domingo, 18 de julio de 2010

Panna cotta de naranja (y limón)

Pienso, luego existo
Panna cotta de naranja (y limón)Largo y cálido verano, a veces
Me resulta un poco difícil empezar de nuevo después de tanto tiempo. La interminable lista de recetas pendientes de publicar está casi perdida en la memoria y los pequeños detalles se han disipado con el paso de los días. Por desgracia, esos pequeños detalles son lo realmente importante de una receta. Sólo me quedaría repetir cada una de las recetas para anotar de nuevo esos detalles o, en ausencia de esa repetición, intentar hacer uso de la memoria asociativa, la única de la que soy dueño, para no errar en demasía.

Panna cotta de naranja (y limón)Pensé que sería bueno empezar de nuevo (¿es redundante?, no lo creo, no siempre se empieza de nuevo) con un plato extremadamente sencillo, sin horno, y perfecto para estos días de calor que han venido y (espero) sigan viniendo. Ahora llegaría el momento de explicar el origen del nombre del plato, qué es eso de “panna” y todo lo demás que siempre se cuenta, una y otra vez, pero no lo haré porque quiero ser conciso y claro, no tengo una vida como para hacer florituras. Sólo tecleen esas palabras en la caja de texto del más famoso buscador (el ojo que todo lo ve) y conocerán el origen y el porqué de su nombre. Para nosotros podría ser una “gelatina de naranja”, con reservas, claro, faltaría el ingrediente que le da panna, porque de “cotta” no tiene nada.

Que yo recuerde, cuando era pequeño a la gelatina se le llamaba “cola de pescado”, a las mousses “espumas” (“Espuma de…”), a los muffins “magdalenas” y las ensaladillas no eran “rusas”, eran “salpicones” con vinagreta. Las palabrotas eran “pecados”… y se decían, no sólo se cometían.

Panna cotta de naranja (y limón)Érase una vez un niño a un padre pegado
Si tuviese que contar qué he hecho durante la segunda parte del mes de julio me llegaría con una palabra: Teo. Teo ha sido el principal motivo de mi agotamiento y mi esperanza. Porque él ha estado conmigo la mayor parte de las horas del día, salvando unos pocos momentos para intentar (ésa es la palabra, “intentar”) ir a correr y las horas nocturnas que empleaba para corregir, poner exámenes u otras labores del día a día, como adelantar la comida de Teo. Por supuesto, también estaba el trabajo, pero durante la última semana del mes esas horas se limitaban a plasmar aquel trabajo preparado en casa, muchas veces hasta altas horas de la madrugada. Se podía haber dicho que mi “último día en soledad” fue el día 2 de julio, desde entonces somos tres, pero mi tiempo libre no ha aumentado lo más mínimo por asuntos de ajustes horarios.

Granxa do Xesto
Durante todo ese tiempo, hemos compartido muchos momentos, en los que he intentado (ésa sigue siendo la palabra, “intentar”) mantenerlo entretenido y salir de la rutina. Hemos pintado con témperas, pastel y pintura de dedos, hemos visitado los principales parques de Santiago, hemos visitado la playa por la mañana y por la tarde, hemos madrugado muchísimo (casi siempre antes de las siete) y lo hemos aprovechado para ir a un parque a ver y escuchar croar a las ranas. Aún así, ha sido muy difícil mantenerlo en una actividad más de media hora, ni en la playa, en dónde a la media hora ya empezaba a pedir “choche” si no conseguía entretenerlo durante un momento.

Granxa do XestoYa ha pasado más de la mitad de julio y todo sigue igual, o peor, más cansado y con menos tiempo. Más dependencia y una absoluta sensación de estar viviendo con el piloto automático, esperando que pasen estos días y crezca hasta el estado de comprensión mutua. Ya ha dejado de llamarme “papá”, no siempre, pero ya sólo lo hace cuando sus reclamos son reflexivos y pausados. Ahora también soy “ma-má”, soy mamá cuando me separo unos metros de él, cuando quiero echarme un poco alejándome a hurtadillas, cuando me separo de su alcance. Entonces, mi nombre cambia y es más rápido y emotivo llamarme “mamá”. Es un niño con dos mamás.

¿Cómo buscar el tiempo para escribir un poco?, ¿cómo llegar a cocinar algo con cierta dosis de elaboración? Muy difícil, para eso tienen que reunirse una serie de circunstancias improbables: que Teo se haya acostado temprano, antes de las 21:30; que por la noche no tenga que prepararle la comida del día siguiente; que no haya mucho que recoger; que pueda mantenerme en pie hasta las doce de la noche (o una hora más, como hoy);… Durante el día es pura ciencia ficción, se agarra a mí (y a M) con tal fuerza y terquedad que me siendo como el tiburón y la rémora, una rémora adictiva, empática y simpática; él me llena de alegría, complacencia y cansancio, yo le ofrezco mi tiempo, divertimento y mi amor en grandes dosis. Si vamos a la playa ya ni me planteo llevar un libro ni una silla, sólo un bañador de repuesto por si me mojo y el móvil para recibir alguna llamada.

Teo en A Granxa do XestoNo sé si es normal en un bebé (ya niño) de año y medio ese pánico a las multitudes y ese aparente miedo al abandono y permanente necesidad de la compañía de sus padres. Desde la última visita al pediatra su comportamiento al respecto se ha agravado y sus miedos parecen agrandarse. Sólo se tranquiliza con nuestra presencia y atención.
Lo he dicho otras veces y lo vuelvo a decir: soy un mal padre, me cuesta dejarlo llorar (incluso cuando sé que es por capricho) o negarle el placer de de sus gustos y, casi, obsesiones. Tengo la esperanza que cuando él pueda hablar me sea posible explicarle los motivos de mis negaciones, ahora escasas, y que no sea demasiado tarde para poner más límites. Espero que ahora sea sólo el momento de crear hábitos y dentro uno o dos años el momento del verdadero aprendizaje y la educación. Cuando uno está tan cansado lo más fácil ser permisivo, lo difícil y correcto es no serlo. No es fácil tomar decisiones a la ligera y de modo repentino, sin claridad de ideas.

Me imagino que algun@s de vosotr@s habéis llegado a pensar que me había ido de viaje o que, definitivamente, me había olvidado del blog. Ninguna de esas circunstancias es correcta. Todavía estamos en A Illa, con alguna visita a nuestras familias, y el blog ocupa un espacio importante de mi pensamiento, ahora sólo eso: pensamiento.

Panna cotta de naranja (y limón)La próxima semana nos iremos a Dublin, apostaría a que allí podría tener tiempo para escribir unas palabras con calma, pero claro está: sin ordenador personal esas palabras se limitarán a una de esas pequeñas libretas que siempre llevo a los viajes. Después tocará transcribirlas. Desde el último viaje, me preocupa el comportamiento de Teo durante los vuelos y lo extraño que pueda sentirse en el hotel. Ya no tanto por él, más por aquellos que tendrán que soportar sus pataletas y chillidos. Ya allí, nos alojaremos en el centro, y malo será que no tengamos un momento para ver algo y, al mismo tiempo, entretener a Teo.

Teo en A Granxa do XestoEn cuanto al blog el asunto podría parecer algo más difícil, y quizás lo sea, pero tengo grandes esperanzas con respecto al mes de agosto. Si Teo sigue manteniendo esos horarios de sueño y siesta (ya una), la hora de la siesta la podré usar para preparar la comida y escribir algo. No como ahora, que es el único momento que puedo dedicar a ir a correr.

Cuánto echo en falta un familiar cercano para poder descargar el trabajo durante los momentos más duros. No se puede tener todo, independencia y libertad. Parece contradictorio, pero muchas veces la independencia lleva consigo una gran dosis de pérdida de libertad. La libertad es más un concepto que un hecho, una sensación interior. La vida está llena de ligaduras externas y dependencias que llevan a nuestra existencia a un permanente estado de ataduras, así desde el primer momento de la concepción. Esas “circunstancias” de las que hablaba O. & G.

Sin más, y con toda la brevedad y extensión que me ha sido posible, me despido, esperando que sea más pronto que tarde. Un beso.

Panna cotta de naranja (y limón)Panna cotta de naranja (y limón)
  • 3 hojas de gelatina (~5,7 gr) [*]
  • 130 gr. de zumo de naranja.
  • 30 ml. de zumo de limón.
  • Ralladura (muy fina) de una naranja.
  • Ralladura (muy fina) de ½ limón.
  • 5 ml. de agua a azahar.
  • 10 ml. de Grand Marnier (u otro licor de naranja) (opcional).
  • 140 gr. de leche condensada.
  • 50 gr. de nata fresca espesa.
[*] Aunque lo he hecho varias veces con 3 hojas de gelatina, acostumbraba a preparar este postre sólo con 2,5 hojas de gelatina tipo A (las de casi 2 gr.). La última vez quedó algo suelta, con consistencia pero fácil de desplomarse al darle la vuelta. Por si acaso, pongámosle 3 unidades y aseguraremos el éxito del postre.

(1) Hidratamos las hojas de gelatina en agua bien fría para que no se disuelva en ella, más en verano ;-). Preparamos los ingredientes. Calentamos muy ligeramente (sin que hiervan) los zumos con las ralladuras bien finas, cuanto más finas mejor, hay que tener en cuenta que se añadirán directamente al postre. Alguna vez sólo he añadido la mitad de las ralladuras e “infusionado” con ambas. Retiramos del fuego y añadimos las hojas de gelatina hidratadas y escurridas. Mezclamos para que se disuelva. Añadimos el agua de azahar y el licor de naranja.
En otro cazo mezclamos la leche condensada con la nata y batimos hasta que no tenga grumos. Añadimos la mezcla de zumos y aromas, mezclando ligeramente. Podemos colar parte de la mezcla mientras la añadimos para que no se noten demasiado y tenga el sabor que sí le da la ralladura. A ser posible intentaremos que pasen, por lo menos, la mitad de las ralladuras, es lo que realmente le da sabor. La mitad será suficiente. Mezclamos y vertemos en moldes metálicos para flan, unos 3 moldes medianos.

(2) Guardamos en el frigorífico hasta que tenga la consistencia necesaria, un mínimo de unas 6 horas. Lo ideal es hacerlo por la noche para tomar al día siguiente o días sucesivos.
Cuando los vayamos a servir lo acompañamos de una salsa templada de frambuesa u otro tipo de salsa que nos guste. Queda muy bien una que lleve cítricos o frutas del bosque, por ejemplo. Para una salsa de frambuesas sólo hay que calentar un puñado de frambuesas con unas 2 ó 3 cucharadas de azúcar, colándolo para formar una salsa.

Panna cotta de naranja (y limón)