domingo, 6 de mayo de 2007

Cubitos de chocolate y coco

El día D

Mi madre. Mi madre no es como todas las madres, es mejor. Eso pensamos todos. Perdón, conozco un caso que no es así.
Pero es cierto, mi madre es diferente. Unos apuntes.

El médico

Recuerdo que de pequeño era, y sigo siendo, muy enfermizo. Íbamos sin “desagerar” (sic) nada (bueno, tal vez un poco, pero así lo recuerdo) un par de veces por semana al médico y, sobre todo a llevar “indiciones” (sic). En medicina he probado todo tipo de jarabes y pastillas. He probado tantos que me encantan, los echo de menos, ahora todo es más rápido, efectivo, inodoro e insípido.
“El bisolvon”, mi preferido. Creo que es uno de esos sabores de la infancia que quisiera volver a probar, más que el bizcocho casero de mi madre. Sorry (rubor).

Se cansaron de mí tan rápidamente que decidieron cortar por lo sano, eso pensaban: operación de amigdalitis y matamos todos los pájaros de un tiro. Lo consiguieron, mataron las amígdalas, perdón “amídalas” (sic), y a mí. Ahora cualquier brisa me provoca un dolor de garganta.

Aquellas visitas de “la practicante” para poner esas inyecciones también eran únicas. Pero me he quedado con una duda: ¿por qué todas las practicantes eran no demasiado agraciadas?, eso no ayudaba nada. Un poco de algodón con alcohol, un golpecito en la nalga (“¡no hagas fuerza, pepinho!”) y ya estaba. No era para tanto. Recuerdo esa habilidad para esterilizar las jeringuillas reutilizables de cristal en un cazo al fuego de la cocina. Hasta había muchas madres que tenían la destreza, única, de ponerlas ellas mismas.

En algo he tenido suerte. Yo soy de la generación en la que ya no te marcaban de por vida en el brazo, a modo de res, con esa vacuna de no sé que enfermedad peligrosísima.


La higiene

La higiene es de las cosas que más cariño guardo de mi madre. Eso sí que era higiene, no como ahora en se duchan todos los días, les echan colonia y los visten por la mañana con una ropa y por la tarde con otra. Me recuerdan a John Travolta en esa película que vivía en una burbuja.

Los piojos. Mi madre es la persona con más paciencia para eso. Era capaz de verlos sobre mi cabeza con una facilidad que nunca nadie ha reconocido. Esa colonia olía a rayos y truenos, “o-de-tualet”, como la famosa colonia “chispas”. La Nenuco, aún se salvaba.

No diré para qué era bueno el limón ni ese otro jarabe rojo…hay “enfermedades” que han desaparecido, o eso creo.

Tampoco mencionaré “la ropa de los domingos”, lo planchadita que estaba, ni la ducha (que tocaba) de los sábados por la tarde. Me lo callo. Un día por semana era más que suficiente.

Únicamente no le perdono ;-) una cosa: que me hubiese obligado a poner esos jerséis de lana que picaban tanto. “¡Mamá, pica!”. ¡Y aquel pantalón era demasiado!. Picaba por todos lados, era un mínimo de media hora de discusión. Por cierto, es lo único en lo que no he claudicado, sigo sin ponerme nada de lana. Soy como un sensor de lana, hasta un 0,001% podría detectarlo en cualquier prenda. Ésta es una habilidad que debo a la “tozudez” mía y de mi madre, por supuesto.

Mi madre es especial. Éramos la pareja del médico, la que todos los días me hacía la comida sin rechistar, la que me compraba aquellos “Paredes” en el mercadillo de los martes, la que me ponía la mano en la frente para ver si tenía fiebre y la que, todavía, me llama por teléfono para decirme: “Pepinho, come.”

¿Conocéis alguna así? Creo que sí. A ver si puedo verla hoy, por lo menos para darle un beso y las gracias. En lo bueno y en lo malo, soy lo-como soy gracias, en parte, a ella y a mi papá.

Ingredientes
(la mitad puede ser suficiente)
  • 75 gr. de mantequilla [38 gr.]
  • Una pizca de sal
  • 2 cucharillas de miel [1 cucharilla]
  • 100 gr. de azúcar grano [50 gr.]
  • 1 huevo grande [1/2 huevo grande]
  • 175 ml. de leche [88 ml]
  • 250 gr. de harina [125 gr.]
  • 1 cucharilla de levadura en polvo [1/2 cucharilla]
  • 75 gr. de cacao puro en polvo [38 gr.]
Para la cobertura (aproximadamente)
  • 300 gr. de cobertura de chocolate con leche. He empleado chocolate negro, al 75%
  • 200 gr. de coco rallado.
(1) Precalentamos el horno a 175ºC y cubrimos el molde, a ser posible cuadrado/rectangular, con papel de hornear.

(2) Mezclamos la mantequilla, la sal, el azúcar y la miel hasta quedar espumoso. Después añadimos el huevo y seguimos batiendo bien.

(3) Mezclamos el cacao, la harina y la levadura, también podemos echarle “otra” pizca de sal. Sobre el batido vamos echando alternativamente la mezcla de la harina y la leche mezclando bien. Es una masa pegajosa que se adhiere con facilidad. “Viscoso pero sabroso…”

(4) Echamos la masa en el molde y extendemos con ayuda de una espátula. Atención, truco: para este tipo de masas pegajosas lo mejor es ir remojando la espátula o el cuchillo en agua fría, así conseguimos extenderla con facilidad.

(5) Horneamos durante unos 25 min., comprobando si está hecho con un palillo o un palo para brochetas, ya sabéis, si se pega masa todavía no está hecho. El truco de mamá. Dejamos enfriar totalmente.
En este punto ya tendríamos un estupendo bizcocho de chocolate.

(6) Una vez frío cortamos en cubos. Unos 3x3 centímetros es una buena opción.

(7) Empieza la fase divertida, dispuestos a manchar la cocina ;-), o la mesa de cocina: el templado del chocolate y la cobertura de coco.

(7.1) Derretimos el chocolate en el microondas o al baño María. Prefiero en el microondas por su rapidez, limpieza y, sobre todo, no debemos preocuparnos de que le pueda caer una gota de agua en el chocolate. Introducimos unos segundos, removemos con una espátula, volvemos a introducir, volvemos a remover… unas tres veces, hasta que se funda con facilidad. Lo de siempre, lo debe dejarse demasiado tiempo, si lo hacemos podría quemarse.
(7.2) Derretimos totalmente el chocolate que pudiese quedar sólido removiendo con ayuda de la espátula. Templado del chocolate: lo trabajamos hasta que tenga la temperatura adecuada, unos 38 grados. Trucos: introducir un cuchillo en el chocolate y al retirarlo debe endurecerse en unos segundos; también podemos poner un poco de chocolate justo debajo de la parte inferior del labio (por su sensibilidad a la temperatura), debe notarse muy ligeramente templado (la temperatura corporal es de 37,5º). No se os ocurra si se tiene fiebre.
(7.3) Ya templado y con ayuda de unas brochetas o unas pinzas para chocolate, sumergimos los cubitos en el chocolate y los pasamos por coco rallado. Los dejamos enfriar sobre papel de hornear o rejilla y veremos que en poco tiempo el chocolate se endurece.

Cuanto mejor templado esté el chocolate, más crujiente quedará y no será necesario llevarlo a la nevera. Si no queremos pasar por ese proceso, podemos hacerlo igual y llevarlos a la nevera. Dejamos reposar durante una hora antes de almacenarlos en una caja de galletas.
Si los guardamos en el frigorífico tendremos un chocolate, tal vez, más crujiente.

6 comentarios:

dolors dijo...

Hay que recuerdos!!!!
tu como niño, pero yo recuerdo los domingos por la mañana que tenía que ir a misa sin desayunar, si quería comulgar, y mi madre me abligaba a ponerme una mantilla blanca en la cabeza sujeta con un alfiler que tenia una bolita de color perla ,...
El olor de la naftalina, del humo de la estufa y de las castañas asadas, ....

Que recuerdos!!!!

Harry Haller dijo...

… lo de comulgar… también me pasaba a mí. Además, recuerdo que antes de bañarnos en la playa teníamos que “guardar la digestión”, por lo menos.. ¡3 horas! Y nuestros vecinos (y amigos) “sólo” esperaban 2!!!

Yo soy de la generación de “Mazinger Z”, el “osito Misha” y “Comando G” pero en mi pueblo, todavía en aquella época, al cura había que besarle el anillo y las chicas tenían que ir con chaqueta a la iglesia. Había una fila para hombres y otra para mujeres…

Somos 4 hermanos y tres chicos. Mi madre doblaba la bastilla de los pantalones para que al año siguiente me pusiesen servir a mí…

(etc)

A ver si llego a la comer con mis padres!

Pilar dijo...

Qué risa, lo de los jerseys de lana!! a mí tambien me pasaba, picaban como si tuviesen alfileres!! Recuerdo un vestido de cuadros que picaba como un demonio, Yo no quería ir al cole con él, pero tras la torta, no me quedó más remedio. Lo que pasa es que no fuí, me quedé en las escaleras sentada. A media mañana llegó un tío mío y me llevó a casa, mi madré se quedó con la boca abierta. Pero lo conseguí, no volví a poner aquel maldito vestido.

Harry Haller dijo...

... a mí me pasa. No puedo ni acercarme a la lana ;), pero en mi caso no tuve más remedio que ponerme esa ropa. Todavía no conocía los chantajes ;), mi madre sí: "jarabe de palo"

chocolat dijo...

:-)..vaya..que me has hecho reir..y sobre todo recoerdar mi infancia..yo lo que odiaba era que mi madre se empeñaba en ponerme calcetines calados..hasta la roilla..y de esos que terminaban con una goma que parecia que la pierna te estallaria..y luego las trenzas..siempretenia que hacerme dostrenzas..tirantas..ufff..vaya..jeje..me duel la cabeza de acordarme..

..perome ha gustado mucho leerlo..me acorde de cosas y e he sonreido..

de la receta..que te voy a decir..el chocolate es mi debilidad personal

muy rica..y se probara..

saludos desde Alicante!!

Anónimo dijo...

Pepinho!(o no sé si prefieres Harry)...la verdad es que he descubierto tu blog más tarde de lo que me hubiese gustado, porque cada línea, cada historia, cada receta no tiene desperdicio! Soy cocinera, dedico el 80% de mi día a la cocina y...me das envidia! (sana, claro) es el mejor blog de cocina que he leido, y he visto unos cuantos. Asi que felicidadessss!!en cuanto a jarabes de infancia...me ha venido a la cabeza mi jarabe preferido de cuando era peque y quería compartirlo. A ver si alguien lo conoce: ketasma...actuaba sólo para que me diesen una copita de ese jarabe para la tos...que bueno estaba!!!no sé si desapareció...
Un saludo y un placer!