miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cañitas de naranja (y crema de naranja)

Listas

Un poco diferente
Éste es un postre tradicional al que he querido aportar un toque personal. El primero, y quizás el más significativo, es aromatizar la masa con naranja, habiendo calentado el aceite con piel de naranja para aromatizarlo. Esa técnica puede usarse con otro tipo de cítrico o aroma (canela, vainilla) para añadir a muchos tipos de masa.
Después, en vez de rellenarlas de la tradicional crema pastelera, las he acompañado de una crema de naranja, que además de estar deliciosa y diferente, sólo usa huevos, evitando tener que guardar claras en el frigorífico.
Es un postre muy sencillo y de los que suelen gustar a casi todo el mundo. Por ello, muy recomendable para momentos con prisas y de placeres hogareños, pues durante el proceso pude participar parte de la familia, bien para estirar/freír la masa, como para rellenar las cañitas una vez hechas. Si no es así, seguro que colaborarán en la degustación del postre.

Todas las listas del mundo
No tengo ninguna gana de hablar del presente inmediato, ni tengo ánimo para practicar el egocentrismo. Sigo pensando que las Navidades ya no son lo que eran, me abruma tanto consumismo y tensión comercial. Siempre hago promesas y siempre recaigo en el eterno afán. A estas alturas todavía me falta comprarle el regalo de M, pues tengo ciertas dudas sobre si lo merece o no. Es como una intermitente: ahora sí, ahora no…

Cuando llega fin de año los medios de comunicación nos masacran con resúmenes anuales de todo tipo: noticias de relevancia, deporte, eventos, celebraciones, premios… y así hasta el aburrimiento. Cada cual peor. Pues bien, yo no seré una excepción. Estoy agotado de tanto relleno televisivo incansable sin mayor justificación que cubrir vacantes vacacionales.
Pero yo seré todavía más agotador, escribiré todas aquellas listas que en estos momentos, mientras escribo, se me ocurran, sean del tipo que sean y sin ningún tipo de reflexión previa. Además, no me limitaré al año que se acaba (para mí), serán referidas a un pasado indeterminado que la mayor parte de las veces empieza a finales de los años 70, pues dicen que no existen recuerdos hasta pasados tres años de vida, como si la palabra estuviese íntimamente ligada con la memoria. Cuando perdamos la capacidad de comunicarnos perderemos la capacidad construir recuerdos.

Comidas de mamá y de la infancia
Entonces todo sabía diferente. Son algunos de los platos que han marcado mi infancia, unos eran y siguen siendo parte de mis preferidos y otros han dejado de gustarme o nunca lo han hecho. Pero todos forman una parte importante de mis recuerdos y son una pequeñísima muestra del cariño que mi madre nos daba día a día. “Pepinho, come”.

  • Conejo en salsa de perdiz. Me encantaba. Me lo preparaba de un modo especial los domingos que me tocaba comer en casa (cada quince días) en época de colegio. Volviendo al colegio, con tanto mareo, mitad se quedaba por el camino.
  • Bacalao en salsa verde. En realidad eran las cabezas el bacalao, lo que allí llaman “carrilleras”. Con la grasa que soltaba y empapaba las patatas era como tomar un pil-pil con perejil.
  • Pollo con espaguetis. Los martes cuando volvía del instituto me hacía los espaguetis con pollo o, si mi padre había cazado algo el domingo, me preparaba un conejo en salsa de perdiz (especialmente) para mí solo.
  • Sopa de fideos. Yo no lo recuerdo, era un bebé, pero mi madre todavía me dice que entonces me lo tenían que dar con dos cucharadas. La sopa era de “menudos” (casquería) y patas de pollo.
  • Chuletones de ternera o caballo (del monte). Fue de mayor cuando me dijeron que era carne de caballo esa más roja que tanto me gustaba. Si lo llego a saber no habría comido. Mis padres compraban una (o media ternera) y/o caballos criados en libertad por la sierra del Barbanza. Tenían un gran congelador en el que guardaban toda la carne. Mis recuerdos me llevan al principio del verano, allá cuando empezaban las fiestas de Boiro.
    Mi hermana tenía una amiga que venía a pasar unos días en las fiestas del pueblo. Comía muy poco y todavía recuerdo cuánto sufría ante la insistencia de mis padres para que se comiera un chuletón. La pobre le daba vueltas y vueltas al chuletón intentando disimular su desgana y padecimiento.
  • Caldeirada de Abadejo. Era muy pequeño, quizás unos siete años. Recuerdo aquel sábado en el que saltando de gran altura me hice un corte en la lengua. Ese día tomé abadejo (corbelo) con un poco de aceite de oliva y me supo a gloria. Desde ese día le llamé “pescado de la lengua”. “Mamá, quiero el pescado de la lengua”, decía.
  • Las croquetas. Mi madre siempre las ha hecho con sobras de comida: pescado, carne del cocido… y le quedaban buenísimas. A mi padre todavía le encantan (o eso creo). Yo las tomaba recién hechas. Si estaba en casa, le ayudaba a formarlas. Era (y es) algo que a ella no le agradaba, pringarse la manos y perder el tiempo dándoles forma. A mí me encantaba darles la mejor forma posible, al servirlas se notaba quién las había hecho.

  • Las filloas. Creo que pocas veces las tomé en la mesa. En cuanto enfriaban dejaban de gustarme, tenía que tomarlas recién hechas y con el azúcar todavía fundiéndose por el calor. Al principio a mi madre le molestaba ver cómo la altura del plato no subía, después, dando el caso por perdido, descubrió que era el único momento en que me las tomaba. Como las croquetas, recién hechas.
  • Mejillones en escabeche. La verdadera experta era mi abuela. Con el cordero y los productos del mar no tenía rival. Simplemente los mejores mejillones en escabeche que he comido nunca. Los cocía previamente y los doraba en la sartén. Mi madre dice que nunca se preocupó demasiado en aprender de la abuela, pues pensaba que “la tendría para siempre”.
  • Tarta de galletas Tostada Cuétara, café y coco. Cualquier día me atreveré a emularla de memoria y con una versión adaptada a los nuevos tiempos. Era, junto con el bizcocho de yogurt y la riquísima empanada de manzana, de los pocos postres que hacía mi madre. Mi abuela tenía bastantes recursos más al respecto. Éste sólo lo preparó durante una temporada cuando yo era muy pequeño. La receta se la había dejado una vecina, era una especie de tiramisú de galleta con capas de coco rallado y mantequilla. Lo acababa con unas claras montadas a punto de nieve con ayuda de un tenedor.
    Otro de los postres que preparaba era el flan con el caramelo bien tostado, casi quemado. Era así como les gustaba.

  • Rixóns. Un clásico de la cocina de la zona en época de matanza. Aún le dieron unos pocos hace un par de semanas y me los hizo llegar. Sin ser uno de mis platos preferidos, ese sabor especial de la carne cocida en su propia grasa me trae recuerdos de la infancia.
  • Chulas empapadas en vino tinto caliente del país. Ni de coña me lo habría tomado y hace muchísimo tiempo que no he vuelto a vérselo hacer a nadie,ni a mi padre. Mi padre lo tomaba por las noches sin ningún rubor, calentando el vino con azúcar y empapando los “bollos” en él. (Sur)realismo puro, como una película Neorrealista italiana con pinceladas de Buñuel.
  • Empanadas. El plato estrella de mi madre. La mejor, la de maíz con berberechos. Tiene una mano “a ojo” que todavía me sorprende tanta precisión. Mi preferida, con mucha diferencia, era la empanada de manzana que hacía mi abuela y mi madre. El gran secreto era añadir canela molida al relleno y un poco de azúcar si era una manzana demasiado ácida. También le echaban un poco de canela y azúcar por la superficie.
  • Salpicón. Siempre lo llevábamos cuando íbamos a comer a la playa (a O Chazo). A ellos les gustaba con cebolla, a nosotros no. Hacía una bandeja bien grande con cebolla para ellos y una pequeña sin ella para nosotros, mis hermanos y yo. Sabía deliciosa, estoy seguro que eran los ingredientes y la vinagreta del aliño. Cuando llegó la mayonesa nos olvidamos del salpicón y pasó a hacer únicamente ensaladilla rusa.

Diez+1 actores
Tengo predilección por los secundarios, como yo, por lo que he puesto tres en la lista (y podrían haber sido más). El orden, en este único caso, sí es importante.

  • Spencer Tracy. Llegan cinco minutos de “Furia” (1936), “Capitanes Intrépidos” (1937) o cualquier comedia con Katharine Hepburn para ver su talento.
  • James Stewart. El doblaje en castellano de muchas de sus películas (Fernando Ulloa) casi estaba a la altura de su talento como actor. Mis preferidas (sin pensar demasiado) son: “¡Qué bello es vivir!”, “Historias de Filadelfia”, “El hombre que mató a Liberty Valance", “Caballero sin espada” o “Vértigo”.
  • Walter Brennan. Para mí, junto con Lionel Barrymore, el mejor secundario de la Historia. O el peor, según se vea, pues se devoraba a los actores principales sin compasión. Ejemplos: “Juan Nadie”, “Furia”, “El orgullo de los yanquis”, “Pasión de los fuertes” (o cualquier otra de John Ford), “Río Bravo” (para mí sólo existe él),…
  • Jack Lemmon. Sin comentarios. “El apartamento”, “Días de vino y rosas” o “Con faldas y a los loco”.
  • Cary Grant. Imagínense todo aquello que tiene bueno de George Clooney y multiplíquenlo por mil, ese es Cary Grant. Cómico, galán, guapo, sospechoso habitual,… Mis preferidas: “Encadenados”, “Tú y yo”, “Charada”, “Sospecha” (¡Ese vaso de leche!) “, “Me siento rejuvenecer”, “Luna nueva”, “Historias de Filadelfia” o “La fiera de mi niña”. ¡Cuántas!
  • Jean Gabin. Me emociono con sólo hablar de él. “La gran ilusión”, “El muelle de las brumas”, “Le jour se lève”….
  • Lionel Barrymore. Me he acordado de él a última hora. Sería un pecado no haberlo puesto. Ha trabajado con muchos de los más grandes: Capra, Huston, Vidor, Cukor, Griffith, Lubitsch.... Bien pensado, participa en más obras maestras que cada uno de ellos por separado: “¡Qué bello es vivir!”, “Capitanes intrépidos”, “Duelo al sol”, “Vive como quieras”, “Gran Hotel”,… Sólo tiene una mancha bien grande: ser tío-abuelo de Drew.
    Cuenta una anécdota, no sé si totalmente cierta, que cuando se rompió las caderas y empezó a tener problemas de artrosis siempre aparecía sentado, en silla de ruedas o lo ataban a un caballo. Las dos primeras son totalmente ciertas, llega con ver “¡Qué bello es vivir!”.
  • Thomas Mitchell. Otro secundario que todos hemos visto y al que tengo un especial aprecio por haber aparecido en muchas de mis películas preferidas: “¡Qué bello es vivir!”, “Caballero sin espada” o “La diligencia”.
  • Fredric March. Grande, me imagino que a redescubrir por muchos. Como principal y como secundario, camaleónico: “Los mejores años de nuestra vida”, “Ha nacido una estrella” (en la versión “más mejor”), “Muerte de un viajante”, “Anna Karenina”,…
  • Edward G. Robinson. Por su trabajo en “Perversidad” ya debería estar en la lista. Si con ello no es suficiente unas Obras Maestras más: “Perdición”, “La mujer del cuadro”, “El extranjero”, “Cayo Largo”,…
  • Pepe Isbert. Vean “El verdugo” o “Bienvenido Mr. Marshall” y sabrán de qué les hablo.
Se han quedado a las puertas: Henry Fonda (grande, pero que nunca me ha hecho sentir cómodo), Toshiro Mifune (a punto ha estado), Michael Caine, Charlie Chaplin (un sacrilegio no ponerlo), Buster Keaton (otro sacrilegio), Max Von Sydow, Marlon Brando (me cansa y agota, para mí se excede. Sólo “Apocalypse Now” o “El Padrino”), Robert DeNiro (esperando un gran papel diferente), Alec Guinnes (otro de mis preferidos), James Cagney (me quedo con E. G. Robinson), “H. Bogard”… necesitaría una lista de 10000.

10 recuerdos, o más
Ni buenos ni malos, sólo recuerdos que ahora me han pasado por la cabeza sin demasiado esfuerzo. Otros más recientes todavía no tienen la suficiente entidad para ser considerados como parte de mi memoria.

  • La primera vez que lo tuve en brazos. Y la segunda, y la tercera…
  • Mi primer y segundo amor verdaderos.
  • Unos pantalones de pana con rodilleras mojadas por el musgo.
  • Mi abuela.
  • El libro de los JJOO de Moscú con el Osito Misha.
  • Un xilófono y un harmonio que chirriaba en la sala de música del colegio (de índole religioso) al que fui durante tres años.
  • Corriendo en pantalón de deporte bajo la lluvia. Del frío, al llegar a la habitación era incapaz de subir la cremallera del pantalón.
  • Mis primeros amigos y las grandes aventuras en el monte.
  • Una playa desierta en una Navidad como ésta.
  • El camino que llevaba a la playa.. Ahora son amplias carreteras y avenidas, flanqueadas por edificaciones “legalizadas” por leyes de mano extendida y miradas hacia otro lado.

Masa para las cañitas
  • 150 gr. de harina normal.
  • 80 gr. de leche templada, no caliente.
  • 35 gr. de aceite de oliva + la cantidad suficiente (c.s.) para aromatizar con naranja.
  • 1/8 de cucharilla de té de sal.
  • Piel de una naranja (sin parte blanca).
  • c. s. de aceite suave para freír, bien de oliva, de hierbas o girasol.
(1) Con suficiente antelación, echamos el aceite en un cazo bien estrecho para que se deje confitar con la monda de naranja. Añadimos la piel de la naranja sin parte blanca y calentamos hasta que hierva durante unos segundos. Retiramos de la fuente de calor y dejarnos que enfríe totalmente. Si lo aromatizamos el día antes podemos dejarlo toda la noche, cogerá más sabor.
Formamos un volcán con la harina y la sal. En el centro añadimos 35 gr. del aceite aromatizado y 80 gr de leche templada, esto es, no debe notarse caliente, lo justo que parezca un poco más caliente que la propia piel.

(2) Amasamos hasta formar un bola y dejamos reposar para que no coja correa durante una media hora. Pasado el tiempo estiramos la masa con un rodillo sobre una superficie de mármol ligeramente impregnada con aceite (sólo la que pueda quedar después de extenderlo con una mano pringosa) y recortamos enrollando las porciones en los moldes para cañas.
Freímos por todos los lados en abundante aceite de girasol hasta que tenga un tono tostado, más bien dorado, dejando reposar durante una hora en papel absorbente para que elimine el exceso de aceite. Pueden prepararse la noche anterior y rellenar al día siguiente por la mañana. También es recomendable cambiar el papel de cocina si lo vemos mojado.

Crema de naranja
  • 3 huevos grandes (180 gr.)
  • 120 gr. de azúcar (60+60).
  • Ralladura de 2 naranjas.
  • (opcional) Ralladura de ½ limón.
  • 20 gr. de maicena.
  • 150 ml. de zumo de naranja exprimido.
  • 30 ml. de concentrado de naranja o zumo de limón si no se tiene.
  • (opcional) Una cucharada de Grand Marnier (o Cointreau)
  • 35 gr. de mantequilla.
(1) En la olla en la que vayamos a preparar la crema batimos los huevos con 60 gr. de azúcar. Cuando estén bien batidos añadimos la maicena y seguimos batiendo hasta que no se formen grumos. Reservamos mientras calentamos los zumos y aromas.

(2) En un cuenco que pueda ir al fuego echamos 60 gr. de azúcar con las ralladuras. Vertemos los zumos sobre el azúcar con las ralladuras y calentamos hasta que hierva, sin dejar de remover para que no se pegue y se disuelva perfectamente el azúcar. Cuando haya hervido lo echamos poco a poco sobre la mezcla de huevos, colándolo a medida que vamos vertiendo, y calentamos de nuevo a temperatura media. Removemos constantemente hasta que haya espesado lo suficiente. Debe tener la densidad de una crema pastelera.

(3) Una vez haya espesado, retiramos del fuego, dejamos que baje algo la temperatura y echamos el licor (si lo usamos, yo no lo he usado esta vez). Mezclamos con un batidor de varillas y añadimos la mantequilla troceada cuando haya alcanzado unos 40-45ºC (templado y no caliente), mezclando con cuidado hasta que se haya incorporado totalmente. Ya está lista para usar, pero podemos dejar que enfríe un poco para poder rellenar más fácilmente las cañitas.
Si no la vamos a usar de inmediato, cubriremos la superficie con película de cocina y reservaremos en el frigorífico. Si la hemos preparado con antelación la batiremos con un batidor de varillas antes de aplicar.
Rellenamos las cañitas con ayuda de una manga pastelera (o bolsa de congelación en mi caso), formando una pequeña abertura en la bolsa, y rellenamos las cañitas desde un borde. Si nos gusta, espolvoreamos con azúcar polvo antes de servir.

Ya ha pasado un año desde entonces...:
Teo con unos minutos de vida agarra el dedo de papá

viernes, 18 de diciembre de 2009

Tarta macaron de chocolate con naranja confitada

Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaSS.AA.RR.

La torta-ura china
Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaMe imagino que algun@ de vosotr@s ya sabe a qué me refiero. El día que me disponía a probar la tarta, y antes de haberlo hecho, enfermé de gastroenteritis aguda, pudiendo sólo comerla una semana después. Para mí fue un verdadero suplicio abrir el frigorífico todos los días y verla allí, enterita, riéndose de mí y esperándome día a día. Cuando la probé, no sé si por las ganas que le tenía o por el reposo que siempre le viene bien a este tipo de postres, me supo a gloria, sólo superable por uno o dos placeres más de la vida. En un par de días ya no quedaba nada.

Tenía tantas claras en el frigorífico que pensé en usarlas para hacer una mousse con unas capas de macaron, que también lleva claras de huevo. Ahora todavía tengo más, estoy pensando en darle una nueva salida. He hecho, no en el blog, varias recetas de mousses con claras de huevo, quizás ésta no sea la más llamativa pero sí la única que sólo usa claras. En cualquier caso, por el simple hecho de llevar chocolate ya puede ser un placer para levantar el ánimo de muchos mortales. El toque aromático (naranja, canela,…) y una pizca de sal puede darle lo único que le falta. Como último elemento, para realzar sabores y contrastes, le he puesto unos finos trocitos de naranja confitada y una pizca de sal.
Nota. Una idea para los más atrevidos: una pizca de pimienta de cayena.

Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaComo cobertura, para no hacer siempre el mismo tipo de cobertura brillante, pensé en ponerle una de chocolate con leche de Paco Torreblanca, todas las coberturas que llevan gelatina siempre me han resultado muy lucidas y brillantes.

También era mi intención decorar los laterales con macarons sin chocolate, pero cuando los preparé calculé mal la altura de la tarta y me quedaron demasiado grandes (había escrito “glandes”. “Manifiéstate, Pepinho, manifiéstate”) para cubrir los laterales. Me limité a decorar la parte superior con dos de los más pequeños.

Aquellos que han realizado macarons sin demasiado éxito no deben preocuparse lo más mínimo. Las capas de macarons van en el interior y no es importante que queden hermosas, sólo hay que hornearlas el suficiente tiempo como para que quede una base lisa. Incluso yo me he visto obligado a recortar los bordes de una para que me cupiese en el molde. Si se desea, puede sustituirse (yo no lo haría) por una dacquoise de almendra. La cobertura seguro que la repetiré en aquellas tartas que ya de por sí tienen bastante chocolate. El chocolate con leche contrasta con el amargor del chocolate negro y tiene un tono más pálido.

“Me se” olvidaba, si no tenéis claras suficientes podéis comprarlas embotelladas en el supermercado que vende muchos productos sin gluten. No es lo mismo pero se le parece.

Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaCarta abierta a los Reyes Magos de Oriente (próximo)
Teo viendo CaillouQueridos y Excmos. Reyes Magos,
Sé que todavía estoy a tiempo de curarme, por eso me apresuro a escribirla antes de que me arrepienta. Aunque sabéis que tengo tendencias republicanas (eso de que por nacimiento unos tengan más derechos y menos hipoteca que otros no me parece nada democrático) con vosotros siempre he hecho una excepción. Mal empiezo, declarando mi agnosticismo, como siga así sólo recibiré un buen saco de carbón, que con los precios que nos movemos podría hacer negocio en el mercado negro… del carbón.

Este año he sido un poco malo, bueno, para ser sincero, muuuuuuy malo, más que de costumbre. He mentido (sobre vosotros), he cometido actos impuros (aunque con propósito de la enmienda, menos que otros años), he dicho palabrotas (¡coño!), y hasta he hablado mal de mi suegra (muchísimo menos que otros años, cualquier día hacemos las paces). Lo demás, pequeños pecados sin importancia: colarme en el supermercado, usar un carnet de estudiante caducado en el cine, no separar algún que otro plástico para reciclar, hurgarme en el oído en un semáforo… pequeñeces cotidianas, ningún crimen (que se sepa) ni pecado mortal. Con esta premisa sólo podríais hacer una cosa: traerme carbón o condenarme de por vida al fuego infernal. Me gusta el calor, pero no tanto.

Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaComo lo mío está perdido de antemano, olvídense de mis pecados y cúmplanme un único deseo. No, no es el Scalextric, ¡antes prefiero carbón! , lo que quisiera es pedir por un pequeño que me vuelve loco. Tampoco quisiera nada material, sólo un poco de felicidad para él y que yo pueda verla. Porque me parece que empieza a ir por mal camino: le gusta trasnochar y salir, le encantan las rayas (del suelo y las baldosas) y le gusta esnifar (agua salada, suero). Por lo demás, llega con una par de bolsas de plástico cajones llenos de cosas que vaciar o un envoltorio atractivo periódico, es suficiente para él.

De paso podríais traerle algo a M, con ropa no fallaréis (había escrito “follaréis”. “Manifiéstate, Pepinho, manifiéstate”). Como la ropa es tan personal, siempre tendréis la opción de comprarle alguna que otra joya, sin pasarse, eso sí.

Sin otro interés, me despido con todo mi cariño y amor que ahora puedo daros.

Pepinho.

PD.: si no podéis traer lo que os pido, podéis hacer que me toque la lotería. Me llega con alguna participación de la “Asociación de asesinos de gnomos de jardín”, “Asociación de amas de casa hastalosgüevos.com“ o del “Club balompédico fendetíbias”


Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaEl mejor regalo
El mejor regalo es un poco de descanso y tranquilidad. Dormir y descansar, ya no pido más. Ya no quiero ni cine ni libros, es un lujo que no me puedo permitir. No quiero absolutamente nada material, nada, lo único que se conseguiría es entristecerme, como aquella vez que recibí un equipo de pintura y lloré desconsolado sabiendo que no tendría tiempo para practicar esa afición. Que habría tiempos que ya nunca volverían.
De lo que no podría prescindir es de un poco de deporte, aunque sea semidormido y sin fuerzas como ahora.

Sin querer ser engreído ni falso, pediría por aquellos que me rodean. A ellos les pediría comprensión y amor, cariño. Que se note, yo lo intentaré aunque me cueste con este estado de decaimiento. También pediría generosidad con los actos y altruismo. Es mucho pedir, pero es lo mínimo que se puede esperar de cualquier persona que merezca el calificativo de serlo: empatía y generosidad.
Os quiere, de un modo u otro, Pepinho.

Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaDiscos de macaron de chocolate
  • 150 gr. de azúcar polvo.
  • 150 gr. de almendra molida.
  • 20 gr. de cacao en polvo
  • 113 gr (he usado) de claras (55 gr. para mezclar sin montar, 58-60 gr. para montar).
  • 150 gr. de azúcar.
  • 40 gr. de agua.
(1) Tamizamos finamente el azúcar lustre y la almendra molida, a ser posible pasándolo por un tamiz o colador medio-fino. Como va en el interior de la tarta, este punto no es tan crítico como si hiciésemos unos macarons. Mezclamos con el cacao y reservamos en un cuenco grande en el que haremos la mezcla final.
Preparación de un merengue italiano con jarabe a unos 118ºC. Como se me ha estropeado el termómetro, puedo asegurar que la temperatura exacta no es demasiado relevante, siempre que se deje hervir la mezcla durante un minuto, más o menos, quizás menos, y quede un jarabe de la textura de la miel.
Empezamos vertiendo los 58-60 gr. de claras en un cuenco. Mientras tanto, calentamos a fuego vivo los 150 gr. de azúcar con el agua. Cuando el jarabe alcance los 105º C (empiece a hervir), empezamos a montar las claras hasta que queden a medio montar, no demasiado firmes. Cuando el jarabe alcance los 118ºC (un minuto hirviendo), y sin dejar de batir, lo vertemos en forma de hilo sobre las claras ligeramente montadas. Seguimos batiendo hasta que quede un merengue brillante y haya alcanzado unos 50ºC, aprox., que haya enfriado (unos minutos). Repito, en este caso tampoco es muy importante que quede perfecto.

(2) Vertemos los 55 gr. de claras frescas sobre la mezcla de almendra-azúcar-cacao y las mezclamos un poco. Por último, añadimos el merengue sobre la mezcla, mezclando generosamente, más bien con cierto desaire, hasta que al formar un pico se baje la punta pasados unos segundos. Cuando esté perfectamente mezclado y liso, con la textura apropiada, pasaremos a preparar las bandejas. Para saber si la densidad de la masa del macaron es la adecuada, al formar picos con una espátula éstos deben desparramarse a los pocos segundos, sin mantener la forma de pico. Si la masa está demasiado firme la trabajaremos más.
Cubrimos dos bandejas del horno con una plancha de silicona (importante). Con ayuda de una manga pastelera de boca ancha formamos dos discos de unos 19 y 18 cm de diámetro, en espiral y empezando desde el centro.

(3) Antes de hornear dejaremos reposar los discos por período de una hora y media, o más, hasta que la superficie se haya secado ligeramente y formado una ligera costra. Precalentamos el horno a 155ºC. Una vez caliente, introducimos la primera bandeja. El tiempo total de horneado debe rondar los 20-30 min. Si los discos están hechos se despegarán fácilmente al enfriar. Hacemos lo mismo con el segundo disco.
Dejamos que enfríen totalmente antes de desmoldarlos con ayuda de una espátula plana metálica.
Envolvemos en película plástica de cocina e introducimos en el frigorífico hasta el momento del usar. Lo mejor es prepararlos con antelación, facilitará el montaje final.

Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaNaranja confitada (opcional)
  • 1 (o más) naranja de piel gruesa.
  • 400 ml. de agua (mejor mineral).
  • 200 gr. de azúcar.
  • 25 gr. de zumo de limón (zumo de un limón pequeño).
  • 1 vaina de vainilla (opcional)
  • c.s. de agua para hervir previamente la piel de naranja.
(1) Cortamos la piel de la naranja en tiras gruesas (de medio centímetro de grosor). Antes de proceder a confitar la naranja necesitamos eliminar parte de la acidez. Para ello, hervimos el agua e introducimos la piel de naranja durante unos dos o tres minutos. Retiramos el cazo del calor y las escurrimos, pasándolas por agua fría. Este proceso debemos repetirlo varias veces, 3 ó 4 veces.

(2) Hervimos el agua (300 ml) con el azúcar (el doble de agua que de azúcar), el zumo de limón y la vainilla cortada longitudinalmente (si la usamos) para preparar el jarabe. Añadimos las tiras de piel naranja y calentamos a fuego lento durante una hora y media a dos horas (ojo, debemos controlar la cocción para que no se evapore demasiada agua y se queme el jarabe). Retiramos del fuego y las dejamos macerar en reposo unas 12 horas o más. Escurrimos la piel y la trocemos en fragmentos suficientemente pequeños para que no se note en la mousse.

Tarta macaron de chocolate con naranja confitadaMousse de chocolate (con claras)
  • 90-95 gr. de nata líquida
  • 200 gr. de chocolate negro al 72%
  • 160 gr. de claras de huevo (4 unidades grandes)
  • 50 gr. de azúcar.
  • Una pizca de canela (opcional)
  • Una pizca de sal.
(1) Troceamos el chocolate y lo fundimos al baño María o, más cómodo, con pequeños golpes de microondas, justo hasta que al removerse con una espátula parece fundirse. Hervimos la nata y la vertemos poco a poco sobre el chocolate mientras removemos suavemente con una espátula de plástico/silicona. Añadimos una pizca de sal y otra de canela, realza los sabores. Hasta un poco de picante (cayena) podría quedarle muy bien. Dejamos templar hasta temperatura de 35-40 º C para que al añadir las claras montadas no se bajen demasiado.

(2) Mientras dejamos enfriar, montamos las claras a punto de nieve y añadimos el azúcar cuando las claras estén a medio montar. Añadimos una o dos cucharadas de claras sobre la ganache para aligerarla y vertemos las restantes, mezclando de modo cuidadoso y envolvente para que no se baje la mezcla. Utilizamos de inmediato.

Montaje
(3) En un aro o molde de unos 19-20 cm de diámetro depositamos el primer disco de macaron, recortando los bordes si fuese necesario. La base del macaron debe quedar hacia abajo. Vertemos unos 2/3 de mousse de chocolate y espolvoreamos con naranja confitada. Posamos el siguiente disco (el menor) de modo que quede la parte lisa hacia arriba, ejerciendo una ligera presión para que se incruste ligeramente en la mousse.

Por último acabamos de cubrir con la mousse restante. Damos unos ligeros golpecitos para que quede liso e introducimos en el congelador para que se endurezca. Si no cabe en el congelador podemos dejarlo endurecer en el frigorífico durante un mínimo de 6 horas. En el congelador quedarán más lisos los laterales y será más fácil desmoldarlo.
Retiramos el frigorífico/congelador y procedemos a preparar el glaseado de chocolate con leche.

Glaseado de chocolate con leche
  • 1 hoja y un poco de gelatina [1 hoja]
  • 150 gr. de chocolate con leche [125 gr.]
  • 13 gr. de azúcar/80 gr. de glucosa [10/65]
  • 125 gr. de leche [105 gr.]
No recuerdo la proporción usada, pero creo que fue la de 150 gr. Sobró

(1) Remojamos la gelatina en agua fría durante unos minutos para que se hidrate. Mientras, troceamos el chocolate con un cuchillo de sierra. Hervimos el azúcar (o glucosa) con la leche hasta que se disuelva y hierva. Vertemos poco a poco la leche sobre el chocolate, mezclando bien pero suavemente con una espátula para que no tenga grumos ni se formen burbujas de aire. Añadimos la gelatina escurrida y seca con un paño de cocina. Seguimos mezclando con la espátula hasta que no haya partículas de chocolate. Es importante no batir la cobertura para que no se formen burbujas de aire. Dejamos enfriar y usamos cuando tenga la consistencia deseada, no demasiado fluida. Puede guardarse en el frigorífico y templar en el momento de usar.
Depositamos la tarta sobre una rejilla y la cubrimos con ayuda de un cucharón. Introducimos de nuevo en el frigorífico para que la cobertura gane un poco más de consistencia.
Decoramos a gusto. Mi idea inicial era decorar los laterales con macarons, pero he tenido que limitarme a poner dos de los más pequeños en la parte superior.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Codornices en escabeche

Codornices en escabecheA quién ama Gilbert Grape

Tradición versus imaginación
Dentro de los platos de la cocina tradicional está el escabeche, en el que nunca falta una serie de ingredientes básicos. Además de esos ingredientes primarios, existen otros cuya aportación y personalización nos permiten adaptar estos platos a nuestros gustos o sentirnos, dentro de ciertas limitaciones, creadores del arte efímero.

Codornices en escabecheEn mi caso ya había puesto una carne en escabeche, el conejo en salsa de perdiz, tal y como lo hace mi madre con las directrices de una receta heredada de mi tía. Aquel se presentaba en una modalidad “en crudo”, en la que exceptuando la carne no se realiza ningún tipo de sofrito previo. Ésta es una versión más popular, sofriendo la cebolla, y añadiendo nuevos ingredientes y aromas que le dan un sabor característico. El laurel, el vinagre, el vino, el ajo, la cebolla,… son ingredientes que casi nunca faltan. La aportación de la zanahoria, el romero, tomillo, el puerro… son ingredientes que algunos sí incorporan.
Este sencillo plato es una verdadera joya dentro de la cocina tradicional ¿española? Elaborado inicialmente para conservar los alimentos, el escabeche ha perdurado con el tiempo pese a la existencia de nuevos sistemas de conservación más eficiente. Por algo será.

A mí me encanta. ¡Que no! Si la salsa de perdiz era mi plato preferido durante la infancia, las codornices en escabeche me siguen devolviendo esos aromas de antaño. Pues nada, sólo queda degustar.

Codornices en escabechePues va a ser que nadie es perfecto
No sé si será el momento, pero podría ser un buen lugar para volver a aclarar alguno de los comentarios sobre mi propia vida y entorno que a varias personas (y a mí), con cierta dosis de lógica, les causa desazón o incomodidad.
Hacerlo aquí podría pasar desapercibido y hablar de mí o de ella no causaría tantas críticas ni lecturas.

Entiendo perfectamente a aquellos, principalmente aquellas, a las que les puede desagradar el modo en que alguna vez haya hablado de M. Es lógico, ponerse en lugar de ella es relativamente fácil. Sin embargo, no es precisamente cuando pudiera parecer que hablo de ella con cierto desdén, después de un enfado o una discrepancia en casa, cuando aquellas críticas más afloran. Es cuando hablo de asuntos menos críticos y más triviales, como su afición a las compras o su obsesión por el orden. No es malo, es algo que un gran porcentaje de mujeres (no es machismo) comparten. Hoy mismo pude contrastar y conversar en un supermercado cómo dos mujeres expresaban su dificultad para conseguir que sus maridos fuesen de compras o lo hiciesen de buena gana. Existen excepciones, pero esta sociedad o una predisposición cuyo origen desconozco parecen llevarnos a inquietudes o aficiones bastante dispares.

Codornices en escabecheCuando se habla o pretende hablar de alguien es lógica cierta tendencia a hacer mención de los puntos negativos. Los valores y las virtudes suelen pasar desapercibidas por costumbre o por el simple hecho de no llamar la atención, son los defectos y los problemas del día a día los que nos encienden o apresuramos a contar (desahogar). Así somos, pronto nos acostumbramos a lo bueno y reaccionamos ante cualquier pequeña molestia.

La opinión sesgada que pueda presentarse en este particular diario no causa más que una ficticia visión de la realidad, simplemente vislumbrando unos pequeños matices de la personalidad propia y la convivencia. Como dice mi padre: “medias verdades son también medias mentiras”. Lo que no se cuenta también sucede. ¿Qué es lo otro? Son esos momentos de felicidad, de monotonía, de conversaciones más o menos triviales, de compañía.
Recuerdo las palabras de un conocido presentador: “mañana tendremos más noticias, seguro que algunas buenas”. Pero por desgracia no suele suceder, la noticia no es la cotidianeidad y el devenir de una vida normal, la noticia es lo extraordinario, casi siempre negativo.

Codornices en escabecheTambién se podría pensar que “estoy permanentemente enfadado con el mundo”, nada más lejos de la realidad. Es cierto que me gusta vivir contrarreloj y estar en permanente actividad, pero aunque he cambiando durante los últimos años y la vida laboral o en pareja nos mete en un círculo del que es difícil escapar, sigo teniendo muchos momentos en los que puedo hacer uso de mi humor negro, en los que canto por la calle o ironizo con cualquier persona con la que me encuentre. Por supuesto, no del mismo modo que a los veinte años, pero en esencia sigo siendo el mismo. Esto no es más que un reflejo de esos momentos, como ahora, en los que deseas dar rienda suelta a tus reflexiones momentáneas o buscar un punto de desahogo y liberación. Vivir permanentemente en ese estado sería un suicidio.

¿Y cómo es ella? Como todos, tiene muchas virtudes y algunos defectos. La generosidad (que no altruismo), el orden, su capacidad para organizar la economía familiar o relacionarse. Su facilidad para cambiar de ánimo en ambos sentidos. Es calificación y no descalificación cuando cuento que es incapaz de entrar por la puerta y no ver una gota de agua en el suelo de la cocina, antes de que llegue me encargo de retirar toda la vajilla de la vista para que no se enfade. Pero a mí me pasa lo mismo, también tengo mis manías, no me gusta que reordenen mis cosas ni laven ropa que expresamente no haya puesto en la cubo de la ropa sucia. Le gusta ir de compras, comprar ropa, como este miércoles que aprovechó una visita hospitalaria a A Coruña para comprarse unos vestidos para la cena de trabajo del vienes, algo que le obsesionaba. A mí no me gusta comprar ropa, pero me puedo perder en la sección de libros, películas, música y tecnología, como a esos maridos (de los que hablaban en el supermercado) a los que les gusta ir a la sección de pesca o a la del automóvil. Somos distintos, casi opuestos, pero puede ser eso lo que nos une. Lo que más le achaco no son precisamente defectos sustanciales, más bien son costumbres adaptadas por una educación demasiado encorsetada. Ella es más preocupada, yo soy más relativista. Hoy mismo nuestro único enfado fue por un simple y diferente punto de vista: no puse ningún impedimento para que T se manchase con el chocolate de unos cereales, pará mí, en ese acto había algo más importante que una mancha de cacao en un pijama azul. Ella es muy sociable y extrovertida, yo, aunque no pueda parecerlo, soy exageradamente introvertido y tímido. A ella le gusta tener todo bajo control y sin dejar anda al azar; a mí me gusta tenerlo tomo de mi mano y no me gusta que me ayuden, siempre he querido hacer las cosas por mí mismo. Es observadora, yo despistado ¿Y?

Todos tenemos unas costumbres, casi siempre heredadas del tipo de educación que hayamos recibido de nuestros padres y la sociedad en las que nos haya tocado vivir. Ni mejor, ni peor, diferente. Una de las primeras dificultades de la vida en pareja es salvar esas costumbres, casi manías, y hacer de la tolerancia un elemento que acompañe el día a día. Pero siempre hay alguien que por su personalidad cede más, bien porque no le importa o bien porque lo hace de modo inconsciente.

Somos dos perdonas con sus virtudes y sus defectos, que, como todos, nos enfadamos y nos perdonamos. Nos queremos y (otras) no lo demostramos, herimos. Nadie es mejor que nadie, somos diferentes pero con algo que nos une, algo que ha hecho que hayamos estado unidos durante estos años y hayamos decidido participar en el milagro de la vida. Soy un poco raro, eso sí quizás quede claro y sea realmente cierto.

Llego, me siento ante un procesador de textos y escribo aquello que en ese momento me ha llevado hasta allí: “alguna noticia, seguramente alguna buena”.

No se vayan todavía, aún hay más.

Codornices en escabecheCodornices en escabeche
  • 2 codornices.
  • 1 puerro.
  • 1 cebolleta.
  • 2 zanahorias.
  • 4 dientes de ajo enteros y abiertos con un golpecito.
  • 1 ó 2 clavos (especia)
  • 2 ó 3 hojas de laurel.
  • 1 ramita de romero (preferiblemente fresco).
  • 1 ramita de tomillo (preferiblemente fresco).
  • 8-10 granos de pimienta negra.
  • Una puntita de guindilla (si gusta).
  • ¾ de vaso, aprox., de aceite de oliva virgen extra.
  • ½ vaso de vino blanco, preferiblemente un Albariño.
  • ½ vaso, o algo menos, de vinagre de Jerez.
  • ½ sobre de colorante alimentario (azafrán)
  • Sal
  • Harina.
(1) Salamos la codornices, incluyendo el interior. No es necesario añadir pimienta pues el propio escabeche lleva abundante pimienta en grano. Las atamos con una cuerda de cocina (opcional) para que no se abran al cocinarlas. Las pasamos por harina, eliminando el exceso.
En una olla, no demasiado grande (lo justo para que quepan las codornices) para que las codornices se impregnen del escabeche, añadimos un poco de aceite de oliva y doramos las codornices hasta que tenga un tono dorado (“doramos…dorado”, bueno, bueno), dándole vueltas para que se hagan por todos lados. Retiramos y reservamos en un plato.
Cortamos el puerro y la cebolleta en juliana fina (en tiras finas). Cortamos la zanahoria en fragmentos pequeños para que se hagan con facilidad. Añadimos más aceite a la olla y pochamos a fuego medio el puerro, la cebolleta, la zanahoria y los dientes de ajo durante unos 10-15 minutos. Alguna vez he pochado las hortalizas con las especias, no estoy seguro cómo lo he hecho esta vez.

(2) Añadimos la codornices a la olla (podríamos hacerlo justo después de añadir el vinagre, pero así ya va tomando sabor) junto con las especias y aromas: 2 clavos, 8 ó 10 granos de pimienta negra, unas dos o tres hojas de laurel (según gusto), una rama de romero, una de tomillo y una puntita de guindilla (pimienta de cayena) si nos gusta un ligerísimo toque picante. Pochamos un poco más y añadimos un poco de aceite si vemos que no tiene suficiente.
Vertemos el vino y lo dejamos hervir para que se evapore el alcohol. Añadimos el vinagre y dejamos que reduzca hasta que se vaya ese olor fuerte. Añadimos el colorante alimentario, rectificamos la sal y dejamos cocinar a fuego medio hasta que las codornices estén tiernas, unos 20 minutos podría ser más que suficientes. La cebolla debe estar bien cocida para que no fermente si no lo vamos a tomar en el momento.
Emplatamos enteras o troceadas por la mitad, según gustos. Acompañamos con unas patatas fritas, por ejemplo.
Nota: si lo deseamos hacer con otras carnes más gruesas (perdiz, conejo,…) el tiempo de cocción y la cantidad de líquidos deberá aumentarse.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tostadas de brioche de naranja para desayuno

brioche de naranja para desayunoEs lo que toca
Hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana…
He hecho (y hago) mucho tipo de brioches, uno de mis (tipos de) dulces preferidos. Unos los amaso con algo de leche, otros los hago con una masa madre y todos los preparo con abundante huevo y mantequilla. Esa es la principal característica de un brioche, debe amasarse con huevo y, si se usa, la cantidad de leche suele ser insignificante, sólo para disolver la levadura.

brioche de naranja para desayunoQuizás éste sea más jugoso y suelto de lo que suele hacerse, abundante huevo y mantequilla, que le da sabor y favorece su conservación. Cuando, como en este caso, la masa resulta poco manejable, siempre lo dejo reposar en el frigorífico con el fin de poder darle forma y enlentecer la fermentación. Lo de “tostadas de…” no es más que una intención de diferenciar este brioche estilo muselina de un brioche más panificado y menos sabroso (lo digamos o no, la mantequilla y el huevo le da sabor). Así, tendremos un brioche perfecto para el desayuno y, cómo no, ideal para hacer tostadas y untarlas con mantequilla.
Como no tengo panificadora ni amasadora (mejor así) estos bollos siempre los amaso con una cuchara de madera y un poco de paciencia, no demasiada. A por ello.

brioche de naranja para desayunoViaje al centro del universo
¡Cuánto cambia la vida! No sólo por el tiempo disponible, por las prisas, los coches llenos de objetos (juguetes, utensilios de bebé, pañales,…), los lloros que tienen que soportar los vecinos, las visitas a los centros comerciales en los días lluviosos, las pocas horas de sueño, el insomnio, el tiempo que ya no es tuyo, el tiempo que le dedicas a hacer purés, las llamadas telefónicas diarias, las ralladuras de los muebles nuevos, el desorden y el caos, l@s nuev@s y repentinos amig@s que también son padres (en los parques y vecindario), las conversaciones con ellos, la vida sexual, que de ver las noticias de La 2 ;-) pasas a ver “Bob esponja” o “El jardín de los sueños” (acaban de poner el decorado en plena plaza del Obradoiro), que ya no lees tanto (sólo trabajo) y no vas al cine ni sales a tomarte un café, que el mayor derroche que haces es en pañales, los viajes (si lo hay) son más cortos y reducidos en número, en la sensibilidad extrema (casi obsesiva) al lloro y al ruido, en los problemas de espalda, en los madrugones, en las visitas permanentes a los parques, en inviernos más duros que antes… Me refiero a algo más sutil e importante: la relativización de los problemas y la total despreocupación por dificultades que ya no parecen serlo. Ya no existen problemas personales suficientemente grandes, todo es igual, sólo un hecho importa: tu hij@. Cuando despiertes de esa despreocupación serás tú quién se verá en pañales y vacío, pero eso todavía no ha sucedido. Cuando me sienta inútil y descuidado sabré que ya ha sucedido.

brioche de naranja para desayunoDicen que vale la pena. No tengo tiempo para pensarlo, prefiero no pensarlo, sólo sé que cuando no estoy con él lo echo mucho de menos, hasta sonrío. Deseo verlo reír y me emociona encontrármelo gateando a toda prisa hacia mí cuando vuelvo del trabajo y estoy retirando la llave de la puerta. Todos los padres piensan, o desean pensar, que sus hijos son únicos, especiales. Yo no aspiro a tanto o tan poco, sólo deseo su felicidad (¡sólo!), aún a costa de la mía. Esa ceguera paterna no me impide ver a un niño extremadamente inquieto y curioso (como todos, supongo), hasta tal punto que me resulta prácticamente imposible mantenerlo quieto durante más de dos minutos.

brioche de naranja para desayunoHipocresía
Tengo hipo, hip!, me lo causa la Hip! Hipocresía. Hip!, hip! La hipocresía de marketing y la mentira. Hip! Entré en el Carrefive. Cuando fui a pagar ya no daban bolsas de plástico, “para proteger el medioambiente”, decían. ¡Para proteger el medioambiente! ¡Los huevos del juego de la oca! Para ahorrarse una buena cantidad de miles de millones de euros y ganar más vendiendo bolsas recicladas a diez céntimos la unidad. Porque el supermercado sigue igual de exageradamente iluminado, los televisores están todos encendidos mientras el establecimiento permanece abierto, todas las carnes están envueltas en plástico… En la sección de frutería, como son ellos (o nosotros) los que pagan las bolsas, emplean bolsas de plástico no recicladas.

Me acerqué a la sección de frutería y, por orgullo, me provisioné de varias bolsas. Con descaro las usé para llevar la compra a casa. Si predicasen con el ejemplo no lo habría hecho, habría aceptado sin rechistar aportar mi grano de arena Carrefive para proteger el medio ambiente. Algo que hago en otros ámbitos de modo espontáneo. Es una cuestión de hipocresía.

brioche de naranja para desayunoMucho medio ambiente y poca humanidad, el humanismo es otra cosa. Ayer domingo abrieron para que gente como yo tuviese tiempo para perder el tiempo y gastase su dinero en inutilidades innecesarias, rebuznancia. Pero eso no importa, lo que importa es el puto capital y el capitalismo.

Llegan las navidades, la mayor exaltación comercial de la historia de la humanidad. Ya me enciendo… eso de las Navidades me cabrea bastante. Compras, compras, compras,… consumismo, gula, desprecio por la dignidad humana. Falsos mensajes de “paz y amor a los hombres de buena voluntad”, hip!, hip! Colonias, publicidad, mariscos al doble de precio, uvas, canapés y canapés, comida en la basura, alcohol, ropa para un día, cenas con quién no deseas, hip!, hip!, ofertas y ofertas en el buzón, corbatas y calzones, calcetines, centros comerciales, calorías,…
¿Y los niños? Esa es la eterna excusa. Que si las Navidades están hechas para los niños, y yo añado, están hechas para que las grandes superficies usen a los niños para justificar el despilfarro al que nos vemos sometidos. Hip!, Hip! Hipocresía.
La ilusión de la Navidad. La lotería. Ya, yo también juego, ¿para qué? Para llenar las arcas del estado con miles de millones que no se destinarán para ayudar a esos que han jugado por la necesidad y la ilusión de paliar sus penas económicas. El juego (o el tabaco) son dos de las grandes drogas legales que interesa sostener para que el estado gane un dinero fácil y rápido.

No sigo, que me enciendo…

Bob Esponja – “Aceptémoslo Patricio, somos unos fracasados.”
Patricio – “Puedo vivir con eso…”


brioche de naranja para desayunoVive como quieras, o casi
Cuando parece que te recuperas de los problemas personales surgen otros, que por pequeños que sean se convierten en grandes dinosaurios. Me pasa. Ese pequeño detalle, esa duda, la falta de compañerismo o los compañeros que tienen distinta vara de medir, o si la tienen la guardan según les viene en gana, la hipocresía de la clase media y la media hipocresía del resto del mundo. No soy mejor que nadie, pero tampoco soy peor. Tengo mis debilidades y mis defectos, mis virtudes ocultas y mis intereses personales, mis aficiones y mis obligaciones. Lloro y río (a veces), me enfado ante el enfado y sonrío por el simple hecho de sentirme vivo. ¿Y qué? Poco me importa.

Me gustaría ser invisible al resto del mundo, como si no existiera. NO EXISTO. Olvidaros de que respiro, inhalaré la menor cantidad de aire que me sea posible, no deberé nada. Olvidaros si entro o salgo o, si lo hacéis, no os fijéis sólo en si salgo o si entro.

brioche de naranja para desayunoExistir. Ni de mi existencia soy dueño. La existencia, ¿qué es? Me importa un Pepinho cuando ni de mi vida soy dueño, no me refiero a los problemas de mi tiempo o libertad, es la propiedad que el estado cree tener sobre ella. El delito de privarme de ella o el mero hecho de hacer uso de ella según le venga en gana.

¿Y qué? Para qué estas palabras inconexas que no yo mismo entiendo. Por la ausencia de una sonrisa, por un mal gesto, por un lamento, una noticia... ¡vaya usted a saber! Es lo que tiene cuando se vive al filo de los sentimientos, vienen y se van según les viene en gana. Nunca sabes qué te va a tocar. Hoy toca esto, ahora toca, después Él proveerá.

brioche de naranja para desayunoBrioche aromatizado con naranja
  • 300 gr. de harina de fuerza.
  • 3 huevos grandes (=180 gr.)
  • 55 gr. de azúcar.
  • Ralladura fina de ½ naranja.
  • 15 gr. de levadura fresca de panadería.
  • 8-10 gr. de sal.
  • 240 gr. de mantequilla troceada.
  • 1 yema grande (~20 gr.)

(1) En un cuenco grande u olla mezclamos la harina tamizada con los huevos, el azúcar, la sal, la levadura desmenuzada y la ralladura de naranja. Con una cuchara de madera amasamos hasta que empiece a separarse de las paredes del molde, ocasi. Si se tiene amasadora es mucho más fácil.
Añadimos la mantequilla troceada (no fundida, más bien fría) y la añadimos en tres veces, amasando con la cuchara de madera. Amasamos durante varios minutos hasta que se despegue de las paredes (o casi) si forme una masa homogénea y elástica.

(2) Cuando la masa esté preparada la volcamos en película de cocina ayudándonos de una espátula de silicona/plástico. La envolvemos en película de cocina y la introducimos en el frigorífico durante varias horas, mejor durante toda la noche si la preparamos la noche anterior.
Al día siguiente formamos bolas y las depositamos en un molde para cake. No deben ser demasiado grandes, pues la masa debe doblar su volumen. Como sobrará, podemos hacer pequeñas bolas e introducirlas en moldes metálicos para muffins. Dejamos fermentar a temperatura templada (25-30 º C) hasta que doble su volumen (llegue hasta el borde del molde). Yo lo dejo fermentar en el horno a 30º C, el tiempo necesario puede ser ligeramente superior a una hora, dependiendo de la época del año.

(3) Precalentamos el horno a 190 º C, preferiblemente con aire, y horneamos el brioche hasta que tenga un color dorado, casi tostado. Retiramos del molde, dejamos templar y conservamos envuelto en película de cocina. Puede guardarse en el frigorífico y retirarlo una par de horas antes. Como es una masa rica en materia grasa aguanta más que otro tipo de masa.
Cortamos el brioche en forma de tostadas y acompañamos con algún tipo de mermelada, le va muy bien la de albaricoque o naranja. Tostadas en un tostador también están muy ricas, sobre todo si han pasado varios días y no está tan fresco.

brioche de naranja para desayuno