La historia se repiteNo me gusta congelar el pescado. Unos días antes de irnos de viaje María compró varios pescados y un bogavante. En ese instante sólo había una opción, congelar algo. Opté por el bogavante, el marisco congelado suele estar casi igual de bueno.
Después de varios días de viaje y de comidas descompensadas, nada más llegar, pensamos que lo mejor sería preparar algo auténticamente casero, de la tierra. Nos acordamos del bogavante y justo antes de acostarnos lo deje descongelando. Ésta fue nuestra comida del sábado, primer día tras nuestra vuelta. Lo necesitábamos, necesitábamos volver a los sabores de costumbre, delicias del paladar, esos que nunca cansan.



