domingo, 10 de junio de 2007

Espaguetis con pollo

Viajes por el Scriptorium

Hace unas semanas que no he tenido otro remedio que dejar de leer libros de lectura (¿hay libros que no son de lectura?, diré “novelas” o “ensayos”). En verano, cuando el tiempo, sin llegar a ser mi aliado, no me oprime desesperadamente, la lectura cubre gran parte de los momentos del ocio playero. A M le gusta tirarse en la arena o en la hierba, tomando el sol. Vuelta y vuelta. Yo soy más de moverme o “perder” el tiempo leyendo. Eso de estar echado sin hacer nada me provoca tan malas sensaciones que tengo la impresión de estar malgastando un tiempo muy valioso.
Los dos somos de playa pero tenemos maneras muy diferentes de verla.

Esos libros a medias

La lectura es una obsesión, sólo que a veces un poco caótica. Tengo una pila de libros en la cabecera de la cama que no suelo poder leer, porque M se acuesta antes y la luz le molesta. Sólo me da tiempo a leer un par de párrafos antes de apagar la luz o irme leer al estudio. No diré las palabras, pero también soy de esos que se llevan un montón de libros a no diré dónde…
El último libro que estaba leyendo he tenido que dejarlo por “las semanas fantásticas”, hoy o mañana lo retomaré, pero desde el principio. Es breve y prefiero volver a coger el hilo y no perder el hilo argumental. Cuando empiezo un libro tengo que dedicarle bastante tiempo durante el inicio, para que me “enganche”. Si sólo tengo unos minutos correré el peligro de que deje de interesarme.
Acostumbro a llevar uno en el bolsillo, nunca sabes cuando te hará falta. Hay colas para todo.

El plato

Este plato es una variante de uno de mis platos favoritos durante el instituto. Mi madre me lo hacía con conejo o con pollo (la mayoría de las veces). Siempre que, después de clases, me lo encontraba en el plato disfrutaba de lo lindo.

Cuando hago este plato o variantes me acuerdo del instituto o de mi abuela, y eso que siempre lo ha hecho. Es como el conejo en salsa de perdiz, lo identifico con el segundo ciclo de EGB y aquellos domingos (cada 15 días) de visita a casa de mis padres.

Una comida, un recuerdo

El jamón asado, a mis amigos del “Bocacho” (no Bocaccio) y, también, a mis primeras salidas nocturnas. La morcilla, a aquellos sábados que ayudábamos a mi padre. El abadejo, aquel día que de pequeño me mordí la lengua jugando y tuve que ir al médico. Los guisantes con panceta, al día de la muerte de mi abuelo, (éramos muy pequeños y) fuimos a comer a casa de mi tío. Las fanecas fritas, son las mañanas de pesca (de pequeño) con mi padre o mis amigos. Las cañitas de crema, a mi tía de Vigo. Las pizzas, en Vigo con mi amigo Jorge (de Ourense), sobre todo la “pizza primavera”. (No puedo parar, resulta que estoy descubriendo que TODAS las comidas me traen, al instante, un recuerdo). Las sardinas asadas, las hogueras de San Juan. El jurel, en cambio, me trae el recuerdo de San Cristóbal. El chocolate con churros, mi primera comunión y mi abuela rallando el chocolate el día antes (no es como ahora que se hace en restaurantes, en aquella época, y más en un pueblo, se hacía en casa). El coco rallado (para la tarta de galletas y café), a nuestra vecina (mayor) del segundo que siempre nos daba los comics después de haberlos leído…

Ingredientes
  • Pollo, troceadito. Mejor unos muslos o alas (para mi gusto).
  • ½ cebolla grande o 1 pequeña, picadita.
  • 1 diente de ajo, troceadito.
  • Un trozo de pimiento rojo.
  • 1 tomate, rallado.
  • Una ramita de perejil.
  • 1 hoja de laurel.
  • 1/2 guindilla.
  • 5 ó 6 granos de pimienta negra.
  • Azafrán en hebras (3 ó 4) (opcional)
  • Azafrán (colorante, uso “El pote”)
  • Sal.
  • Espaguetis
  • Caldo de pollo (casero o con avecrem) o agua mineral.
  • Opcional: guisantes ó zanahoria
(1) Salamos los trozos de pollo, pasamos por harina y doramos en una tartera con aceite o en una sartén. Una vez haya tomado color lo retiramos y reservamos en un plato.

(2) El la tartera echamos la cebolla picadita, el pimiento y el diente de ajo, también picaditos. Dejamos que se haga lentamente. Si le echamos zanahoria, también la troceamos finamente y la incorporamos cuando la cebolla esté a medio hacer.

(3) Cortamos el tomate en dos partes y, apoyándonos en la piel, lo rallamos hasta que sólo quede piel, recogiendo el tomate triturado en un plato hondo. Echamos las hebras de azafrán, le damos unas vueltas para que suelte el aroma e, inmediatamente, antes de que se queme, echamos el tomate, una ramita de perejil, una hoja de laurel, la pimienta negra y la guindilla.

(4) Hacemos un poco el tomate e incorporamos el pollo que habíamos reservado. Le damos unas vueltas y añadimos el caldo de pollo (o agua mineral), también añadimos los guisantes si nos gustan. El caldo debe cubrir algo más del pollo. Pese a todo, como resulta muy difícil controlar la cantidad exacta de agua, reservaremos una poca en un cazo, que calentaremos si fuese necesario añadir más.

(5) Dejamos cocinando el pollo durante unos 20 minutos, dependiendo de la calidad y dureza del mismo. Pasado ese tiempo añadimos los espaguetis, sal y el azafrán (colorante). Para que no se rompan los espaguetis los introducimos un poco y, cuando estén blanditos, los podemos introducir más hasta que estén todos dentro y podamos revolver sin problemas. Removemos un momento.

(6) Dejamos cocer el tiempo indicado en el paquete de espaguetis, o como nos gusten: “al dente” o algo más hechos. Si vemos que se seca y le hace falta agua, calentamos un poco de caldo de pollo y se lo echamos.

Se ha convertido en “otro” de los clásicos de la cocina de mi madre que le gustan a M. El pollo ya no es un problema.

3 comentarios:

chocolat dijo...

mi madre lo hace igual solo que con tallarines y sin guisantes..pero de igual modo..imagino lo rico que tiene que estar..y probare tu version...

en cuanto a lo de leer..jeje,pues a mi me encanta..lastima que el dia tenga tan pocas horas verdad??o sera que quiero hacer demasiadas cosas..jeje..
..y ademas mi pequeño principe necesita parte de mi tiempo..cosa claro esta que me encanta..ademas no falta nunca nuestro cuento antes de dormirse..asi que con tres años esta deseando aprender a leer y escribir..y creo que es por mi culpa..le he metido en la cabeza que los libros son maravillosas puertas a otros mundos..jejeje

espero y confio en que siga queriendo leer siempre..

me ha hecho gracia lo del chocolate rallado..mi abuela tambien lo hacia asi..y luego a fuego lento con su especie favorita nuez moscada..jeje..me encantaba verla en la cocina las tardes de invierno..
..¿porque una misma receta de ella(de mi abuela..jeje) a mi no me sabe igual cuando la hago yo?..mi madre dicen que saben identicas..pero a mi no me sabe como cuando me la preparaba mi abuela..

uff..dios santo..que rollo..bueno..lo dejo ya..jeje..

recomiendo a todo el mundo que lea la receta que la pruebe ..no se arrepentiran y seguro repiten..

feliz diaaaa!!!

Harry Haller dijo...

Gracias,

No es precisamente un plato de vanguardia pero está buenísimo. He intentado intercalar algún clásico de la cocina de mi madre con los postres o alguna otra receta diferente (por lo menos para mí).
Los guisantes son opcionales, unas veces se los echo y otras no, más que nada porque a M le encantan.

Lo de rallar el chocolate aún no he acabado de verle la utilidad. Tal vez lo chocolates de antes no se fundiesen tan bien como los de ahora, tal vez.

He acabo tan cansado y estoy tan bajo (física y anímicamente) que no me apetece ni leer ni ir al cine. Nada. Me pasa los últimos años por estas fechas, un bajón del que espero recuperarme pronto…

Buena semana! (y fin de semana)

Mari dijo...

Me ha gustado muchisimo tu plato, he llegado hasta aquí en busca de una receta como esta que presentas. Te invito a pasar por mi blog, me gustaría enlazarte, con tu permiso.
Saludos