. de mi casa con Óscar Jaenada, un James Brown en silla de ruedas, una Beyoncé (bajita, no me creo que mida 1,68) en Rockefeller Center…

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

Ayer jueves fue otro de esos días de lluvia por todos lados, de la que moja y empapa por fuera y por dentro. El miércoles me había acostado tarde, no recuerdo la hora exacta, y me levanté en cuanto Teo empezó a hacer los primeros ruidos de atención. Eran las 6:40 de la madrugada. Jugué con él mientras esperaba a que llegase el tiempo de su desayuno. Antes, una ducha rápida mientras Teo jugaba por el suelo del baño con un tubo de pasta de dientes y un cepillo.

A las siete y media le di el biberón y se despidió de María mientras Myr entraba por la puerta. Salí a trabajar a las ocho y cinco. Como todos los jueves, volví a la una, le calenté la comida que había preparado la noche anterior y salimos de inmediato a comprar pescado para preparar la comida a María. Como los jueves trabaja por la tarde, llega antes que normalmente, a eso de las tres menos cuarto. Había acabado de hacer la comida justo cuando María entraba por la puerta. Salí a correr poco más de una hora, el tiempo que ella estuvo en casa. Cuando volví Teo dormía la siesta y ella salió al trabajo. Me duche de nuevo y salí con Teo a pasear bajo la lluvia, aprovechando para hacer la compra. Fuimos a dejar y recoger unas fotos, entramos en la tienda de gominolas a comprar bolas de chicle y, como llovía, decidimos (decidí) entrar en algún local a pasar el rato mientras esperábamos. A las ocho de la tarde volvimos a casa, jugamos un ratito y le preparé el baño. Entonces llegó María para darle unos besos e irse a clases de aerobic. Lo bañé, le di la cena y lo acosté casi dormido. “Que descanses, dulces sueños”.

Cansado. Tenía que preparar las lentejas que me había pedido María (y le encantan) para el viernes. Cuando acabé sonó la llave de la puerta. Era M que volvía de clases. Yo también necesitaba algún tipo de vía de escape de la rutina, me apunté a clases de gaita, pero, como el primer día me adelantaron una hora el horario, ya no pude volver más. Tampoco importa tanto, hubiese preferido unas clases de piano... Cansado, salí a correr un poco entre el orvallo, eran las 10:30 de la noche. En las piedras mojadas se reflejaba la luz de las farolas. Volví a casa, me duché (otra vez), preparé unos apuntes y ejercicios y me acosté a las dos de la madrugada. Hoy toca más…

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

El domingo, hace más de una semana, salí a correr bajo la lluvia, como no. Me calé hasta los huesos, encerrado en el barro de una carretera cortada por las obras de un nuevo polígono. Malditos polígonos, sean regulares o irregulares. Como todos los domingos, de vuelta paré a comprar el pan en el OpenC, una baguete y una chapata. La barra que lleva aceitunas ya nos ha aburrido. Los dependientes que no me conocían me miraban un poco extrañados, viendo a un hombre empapado y algo embarrado entrando con prisas en el local. ¿Es que no hay vergüenza ni decoro hoy en día? ;-)

Por arte de magia, cuando iba a pagar ya estaba lo suficientemente seco como para acudir al rincón de los libros antes de ponerme a la cola. Sólo echarle un vistazo sin intención de comprar, un guarrón, eso, o cómo se llame al que se pone a leer libros y prensa sin comprar absolutamente nada. Yo no soy tan descarado, la prensa ni la toco. Ojeando un libro de cocina me sorprendió ver en el interior dos recetas que tenían una similitud exagerada con dos recetas que he publicado en el blog. Pensar que uno de los panaderos más prestigiosos del país y parte del extranjero había tenido una idea igual a la mía me causaba cierto orgullo pero, a la vez, cierto reparo por lo que podrían llegar a pensar. Por suerte, el libro había sido publicado en octubre y mi receta lo fue en septiembre. La única diferencia eran unos piñones que había puesto para decorar las espirales. Cuando por la tarde se lo enseñé a María se quedó muy sorprendida con los parecidos de las recetas. Coincidencias que demuestran que en cocina está casi todo hecho, publicado o no.

(…)

Este sábado seguía lloviendo. No es que me guste demasiado, pero pensamos que lo mejor (y lo único) que podíamos hacer para no mojarnos era ir a Área Central. Dimos unas vueltas y, como si siguiese con mi costumbre de ir un par de veces por semana al cine, le eché un vistazo a la cartelera. Me resultó curioso ver en la cartelera una bio-ficción de la celebérrima cocinera Julia Child con la cara de Meryl Streep. Habrá que verla antes de que salga en DVD… ¿será posible?

Bizcocho de calabaza y zanahoriaBizcocho de calabaza y zanahoria
  • 135 gr de harina de repostería.
  • 1 cucharilla de té de levadura química (Royal=impulsor)
  • ½ de cucharilla de té de bicarbonato sódico.
  • 2 pizcas de sal.
  • ½ de cucharilla de té de canela molida.
  • ¼ de cucharilla de té de jengibre en polvo.
  • 2 pizcas de clavo molido.
  • 1/8 de cucharilla de té de pimienta de Jamaica (opcional)
  • 105 gr. de azúcar.
  • 55 gr. de azúcar moreno.
  • 40 gr. de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 2 huevos no grandes (100 gr.)
  • 215 gr. de puré de calabaza.
  • 110 gr. de zanahoria rallada.
(1) Precalentamos el horno a 175º C y cubrimos un molde de 20x20 cm2 con papel de hornear para que no se pegue el bizcocho. Mezclamos la harina, la levadura, el gasificante (bicarbonato), la sal y las especias. Reservamos la mezcla.
En una olla o cuenco grande y con una cuchara de madera, batimos los azúcares con la mantequilla a temperatura ambiente hasta que quede totalmente incorporada, espumosa y sin grumos. Añadimos los huevos, batimos, y el puré junto con la zanahoria rallada. Batimos bien, hasta formar una masa aireada y sin grumos. Por último, añadimos la mezcla de harina, mezclando bien.

(2) Rellenamos el molde con la masa e introducimos el horno a 175º C durante unos 24-32 minutos, hasta que al pinchar con un palillo en el centro del bizcocho salga limpio. Dejamos enfriar antes de cortar. Podemos espolvorearla con un poco de azúcar glacé.
Aguanta muy bien varios días. A mí me gusta reservarlos en el frigorífico.