martes, 16 de julio de 2013

Pollo al chilindrón

Pollo al chilindrón

Pollo al chilindrón
Suspiros de España

Con “tradicción”


Pollo al chilindrón (pepinho.com)

(Receta de http://www.pepinho.com) Si este plato llega a publicarse en un período razonable, es que he tenido la posibilidad de darle al botón con la etiqueta “Publicar” desde algún lugar alejado de la playa, pero, probablemente, atestado de personas haciendo fotografías con un Smartphone para publicarlas en alguna red social y presumir ante amigos y “amigos” de ese hábito que muchos no pueden o no desean efectuar: la artificiosa evasión de la distancia y el derroche innecesario. Probablemente yo sea uno de ellos.
No tengo la esperanza de que esta receta aparezca antes de irme y, aunque me muero en deseos de lo dulce, esperaré a la vuelta para reaparecer con un postre… ¿con dos capas?
He creído que ha llegado el momento de dejar lo dulce y publicar algún plato salado. No por mucho tiempo, pues mi cuerpo ya me está pidiendo hidratos de carbono para cubrir las necesidades energéticas de un verano que se presenta muy duro.

Tenía muchas opciones saladas para publicar. De todo tipo: de aquí, de allá, clásicos tradicionales o novedosos, de oriente u occidente. Al final me he decantado por una receta con mucha tradición (que a mí me traslada a Aragón) por varios motivos: porque a tod@s gusta, porque es bueno dar ideas para la cocina del día a día, porque es uno de los platos (de pollo) preferidos de M, me lo pide con relativa frecuencia, y porque está delicioso.

Pollo al chilindrón

Éste es el modo en el que yo lo suelo hacer, aunque no siempre lo haga exactamente de la misma manera y me condicione la disponibilidad del momento. Por supuesto, siempre pueden hacerse cambios obvios: sustituir el pimentón de la Vera por la pulpa de un buen pimiento choricero de la zona o usar cebolla en vez de puerro. En general suelo usar uno u otro tipo de pimientos, dependiendo de las necesidades o preferencias del momento, como me pasa con unas patatas a la riojana o un delicioso suquet, si bien últimamente me decanto más por un buen pimentón molido dulce (o agridulce) que por la pulpa de un pimiento choricero.
El pimentón molido suele venir tratado, ahumado, rico en aromas y, sobre todo, resulta mucho más fácil de usar, sin esperas ni hidrataciones de última hora. Por supuesto, es muy importante que sea un pimiento de muy buena calidad, preferiblemente de la Vera. A mí me gusta mucho el pimentón de la Vera ligeramente ahumado (no mencionaré marcas comerciales), si bien hay una pequeña variedad de tipos de pimentón que podemos adaptar a nuestros gustos. Elijan.

Pollo al chilindrón

El único secreto de este plato es realizar una lenta y larga cocción para obtener una deliciosa salsa y un pollo blando y jugoso. La consecución del objetivo dependerá en gran medida de la destreza que tengamos cocinando. Seguro que gusta.

Autodestrucción


”Los personajes que aquí figuran no son reales, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, decía la nota adjunta que el autor (anónimo) del texto dejó manuscrita en la primera página del libro del que he podido robar este fragmento que ahora me dispongo a relatar y, en la medida de lo posible, transcribir.

La coincidencia es probabilidad, lo posible e imposible, la incertidumbre, el motor que mueve el mundo y nuestra propia existencia. Los dados de Dios.

“Dieciséis treinta.
Su prolongada sombra se proyectaba sobre las aguas zigzagueantes, haciéndolo parecer todavía más alto y delgado de lo que ya era. Deformada por el susurro de una brisa marina, ésta no era más que un espejo de la propia visión que tenía de sí mismo. Vaga sombra en unas aguas esquivas. Breve y perecedera existencia. Agua y sombra.
Una ola, un borrón sin cuenta nueva.
(…)


Conocía la información calórica aproximada de todos y cada uno de los productos ‘light’ del supermercado y también de otros más comunes. Leche desnatada, tortitas, pan, frutas, quesos, yogures u otros derivados lácteos, mermeladas… Sabía qué podía añadir a la cesta y qué no, o que, si llevaba algo que estuviese fuera del rango calórico, la dosis debía ser ínfima, privándose de otros más necesarios. Consumía productos que lo saciaban pero con la menor carga calórica posible.

Su sombra se difuminaba al compás de unas nubes que vagaban a ritmos acelerados sobre un cielo casi azul. Disipada sombra, eso era.

Giraba los productos depositados en las estanterías para poner a la vista la información nutricional y así llevarse siempre aquél que tenía menos calorías, aunque sólo fuese una kcal por cien gramos de producto y éste resultase menos apetecible. Aquellos cuya etiqueta era ilegible los descartaba de inmediato, pues conocía todas las argucias comerciales que se usaban para seducir a personas que actuaban como él.
Ante los demás, hacía creer que estudiaba la composición o la fecha de caducidad del producto, mas él sólo fijaba su mirada en una cifra, normalmente indicada en kcal.

La mar calma emborronaba a cualquier asomo pasado o futuro, todo parecía inmóvil. Una vida sin pretérito ni ulterior, sólo un presente imperfecto.


Pollo al chilindrón

Era alto y enjuto, su aspecto siempre denotaba cierta apariencia cansina, probablemente debido en parte a unas necesidades energéticas no cubiertas por la dieta. No era un anoréxico en el sentido estricto de la palabra, pues era consciente de su estado deplorable y huía en la medida de lo posible de los espejos, las fotos o cualquier grabación que pudiese remover su conciencia y lo llevase a tener que practicar otro tipo de autoflagelación.
Porque ése era el secreto. Para él esa práctica no era más que un martirio, un castigo o una condena a la que se sometía como una meta más, como penitencia por esa vida de pesadumbre y permanente insatisfacción para la que le habían educado desde pequeño. Le habían hecho creer que si las cosas iban bien, es que algo iba mal. El placer no era tolerable y la vida era el camino a otra vida ‘mejor’, decían. Que había personas, cierto tipo de personas, que no tenían el derecho a ser felices o a disfrutar de la vida de un modo pleno.

Pero no sólo era eso, la punta del iceberg. También estaba esa sensación de culpabilidad que padecía por todo lo malo que pasaba, propio o ajeno, esperando que, en el fondo, este hecho sirviese de penitencia por esos males, muchas veces azarosos, que le había tocado vivir. Como una mujer maltratada, que no entiende las motivaciones del maltrato y a la que le han hecho pensar que el origen de todos los males reside en la propia existencia. Ése era el mal, la propia existencia, la falta de un amor sincero que, si existía, era incapaz de percibir. Sentirse querido y no utilizado. Al dejar de existir para los demás, también había dejado de existir para él mismo.

Un paso para acortar una sombra que partía de las rodillas formando un ángulo recto con su tronco. Otro de media sombra, que se aproxima lentamente, por mucho que el sol se oponga a ello. El sol no es tan poderoso como se cree.


Pollo al chilindrón

El daño a uno mismo era una práctica que se extendía a otras facetas de la vida, a veces físico y otras emocional, pero siempre intentando comprender lo incomprensible por todo ese ambiente de autoculpabilidad y sometimiento.
Era la forma que tenía de expresar su disconformidad con lo que rodeaba, como la pataleta de un niño llevada al martirio. Una forma de rebeldía, el único modo del que disponía para dar su opinión y ser escuchado. El lenguaje usado para hacer llegar a los demás su desunión con el entorno y absoluta incomprensión.
¿Hasta dónde sería capaz de llegar? Ni él lo sabía. (…)

Ni el atardecer es capaz de preservar una sombra que avanza. El amor, sí. Sentirse querido. “

El resto del relato es más vago, perdiéndose en las razones de una conducta extraña y despiadada hacia la propia vida. Una infancia rigorosa, por llamarla de algún modo eufemístico, y una adolescencia distante parecen marcar los rasgos de este personaje que nace en la mente de un autor que, probablemente, haya trasladado de un modo distorsionado vivencias propias. Pues, en el fondo, todo escrito tiene algo de autobiográfico.
Hay esperanza.
.


¿Qué hacer para cambiar el mundo? ¿Deseamos cambiarlo o estamos satisfechos con este estatus? ¿Tenemos fuerzas para cambiarlo? Por qué siempre nos lamentamos y no hacemos lo más mínimo para mover el mundo.
Parece que sólo nos mueve el dinero y el capital, el fútbol y la política. ¡Cuánto tiempo malgastado cavilando estrategias para el enriquecimiento propio! ¡Estrategias de mercado! ¡Marketing! ¡Qué pobres somos! Empecemos por cambiar “nuestro” mundo, el resto no será más que una reacción en cadena.
Feliz Navidad.

Pollo al chilindrón

Pollo al chiclidrón

Obviamente, la cocina salada no suele ser tan precisa como la repostería. Aun así, los ingredientes suelen pesarse en las cocinas de muchos restaurantes para evitar errores y conseguir siempre parecidos resultados. Por supuesto, al final lo más importante suele ser la técnica, la “mano”.
La última vez los he pesado (cantidad indicada entre corchetes), pero eso no quiere decir que sean las cantidades exactas que suela usar. Sólo he querido dar una aproximación para que cada uno los ajuste a sus gustos o preferencias.

  • Medio pollo grande o 3 zancos.
  • c. s. de aceite de oliva virgen extra (~45 ml)
  • Sal y pimienta negra molida.
  • 1 puerro (la parte blanca)
  • 1 cebolleta de tamaño medio [150 gr.]
  • ½ pimiento rojo grande [150 gr.]
  • ½ pimiento verde grande [150 gr.]
  • 2 hojas de laurel (en Galicia nos suele gustar su abuso ;-))
  • 2 o 3 dientes de ajo finamente picados.
  • 1 vaso, o ¾, de vino blanco de buena calidad, Albariño Rías Baixas [160 gr., o algo menos]
  • 1 cucharilla de pimentón dulce de la Vera.
  • Una rama de tomillo y/o romero fresco.
  • 2 tomates grandes maduros rallados [~360 gr., quizás menos]
  • 65-100 gr. de jamón serrano poco curado (y con poca sal) [*]
  • La cantidad suficiente de agua mineral o fondo ligero de pollo [360 gr., menos]
[*] A gusto.

(1) Cortamos el pollo en trozos de tamaño medio o algo grandes. Los secamos bien y los salpimentamos por ambos lados.
En una olla amplia de fondo grueso añadimos un chorrito de aceite, poco, y lo calentamos a fuego alto. Doramos el pollo en la olla, uno a uno, en pocas cantidades, para que no se baje la temperatura de repente y obtengamos un pollo ligeramente tostado. Empezamos dorándolo por el lado que tiene piel. Retiramos el pollo a medida que lo vamos dorando.

Limpiamos el puerro, practicando unos cortes longitudinales y pasándolo bajo el chorro de agua con las hojas hacia abajo para eliminar los restos de tierra, que suelen ser muchos, aunque no se vean.
Cortamos el puerro y la cebolleta en trocitos de un centímetro a centímetro y medio, aproximadamente. Cortamos los pimientos en cuadrados ligeramente mayores (2x2), por lo menos a mí me gusta que se noten cuando se toma la salsa.

(2) En la misma olla en la que hemos dorado el pollo, bajamos el fuego, añadimos un poco más de aceite y lo calentamos. Cuando esté caliente añadimos el puerro y la cebollera picados, le damos unas vueltas y añadimos los pimientos troceados y las hojas de laurel. Bajamos la temperatura y dejamos que se pochen durante unos minutos.
Añadimos el ajo picado y seguimos pochando. Por supuesto, el ajo no debe cocerse, pero tampoco quemarse, que le daría un sabor amargo. Puede añadirse al principio, pero si no se tiene cuidado es muy fácil que se queme. A veces, como en este caso, hago un pequeño espacio en el fondo de la olla, añado el ajo para que se saltee durante un par de segundos y remuevo todo el sofrito para que se haga a fuego lento con el resto de hortalizas.

(3) Cuando las hortalizas están pochadas, entre 25 minutos a media hora, añadimos el jamón y le damos unas vueltas. Añadimos el vino blanco, subiendo algo el fuego para favorecer la evaporación (del alcohol, sobre todo) y dejamos que se reduzca a fuego medio-bajo durante unos cinco minutos.
Mientras se reduce el vino, rallamos los tomates, desechando la piel.
Cuando el vino se haya reducido añadimos una cucharilla de pimentón dulce de la Vera (si gustáis, parte del pimentón puede ser agridulce) e, inmediatamente, el tomate triturado, removiendo para que no se queme el pimentón. Dejamos que reduzca para que se forme un poco de salsa.

(4) Añadimos el pollo dorado y una ramita de tomillo y/o romero frescos. Le damos unas vueltas y añadimos la cantidad de agua necesaria para (casi) cubrir el pollo, pues debe cocer por período largo, cerca de una hora.
El agua debe llegar justo hasta cubrir el pollo, sin que pase, para que al final, tras una reducción, obtengamos una salsita.
Dejamos cocer a fuego medio-bajo con la olla descubierta hasta que se haya formado una salsita espesa y el pollo esté muy blando, aproximadamente, una hora de cocción. El tiempo de cocción dependerá de la temperatura y la cantidad de agua añadidas.

Preparad pan, es indispensable para mojar. Uno de los platos de pollo que siempre me pide M.

Pollo al chilindrón

martes, 9 de julio de 2013

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja. Más rápido, más fácil, más rico

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Todos los coulants del mundo

Puedes pasar a ver la receta completa en http://www.pepinho.com.
Un agradable comentario que pude leer hace poco (y agradezco de todo corazón) mencionaba la evolución del blog y, sobre todo, del tipo de platos (principalmente postres) que he ido preparando. Con razón indicaba que había pasado de platos sencillos a platos “imposibles”. Yo no iría tan allá, ni mucho menos, diría “elaborados” o trabajados (en tiempo), porque todos estos años han sido para mí una verdadera escuela de cocina.

Hay muchos terrenos que todavía me resisto a mostrar, aunque sí los haya pisado en la intimidad de “mi” cocina y ante aquellos para los que cocino a diario. Algún día pondré esos platos más curiosos y, quizás, sea ése el momento de dar un salto hacía algún lugar, más impalpable que físico. No sé, esto del blog ya no me llena en muchos aspectos, aunque para mí todavía tiene unos valores insustituibles: la evasión, la compañía y amistad, la clasificación (desordenada) de recetas [muchas veces busco mis propias recetas en Google, “salsa piquillo pepinho”, “Yorkshire pudding pepinho”, o similares] o una razón para seguir dedicando horas a compartir mis experiencias y no perder la memoria.

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

El plato que ahora presento es una vuelta atrás en algún sentido: en la sencillez, en la rapidez de elaboración, en la presentación…. pero con algún pequeño elemento más actual.
En todos estos años he hecho infinidad de coulants, o fondant, según se vea. Pero sólo recuerdo haber publicado unos pocos, sin haber sometido a este plato a un análisis detallado de los secretos que creo haber descubierto.
Por supuesto, el “original” coulant de Michael Bras llevaba (fijaos en el tiempo verbal) una ganache en su interior para darle mayor fluidez al relleno. La adicción de ese elemento es algo que ya pocos hacen, pues el bizcocho de chocolate original ha ido derivando poco a poco en un bizcocho fondant con mayores similitudes a un brownie. Así, con una rápida pero precisa cocción se consigue que el interior del “bizcocho” (que ya no lo es tal) quede fluido.

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Estos dos últimos meses (¿?), quizás menos, he tenido tal obsesión por el coulant que he experimentado y tomado varios por semana. Ensayando con gran variedad de aromas, chocolates, medidas, tiempos y temperaturas… Al final, muchas de esas pruebas me llevaban a lo más sencillo, porque lo sencillo siempre es lo mejor si funciona. Y éste que ahora presento ¡funciona!, un placer dulce para los que, como yo, son unos apasionados del chocolate y del dulce, o las dos cosas a la vez.

¿Qué chocolate usar? Para un coulant, la mejor opción suele ser un chocolate de cobertura, más fundente. Aunque también son adecuados los chocolates negros por su gran cantidad de manteca de cacao, en cuyo caso se recomienda añadir azúcar lustre para compensar el amargor del chocolate.

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Buscaba algo dulce con un toque ácido, pues también he hecho pruebas con especias como el cardamomo, el jengibre y la pimienta de Jamaica, y, después de haberme decidido en esta versión por la naranja y el caramelo, he querido seguir conservando la idea original y continuar usando el chocolate con leche de cobertura, que puede sustituirse por un chocolate negro de cobertura, en cuyo caso podremos añadir un poco de azúcar polvo.

Aunque muchas pruebas las he hecho con un caramelo a base de azúcar, mantequilla y nata, al final, por su sencillez, he optado por añadirle dulce de leche, cuyas diferencias con el caramelo son casi imperceptibles cuando se combinan con el chocolate.

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Rompiendo moldes

El coulant es uno de los dulces más sencillos que pueden hacerse, salvo por un pequeño detalle: el tiempo de horneado.
Lo más usual es enfriarlo en el frigorífico y hornearlo a alta temperatura durante poco tiempo para que el interior quede fluido. Las pruebas siempre son necesarias si es la primera vez que se practica una receta o se cambia de horno.
Este coulant no es necesario reservarlo en el frigorífico y, si se hace, debe aumentarse el tiempo de cocción en torno a unos dos minutos, dependiendo de la temperatura de la masa.

Pese a todos estos factores, hay un elemento que pocas veces se tiene en cuenta y que creo tanto o más importante que el tiempo de horneado: el tipo de molde. Además de por tamaño del molde, por supuesto, el tiempo de cocción depende del material del molde. Un molde adecuado puede facilitar la consecución un resultado óptimo.

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Para los bizcochos soy partidario de los moldes metálicos, pues retienen el calor, haciendo que el bizcocho crezca de modo homogéneo y no se baje. Sin embargo, para el coulant y otros pasteles fondant veo mucho más adecuados los moldes de silicona, pues el calor penetra más rápidamente, dándole el cuerpo necesario, y facilita el desmoldado de la pieza, probablemente el punto más crítico del proceso.
Con ello, recomendaría usar moldes de silicona no demasiado grandes, engrasados y ligeramente enharinados, pese a que ese paso no suela ser necesario para la preparación de otro tipo de bizcochos.
Los moldes desechables, esos de aluminio, nunca los he probado, pero me imagino que funcionarán muy bien y facilitarán el desmoldado si se rompen con unas tijeras una vez horneados.

Siempre, probad con una única pieza, aumentando o disminuyendo el tiempo de cocción según sea necesario. Si la pieza es pequeña puede aumentarse la temperatura y disminuir el tiempo de cocción.
Disfrutad.
Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranjaCoulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Teo, 4 años

(Inciso) ¿Qué hago a estas horas, en presuntas vacaciones, despierto, intentando escribir y deshacerme de todo lo aquello que me ocupa mente? Es difícil expresarlo, podría ayudar una buena lectura, como antaño. Good night!

En vacaciones aumenta, todavía más, el tiempo que paso con Teo. Son prácticamente sólo las dos horas en las que voy a correr el momento día en el que no estamos juntos. Es reconfortante, pero cansado. Una contradicción entre lo que apetece hacer y lo que echas en falta, entre lo que necesitas y lo que deseas.

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Los niños son sorprendentes, una combinación de ingenuidad, imaginación, sinceridad, intuición o lógica de lo empírico. Es una pena no poder reproducir cada una de las preguntas, deducciones o respuestas que surgen en esos momentos de compañía. Una semana da para mucho, pero sólo he podido transcribir algunas de las que surgieron cuando tenía algo cerca para anotarlo. Lo demás, se ha perdido. Quizás lo mejor.
  • No quería ir a cama y, para animarlo le dije: “Venga, que hoy te voy a contar el cuento de Simbad”. “Pues a mí me gustan los cuentos con ‘bats’”, respondió.
  • Estábamos en una playa de A Illa y me pregunta: “Papá, ¿qué ciudad es esa?”, “O Grove”, respondí. “¿Y qué idioma hablan?
  • Mi cerebro no duerme.
  • Jugando con números. “Teo, ¿cuánto es cinco, menos uno, menos uno y menos tres?” “¡Puño!
  • Volviendo cansados a casa. “No me gusta ir a la playa”, “¿Y qué te gusta?”, “Jugar a la Wii y jugar con papá
  • Querer es poder, eso piensa. “Es que yo tengo un mando a distancia en mi cerebro
  • Crecer. “Es que tengo un pirilín muy travieso
  • Viajes. “Que me pongan una cama grande, no de cuna. Que una vez era mayor y me pusieron una cama de cuna
  • Es que mi cerebro no para, no puede parar de hablar”.
  • Saliendo para correr. “¡Papá!, ¡corre poco!, ¡que si no me aburro!
  • Debilidad. “Papi, tu beso me ha sabido a… chuches”.
  • Otro día, deseando que me sentase con él a ver los dibujos. “¡No corras nunca!, ¡nunca!, ¡nunca!
  • Blando. “Que no venga mamá, que es una mandona”. Otras veces la ha enviado a trabajar.
  • El espacio y las estrellas. “Papi, ¿dónde hay una escuela de astronautas?”, “En muchos sitios. En Estados Unidos, por ejemplo”, “Pues quiero ir el año que viene, que ahora soy muy pequeño. ¡Y tú vienes conmigo!
  • Tiempo después. “Ya no quiero ir al espacio, que me puedo quedar sin oxígeno”. Después, me pidió que fuese yo y que hiciese fotos para enseñarle la tierra desde otro punto de vista.
  • Iba M con él por las callejuelas de A Illa, y le grita: “¡Por la acera, Teo!”. Teo responde: “No pasa nada… Le dices a papá que te ponga una semillita, tenéis un niño y le llamáis Teo”. Un concepto un poco distorsionado de la existencia o una trivialización de la misma. Tal vez sea la mejor forma de vivirla, dándole la importancia que merece, pues, lo deseemos o no, tenemos un camino marcado.
Estar con T, además de gratificante y lleno de felicidad, también ha sido una merma física en muchos aspectos y un indeseado régimen de adelgazamiento.

Felices vacaciones.

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja

Las cantidades indicadas son para unos tres moldes o incluso cuatro si son pequeños. Es importante que los moldes sean fáciles de retirar, por eso los de silicona funcionan muy bien para este tipo de postres.
Pueden hacerse en el momento o, mejor, dejarlos reposar en el frigorífico durante toda la noche (o más). Pueden aguantar varios días en el frigorífico o congelarse. Los tiempos de horneado dependen del tamaño/tipo del molde y de si han o no reposado en el frigorífico..
Si nos gusta menos dulce podemos sustituir el chocolate con leche por chocolate negro al 60-70% y añadir unas un poco de azúcar polvo.

  • 25-30 gr. de mantequilla blanda (a punto de pomada)
  • 85 gr. de dulce de leche.
  • 2 pizcas de sal final o flor de sal
  • c. s. de ralladura de naranja (sin parte blanca).
  • 2 huevos grandes (120 gr.)
  • 3-5 ml. de esencia de vainilla (opcional)
  • 45 gr. de harina floja (para bizcocho, pero sin levadura incorporada).
  • 175 gr. de chocolate con leche de cobertura [*]
Para obtener 175 gr. de chocolate fundido necesitaremos fundir una mayor cantidad, casi 200 gr., pues siempre se queda algo en el recipiente.

(1) Precalentamos el horno a unos 200ºC, con calor por abajo y por arriba. Engrasamos ligeramente unos moldes de silicona para flanes/muffins con margarina y enharinamos, eliminando la harina sobrante con pequeños golpes sobre la superficie de trabajo.
Como he dicho, los moldes de silicona son perfectos para un coulant, pues aunque no retienen demasiado el calor, éste penetra más rápidamente y son muy fáciles de desmoldar. Los moldes metálicos, sobre todo los de aluminio, son perfectos para bizcochos pero no tanto para un fondant/coulant, pues el calor tarda más tiempo en penetrar en el molde cuando éste está frío. Además, el desmoldado es mucho más difícil, por lo que recomendaría (incluso) forrarlos con papel de hornear, facilitarán el trabajo de desmoldado, uno de los pasos más críticos. En el caso de usar moldes metálicos, el tiempo de cocción debe incrementarse unos dos o tres minutos. Haced pruebas.

(2) Fundimos el chocolate (unos 190-200 gr. para poder obtener los 175 gr. deseados) en pequeños golpes de microondas, al baño María o, como yo prefiero, en un cazo de fondo grueso a muy baja temperatura (al 1 o 2, como mucho). Cuando el chocolate empieza a fundirse, lo retiramos de la fuente de calor y removemos con una espátula de silicona hasta que esté totalmente derretido. Si fuese necesario lo calentaremos un poco más.
Mientras se funde el chocolate podemos seguir con la receta.

(3) En un cuenco o cazo montamos la mantequilla, que hemos retirado con antelación del frigorífico, con el dulce de leche, dos pizcas de sal y la ralladura fina de una naranja (una naranja pequeña o media grande, a gusto) hasta que quede cremoso. Es importante que la ralladura de naranja no lleve parte blanca para que no le dé amargor. Lo ideal es montar esta mezcla con un batidor eléctrico de varillas.
SI lo deseáis, podemos sustituir la naranja por otro tipo de aroma: cardamomo con pimienta de Jamaica, café soluble, jengibre,..
Sin dejar de batir, añadimos los huevos, uno a uno, y la vainilla líquida (si la usamos). Añadimos la harina y batimos bien hasta que la mezcla quede homogénea. Retiramos el batidor eléctrico.
Añadimos 175 gr. de chocolate fundido y mezclamos con un batidor manual hasta que esté totalmente integrado.

(4) Rellenamos los moldes, unos tres, con la masa e introducimos en el horno precalentado por unos 10-12 minutos (en mi caso, 11 es perfecto). Si lo deseamos, podemos guardarlos en el frigorífico toda la noche y hornearlos al día siguiente. Con reposo en el frigorífico el tiempo de horneado es de unos 12-14 minutos (13 minutos exactos para mí).

Lo mejor es siempre hacer una prueba con un único pastel para comprobar el grado de cocción, anotando el tiempo y condiciones para los siguientes coulant u otras ocasiones. Es importante hacer pruebas, pues el tiempo de horneado depende de tres factores: el horno, tipo de molde, tamaño y la temperatura de la masa. Como he dicho, entre 10-13 minutos cuando se hacen en el momento (11 para mí) y entre 12-15 minutos si ha reposado en el frigorífico. Siempre son tiempos estimativos.

Separamos ligeramente el pastel de las paredes pasando la parte sin filo de un cuchillo de postre (ojo si es de silicona), apoyamos un plato en la parte superior del molde y, sin separar el plato, le damos la vuelta. Desmoldamos.
Decoramos a gusto y tomamos de inmediato.
Queda muy bien acompañado de una salsa de frutos rojos, nata fresca espesa, yogurt, crema inglesa o, mi preferido, helado. El helado le confiere un agradable contraste de temperaturas.
Una delicia para los amantes de los dulces de chocolate. Una fácil pasión personal.
Coulant de caramelo y chocolate con leche a la naranja