Barrio ajonjolíNecesitamos reponernos de la sobredosis de dulce de estos últimos días. Haremos una pequeña y muy breve pausa para poder seguir con mi obsesión: el dulce. Hoy no me extenderé demasiado, los lunes son esos días de necesario descanso del fin de semana (¿descansar del fin de semana?).
(…)¡Me he quedado dormido ahora, a las cinco y media de la tarde, mientras pretendía escribir! ¡Delante del ordenador! Y, como suele pasar en estos casos, al acostarme no he conseguido hacerlo. Sigo.
Hacer pan es muy sencillo, hay que intentarlo un par de veces y al segundo o tercer intento, como mucho, seguro que conseguiremos un buen pan. Usaremos harina de fuerza (rica en gluten), sal y un líquido, normalmente agua o leche. Después le podremos añadir un poco (sin pasarse) de azúcar o miel para activar la levadura, alguna especia y/o una grasa que pueda mejorar el sabor y la conservación. Todo a nuestro gusto, teniendo en cuenta que cuanta más materia grasa más lenta crecerá la masa.
Si usamos agua la corteza quedará más crujiente, si usamos leche obtendremos un pan más esponjoso y con mejor conservación. La leche dificulta la deshidratación, que es lo que provoca el endurecimiento. La cantidad, como he dicho otras veces, es meramente estimativa, depende de las condiciones ambientales o la calidad de la harina. La añadiremos poco a poco, sin llegar a amasar en exceso para que la absorba si necesitamos más.
A este pan le he añadido margarina (Holland), queso, sésamo y especias. Así de aromatizado es un pan espléndido para acompañar un desayuno, por ejemplo. Yo suelo amasar a primera hora de la mañana, ir a correr, formarlo a la vuelta y dejarlo reposar mientras cocino. Lo horneo para que esté en su punto cuando nos sentemos a la mesa. Probaré a hacerlo por la noche y a hornearlo a primera hora de la mañana. No sé como resultará tanto tiempo de levado, tal vez se desplome ligeramente pero seguro que quedará todavía más esponjoso.
Hoy he abierto el frigorífico en busca de quesos y me he encontrado de todo, literalmente: una tira de Emmental empaquetado, Edam, Brie, Gouda, queso en porciones de Ratatouille ;-), queso Cheddar en lonchas para fundir (¿cómo se pronuncia “cheddar”?), Parmesano, Parmesano rallado, Mozzarella rallada, tres tarrinas de queso crema, unas tarrinas de queso fresco,… aunque parezca mentira es totalmente cierto. Para mí nunca pueden faltar el Parmesano y la Mozzarella (para cocinar) o el queso crema (para postres), el resto de quesos, aunque también me gustan, son el vicio reconocido de María.
Mis vicios reconocidos quedan enmascarados por mi otro gran vicio: las gominolas y las bolas de chicle, esa grandotas que pueden recogerse en las máquinas callejeras, aunque siempre lo haga en las tiendas de dulces y “chuches”. María es la suministradora oficial del vicio. Compra grandes bolsas de caramelos cerca del trabajo, a un vendedor de confianza, ya que se las vende casi a precio de coste. Después, como me conoce, reparte los dulces por toda la casa, ocultándolos de mi vista. Pueden encontrarse debajo de la ropa interior, dentro de una caja con ropa o, mi último descubrimiento, dentro de una bolsa de viaje.
En mi búsqueda de la dosis de azúcares que me haga subir el ánimo y recobrar fuerzas, muchas veces me siento como Ray Milland en “Días sin huella”. Esa horrible sensación de dependencia del dulce. Don Birnam escondía sus botellas de güisqui bajo las ventanas, colgadas de una cuerda, dentro de la cisterna del baño, en los cajones; se engañaba a sí mismo y a los demás. Mi dependencia es más benévola pero no deja de ser un tipo de dependencia que conseguirá enriquecer a varios dentistas pese a mi obsesión por los cepillados.Como promesa de corta duración, este año decidí empezarlo sin tomar ni un solo chuche. Estuve así hasta el día de mi cumpleaños, a finales de febrero. Lo malo de las adicciones, sean del tipo que sean, es la sensación de opresión, descontrol y ausencia de libertad que provocan. Todos tenemos alguna: el deporte (otra mía de la que no podría prescindir), el cine, la cocina, la compañía, la anorexia, el tabaco (no lo soporto)… claro está que algunas son buenas, o no causan ningún efecto negativo de carácter inmediato, mientras que otras son mortales. Lo ideal sería tener la suficiente fuerza y dominio de nuestra propia voluntad como para controlar cada impulso. Cuando se supera el límite uno no es consciente de ello.

Para ser lunes no ha estado mal (ni bien) del todo. Me he acostado temprano para la hora que suelo hacerlo (1:30), habré dormido unas cinco horas y media y he hecho lo de siempre: labores matinales, trabajo, vuelta en coche, leve carrerita al sol, la comida y sus consecuencias… Una tarde corta. Sorprendentemente, son las 11:40 y ya estoy en pijama. He descubierto que dormir es muy importante para sentirse bien de ánimo. Mientras corría tenía la impresión de que me encontraba bien, fue cuando miré el reloj y al descubrir que estaba unos 5 minutos por encima de mi tiempo cuando descubrí que iba muuuuy mal, era incapaz de percibir la correcta sensación de velocidad. Se nota la vuelta al trabajo y el cansancio. Es una pena que la Carrera Popular de Santiago, La Pedestre, la organicen cuando estoy hundiéndome a velocidades que no puedo retardar.
No he tenido tiempo a pensar. Mejor así. Nunca vienen mal estos días perdidos que pasan sin marcas en el calendario. Días perdidos, tras fines de semana perdidos en un lugar perdido. Perdido en la nada y en el vacío. Por un día, mejor vivir dormido que morir despierto.
Ahora, mientras me acercaba a la cocina a tomar una tila antes de irme a dormir, tras verme los ojos y mi aspecto, María me ha dicho: “tienes que dormir”. Intentaré hacerte caso, aunque sólo sea por una vez. Ese pequeño gesto será suficiente en la oscuridad del día para dar un poco de luz a esta noche (suena mal pero ahora es lo único que tengo). Buenas noches.
Ingredientes- 225 gr. de harina de fuerza.
- 4 gr. de leche en polvo.
- 1 cucharilla de té de sal.
- 1 cucharilla de té (generosa) de levadura seca de panadería.
- 45 gr. de queso Emmental (u otro semicurado)
- ½ cucharilla de té de una hierba aromática: tomillo, romero o albahaca.
- 1 cucharilla de té de mostaza en polvo (opcional).
- Pimienta negra recién molida, una pizca.
- 10 gr. de semillas de sésamo (ajonjolí)
- 1 cucharilla de té de miel.
- ~150 ml. de agua.
- 13 gr. de margarina.
- Semillas de sésamo para espolvorear.
(1) Mezclamos la harina con la leche en polvo, la sal, la levadura, el queso Emmental rallado (tamaño medio), la hierba aromática (prefiero tomillo fresco), la mostaza en polvo y una pizca de pimienta negra recién molida. Formamos un volcán, vertemos la miel y el agua (o leche si no hemos usado leche en polvo) poco a poco, mezclando con una cuchara de madera. Yo he necesitado unos 150 ml. Añadimos el sésamo y la margarina, amasando bien hasta que se haya integrado la margarina. Acabamos trabajando con las manos enharinadas. La masa debe quedar blanda y suave, nada rígida. NO pasa nada si queda ligeramente pegajosa, después del reposo la trabajaremos con un poco de harina. Dejamos reposar en lugar templado durante unas dos horas o más, hasta que haya crecido generosamente.
(2) Pasado el tiempo, rompemos (“golpear la masa con un puño para cortar la fermentación”) la masa, amasamos ligeramente y formamos una bola de aspecto ovalado.
Depositamos en una placa con papel de hornear y/o harina, practicamos un o dos cortes transversales al bollo y dejamos que doble su tamaño por un período de unos 40 min a 1 hora (o más), dependiendo de la época del año y la temperatura ambiental. Precalentamos el horno a 190º C, pintamos con leche y espolvoreamos con unas semillas de sésamo. Horneamos hasta que tenga un tono dorado, de 30-45 min., y al golpear suene algo hueco.Retiramos del horno y ya estará listo para comer.



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