viernes, 6 de julio de 2007

Madeleines de miel

De paso

Me veo en Santiago de paso, sin postre y sin balanza. Como vamos a pasar más tiempo en A Illa de Arousa, había llevado la balanza mientras no comprábamos una. Y claro, tampoco tenía medidor, batidora, ni levantador de claras. Las opciones eran “claras”: o desistir, inaceptable, pues deseaba un postre con desesperación; o elaborar una de “esas” recetas que se miden en tazas y cucharas, que acabaré por desearlas. Por el momento he encontrado en Internet unos medidores que intentaré comprar en breve.

Con ganas y mucho cuidado, empiezo midiendo los ingredientes y… ¡sorpresa!, descubro que tampoco tenía mantequilla. Demasiado tarde para retroceder, ya había cascado el huevo con el azúcar. Aunque la mantequilla es uno de los secretos de la receta, debe tostarse para realizar una “beurre noisette”, una buena margarina vegetal sería más sana y le daría otro sabor. El resultado ha sido unas estupendas magdalenas con un gran sabor y aroma a miel casera, la que nos han dado mis padres.


Beurre noisette

Debo admitir que, aunque había realizado ese proceso más de una vez, hasta que leí la receta desconocía ese término. Se trata de la técnica consistente en calentar la mantequilla a fuego medio, formándose dos capas: una líquida y otra semisólida, y tostándolas hasta que tengan un ligero tono color nuez.
Cuando la mantequilla alcanza ese tono adquiere un ligero sabor a avellana/nuez, de ahí su nombre. Debemos tener mucho cuidado, evitando que se queme lo más mínimo.

Aclaraciones y recomendaciones

- Esta receta debe empezar a realizarse la noche anterior para dejar reposar la masa durante toda la noche. El reposo es muy importante para que la masa tenga consistencia, se realcen los sabores y obtengamos el famoso abombamiento de las magdalenas.

- La mantequilla debe tostarse un poco, teniendo mucho cuidado de que no se queme.
Están buenísimas, por lo menos a M y a mí nos han encantado, pero sobre todo recién hechas y/o todavía algo calientes. Si las queremos tomar pasado el tiempo podemos ponerlas a calentar a fuego bajo, unos 150º, durante unos minutos.
- En este sistema de medidas en tazas, ¼ de taza es el volumen equivalente al ocupado por unos 60 ml. de agua (60 gr.), que equivale a unas 4 cucharadas de 15 ml. cada una.

El papel

A5. Agua. He recortado un folio. A4. Hundido. La lectura ya es lectura, porque al final no hemos esperado hasta el viernes, el buen tiempo llegó ayer (miércoles). Hoy ya es verano.
Mi puesto de mando sobre la arena es una silla plegable, un libro, un lápiz (no he perdido la costumbre de subrayar) y un pedazo de papel sobre el que escribo. El suyo, de ella, es una toalla verde con bolsillo incluido, un bote de crema Nivea factor 20, vuelta y vuelta.
En la cuartilla, además de estas palabras, he escrito algunas referencias al/del libro, literalmente: “tomarse demasiado en serio = hacer el ridículo”, “ir por el mundo como un fantasma, preguntarme si existo. Si he existido alguna vez”.

Tan banal me parece la espera, porque es eso, una espera, que necesito actividad. Física: paseos por la arena, seca y suave, y un poco de natación; cerebral: un poco de lectura/escritura.

El horizonte es bastante, o muy, reconfortante: unas “bateas” a pocos cientos de metros, tal vez un par; el mar; y la sierra del Barbanza, siempre firme coronando las tierras que rodean el pueblo en el que nací. Porque hoy hemos decidido ir a las playas del norte de la isla.

El plan del verano sigue su curso, por un lado el julio agotador y, por otro, el agosto espero más pausado y reflexivo. Lejos, a mi pesar, quedan aquellos veranos eternos en casa de mis padres. Existía un reloj que nos daba tiempo para todo: playa, lluvia, paseos, fiestas populares, lecturas y la mermelada de moras que marcaba el inicio del fin del verano.

Objeto 1: por quién doblan las campanas

Buscado el origen, el porqué y el cuando. Unas disputas que todavía existen, no sólo en el recuerdo. Un nombre en otro papel, casi desconocido, y una fecha: Dña. Luisa Vilá Janer (aunque también lo he leído como “Gener”), 29 de Mayo de 1893. Otro nombre, todavía más desconcertante: D. José Bargés Carros, o tal vez sea Carrós. En esos nombres están parte de las claves y la solución a unas incógnitas, todavía pendientes de desvelar, que implican a la familia de mi madre. Internet dudo que me ayude en este caso, la fecha es demasiado antigua. Documentación y preguntas. Empezaré leyendo un testamento, a ver que descubro, tal vez las cosas no hayan sido tal y como las cuentan.

Ingredientes
  • 6 cucharadas de mantequilla (84 gr.) [3 cucharadas = 42 gr.]. No tenía mantequilla, he usado margarina.
  • 2 huevos grandes [1 huevo grande]
  • 1/4 taza (4 cucharadas) de azúcar grano [2 cucharadas]
  • 1 cucharada de azúcar moreno [1/2 cucharada]
  • 2 cucharadas soperas de miel [1 cucharada]
  • 1/2 taza de harina normal [1/4 taza de harina]
  • 1/4 taza (4 cucharadas) de harina de repostería [2 cucharadas]
  • 1 cucharilla levadura química (Royal) [1/2 cucharilla]
  • 1/8 cucharilla de sal [1 pizca de sal]
(1) Derretimos la mantequilla en un cazo a temperatura media, hasta que se separe la materia grasa (líquida) de la sustancia sólida y quede con un ligero tono marrón oscuro. En este punto la mantequilla tendrá un ligero aroma a nuez. Debemos tener cuidado de que no se queme. Echad en un bol y reservad. Eliminamos la parte blanca que quede en la superficie.

(2) Mezclamos los huevos, el azúcar y la miel. Batimos enérgicamente bastante tiempo hasta que quede pálido y espumoso. Unos 3 minutos.

(3) Tamizamos las harinas, la levadura química, la sal. Vertemos sobre la mezcla de huevos, con cuidado y con ayuda de una espátula. Añadimos la mantequilla y mezclamos con cuidado. Cubrimos la mezcla y llevamos al frigorífico al menos unas 8 horas, mejor toda la noche.
Este proceso, como he dicho, ayuda a que la masa adquiera consistencia, realza los sabores y permite obtener mayor abombamiento en la magdalenas.

(4) Precalentamos entre 190º C y 205º C, dependiendo de si el tamaño de las magdalenas es grande o mini, respectivamente. Rellenamos los moldes hasta unos ¾ de su tamaño y horneamos unos minutos, dependiendo de su tamaño, hasta que tengan un tono marrón dorado. Si son mini-magdalenas durante unos 5-7 minutos, si son más grandes unos 10-12. Lo mejor es echarle un visual y retirarlas cuando se hayan abombado y tenga un tono dorado.


Si son grandes, en la última parte de cocción podemos de bajar un poco la temperatura para que se hagan por dentro.
Dejamos enfriar unos minutos y desmoldamos.

Mejor tomadas durante ese día. También pueden almacenarse en contenedores y calentarlas a unos 150º C durante un par de minutos.

Ha valido la pena. Por un día he tenido postre, a ver mañana.