Pues nada, que me veo en Lisboa en esa agonía tan de moda que llaman Ikea y, durante un momento, consigo escaparme a la sección de cacharrería. Entre moldes me encuentro uno perfecto para los famosos “pastéis de Belém” y, voilà, a la cesta de la compra.Ya tenía una excusa para realizarlos, empezando la búsqueda desesperada de una receta diferente.Todas las recetas que encuentro me recuerdan a una crema pastelera con nata. Nada nuevo bajo el sol. Los originales son un secreto demasiado valioso y cubierto de más parafernalia que de realismo.



