martes, 20 de abril de 2010

Cake de frutas confitadas

Cake de frutas confitadasLoco por incordiar

Frutas de la pasión
Cake de frutas confitadasSegundo cake. ¿Motivaciones?, las mismas que en la receta anterior y en todos aquellos cakes que durante estos últimos años han crecido en importancia dentro de mi recetario: el placer de poder disfrutar de un postre jugoso, sí jugoso, durante varios días sin tener que apresurarse a degustar algo que podría degradarse con el tiempo. Los secretos del jarabe y la conservación en frío envuelto en película de cocina le aportan gran parte de esa diferencia.

Cando era joven no me gustaban la frutas confitadas, desconozco el motivo, pero creo que era más un problema de recuerdos, esos de la infancia en la que los pasteles más secos las llevaban para aportarles algo de jugosidad.

Este cake es ligeramente más denso que otro, muy ligeramente, más que nada para que las frutas conserven su posición y no se bajen durante la cocción. El aporte de la mantequilla es básico en este caso. Pero es igualmente (o más) jugoso, porque la esponjosidad del mismo está acompañada con la humedad que le proporciona la fruta y el jarabe, que lo hacen deliciosamente rico, para mi gusto, claro.

Cake de frutas confitadasNo me extenderé demasiado en la introducción, he hablado ya suficientemente de los cakes y podría aburriros, sólo me gustaría repetir cuán equivocados pueden estar los que piensan en este tipo de postre como algo menor. Día a día van creciendo dentro de mis gustos hasta que alcancen las cotas de los postres que más me gusten. No es por casualidad que casi todos los grandes reposteros incluyan estos postres en su catálogo, casi siempre aportando un pequeñísimo elemento personal: especias, caramelo, aromas... Espero que guste, a mí sí lo ha hecho, y mucho.

Cake de frutas confitadasIlegales
Cuánta hipocresía, cuánta mentira y susceptibilidad. Cansado estoy de "los nuevos tiempos" y lo "políticamente correcto". ¿Políticamente? Entonces podría ser correcto fuera de la política, ¡pues que muera la política! (...)
Hoy no creo estar en condiciones de publicar ningún manifiesto reivindicativo, la propia naturaleza de mi estado de agotamiento (y sueño) motivaría un resultado desconcertante. También la secuencia de interminables lapsus de escritura y estados de ánimo que fluctúan hacen que cada vez que retomo un escrito deshaga lo anteriormente escrito. Estabilidad emocional y descanso, palabras de importancia vital en un padre primerizo que no ha sabido adaptarse a los nuevos horarios y crearse para sí las mismas rutinas que para su hijo. Podría pensarse que con un hijo tan pequeño es una ventaja ser profesor. No, es una desventaja, el trabajo de un profesor se realiza principalmente en casa y ello implica empezarlo a altas horas de la noche, casi madrugada.

Corriendo por el campus, en la zona de Feans, me encontré con un cartel anunciador de un concierto de Ilegales, una de las bandas rockeras de letras punzantes de los años 80. Era una de aquellas portadas llamativas en las que un trajeado se apuntaba en la sien con una ¿recortada? Entonces aquellas metáforas y reivindicaciones entraban dentro de la normalidad, la normalidad de la libertad de expresión y la rebeldía, unas veces por el simple hecho de llamar la atención, otras para hacernos reflexionar y pensar. Ahora me impactó, no la imagen ni la impresión de una portada que ya conocía, lo hizo el pensar cuánto habíamos cambiado y cómo poco a poco había nacido una nueva conciencia social y un nuevo modo de censura todavía más cruel y despiadada: la autocensura. En los nuevos tiempos ("los que corren") sería impensable ver aquellas originales, creativas, descriptivas y reivindicativas portadas en cualquier álbum de un cantante o grupo de moda, un triunfito, por ejemplo. Ni de lejos.

Cake de frutas confitadasSe me hace impensable volver a oír un alcalde de Madrid, como hizo Tierno Galván, aquello de "¡Rockeros!, el que no esté colocado, que se coloque... ¡y al loro!". Ahora estaría encarcelado por ello, y si no lo fuese, esa afirmación habría acabado con su vida política. Cuando en Estados Unidos de Norteamérica los escándalos de faldas acababan con la carrera política de los candidatos a Presidente (no recuerdo el nombre de aquél que no llegó a ser candidato a la presidencia por ese motivo), aquí nos sorprendía ese hecho. Ahora, aquello que nos llamaba la atención lo hemos asimilado y lo extraño sería que así no fuese. Nos preocupa más la imagen de lo "correcto" que los usos fraudulentos que se hagan del dinero público.

Me pregunto hacia qué sociedad nos dirigimos, en la que el control que ejercen los medios y la política es asfixiante. La censura y los juicios públicos, la presunción de culpabilidad, la sobreprotección del ciudadano. El miedo.

Hay muchas (¿algunas?) cosas que han mejorado, como la integración o la protección social. Sin embargo, me he despertado de repente descubriendo como esa protección ha llevado a la desprotección de otros agentes sociales, como el profesorado y los jueces, y derechos fundamentales, como la libertad de expresión o la presunción de inocencia. Como cuando compartes una manta y te despiertas desprotegido porque tu pareja se ha apropiado de ella, tiras e inviertes la situación. Exceso de celo, no tengo duda, vivimos en la sociedad de la susceptibilidad y el miedo porque, además, interesa.

Cake de frutas confitadas“El presunto…”, “el presunto…”, no es más que una coletilla para ajustarse a lo políticamente correcto. Otro modo de decir: ¡Culpable! Todos somos sospechosos habituales.

Mi generación creció en la confianza, cuando la vida en la calle no era un peligro y se saludaba a los extraños, no se les apartaba la mirada en señal de desconfianza. Los padres confiaban en la palabra de los profesores y no al revés. He visto cómo estudiantes interponían denuncias falsas por el mero hecho de que "el/la profesor/a me tiene rabia". El propio sistema está sentando ante los tribunales al propio sistema, a la propia libertad, y los que debían ser juzgados aprovechan esa coyuntura para destapar la manta en el lado de la justicia.

No soy amigo de excederme en la citas, con ello serían otros los que escribirían por mí o pondrían opinión a MIS pensamientos. Humildemente, no hay dos pensamientos iguales, quizás algo parecidos, y sólo por esta vez haré mías las palabras que el pensador (así me gusta calificarlo) y escritor Ernesto Sabato reflejaba en una de sus últimas concesiones a la memoria y llamada a la reflexión, Antes del fin, que todavía permanece a mi lado:

Lamentablemente, las leyes de Obediencia debida y de Punto final, y luego indultos, han abortado aquella voluntad soberana que hubiese sido un ejemplo de lucha ética, que hubiera tenido consecuencias ejemplares para el futuro de nuestra patria. Porque la tragedia que vivió Argentina no será olvidada jamás por los que poseen un corazón noble; no sólo por quienes han presenciado aquel infierno, sino también por la condena de todos los seres de conciencia del mundo. Como lo demuestra la investigación que en otros países llevan adelante seres como el juez Baltasar Garzón, con quien estuve durante mi último viaje a España. La sangre, el horror y la violencia cuestionan a la humanidad entera, y nos demuestran que no podemos desentendernos del sufrimiento de ningún ser humano.


Cake de frutas confitadasOlvido y Dinarama
Hoy he dejado de pensar en el blog. Llevo varios días tan cansado y atareado que no tengo tiempo para nada, sólo para pensar en un par de cosas. Pensaba que dejar el blog me llevaría a un estado de relajación temporal, a veces me provoca desazón no poder publicar algo o no responder a los mensajes que van apareciendo. Algunos de estos mensajes los respondía mientras corría o conducía, momentos en los que sí tenía un tiempo para pensar. Pero, como si le hubiese dado al "Send", me olvidaba de ellos y nunca he llegado a responderlos, ¡perdón! De memoria: aquella recomendación para una tarta de celebración (no diré de qué tipo), un mensaje que anunciaba una referencia del blog en un conocido portal (¡gracias!),... así un sinfín de ellos que nunca he llegado a responder.

Ahora Teo duerme, no debería estar durmiendo, son las siete de la tarde y debería hacer todo lo posible para que se mantuviese en pie. Si estuviese en casa me echaría en cama a ver si me se pasan esos pinchazos que me recorren la cabeza durante toda la semana. Pero no, estoy en el centro de Santiago, y sólo se me ha ocurrido acercarme a un centro social a escribir estar palabras para tener la impresión de "no perder el tiempo". Tengo que despertarlo, no puede ser. No debería estar durmiendo. Un beso.

Cake de frutas confitadas(…) El jueves pasado dormí menos de tres horas, pasé uno de los días más aturdidos que recuerde. El viernes se le aproximó, todavía me pregunto cómo pude mantenerme en pie. La noche del sábado el cansancio acumulado ya no pudo más y me hizo explotar, en mi cabeza resonaban los ecos de un dolor punzante y unos sonidos remanentes que emanaban de la zona frontal y temporal. Cuando Teo se despertó a las dos de la mañana, justo una hora después de haberme acostado, pensé que ya no podría más, que no habría ninguna posibilidad de mantenerme en pie. Había pospuesto todos mis intereses transversales: el estudio, la lectura, la cocina... hasta el trabajo lo había desplazado a un estado de mínima dedicación, la justa para poder sobrevivir. Aún así, el tiempo no me llega, las labores básicas del día a día, como la comida (la nuestra y la de Teo) u otras de la misma naturaleza ocupan un tiempo que debería estar descansando. Cuando a las doce de la noche acabé el puré tenía que preparar unos apuntes. ¿Hasta cuándo? No sé, sólo sé que así no se puede sobrevivir, ya no he dicho "vivir".

He perdido...
He perdido unos minutos releyendo algo de lo escrito hace un año o algo más, y todo parece muy lejano, como si durante este último año haya envejecido y cambiado tanto que ni yo he sido consciente de ello. Me habían anunciado que todo pasaría muy rápido, pero nadie me dijo que el que más envejecería sería yo, más que mi propio hijo. Todavía me pregunto cómo hacen los padres que sin ayuda deben compaginar el trabajo con el cuidado de varios hijos, quizás organización. Uno de mis mayores problemas es que mi trabajo se desarrolla básicamente en casa, al trabajo se va a exponer aquello que durante horas he organizado y planificado en esos momento que ahora no tengo y robo al sueño.

Cake de frutas confitadasCake de frutas confitadas
  • 215 gr .de harina normal.
  • 8 gr. de levadura química (Royal).
  • Dos pizcas de sal.
  • 100 gr. de mantequilla.
  • 100 gr. de azúcar.
  • 3 huevos bien grandes (180 gr).
  • 30 gr. de miel.
  • ~220 gr. de frutas confitadas.
  • ~100 gr. de naranja confitada.
  • ~50 gr. de ciruelas (mejor con hueso, que retiraremos, para que estén más jugosas).
  • ~100 gr. (una bolsita) de cerezas confitadas rojas.
Jarabe para mojar el cake
  • 200 ml. de agua.
  • ~90 gr. de azúcar.
  • Dos chorritos generosos de ron (o licor kirsch), 30-45 ml.
(1) Mezclamos la harina la levadura química y la sal. Precalentamos el horno a 200º C. Con un batidor eléctrico de varillas, trabajamos a velocidad media la mantequilla con el azúcar. La mantequilla es mejor retirarla del frigorífico con antelación para poder trabajarla con mayor facilidad.
Añadimos un huevo y la miel y seguimos batiendo. Ahora intercalamos la mezcla de harina con los huevos para que no quede apelmazada ni se corte la masa. Añadimos un poco de harina, unos 70 gr., batimos, y el siguiente huevo. Así una vez más hasta acabar la harina. El proceso nos queda: huevo + miel -> harina (70 gr) -> huevo -> harina (70 gr) -> huevo -> harina (restante). Por último añadimos las confituras, exceptuando las cerezas que las introduciremos en la masa cuando la vertamos en el molde.

(2) Engrasamos y espolvoreamos ligeramente con harina el molde (también pude hacerse con azúcar glasé, pero corremos el riesgo de que se quede pegado) y rellenamos hasta unos ¾ de altura del molde para que no rebose. Depositamos las cerezas confitadas dentro de la masa, introduciéndolas ligeramente sin que se introduzcan demasiado. Durante la cocción se bajaran (o subirá la masa, según se vea).

Introducimos el cake en el horno precalentado y horneamos durante unos 10 minutos a 200º C. Pasado el tiempo bajamos la temperatura hasta unos 160 º C (dependiendo del tamaño) y horneamos hasta que al introducir con un palillo o cuchillo en el centro salga limpio (unos 30-40 minutos más).
Retiramos de inmediato e introducimos el recipiente en un baño de agua fría para que no siga cociéndose. Desmoldamos (no debe estar demasiado caliente al desmoldarlo para que no se rompa).
Pasamos a la preparación del jarabe que es imprescindible para obtener un óptimo resultado. El jarabe podemos ir preparándolo mientras dejamos enfriar el cake.

(3) Jarabe, como he dicho, imprescindible. Ponemos al fuego el agua con el azúcar hasta que hierva, retiramos cuando se haya deshecho el azúcar y añadimos el licor. Con el cake todavía templado, lo depositamos sobre película de cocina o una rejilla estrecha y, con ayuda de un pincel, empapamos el pastel con el jarabe, primero por la parte superior y girándolo por todos lados (incluso la base) para empaparlo de modo uniforme. Podemos hacer unas pequeñas incisiones con una brocheta para facilitar la introducción del sirope. Debe estar bien mojado por todos lados hasta acabar el jarabe.

Repito. Envolvemos en película transparente de cocina e introducimos en el frigorífico hasta el momento de consumir, por lo menos toda una noche. Su punto ideal lo alcanzará pasadas unas 36-48 horas de reposo en el frigorífico. Envuelto en película de cocina en el frigorífico se conserva varios días en perfecto estado, mojado y sin resecarse. Yo recomendaría hacerlo dos días antes del momento de degustar, estará en su estado óptimo. Por ejemplo, un viernes por la noche para tomar un domingo al mediodía.