domingo, 11 de noviembre de 2012

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras

Infiel

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras
Para ver la receta original pasa por http://www.pepinho.com
The Temptations
Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras
Largo y duro es el camino que nos separa de la panadería, lleno de tentaciones en el camino de vuelta a casa. ¡Qué difícil es no soportar el impulso de llevarse un trocito de pan a la boca! Valientes y voluntariosos son los que consiguen llegar al destino con un pan impoluto, sin fisuras. Los hay, como yo, que ni esperamos a salir de la panadería para tomarnos el primer bocado. Lejos, o no tanto, quedan los tiempos en los que la vida era sufrimiento y las tentaciones eran pecado. Por desgracia, esa educación recibida queda remanente, ejerciendo una ligera presión sobre mis espaldas, representado en forma de un masoquismo que te contiene ante la tentación más insignificante, obstaculizando el camino hacia la felicidad. Esa rémora te da una fuerza de voluntad irracional y sin sentido, coartando el placer en todas sus expresiones más humanas. Uff! (sigo)

Todos hemos comprado alguna vez una baguette, “hemos cometido el error de comprar una baguette”, diría. Porque recuerdo cuándo empezaron a ponerse de moda esas largas, finas e insípidas barras de pan que nosotros llamamos “baguettes”, casi siempre pre horneadas y de producción industrial. Yo también lo he hecho, y alguna vez todavía las compro esperando encontrar una verdadera barra de pan con sabor a pan y, a ser posible, un ligero toque de mantequilla. Las hay, pero no dónde casi todos las buscamos, lejos de supermercados y grandes superficies. Éstas tampoco llegan enteras a casa, mas por motivos de embalaje ;-) Pepe, estás divagando.

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras

Hace algún tiempo, unos 4 años (creo recordar que Teo no había nacido), solía comprar el pan los domingos en un establecimiento del ensanche. Paraba a comprar el pan cuando volvía de “entrenar” (antes entrenaba, ahora no sé que hago) y casi siempre me llevaba una finísima barra de pan crujiente rellena de aceitunas negras, deliciosa. De ese recuerdo surgió la idea de crear unos palitos hechos con aceite de oliva y aceitunas negras, para recordar esos sabores y poner sobre la mesa un acompañamiento para los entrantes del tipo “pan y moja”, “matar el gusanillo” o “¿los has hecho tú?”.

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras

El resultado son unos palitos crujientes y de sabor intenso, deliciosos para tomar solos o para mojar con algún queso del estilo raclette,…
La preparación en muy sencilla, sólo hay que tener en cuenta un par de aspectos para conseguir un crujir óptimo: (a) aunque la cantidad de agua es aproximada (exacta para mí), nunca debe añadirse en exceso, la suficiente para poder amasar, así conseguimos una masa más crujiente y duradera. (b) El tiempo de horneado también es importante, debe hornearse hasta que la superficie tenga un tono dorado, casi tostado. Si los retiramos antes de tiempo, aun consiguiendo un delicioso sabor, puede resultar una corteza no demasiado crujiente. Si vemos que no se ha hecho de modo uniforme, podemos girarlos durante el horneado para conseguir un tono y textura homogéneos.
Personalmente, me gusta que tengan un aspecto rústico, lejos de esos perfectos palitos que venden envasados, les da un toque casero que identifico con sabores auténticos.

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras

Infidelidad
“Nuestra” panadería, la de confianza, la de nuestro barrio o ésa en la que venden el pan que tanto nos gusta. A unos les gusta poco hecho, a otros, crujiente, o denso, o artesano, o dulce,… pero, aun así, a casi todos nos cuesta mantener nuestra fidelidad. No recuerdo haber comprado el pan en la misma panadería durante más de 3 ó 4 años seguidos. Sin darnos cuenta, llega el momento del aburrimiento, de la monotonía, del cansancio de tomar casi a diario el mismo tipo de pan. Ése es el momento de la infidelidad, de la búsqueda de una renovación que nos vuelva a sorprender, de lo nuevo, aunque sea a peor (muchas veces lo es). La monotonía es la mejor amiga de la infidelidad, de la fidelidad, la sorpresa.

Un columpio vacío anuncia el final del verano
Hace unos cuantos años, quizás casi cuatro, que compramos el pan en la misma panadería. Tenemos que andar casi un kilómetro, pero vale la pena. Siempre intento no repetirme o no comprar a diario (a veces los preparo en casa) para que no llegar al aburrimiento. Hoy mismo M ha comprado dos tipos de pan.
No tengo un pan preferido, siempre depende del uso. En general me gustan con mucha miga, poco horneados, con aroma, grasos, esponjosos y con poca corteza. Aun así, el pan artesano preparado con “trigo del país” me parece una delicia, pese a tener la corteza gruesa y crujiente. “El alto”, me llevo un trozo empezando por la miga y dejando para el final la gruesa corteza. Hace años hubiese hecho al revés, habría dejado lo mejor para el final. Sufridor sí, estúpido no.

Teo en un día de lluvia

Hay motivo (I)
Medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad”, eso dicen. “Ballstoucher” ;-), “a pain in the a….”, diría. No se me ocurre medida con un afán más “tocawebs”.

4. Modificación del régimen retributivo del personal al servicio de las Administraciones Públicas durante la situación de incapacidad temporal.

Se produce una revisión de los complementos o de la prestación por incapacidad laboral temporal actualmente existentes, en función del régimen de seguridad social al que estén adscritos los empleados públicos. Con ello se persigue una doble finalidad: por un lado reducir el absentismo en los casos de bajas reiteradas de corta duración, reduciendo la necesidad de incorporar personal interino o temporal y, por otro, obtener un ahorro del gasto público en términos de minoración de la cuantía de la mejora, o complemento en caso de incapacidad temporal.

Esta revisión, que tendrá una vigencia temporal mientras duren las actuales circunstancias, será de aplicación para el conjunto de los empleados públicos y supondrá, en el caso de contingencias comunes, que:

- Durante los tres primeros días, la prestación reconocida o el complemento alcanzará como máximo el cincuenta por ciento de las retribuciones.
- Desde el día cuarto hasta el vigésimo, la prestación reconocida o el complemento en ningún caso superará el setenta y cinco por ciento de las retribuciones.

En el caso de contingencias profesionales se mantendrá el cien por cien de las retribuciones, así como en situaciones como la hospitalización o intervenciones quirúrgicas y otras de carácter excepcional que pudieran merecer un trato diferenciado.


Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras
En los años que llevo como funcionario de carrera nunca me he cogido una baja laboral, exceptuando el mes de permiso por paternidad (¡toca madera!). He ido a trabajar con gripe y con todo tipo de afecciones que dificultaban mi labor pero no me impedían mantenerme en pie. Sé que es una irresponsabilidad, pero así lo hice. Sin embargo, sé que llegará el día (pura estadística) en que no tendré más remedio que estar de baja. Este mismo año un alumno (de más de 20 años) cogió paperas y, como en este caso, no sería extraño que enferme, como sucedió el año pasado cuando T cogió el Coxsackie. Tener un hijo de 3 años tampoco ayuda mantener en plena forma mis defensas.

Me da igual que me retiren la paga de Navidad, siempre que se emplee para ayudar a las PERSONAS (que sé que no se hará), porque hay mucha gente que lo necesita más que yo. Esta medida, en cambio, me parece que tiene un fin al estilo de “que se j.” (Cfr.: frase mencionada por una Diputada no hace mucho tiempo).
Primero: las pequeñas bajas laborales no se cubrían con sustituciones, por lo que no puede haber ahorro en ese sentido. Segundo: el porcentaje de personas que solicitan bajas laborares por motivos discutibles es ínfimo y el único modo de evitarlo es mejorando las inspecciones. Tercero: la primera consecuencia de esta medida es que la gente irá al trabajo enferma, significando un riesgo para la salud de los demás y disminuyendo su rendimiento laboral. Cuarto: retirarle parte del salario a un@ enferm@ me parece de una falta de ética exagerada. Quinto: las legislación no debe castigar a justos por pecadores, mejor es perdonar a un culpable que condenar a un inocente. Sexto: ¿dónde está el ahorro?

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras

¿Por qué siempre hay esa costumbre de demonizar las ideas o clasificar las opiniones?, ¿Por qué se acostumbra a juzgar las ideas y, por ello, a las personas? No juzguéis las ideas, valorad los actos.

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras al romero (bastones de aceite de oliva)
Como suele ser cuando se trabaja con harina y con agua cuya densidad puede variar entre zonas (aunque yo siempre la use embotellada), la cantidad de agua es estimativa, la que yo he necesitado. La masa debe quedar firme pero no dura, algo más que para un pan. Así conseguiremos una textura más crujiente (ayudada por la adicción del aceite) y duradera.
  • 5 gr. de levadura de pan fresca.
  • 80 gr. de agua (podrían necesitarse unos gramos más o menos).
  • 200 gr. de harina (mejor de fuerza o pan).
  • 2 pizcas de romero molido.
  • 6 gr. de azúcar.
  • 6 gr. de sal fina.
  • 40 gr. de aceite de oliva.
  • ~15 gr. de aceitunas negras finamente picadas
(1) Machacamos un poco de romero en un mortero. En un cuenco mezclamos la harina, la sal, el azúcar y dos pizcas de romero molido. Formamos un volcán. Diluimos la levadura en el agua y la vertemos en el centro, intentado que no queda nada en el recipiente en el que la hemos diluido. Añadimos el aceite sobre el agua, en el centro, y amasamos hasta obtener una masa lisa. No debemos trabajarla demasiado para que no quede muy dura, lo justo hasta obtener una masa homogénea. Si vemos que queda algo blanda debemos amasarla un poco más.

Depositamos la masa en el cuenco y la dejamos fermentar, preferiblemente a unos 25-30 º C, hasta que haya doblado su volumen. Necesitará bastante tiempo, pues lleva poca levadura y bastante materia grasa. El tiempo necesario dependerá de la temperatura ambiente y la época del año. Suelo hacerlo antes de salir a correr y continuar algo así como unas 2 horas y media después. Incluso he llegado a dejarla reposar durante toda la mañana mientras permanezco en el trabajo.

(2) Pasado el tiempo, añadimos las aceitunas finamente troceadas, sin amasar demasiado para que no coja correa, y estiramos la masa sobre una superficie de trabajo (sin añadir harina, como mucho, con una pincelada de aceite), algo así como de unos 5 mm de espesor. Recortamos en tiras 1 cm. de ancho, ayudándonos de un cuchillo bien afilado, y las depositamos sobre una bandeja cubierta de papel de hornear. También podemos formar palitos más rústicos enrollándolos, ayudándonos de las manos, sobre la superficie de trabajo.
Dejamos fermentar la masa un mínimo de media hora, entre 45 a 1 hora, hasta que haya doblado su volumen. Yo los dejo fermentar dentro del horno a unos 30º C.

Palitos de aceite de oliva y aceitunas negras
(3) Precalentamos el horno a 200º C con calor por arriba y abajo. Cuando el horno hay alcanzado la temperatura, los horneamos hasta que tengan un tono dorado, practicamente tostado, para que estén crujientes. Los hago durante unos 15 minutos, más o menos (no miro el reloj), dándoles la vuelta a media cocción para que se haga de modo uniforme, pues tiende a tostarse más en la base. Los retiramos del horno y los dejamos enfriar para que tengan el crujir característico. Si no los vamos a tomar de inmediato los guardamos en un recipiente cerrado pero intentando que no haya humedad ni vapor de agua para que no se reblandezcan.

Son ideales para tomar solos, mojar en queso fundido (torta, raclette,…), cremas espesas, chocolate templado,… un placer.