domingo, 15 de agosto de 2010

Pastel de zanahoria y naranja

Pastel de zanahoria y naranjaDays of Future Passed....

Sigue siendo la leche…
Condensada. He acabado el bote, la poca que me ha quedado la he tomado a cucharadas. Empecé el bote de leche condensada para preparar el nuevo fondant de chocolate y lo he acabado con esta receta. En el blog han pasado meses pero en mi casa ha transcurrido mucho menos tiempo, por supuesto. En medio, unas galletas de tres chocolates y algún pequeño postre más. Hasta alguna vez he hecho una crema pastelera con leche condensada y agua, obteniendo una crema muy suave y ligera al paladar.

Pastel de zanahoria y naranjaMe encantan los pasteles de zanahoria. En éste, la leche condensada y el zumo le dan una textura más cremosa y ligeramente húmeda. En cuanto al sabor, la naranja, las especias y el toque de almendra (ya usada otras veces) forman un conjunto harmonioso y agradable al paladar. La idea de las especias con la zanahoria me vino después de haberlas usado con en el pastel de zanahoria con calabaza, que siempre lleva.

En cuanto a la cobertura, he prescindido de la tradicional que suele llevar algo de queso. Era mi intención que el queso no camuflase el sabor del postre y que la cobertura, sencilla y fina, incrementase el sabor a naranja, que podría quedar algo paliado por el uso de las especias en el bizcocho. En resultado, pese a las fotos algo discretas, me ha resultado delicioso y adictivo.

The day begins …
Phoenix Park, DublínEstoy tirando por tierra todo el sacrificio hecho en otros tiempos no demasiado lejanos, un año atrás. Las vacaciones ya no me preocupan, no existen, casi prefiero la rutina y el orden… y él también. Las expectativas depositadas en el paso del tiempo se han ido difuminando y sólo quedan nuevas esperanzas por nuevos tiempos. Otra vez será.

Mi memoria no alcanza más allá de una guardería de monjas con el pelo cubierto por un paño blanco y quizás azul, un odiado plato con jamón de York y un jarabe de Bisolvón © derramado en una cartera. Tenía más de tres años, no podría precisar con exactitud, sólo que son de los primeros recuerdos que todavía conservo. Creo que la memoria es más que nada un ejercicio de limpieza y selección, lo que no interesa lo desechamos.

Nunca volverán aquellos tiempos perdidos en la memoria, ni en la memoria existen ya. El paso del tiempo ha destrozado y sobrescrito lo realmente importante, la memoria se limita a unos cuantos años y, lo más doloroso, a un sinfín de imágenes del paso del tiempo sin sentimientos. Un álbum de fotos con gente conocida, como yo, en las que casi ni me reconozco. Las fotos perdidas no tienen sentimientos, pero mi cuerpo se estremece con sólo esbozarlas en mi cerebro.

Pastel de zanahoria y naranjaDawn
“Papá, papa,….” Las dos treinta de la madrugada. Quién me habrá mandado acostarme a la una. ¿Qué hacer? Por un instante parece que llega con mi compañía para calmarlo. Sentado al borde de la cuna apoyo suavemente mi mano sobre su espalda mientras se balancea boca abajo y levanta la cabeza cada poco tiempo para comprobar que sigo allí, a su lado. Sostengo mi cabeza apoyándola sobre un lateral de la cuna, incapaz de soportar su peso por el cansancio y aún a sabiendas que así será imposible descansar lo más mínimo.
El insoportable calor puede ser la causa de su desvelo, pero no será sólo eso, seguro. La tensión de las idas y venidas, la pérdida de la rutina y los desfases horarios de unos padres irrespetuosos con las necesidades de su hijo.

Imposible. Su inquietud y cansancio va en aumento con el paso del tiempo ante la incapacidad para conciliar el sueño. Mis intentos por dejarlo solo son infructuosos, más bien su efecto es opuesto al deseado. Niega cualquier muestra que muestre mi intención de ponerlo a dormir: acostarnos, reposar su cabeza sobre mis hombros y, por supuesto, tomar la postura tradicional de mecer. Sólo queda ir al salón hasta que se tranquilice. Todas esas prácticas del mal padre/madre se practican sin éxito, o con un rotundo éxito, según se interprete.
Juntos padre e hijo ante un televisor con imágenes de animales y una “jranja”, como dice él, esperando a que el cansancio que nos acompaña reclame a un sueño reconfortante. La cuna llega a las cuatro y media, y con ella un cuarto de hora de compañía y espera arrodillado a sus pies. Las cinco. Pronto amanecerá.

Pastel de zanahoria y naranjaThe morning
No sé si es percepción mía o una consecuencia del simple hecho de romper el sueño en su estado más profundo. En el intervalo hasta el definitivo despertar se producen pesadillas de las que ruego por despertar. Todavía recuerdo su sustancia: el terror. El deseo de que llegue el momento de despertarse.

No sé si os ha pasado a vosotr@s, pero muchas veces en las que el sueño se rompe en medio de una interminable pesadilla por causas ajenas al propio sueño, la sensación de sofoco al despertar es agobiante. Ni la alegría de sentir que todo ha sido una alucinación es suficiente para paliar esa sensación de vivir entre un espejismo y la realidad. “Papá, papá,…” 8:30.

Me toca amasar y adelantar asuntos de cocina antes de darle el desayuno. Hay que alargar ese tiempo para que desayune algo más que últimamente. “Ceeral, ceeral,…”, es el momento de dárselo. Poco desayuno para tanto cuerpo, poco más de cincuenta mililitros.

Pastel de zanahoria y naranjaEn Santiago las rutinas matinales después del desayuno son menos restringidas y más improvisadas. Puede tocar un parque, una visita apresurada a las playas del Barbanza, o un paseo por la zona vieja. Siempre aprovechando para hacer alguna compra, básicamente gastronómica, como el jueves pasado en la plaza de abastos: pescado fresco, pan, frutas y verduras. Un placer mientras Teo se entretenía pasando su sillita por el enrejado metálico de los desagües del agua de los puestos de pescado.

A las diez de la mañana no me quedan muchas opciones. Acudir a comprar el (delicioso) bollo de pan a unos 30 metros de la puerta de casa, acercarnos hasta un parque solitario y casi abandonado por los niños a esas horas o hacer los preparativos para ir a la playa.
Dicen que a los niños les encanta la playa, y puede ser cierto, pero no a todos los que oscilan entre ser niño o bebé. Una playa solitaria dice muy poco para quién quiere “más, más,…”, una hora es suficiente éxito. En ese tiempo: un paseo por las rocas, unos montoncitos de arena y muchos tira y afloja.
Se nota su cansancio y el mío. Él protesta sin saber qué quiere, yo suspiro por llegar a casa y sentarme para jugar un poco con él. En medio, otra insufrible parada en el supermercado (para comprar un poco de queso Emmental) acompañada de caprichos, ruidos y desórdenes, sosteniendo silla, mochila de playa, juguete y niño. Me justifico ante la cajera ante tal caos causado por un niño y un padre cansados.

Pastel de zanahoria y naranjaLunch Break
La actitud ante la comida ha cambiado, ya no es como hace unos meses, pero sigue teniendo su dosis de capricho. El día anterior por la mañana había pasado muchas horas preparando la comida del día, quería que comiese legumbres. Por la noche ultimé el plato y lo guardé en el frigorífico para dárselo hoy.
Le tengo preparada una secuencia más o menos equilibrada de comidas (creo), intercalando pescado con carne (más pescado que carne) y acompañado de una sucesión de alimentos básicos: arroz, verduras, pasta, legumbres, patata, arroz…
Fue el mejor momento del día ver cómo comía habas sin ningún reparo. No siempre es así, anteayer mismo me resultó casi imposible darle un “rapante” (pez gallo) que tanto le gustaba hace un mes. Lo tiró todo por el suelo, chilló y pataleó por toda la cocina. Resistí intentando parecer tranquilo e inmune a su reacción. ¿Quién ganó? Él, por supuesto, le ofrecí otra comida que sí le gustaba mientras sostenía los párpados con dificultad por el sueño. Cuando tiene sueño es mucho peor.

No pude acostarlo en el momento, tenía que seguir preparando la comida para cuando llegase M. Lo descuidé y así me fue. Lo deshizo casi todo, subió, bajo, miró, se revolcó. El jabón líquido de prendas delicadas acabó por el suelo y él resbalando con el jabón por todo su cuerpo.
Mientras esperaba el tiempo de fermentación, lo cambié (otra gran odisea) y lo acosté. Quedaba recoger todo el estropicio y acabar.

M llega a las cuatro de la tarde tras unos cuarenta o cuarenta y cinco minutos de viaje, cuarenta a la ida y algo más a la vuelta. Cuando acabé, aún tuve tiempo de intentar acostarme a eso de las tres y pico de la tarde. Intentar, he dicho, porque debo de tener un mini-Teo en el cerebro. A los diez minutos de haberme dormido ese mini-T llamó por mí y me despertó, el verdadero T todavía dormía. En estas situaciones de cansancio es difícil distinguir entre qué es sueño y qué real, hasta que te despiertas, por supuesto. La vida real, si lo piensas un poco, es el verdadero sueño, el ser y el estar.

Pastel de zanahoria y naranjaThe Afternoon
Hay algo de lo que no puedo prescindir bajo ningún concepto por muy cansado que esté: correr. Aunque prescindiera tampoco podría descansar, con T ya despierto sería imposible escaparme a la habitación para echarme un rato.
Ya no sé si corro o ando, pero me imagino que mis pasos se ralentizan con el paso de los días y proporcionalmente al déficit de sueño. Me vendría bien pasar un año encerrado en una cápsula hiperbárica, como hacen los atletas profesionales. Diez a doce horas durmiendo y el resto descansado. ¿Por qué lo hago? No lo sé, sinceramente. Así ya no es un placer, a mí me gusta correr sin arrastrarme por los caminos ni mirar el reloj. Disfrutar con cada una de las gotas de sudor que fluyen por mi cuerpo, sentirme libre y capaz de ir todavía más rápido.

Libre, esa podría ser la palabra. La libertad de la soledad y el camino. Mi mente no se evade, por eso el placer no es completo. Me fui hasta el mirador de As Lúas, pese a que cruzar el puente en obras es una verdadera odisea.

“M, nos vemos en la playa en torno a las seis y media”. Una cercana y de fácil estacionamiento: Cabodeiro, entre barcos y con una marea que obligaba a estar toalla con toalla.

Pastel de zanahoria y naranjaThe Evening
La playa no duró mucho, para mí, como otros días, no llegó a una hora. Lo de echarme o, incluso, bañarme es más un deseo que realidad.
Hay días en los que deseas con todas tus fuerzas que llegue la hora de acostarse. Nunca me había sucedido antes, era de los que sostenían sus párpados con los dedos o se mojaban la cara con tal de permanecer despierto para hacer lo que fuese. Dormir era una pérdida de tiempo.
De camino a casa, otra parada en el supermercado para, esta vez entre dos, intentar que no toque o destroce nada.
El baño, otro suplicio. No entiendo qué le habrá sucedido para rechazarlo de ese modo, con gritos y chillidos. No sirven ni entretenimientos ni consuelos, sólo una batalla por alejarse del agua.

The Night
Hay quién dice que cada uno tiene lo que se merece. No lo creo. Es un pensamiento que descuida las premisas y justifica un mundo sectario, puro conservadurismo. Aunque no tenga lo que me merezco, hay veces que echo una mano para que así sea. En vez de hacer un esfuerzo para dejarlo todo tirado, una vez acabadas las labores de casa, después de varios días siento la necesidad de sentarme delante de un computador y escribir aquello que me desahogue por unos minutos. “O copo as fai, o corpo as paga”, dice mi padre.

Pastel de zanahoria y naranjaPastel de zanahoria y naranja
  • 120 gr. de harina de repostería.
  • 4 gr. de levadura química (Royal)
  • ½ cucharilla de té de sal fina.
  • 1 cucharilla de té de canela molida.
  • 1 pizca de jengibre molido.
  • 40 gr. de azúcar blanco.
  • 45 gr. de azúcar moreno.
  • 120 gr. de huevo (2 grandes).
  • 35 gr. de aceite de girasol.
  • 165 gr. de leche condensada.
  • Ralladura fina de 1 naranja
  • 30 ml. de zumo de naranja.
  • 5 ml. de extracto de vainilla (opcional)
  • 45 gr. de almendra molida.
  • 280 gr. de zanahoria rallada.
  • 80 gr. de nueces y/o avellanas.

Cobertura
  • 120 gr. de azúcar polvo (lustre, glasé)
  • c. s. de zumo de naranja, unos 30 ml. (puede sustituirse un poco por agua de azahar o vainilla líquida, le da un toque especial)
  • Un poco de ralladura fina de naranja.
  • Una poco de margarina, 10-20 gr. (Opcional, esta vez no se le he añadido, otras veces sí)
(1) Preparativos. Engrasamos ligeramente con margarina un molde cuadrado (o rectangular) de 20x20 cm2, espolvoreándolo con un poco de harina y dando golpecitos para eliminar la sobrante. He usado un molde rectangular de la misma superficie.
Precalentamos el horno a 180º C.
Mezclamos la harina con la levadura química, la sal, la canela molida y el jengibre. Reservamos la mezcla.

(2) En un cuenco grande u olla mediana montamos los huevos con los azúcares, mejor con un batidor eléctrico de varillas. Añadimos poco a poco el aceite de girasol y la leche condensada (azucarada). Montamos un poco más. Añadimos la ralladura de naranja, el zumo, la vainilla líquida, la mezcla de harina, la almendra molida y la zanahoria. Mezclamos un poco y, por último, añadimos los frutos secos. Mezclando con una espátula hasta que queden bien repartido.
Vertemos la mezcla en el molde e introducimos en el horno precalentado a 180 º C. Horneamos hasta que esté hecho. Esto dependerá del tamaño del molde, para mí entre unos 30-40 minutos.
Una vez cocinado, lo retiramos del horno y dejamos enfriar para que no se siga cociendo. Yo lo pongo en un baño de agua fría. Cuando haya enfriado suficientemente lo cubrimos con película de cocina e introducimos en el frigorífico. Estos pasteles más ricos después del reposo en frío.

(3) Cobertura. En un recipiente no demasiado grande mezclamos todos los ingredientes, batiendo bien para que no tenga grumos. La cantidad de líquido es estimativa, unos 30 ml., lo importante es que tenga una densidad lo suficientemente fluida como para poder extender con facilidad y densa como para que no se desparrame. Se endurece al enfriar.
El uso de un poco de margarina (15 gr.) favorece el corte de la cobertura y el aspecto. La cristalización del azúcar dificulta el corte limpio si no se usa margarina. Esta vez no la he empleado, pues hay que tener cierto control (temperatura y cantidad) sobre la margarina para que no se corte al mezclarla con el zumo si no se hace adecuadamente.
Retiramos el pastel del frigorífico y lo cubrimos con la cobertura, extendiendo ligeramente con una espátula y dándole ligeros golpes para alisar la superficie. Introducimos de nuevo en el frigorífico para que gane consistencia.

Deliciosa, sobre todo si no se come de inmediato, mejor es prepararlo la víspera. Se puede tomar fría o retirarla con antelación del frigorífico hasta que tome temperatura ambiente.