domingo, 23 de septiembre de 2007

Clafoutis de tomates cherry, cebollino y ricotta

Perdón por lo que me toca, aunque al final esperaré a mañana

Sigo en Francia

El Clafoutis es otro plato típicamente francés con muchas variedades y elecciones. Originalmente se trataba de un postre relleno de cerezas, por ello, si hablamos de “clafoutis” estaremos hablando de un pastel con huevo y leche/crema relleno de cerezas, tanto negras como rojas.


Creo haber leído que la palabra, etimológicamente, significa “rellenar/cubrir”, puesto que lo que se hace es disponer las frutas sobre el molde y cubrirlas con la masa. Con el tiempo se ha generalizado el término “clafoutis” para extenderlo a un pudin relleno, no sólo de cerezas, también con ciruelas, moras, manzanas o productos salados, como en este caso. Como podréis ver, esta receta no lleva azúcar, sí sal y pimienta.

Muy pronto espero hacer uno dulce, dificultad cero y gusto diez. Son unas delicias muy sencillas.


Tratamiento de shock o por qué a M no le gustaban los tomates...

¡Pero se los ha tomado! ¡y ha repetido varias veces!. Incluso se ha atrevido a tomar los que se habían quedado dispersos por el plato.

Entiendo que los tomates son uno de esos alimentos que por su acidez y gusto pueden no gustar a todo el mundo, sobre todo si se toma crudo. En mí la solución fue obtenida por medio de (otro) tratamiento de shock. El prospecto del medicamento decía: “O te los tomas… o no comes y te quedas castigado”, no era mi padre quién me lo decía, era una institución más cercana al mundo de las ideas (del más allá). En el fondo, o no tanto, todavía les tengo aprecio (¡qué mal suena “aprecio”!), pese a ese conjunto de tratamientos de primera necesidad.

El comedor era lo más parecido al de Oliver Twist, con el vigilante a pie observando cada uno de nuestros movimientos y presidiendo la sala. No llevaba sombrero o bastón, un simple hábito rodeado con una cuerda a modo de cinto y tres votos (castidad, obediencia y pobreza) eran suficiente como para intimidar al más osado, aquel que se atrevía a dejar algo en el plato o a intentar convertir la comida en un acto relativamente festivo. Las sopas y potajes en el centro de la mesa en cuenco grande con cucharón, las albóndigas llegaban casi directamente de unas latas gigantes con destino una fuente con patatas cocidas y el chocolate del desayuno se espesaba con un 90% de maicena, mezclada con colorante y cacao a partes iguales. Así descubrí la facilidad de la maicena para convertir el peor cacao en polvo en el mejor chocolate a la taza.

Descubrir el valor de las patatas fritas en días de fiesta, los higos como relleno de un bocadillo,… Las dos onzas de chocolate parecían un par de chips en una galleta al estilo “americano”; descubrirlas llevaba media hora, el tiempo que tardábamos en comer todo el pan que lo rodeaba.

¡Parece tan lejano!, como si no fuera yo, como si hubiese vivido otras vidas y ahora, en mi reencarnación, tuviese constancia de ellas.

Montaña (mañana), mar (tarde)

La primera parte de la rima sería muy pueril, porque no querría ser rima, querría ser sólo una apreciación: el día.

Estamos (estábamos) en Boiro, había pasado demasiado tiempo sin ver a mis padres, a Loli y a Diego. Martín sigue lejos, pero la distancia no es el olvido, no para mí. He intentado aprovechar mi estancia para intentar disfrutar sin agobios de algunos de los rincones más sorprendentes, un poco de montaña y un poco de mar.

Boiro tiene mar, como no, pero también montaña. La sierra del Barbanza preside toda la comarca, llena de secretos en cada rincón: cascadas, dólmenes y mámoas, vías romanas, piscinas naturales formadas por el cauce de los ríos,… Sólo un par de kilómetros son necesarios para adentrarse por sus vertientes. Opté por correr sin destino fijo, sólo tenía claro que el Barbanza sería mi objetivo. Era tarde, pero su cercanía me permitiría ver mucho durante dos horas de footing.

Hacía sol, bastante para esta época del año. Pasé por aldeas, crucé caminos y riachuelos. Las primeras fases, caminos y prados con un fuerte aroma a mosto y a frutales, se transformaban, a medida que subía, en olores más puros, a hierba y eucalipto, a pino y agua, a naturaleza pura. Durante todo el recorrido sólo he sido interrumpido por un cuadriciclo ligero, el resto eran caballos o hasta un pequeño potro que, sorprendido por mi carrera, se vio obligado a emprender una escapada al galope.

De vuelta, con la mirada en el horizonte, las vistas de la ría son increíbles. Nadie diría que esta tierra fue hace poco más de un año devastada por las llamas. Tenemos una tierra que no nos merecemos, si algún día desease darnos la espalda lo entendería. Los regatos han nutrido las nuevas plantas que han tapado por completo los restos de ceniza, en pie siguen todavía presentes los castaños o los robles. Mis en otro momento odiados eucaliptos ni se han atrevido a permanecer en pie. Eso es trabajo para las celulosas.

Había subestimado mi tiempo. De vuelta un recorrido por la playa de Barraña, casi desierta al sol. Sin viento y en calma. Estas son las razones por las que (todavía) adoro septiembre.

Por la tarde un poco de playa con M. Ella tumbada al sol, yo escribiendo estas palabras, hablando un poco y, como no, empiezo a darle más vueltas a la cabeza. La pausa de hoy ha sido suficiente. La noche dictará sentencia.



Ingredientes
  • 4 huevos enteros [2 huevos]
  • 75 gr. de harina [35 gr.]
  • 400 ml nata (35% material grasa) [200 ml]
  • 16-24 tomates cherry, a gusto [8-12]. A M no le gustan los tomates, le he puesto unos poquitos, ha quedado suave y delicioso.
  • 120 gr. de queso ricotta [60 gr.]
  • Un ramillete de cebollino, unas 5-10 ramitas [4-20 ramitas]
  • Sal
  • Pimienta negra recién molida
(1) Precalentamos el horno a 180º C. Batimos el queso hasta que quede cremoso, echamos la nata y mezclamos bien. Añadimos los huevos, uno a uno, esperando a que se integre antes de echar el siguiente.

(2) Por último la harina tamizada sobre la mezcla, evitando que ser formen grumos. Cortamos fino el cebollino, lo echamos sobre el preparado y salpimentamos a gusto. Mezclamos de nuevo para repartir homogéneamente los últimos aditivos.

(3) En un recipiente circular, engrasamos y enharinamos la superficie, eliminando los excesos de harina. Ponemos los tomates sobre dicha superficie, los pequeños enteros y los más grandes cortados por la mitad. Cubrimos con el preparado anterior.

(4) Introducimos en horno precalentado a 180º C durante unos 25-30 minutos, hasta que tenga un ligero tono y esté hecho, no demasiado tostado pero cuajado. Dejamos enfriar un poco antes de cortar. Me gusta dejarlo unos minutos en el horno con la puerta entreabierta para que la temperatura no baje demasiado bruscamente y el pastel mantenga su forma.
Se toma tanto templado como frío. Recién hecho está delicioso, después también.
Me ha parecido un primer plato exquisito, tiene un aspecto y sabor de esos platos de “quedar como un rey”. La combinación con el tomate, el cebollino, la sal y la pimienta, contrasta a la perfección con ese suave y ligero gusto a queso, muy ligero.

Además, bajo en calorías.

12 comentarios:

Marisela dijo...

Vive Harry, vive, por el amor de Dios, la vida es una y tenemos que vivirla como queremos, como nos gusta y como lo decidimos, que el día de mañana cuando mires atrás no tengas que decir "si lo hubiera realidado" o "si tuviera 20 años menos".
Se perfectamente como te sientes, he pasado por eso. ¡¡Hace tanto tiempo!!, pero lo conseguí. Soy felíz.

Harry Haller dijo...

lo intento... y eso me hace algo feliz.

Ana dijo...

Harry!!...madre mía!! danos tregua...¿cómo lo haces para cocinar tanto? No doy abasto, se me acumulan las recetas y quiero hacerlas prácticamente todas (y todas no porque por ejemplo no como conejo y carne en general, muy rara vez) porque todas parecen deliciosas (y más tarde comprobamos que lo están). Para colmo he visto los brownies de nutella y tengo un botecito en la alacena. ¿Te puedes creer que nunca la he probado? Es que, aunque no lo parezca, no soy de dulces. La Nocilla no me gusta y por eso nunca me he animado a probar la Nutella. Me temo lo peor....
Sobre esta receta, para variar, tengo una pregunta. ¿La has hecho con las medidas más pequeñas (las de los paréntesis)? Y si ha sido así, de qué diámetro es el molde que has usado. Es que sólo tengo un molde que creo que es de unos 27 cm. y temo que si uso las medidas pequeñas me vaya a quedar una especie de crêpe más que un Clafoutis.

Harry Haller dijo...

Gracias,

En primer lugar, recomendarte que te atrevas con la Nutella. Yo hace relativamente poco tiempo que la uso y no he podido dejarla. Es muy cómoda para rellenos rápidos: crêpes, macarons (mezclada con alguna mermelada),… o como sustituto en algún postre. Una delicia. En Francia o Italia se usa muchísimo. Aunque de pequeñito era de Nocilla he tenido que pasarme a la Nutella, por goleada.


Por otro lado, un poco de geometría básica nos dará la solución al problema.

Mi molde es de algo menos de 22 cm. Supongamos que es de 22 centímetros. En ese caso, para obtener la misma altura (que puedes ver es escasa) con el doble de ingredientes necesitaríamos un molde de 2*sqrt(2)*11 = 31 cm [Ver nota *] Como al aumentar el radio lo que nos interesa es mantener la proporción o, por lo menos incrementar algo la altura, tu molde será más que adecuado para el doble de ingredientes.

De hecho, la altura que obtendrás con el doble de ingredientes (los que no están entre corchetes) será, aproximadamente, 1,33 veces mayor que la que obtuve con la mitad de la masa [**]. Perfecto!.

No pondré más cálculos, pero para conservar la proporción de la versión mía (relación radio-altura) el molde debería tener 27,7 cm de diámetro….

En resumen, es PERFECTO, siempre que pongas los ingredientes que no están entre corchetes.

Gracias y abrazos.

[*] Aclaración 1:
Volumen_nuevo = 2*Volumen_mío =>
a*PI*rb^2 = 2*a*PI*ra^2 =>
rb^2 = 2*11^2 =>
rb = raizcuadrada(2)*11 = 31

[**] Aclaración 2:
Volumen_nuevo = 2*Volumen_mío =>
ab*PI*27^2 = 2*a*PI*11^2 =>
ab= a*242/182,25 =>
ab = a*1,33

Ana dijo...

Gracias por la explicación, más clara imposible. ¿Eres profe de mates o ingeniero?

Ana dijo...

Por cierto, se me olvidaba. Mañana voy a hacerlo, pero he pensado en aplicarle una pequeña variante a ver qué tal. Además de algunos tomatitos cherry también le voy a poner pimiento rojo que me encanta. Ya veremos...

Harry Haller dijo...

Casi, casi. Soy físico y algo más… También soy profe, también (casi) informático…

Pero, contra lo que alguien ha dicho ;-), me considero tanto de ciencias como de letras. Me gustan las letras y las ciencias. De hecho, mi problema era que se me daban bien las ciencias, sobre todo las experimentales y las puras. Nada de los animalitos que destripaba de pequeño.


No sé que decir del pimiento… no le he probado. Tiene un sabor bastante fuerte, “para gustos”, como siempre.

Abrazos.

Ana dijo...

Eran otras de las posibilidades, físico informático se me ocurrían.

Ya te diré qué tal lo del pimiento rojo, aunque seguro que me gustará porque me los como hasta crudos.

poskito dijo...

Me gusta, me encantaaaaaaaa, estaba buscando algo parecido, pero esta receta me ha enamorado, facil y rapida, seguro que exquisita.
Con tu permiso, la rapto y me la llevo a mi cocina.
Por cierto, para ser fisico-matematico-informatico, no se te da nada mal la fotografia.
Saludos desde el levante

Harry Haller dijo...

Prefiero que la robes...

Saludos y muchas gracias.

Anónimo dijo...

Parece una tortilla

paqui dijo...

Que pinta más rica la pongo en pendientes ro pronto caerá
Gracias
Saludos

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